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CINEMA DE PERRA GORDA
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ONE CROWDED NIGHT (1940, Irving Reis)

ONE CROWDED NIGHT (1940, Irving Reis)

Como si se planteara una hipotética mezcla de la previa THE PETRIFIED FOREST (El bosque petrificado, 1936. Archie L. Mayo)  y la muy posterior LA RONDE (La ronda, 1950. Max Ophuls), ONE CROWDED NIGHT (1940) se articula este curioso, por momentos entrañable, en otros -quizá demasiados- artificioso drama rural, articulado en una sola noche en un indeterminado emplazamiento en el desierto. Un lugar en donde se dispone un pequeño y desvencijado motel, un surtidor de gasolina e incluso un pequeño restaurante. La película supuso el debut de Irving Reis (1906 – 1953) en el terreno del largometraje, ejecutando una producción de complemento de programa doble –apenas sobrepasa la hora de duración- para la R.K.O. No he podido contemplar muchos de sus títulos, pero existe en su no muy amplia filmografía ejemplos que demuestran una cierta sensibilidad fílmica, que se encuentra ya presente –aunque de modo intermitente- en este su primer título.

 

Bajo una premisa que se reiterará en diversas ocasiones a lo largo del metraje -“siempre es más tarde de lo que piensas”-, ONE CROWDED... se articula en torno a una curiosa concatenación de personajes y situaciones enmarcadas en el discurrir de pocas horas en el escenario antes descrito sobre el que girará toda la acción. El lugar de carretera está gestionado por los componentes de una familia que decidió hace varios años regentarlo para huir de su lugar habitual de residencia, puesto que el padre de familia fue acusado de asesinato y condenado a prisión. Casi de forma fortuita, el pasado se tornará presente en aquel lugar, ya que allí acudirán de forma fortuita no solo varios de los protagonistas de aquella situación –entre ellos, el propio condenado-, sino una serie de personajes aparentemente inconexos, cuyo destino se verá entrelazado. Entre ellos destacará un charlatán que en un momento dado recuperará su abandonada condición de médico, un joven matrimonio separado -él es un marine que ha desertado y ha dejado a su esposa embarazada-, un par de “gangsters” relacionados con el preso y padre de la familia fugado y retornado a junto a los suyos, una pareja que se encuentra a punto de casarse, y cuya novia esconde algún elemento poco claro en su pasado, e incluso dos agentes de policía que acuden en la búsqueda –no se sabe si de los delincuentes o del fugado-. Con ese contexto, desde su insólito plano de apertura –un zoom de retroceso desde un plano dispuesto en la lejanía de una colina, seguido de una panorámica que antecede a otro zoom de acercamiento al lugar donde se desarrollarán los acontecimientos –quizá anticipando el carácter de confrontación que vamos a presenciar a lo largo del metraje-, pronto contemplaremos la cotidianeidad del funcionamiento de aquel marco con la llegada de los autobuses, el divertido gag de las hamburguesas que se servirá a todos esos viajeros que no se ponen de acuerdo en lo que pedir, o el detalle de esas dos mujeres que identificarán a la esposa del preso –Mae Andrews (la siempre magnífica Anne Revere)-, avanzando al espectador las circunstancias por las que vive la familia.

 

A todo ello, hay que unir ese tono cotidiano que se logra apreciar a lo largo de este cuadro costumbrista, cuya rutina será alterada por la propia confluencia de estos personajes, hasta lograr una resolución no por esperada menos efectiva, conciliando las intenciones de un contexto coral en el que el elemento dramático tiene un contrapunto humorístico en diversas de las andanzas de ese charlatán –impagables las utilidades que manifestará ese líquido milagroso que expende en todo momento; desde insecticida hasta combustible de vehículo-. Todo ello, servido por un competente reparto y, de manera muy especial, por la sensibilidad que Reis manifiesta en la inserción de los primeros planos. Se trata de una cualidad que podremos atisbar en momentos tan clave como el que muestra al charlatán cuando este ha de acometer su forzoso –y finalmente triunfal- retorno a la medicina, en la emocionada expresión de Gladis (estupenda Billie Seward) ante su prometido, describiendo en su semblante esa despedida que ella sabrá es definitiva –aunque por fortuna su intuición no se cumpla-, o en el plano casi alucinante –potenciado por la iluminación a contraluz-, en el que uno de los dos gangsters descubrirá por las ingenuas manifestaciones del hijo del preso fugado, que este se encuentra en dicho emplazamiento.

 

No son pocas, por tanto las cualidades que esgrime este pequeño retrato colectivo, pero cierto es que muy pronto el espectador adquiere conciencia de que la acumulación de peripecias y personajes que se van sucediendo a lo largo del metraje, obedecen a una sucesión un tanto caprichosa. En realidad, ahí está la principal limitación de este sencillo largometraje, la de necesitar una más amplia duración, que hubiera permitido perfilar mejor el trazado de toda la tipología expuesta –algunos de sus ejemplos son demasiado estereotipados; por ejemplo, los dos gangsters adolecen de la más mínima entidad-. Esa ausencia de mayor profundidad, de reposo incluso en las situaciones planteadas y en no pocas ocasiones resueltas sin sentido de la progresión –el tiroteo final-, es donde reside la principal limitación de una propuesta con todo apreciable, y que sin duda en otro contexto de producción que simplemente le hubiera proporcionado un metraje superior, hubiera permitido un resultado de superior entidad. Con todo, lo logrado no es nada desdeñable.

 

Calificación: 2’5

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