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THREE FACES WEST (1940, Bernard Vorhaus) Rutas peligrosas

THREE FACES WEST (1940, Bernard Vorhaus) Rutas peligrosas

Víctima propiciatoria de la execrable Caza de Brujas de McCarthy, el paso de los años no ha sido muy benévolo con la figura de Bernard Vorhaus (1904 – 2000), que jamás se vio partícipe del más mínimo atisbo de recapitulación en su obra, lo cual no quiere decir que nos encontremos en ella obras maestras ni algo por el estilo… pero es probable algo de interés emerja en sus imágenes. En los últimos tiempos es hasta cierto punto accesible contemplar en formatos digitales THE AMAZING MR. X (1948) –que hasta la fecha no he podido visionar-, en la que al parecer se brinda una curiosa y desigual mirada revestida de escepticismo en torno a la creencia en el más allá. Sin embargo, mi primer acercamiento a su cine se produce con una modesta y singular producción de la Republic Pictures, curiosa mezcla de Americana actualizada, con resabios melodramáticos y ciertas notas contenido social. Se trata de THREE FACES WEST (Rutas peligrosas, 1940), en la que asistiremos dentro de un metraje que no alcanza los ochenta minutos de duración, a la odisea que vivirán el dr. Karl Braun (Charles Coburn) y su hija Leni (Sigrid Gurie). Ambos han huido del nazismo –junto con otros profesionales y científicos que se mostrarán reunidos en las primeras imágenes del film-, decidiendo su incorporación activa en la vida del país que los ha acogido; Estados Unidos. Los Braun padre e hijo lograron evadirse de la invasión nazi gracias a la acción del prometido de Leni –el joven doctor Erich Voin Schreder (Roland Varno)-, de quien tienen noticias se sacrificó por ellos, aceptando su incorporación el padre como médico de una pequeña y castigada población rural de Dakota del Norte. Hasta allí recalarán y serán recibidos por el líder natural del pequeño poblado –John Phillips (John Wayne)-, quien incluso les ofrecerá la planta inferior de su modesta vivienda –una casa ubicada en pleno campo-. Pese a la hospitalidad recibida, y sobre todo debido a los recelos que observará la hija –será un choque muy fuerte para ella tener que convivir en un entorno tan agreste y hostil-, los Brovn decidirán irse, aunque a última hora, la posibilidad de realizar una operación a un pequeño para curarse una cojera, será el detonante que irá relegando su marcha, integrándose en un colectivo humano cálido y hospitalario, que contrasta con la dureza de su configuración física. La población vivirá frecuentes tormentas de arena, comprobando sus moradores la creciente imposibilidad de sobrevivir con cierta prosperidad en la misma, aspecto que les obligará a tomar la determinación de abandonar la zona y viajar en un éxodo colectivo de más de dos mil millas, para poder establecerse en tierras más prósperas de Oregón. Mientras tanto, Leni se irá enamorando de Phillips, pero en ella estará presente un dilema, al saber que su prometido logró salvarse de la muerte e incluso la espera, descubriendo tras su rencuentro con Erich en San Francisco que se ha convertido en un aliado del III Reich, lo que le facilitará el reencuentro definitivo con John.

Si tuviéramos que definir a través de lo que manifiestan las imágenes de THREE FACES WEST, las supuestas cualidades de su realizador, quizá vendrían a la mente términos como compromiso e irregularidad, atractivo y convención, mixtura y autenticidad. En efecto, casi de un plano a otro, de una secuencia a la siguiente, la película muestra en primer lugar la combinación de géneros y temáticas, que van del western al film social, pasando por su débil alegato anti nazi y su vinculación con una moderna mirada en torno al subgénero Americana. Todo ello es puesto en solfa por Vorhaus con tanta ligereza como convicción, jugando con los estereotipos casi al mismo tiempo que ofreciendo episodios en los que se brinda al espectador una convicción marcada en la propia sencillez de sus imágenes. La propia configuración del relato –con ese inicio que nos muestra una reunión de científicos exiliados a Norteamérica, procedentes del nazismo y congregados por un programa radiofónico-. Supondrá un inicio que en modo alguno puede hacernos adivinar el posterior devenir del relato, que casi de un plano a otro nos llevará a un contexto rural. Es precisamente en ese contraste donde podemos entrever la clave de la propuesta de Vorhaus, quien dentro de un contexto muy ligado a la serie B, desea plantear quizá demasiadas ideas, y quizá de esa acumulación de situaciones, proceda por un lado el desequilibrio de su conjunto, al tiempo que el atractivo de la diversidad de sus episodios. En su empeño estará ayudado por la fuerza y los contrastes que le ofrece la fotografía en blanco y negro de John Alton –un aliado de primera línea-, que logra “pintar” de verdad las dificultades que la cámara del realizador muestra de la realidad rural de la agreste población protagonista. A pesar de las limitaciones de producción y la simpleza de su planteamiento, lo cierto es que THEE FACES WEST adquiere un peculiar grado de interés, al centrarse en las dificultades que sobrellevará una población a la que en realidad se erige como protagonista del film. La presencia de esas tormentas de arena, la manera con la que ese polvo va introduciéndose en todos los recovecos de la localidad, los intentos frustrados de sus moradores por contrarrestar sus efectos cavando zanjas que impidan el desaprovechamiento de las escasas aguas de lluvia, o el dantesco espectáculo que ofrece su calle central después de una tormenta especialmente aciaga –que provocará incluso la presencia de emisoras de radio para informar del desastre-, serán fragmentos llenos de fuerza, en los que se apoyará el realizador para suscitar el interés en esta curiosa versión “en pobre” de THE GRAPES OF WRATH (Las uvas de la ira, 1940. John Ford).

A partir de ese éxodo en el que finalmente se verán abocados sus vecinos, se incorporará la oposición de parte de un sector de estos, que intentarán por todos los medios boicotear la iniciativa y sugerir que el destino se dirija hacia California. Entre medias del largo viaje, del que se destacará con justeza sus dificultades, el film de Vorhaus avanzará en esa relación sentimental entre John y Leni, en las que emergerá de forma inesperada la reaparición de Erich como único obstáculo para la infelicidad de ambos. Como era de esperar, este finalmente será salvado, logrando los dos jóvenes protagonistas contraer matrimonio en el lugar donde los colonos han decidido establecer su futuro, en pleno aire libre e imbuidos con un aroma de paz y prosperidad. En definitiva, una conclusión abrupta aunque llena de sinceridad, como lo es el conjunto de esta arriesgada producción, en la que su propia acumulación de objetivos y subtramas, son las que le proporcionan su pintoresquismo, sus constantes altibajos y también, por que no señalarlo, su curioso atractivo, que va más allá de la estupenda prestación de Charles Coburn, y de la cierta incomodidad que muestra John Wayne al encarnar un personaje que se aleja –aunque no tanto-, con sus habituales roles de cowboy.

Calificación: 2’5

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