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CINEMA DE PERRA GORDA

THE MAGICIAN (1926, Rex Ingram) Mágico influjo

THE MAGICIAN (1926, Rex Ingram) Mágico influjo

Quizá pueda parecer esta afirmación un poco gratuita, en la medida que hasta la fecha han sido pocos los títulos que he podido contemplar de su filmografía, pero aún a riesgo a tener que rectificar dentro de unos años –algo que haría gustoso si mereciera la pena-, me da la impresión que pese a la fama que alcanzó en el cine de su época, no podemos encontrar en la figura de Rex Ingram (1892 – 1950), más que un competente realizador cinematográfico –que no es poco-, aunque jamás emparentable con los grandes realizadores de aquel tiempo –y cada uno ponga la relación que desee, pero en ella forzosamente debería incluirse Erich von Stroheim, King Vidor, Joseph Von Sternberg, Victor Sjöstrom, F. W. Murnau o incluso Paul Leni…..-. Es algo que podría extender a nombres como Fred Niblo, exponentes de un cine competente, integrado en los cánones del éxito en su momento, ocasionalmente inspirado, pero finalmente lejano en su conjunto al manifestado por esos otros cineastas que apostaron por el riesgo y la creatividad en su obra. En este sentido, el visionado de THE MAGICIAN (Mágico influjo, 1926), me ha provocado una relativa decepción –esperaba de la película bastante más de lo que finalmente esta ofrece-, al tiempo que me permite mantenerme en este criterio de valoración sobre las posibilidades y limitaciones que intuyo en la andadura cinematográfica de Ingram.

 

La película se sostiene sobre la base de una novela del interesante William Somerset Maughan, adaptada a la pantalla por el propio Ingram, de alguna manera retomando un planteamiento bastante popular en el contexto del cine de terror de aquel periodo; la historia de la bella y la bestia, el deseo de lo monstruoso hacia la pureza, unido en esta ocasión por una pulsión sexual nada oculta que, finalmente, es la que proporciona a la película su definitiva singularidad aunque, a mi modo de ver, no logré elevar sus cuotas a un nivel demasiado destacable. Y es que THE MAGICIAN goza de un particular “culto”, en la medida de suponer un trasunto cinematográfico de determinada tendencia demoníaca aportada al cine de su momento por el célebre mago Alexter Crowley –figura en la que al parecer Maughan se basó al escribir en Paris la novela que sirve de base la película-. Nada hay de malo en ello, y sobre todo esa expresión visual del mal y de su concepción como un modo de vida hedonista y al límite de los sentidos, tendrá su presencia en sus imágenes de momentos como los que muestran inicialmente la escultura que costará un accidente a la joven protagonista del film –Margaret (Alice Terry)-, o aquella secuencia en la que, instigada por el siniestro Oliver Haddo (Paul Weggener), se plasmará una visión fantasmagórica y al mismo tiempo irresistiblemente atractiva de un entorno definido por el mal, planteado de forma paralela como un sustrato en el que el disfrute de cualquier deseo oculto de índole sexual pueda ser plasmado.

 

Serán todos estos logros aislados, los que finalmente proporcionen al film de Ingram su mayor grado de interés, unidos a la fuerza expresiva y escenográfica que albergan los quince minutos finales de alcance claramente bizarro, desarrollados en un siniestro torreón, donde Haddo tiene secuestrada a Margaret, atada y amordazada, dispuesta a realizar con ella un sacrificio que permita la consecución de un antiguo hechizo cuya fórmula ha encontrado en una biblioteca parisina. Será un fragmento primitivo pero brillante, en el que Ingram logrará extraer un excelente partido de la recargada e irreal escenografía, en unas secuencias que parecen prefigurar las posteriores desarrolladas en el viejo molino de FRANKENSTEIN (El doctor Frankenstein, 1932. James Whale). Será un episodio con cierto regusto al serial, en el que en el último minuto se logrará rescatar a la dama por parte del joven Doctor Arthur Burdon (Iván Petrovich), que es quien la logró operar y recuperar del accidente vivido en los minutos iniciales con la ya mencionada estatua, y con quien estaba a punto de casarse, hasta que el maléfico influjo de Haddo llegara a dominar con sus influencias hipnóticas su personalidad. En cualquier caso, y pese a estos elementos más o menos dignos de ser resaltados, lo cierto es que THE MAGICIAN bebe bastante –y con desventaja- de las fuentes que podía proporcionar un éxito previo como el de THE PHANTOM OF THE OPERA (El fantasma de la ópera, 1925. Rupert Julian). Nada hay de malo en ello, en una fórmula que el propio Chaney imitaría en no pocos títulos posteriores. Lo realmente decepcionante del título que nos ocupa reside, a mi modo de ver, en lo plano de su narrativa. No puede decirse que su formulación sea cuestionable, pero en la mayor parte de su metraje se echa de menos más arrojo cinematográfico, más sentido de lo siniestro, más hallazgos de puesta en escena que nos hagan olvidar de la sensación casi permanente de asistir a un conjunto más o menos competente, pero pocas veces realmente inspirado. Apenas detalles como ese “gag” del sombrero que se eleva a uno de los asistentes a una atracción de feria por medio de un globo furtivo, o el plano que encuadra a Haddo en primer plano ante una ventana, mostrando al fondo y en picado a Margaret, y logrando expresar de esta manera el dominio que este mantiene con la muchacha: Son elementos que sobresalen en una puesta en escena aplicada pero plana, que revela la funcionalidad y al mismo tiempo la carencia de genio manifestada por el popular cineasta irlandés, en un producto con elementos de interés, pero que personalmente solo puede ocupar en la historia del cine fantástico un lugar meramente anecdótico.

 

Calificación: 2

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