Blogia
CINEMA DE PERRA GORDA

IN TIME (2011, Andrew Niccol) In Time

IN TIME (2011, Andrew Niccol) In Time

Pocos directores de nuestro tiempo suscitan en mí más interés que el neozelandés Andrew Niccol, Una atención que se basa en dos ejes primordiales. El primero, la huella que dejó en mí la magnífica GATTACA (1998), que no dudaría en incluir en una hipotética relación de los diez mejores exponentes de la ciencia-ficción cinematográfica. El otro, se centra en la propia escasa producción que Niccol ha venido ejerciendo desde aquel debut que emergió con voz callada, y que poco a poco adquirió un estatus de cult movie de creciente significación. Al igual que ha venido sucediendo con nombres como Paul Thomas Anderson o Terrence Mallick, quizá es en el caso de Niccol donde se echa de menos la continuidad de una obra que siempre se presume interesante, y que hasta la fecha solo se ha extendido en cuatro largometrajes –actualmente se encuentra en preproducción THE HOST, prevista para 2013-. En una trayectoria tan corta, no se puede dudar que Niccol ha logrado expresar una serie de constantes temáticas –manifestadas de forma rotunda en su magnífico guión para THE TRUMAN SHOW (El show de Truman, 1998. Peter Weir)-, al tiempo que ha marcado unas formas visuales y narrativas que se han venido reiterando de forma coherente, más allá de la divergencia de tono de sus diferentes propuestas. He de reconocer que las tres películas que preceden a IN TIME (2011) que comentamos en estas líneas, han logrado interesarme y especular sobre las posibilidades de su artífice. Sin llegar ninguna de ellas al alcance que, en última instancia, sublimaba en mi opinión GATTACA, tanto S1MONE (Simone, 2002) y LORD OF WAR (El señor de la guerra, 2005), suponen dos exponentes infravalorados y de considerable interés, que oscilaban en su mirada nihilista, un cierto tono humorístico –de forma especial en el primero de los títulos señalados-, destacando una visión del mundo presente y el futuro que parecen darse de la mano, puesto que sus ficciones por lo general adquieren un tono realista tanto en su diseño de producción, como en el comportamiento y actitud de los personajes que pueblan las mismas.

Todo ello, es algo que se reproduce en la cuarta película filmada por Niccol –nada menos que con seis años de distancia desde su anterior obra-. IN TIME incide en esa visión cercana y realista del futuro. Sus parajes podrían ser los normales de cualquier sociedad más o menos civilizada de occidente, en la que se detectan las diferencias de las zonas obreras de las residenciales en las que se sitúan las clases más adineradas. Ahí reside, bajo mi punto de vista, uno de los mayores aciertos de esta –digámoslo ya-, atractiva propuesta de Niccol que, sin embargo, sitúo un poco por debajo de sus tres anteriores títulos. La película nos relata de forma muy sintética un futuro indeterminado pero cercano en el que los seres humanos han sido programados para vivir veinticinco años, cifra a partir de la cual si quieren prolongar su vida en la tierra, deberán trabajar casi sin denuedo –es una sociedad en la que el valor del cambio no es el dinero, sino el tiempo; terrible planteamiento-. Como no podría ser de otra manera, los más adinerados disponen de siglos de tiempo, en una sociedad en la que padres hijos y abuelos aparecen todos con aspectos juveniles. Uno de esos obreros condicionados por sus humildes orígenes es Will Salas (impecable Justin Timberlake), en cierto modo rebelde a lo que condiciona su clase social, y comprobando como unas arbitrarias subidas limitan el valor del tiempo que adquiere mediante el trabajo. Una noche, Salas se encontrará con un “millonario” en tiempo –Henry Hamilton (Matt Bomer)- al que salvará de una segura emboscada auspiciada por el mafioso Fortis (Alex Pettyfer), encaminada a asesinar a este y apropiarse de su tiempo. Después de esconderse ambos, Hamilton confesará a Salas el hastío que le proporciona haber vivido más de
cien años, y su deseo de morir, donando a este mientras se encuentra durmiendo la casi totalidad de su tiempo antes de suicidarse. A partir de ese momento, unido a la imposibilidad de Salas de poder salvar a su madre de la carencia del mismo, este logrará penetrar en los sectores de la ciudad vedados para las clases más pudientes, con la intención de ejercer como rebelde ante una injusta sociedad establecida, que ha utilizado el valor del tiempo como moneda de cambio para mantener sus privilegios de clase, al tiempo que mantener un control en la habitabilidad del país. Su fuga será detectada por los guardianes del tiempo, uno de los cuales –Raymond Leon (estupendo Cillian Murphy)-, no cejará en su empeño de perseguir a Salas. Para ello contará con motivos crecientes cuando nuestro protagonista se interne en un casino y logre una ingente cantidad de tiempo al ganar en el mismo al dueño de una multinacional –Philippe Weis (Vincent Kartheirser)-. Este lo invitará a una fiesta en su mansión, en donde conocerá a su hija –Sylvia (Amanda Seyfried)-, iniciándose con la llegada de los guardianes del tiempo encabezados por Leon, una espiral de persecuciones y situaciones, que dirigirán el posterior devenir del film entre el servilismo al cine de acción –ejecutado, eso si, con verdaderos tintes de nobleza-, combinando en ello una huída de la pareja de jóvenes –en las que se establecerá una relación sentimental y, ante todo, de comunión de ideas-, llegando incluso a verificarse una consensuada decisión de erigirse como unos modernos Robin Hood, robando ese tiempo que el padre de Sylvia lleva almacenado en los pequeños y complejos cargadores, para distribuirlos entre las clases más desfavorecidas, provocando la alarma tanto de los garantes de la normalidad del sistema establecido, como de esos “gangsters” utilizados por estos en las zonas más obreras –como es el caso de Fortis-, para mantener allí la normalidad pertinente.

No se puede decir que Andrew Niccol no haya resultado fiel a sí mismo una vez más. Retomanco ecos de otros títulos precedentes, que van de POINT BLACK (A quemarropa, 1967. John Boorman) hasta SOYLENT GREEN (Cuando el destino nos alcance, 1973. Richard Fleischer), ofrece una mirada acre sobre una sociedad futura, pero que se parece mucho a la que vivimos. No hay en su puesta en escena el deseo de distanciarnos de un marco urbano que podría resultar vigente en nuestros días. De esta manera se apuesta por la cotidianeidad con la que se nos describe la forma de utilizar el tiempo como valor de cambio, o el abuso que las jamás mostradas autoridades tienen para mantener controlado el exceso de una población y de un sistema de valores; elevar el valor de ese tiempo logrado mediante el trabajo. Cierto es que en algunos instantes puede resultar divertido comprobar como para una llamada telefónica te piden un minuto, pero al mismo tiempo resulta terrible comprobar ver como un cadáver en plena calle, de un ser al que se ha consumido su margen temporal, es contemplado con indiferencia.

Todos estos elementos, alcanzan en el primer tercio de IN TIME –magnífico en su conjunto, y cercano en su poesía a la que emanaba de GATTACA-, las más altas cotas de su metraje. Y ello tendrá dos episodios memorables, en los que se encuentra quizá la medida que podría haber alcanzado esta película de haber seguido dicho terreno en todo su metraje. Una de ellas lo constituye la secuencia en la que Hamilton confiesa a Salas su deseo de morir, expresándole la angustia y el hastío por prolongar una existencia que admite ha cumplido sobradamente. Será un fragmento que concluirá cuando al despertar nuestro protagonista, contemple a este en un puente a punto de tirarse del mismo una vez se consuman los pocos segundos que le restan de vida –ha transferido su siglo a su nuevo amigo-. El otro, indudablemente, lo proporcionará la angustiosa secuencia en la que la madre de Salas, y por otro lado este, intentarán encontrarse, para que el joven le transfiera tiempo y pueda prolongar su existencia, no llegando a cumplir ese angustioso objetivo por escasos segundos, y planificando la secuencia con un picado en plano general de
considerable dramatismo. Pero con estos fragmentos magníficos, coexisten otros quizá de menor importancia pero reveladores de la sensibilidad del realizador, como ese baño que Salas y Sylvia realizarán por vez primera en sus vidas, en un nocturno en el que destacarán los tonos verdosos fluorescentes de los contadores que portan los dos jóvenes en sus brazos. Serán elementos que, unidos a la gélida puesta en escena marcada por Niccol y al peso que otorga a su banda sonora –en este caso, obra de Craig Armstrong-, conforman un tercio inicial magnífico, a la altura del mejor cine de su autor. Es quizá por ello, que esos dos tercios posteriores, con ser interesantes, dejan una cierta sensación de conformismo ante un público más o menos juvenil, que quizá prefiera antes valorar una serie de persecuciones, que la reflexión íntima de seres al borde de la extinción. No obstante, no sería justo señalar que nos encontremos ante un conjunto sin interés. Hay en toda la película suficientes elementos puestos sobre el tapete para merecer destacar la apuesta de Niccol. Detalles como la entereza de ese guardián del tiempo que, en el fondo, lucha contracorriente por unos sueltos “temporales” ridículos, la rebelión de una joven millonaria que se ha dado cuenta de la ausencia de sensibilidad de su padre ante las gentes más humildes, o incluso los trucos utilizados por Salas para que en sus luchas a mano, logre capturar la prolongación casi en el último segundo, ese que siempre parece
escapársele.

En definitiva, que considere IN TIME la propuesta menos brillante rodada hasta el momento por Andrew Niccol, no quiere ello decir ni de lejos que se encuentre carente de un considerable atractivo. Es más, creo que su interés y caudal de sugerencias es notable. Lo que quizá motive mis pequeñas reticencias es al hablar de un hombre de cine del que sigo esperando mucho y, sobre todo, anhelo que sus rodajes no se ralenticen de forma tan ostentosa, ya que sigo pensando que en su figura se encuentra uno de los representantes más valiosos de la historia de la ciencia-ficción como género.

Calificación: 3

0 comentarios