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CINEMA DE PERRA GORDA

AUX DEUX COLOMBES (1949, Sacha Guitry)

Creo que no voy a ser el único en señalar que AUX DEUX COLOMBES (1949) se sitúa entre los títulos menos interesantes en filmografía de este enorme escritor, actor, guionista y, sí, también cineasta francés, que fue Sacha Guitry. Cuando con el paso de muchos años, he podido disfrutar de catorce de sus veintinueve largometrajes, de entrada, me hacen ratificar mi consideración ante su figura, como uno de los directores más singulares, infravalorados y valiosos jamás legados por la cinematografía gala en su larga historia. Es cierto que en su obra cinematográfica hay fluctuaciones, en la medida que esta discurre a lo largo de más de dos décadas, donde los contextos de producción variaron, dentro de una figura que se caracterizó por discurrir siempre por senderos bastante singulares.

Sea como fuere, esta adaptación cinematográfica de una previa y exitosa obra teatral suya, se inserta en un contexto temporal especialmente traumático para el intelectual y artista. De entrada, no se encuentra muy lejana su -injusta- encarcelación por supuesto colaboracionista -cuyas consecuencias darían pie a algunos títulos magníficos en su filmografía, como la inmediatamente precedente LE DIABLE BOITEUX (1948), a mi juicio una de sus mejores películas-. Pero al mismo tiempo, se situaba en un ámbito de disputas judiciales con su ya ex esposa, lo que hace que AUX DEUX COLOMBES se ruede en apenas once días, y en apariencia de manera descuidada durante el mes de abril de 1949, al parecer prácticamente filmando tomas únicas con el acopio de un par de cámaras, y ubicando la mayor parte de su metraje en un mismo escenario. No cabe duda que estas premisas influyen, y no siempre para bien, en el resultado de una película que no añade nuevos tintes de gloria a la obra del polifacético artista francés. Sin embargo, también es cierto que una vez uno culmina su metraje de poco más de ochenta minutos, lo hace con una película que va de menos a más, y al mismo tiempo discurre desde una base de desesperanza, hasta una conclusión en la que el cinismo va acompañado a una llamada a la esperanza. Al mismo tiempo, y desde un tono quizá menor y algo acomodaticio, asistimos a una nueva mirada llena de ESA misantropía que caracterizó la obra de Guitry.

La película se inicia con uno de esos brillantes trampantojos que constituían ‘marca de fábrica’ del cineasta, y que al mismo tiempo que trasladaban al espectador el artificio de la propuesta que iban a contemplar, ejercían como delicioso preámbulo en torno a una cierta mágica deconstrucción de la misma ‘Made in Guitry’. En esta ocasión, todo se produce en un delicioso corto de siete minutos de duración, que, al tiempo de servirnos como presentación al modesto diseño de producción y el no menos limitado equipo técnico y artístico de la película, no dejará de estar trufado de gags, nonsenses y anacronismos, que tendrán cierto elemento poético a la hora de presentar a parte del equipo técnico -ese dibujante de palomas-. Al mismo tiempo, la vertiente burlesca albergará su exponente más absurdo y divertido con ese actor que intenta, de manera infructuosa, y utilizando los disfraces de diversos personajes, encontrar acomodo dentro del cast de la película. Se trata del actor Robert Seller, al que finalmente repescarán los productores, tras haberlo descartado, para ocupar el papel del ayuda de cámara del protagonista, personaje que se encontraba sin adjudicación.

Todo ese ingenioso proceso de presentación, nos centrará a un primer acto que se iniciará con la confesión del protagonista, el veterano letrado Jean-Pierre Walter (Guitry) quien, mirando a cámara, nos introducirá en el acomodado, pero rutinario modo de vida, que comparte con Marie-Thérèse (Suzanne Dantès). Ello se prolongará en una larga charla mantenida entre ambos, teniendo un ingenioso punto de partida a partir de la misteriosa llamada recibida por Walter, en donde se le vaticina una sorpresa. La conversación, ciñértamente poco atractiva visualmente, no deja de expresar la rutina de un matrimonio sin aliciente alguno. Es más, consciente de ello, Guitry prácticamente la despacha -de manera evidente- en un plano único y sostenido, con algunos ligeros reencuadres. Es cierto que a primera vista, dicha elección narrativa puede denotar una cierta desgana -y puede que algo haya de ello-, pero según se va contemplando el metraje, con posterioridad este se muestra mucho más dinámico, lo que evidencia que ese inicio era claramente deliberado.

La película adquiere un inesperado giro con una presencia inesperada -era lo que preludiaba la llamada señalada-; el protagonista recibirá el reencuentro con la que fuera su primera esposa, en teoría fallecida en un incendio en Sudamérica, 22 años atrás. Se trata de Marie-Jeanne (Marguerite Pierry), que de manera inconsciente intenta recuperar el amor del que fuera su esposo. Es curioso señalarlo, pero este planteamiento de comedia, recuerda no poco el de la excelente MY FAVOURITE WIFE (Mi esposa favorita, 1940. Garson Kanin), a partir de una historia original de Bella y Sam Spewack y Leo McCarey. En esta ocasión, el contrapunto será, por un lado, la inesperada situación que se le plantea al protagonista que, en realidad vislumbra ante sí la realidad de su rutina existencial, que en modo alguno se solventaría, caso de retornar con esa primera esposa, a la que olvidó ya hace largos años. La desdichada situación solo tiene una inesperada salida, que se planteará en la rápida pasión que sobre el doble marido se planteará al conocer a la joven y elegante gran duquesa Christine (Lana Marconi). Ello nos permitirá asistir a una serie divertidos momentos de cortejo, que en ocasiones me hicieron recordar los que se planteaban en varias comedias los míticos Groucho Marx y Margaret Dumont, por más que físicamente haya una enorme distancia entre ambas.

La llegada del conflicto entre las dos esposas y el progresivo acercamiento de Walter a la atractiva aristócrata, unido a la deriva de la fiel sirvienta, aderezado todo ello con ese brillante y irónico juego de diálogos, y a la soberbia presencia del propio Guitry en pantalla, propiciará una mirada que oscilará entre lo misógino -esas dos esposas que se olvidan de él, cuando la regresada comunica a la segunda -hermana suya- que atesora una herencia del padre de ambas, que debe compartir con ella-. A partir de ese momento, hay que reconocer que la vivacidad y el ingenio de la película se eleva, bien sea por ver la mezquindad en las discusiones de las dos hermanas y esposas, a las que Guitry mantiene en el off visual cuando ambas discuten borrachas. Esa mirada, entre misógina y sencillamente misantrópica, se prolongará una vez, de manera inesperada, cuando ambas esposas se marchen por motivos contrapuestos pero complementarios, evitando al atribulado protagonista tener que tomar una decisión nunca satisfactoria sobre su futuro. Será otra fiel colaboradora, su sirvienta -¡experta en recordar el santoral de cada día del año, ya que su padre fue fabricante de almanaques!-, la que celebre esa buena nueva, en la que la luz definitiva se encuentre en la apuesta de futuro de su señor, con esa joven aristócrata del Este, que quizá le brinde, de manera definitiva, una nueva oportunidad en su vida… que también se expresa, en una fugaz secuencia, para esas dos hermanas, que sabrán canalizar su fortuna ¡con un negocio de palomas!

Liviana, irregular y no al nivel exigible a un cineasta y creador de tanta talla AUX DEUX COLOMBES no deja de proporcionar pequeños placeres, para aquellos que tenemos en tanta estima la mirada sobre la condición humana propuesta por uno de los intelectuales y artistas franceses más brillantes en su tiempo… aunque lo propiciara en un momento especialmente convulso de su propia andadura personal.

Calificación: 2’5

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