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CINEMA DE PERRA GORDA

DUEL IN THE JUNGLE (1954, George Marshall) Duelo en la jungla

A unas siete décadas de distancia, quizá convendría proponer una mirada lo suficientemente distanciada, a ese subgénero de aventuras africanas, que tuvo su periodo dorado durante la década de los cincuenta en el seno del cine británico, y que se prolongaría hasta mediado el siguiente decenio, en cuyos últimos exponentes se ofrecería una obra tan sublime como SAMMY GOING SOUTH (Sammy, huida hacia el Sur, 1963. Alexander Mackendrick). Lo cierto es que nos encontramos ante un conjunto de títulos que, en líneas generales, gozaron de una gran aceptación popular, pero muy pronto fueron objetados por la crítica. Y lo fueron bien porque sus argumentos y ficciones reiteraban una serie de convenciones narrativas y temáticas, o bien por el hecho de mostrar en dichos argumentos, no pocos ecos de las postrimerías del imperio colonial británico.

Sea como fuere, desde esa ya reclamada distancia, hay que asumir que se trata de un ciclo  de títulos más atractivo de lo que podría suponer una memoria ya polvorienta, y que se puede manifestar en DUEL IN THE JUNGLE (Duelo en la jungla, 1954), que aparece como uno de los primeros exponentes de dicho subgénero, y que, pese a su producción británica, cuenta con el prolífico y ocasionalmente inspirado realizador norteamericano George Marshall, especialmente diestro a la hora de tratar géneros ligados a la acción, y también en la comedia, ámbito en que alcanzó su primeros pasos dirigiendo para la inmortal pareja formada por Laurel & Hardy. De ambas parcelas se beneficia -y al propio tiempo plantea sus propios límites- esta apreciable propuesta que combina la aventura, la comedia y, en su tercio final, un cierto componente de intriga y melodrama, habiendo podido visionar la versión USA de la película -98 minutos de duración-, de metraje más reducido que la inglesa, extendida hasta 110 minutos.

DUEL IN TH JURGLE se inicia en el aeropuerto de Londres, donde el agente de seguros norteamericano Scott Walters (un Dana Andrews que parece preludiar el comienzo de NIGHT OF THE DEMON (La noche del Demonio, 1957. Jacques Tourneur)) se dispone a retornar a Nueva York. Allí es interceptado por las autoridades inglesas para que acuda a la empresa Henderson, al objeto de investigar ese seguro de dos millones de dólares que ha contratado el acaudalado Perry Henderson (David Farrar), destinado a su anciana madre. Allí conocerá a la secretaria de este -Marian Taylor (Jeanne Crain)-, con la que iniciará un incesante galanteo, frustrado en el momento en que conozca que esta se encuentra comprometida con Perry. Serán unos minutos iniciales tratados en modo de comedia, que parecen anticipar por su configuración la establecida una década después por Cary Grant y Audrey Hepburn en CHARADE (Charada, 1963. Stanley Donen) -incluso se producirá un paseo de barco por el Tamesis, aquí descrito bajo la lluvia-. En ese incesante galanteo, viviremos una divertida secuencia de inequívoca resonancia sexual -la presencia de las ostras en el desayuno de Walters-, que hará ver al protagonista la imposibilidad de seguir en dicho afán de conquista. Cuando se dispone de nuevo a volar hasta USA, involuntariamente verá en la portada de un periódico la noticia de la desaparición de Henderson -al que anteriormente hemos contemplado dentro de un barco intentando encontrar diamante bajo el mar- en accidente marítimo. Al intentar volver a contactar con Marian, comprobará que se ha marchado hasta África para, supuestamente, reencontrarse con su prometido. Así pues, y tras comprobar como la nueva secretaria de los Henderson se insinúa a este, en apenas unos planos nos desplazaremos junto al protagonista a aquel continente -resulta sorprendente la facilidad con la que se muestran estos lejanos traslados-, casi de inmediato, hasta el buque que, en alta mar, transporta a Marian, y que se encuentra capitaneado por el irascible capitán Malburn (George Couloris). En el accidentado discurrir del buque -mostrado igualmente en tono de comedia-, el protagonista vivirá diversos intentos de atentado, e incluso al llegar a puerto se le va a impedir desembarcar para seguir a Marian, aunque pueda finalmente desembargar de manera arriesgada. Todo irá confluyendo en seguir la pista de la joven y, al mismo tiempo, comprobar como esta le lleva al señuelo del desaparecido. Ello nos brindará nuevas secuencias dominadas por la comedia, como la que describe la visita de Walker y un comisario de la zona a la alocada madre de Henderson o, ya más adelante, la divertida situación provocada por un mono al tirar hasta en dos ocasiones los enseres del protagonista y su chofer en su traslado por tierras salvajes africanas, en un episodio que alberga de manera muy clara la ya lejana herencia del humor de los ya citados Laurel & Hardy.

Nuestro agente finalmente dará con la expedición que dirige la joven, y juntos llegarán hasta el refugio donde -con sorpresa por parte de Marian, y ratificando el protagonista sus sospechas- se encuentra Perry, bien pertrechado por un grupo de nativos. A partir de ese momento, la película asumirá un tinte grave, sobre todo dado por la percepción del allí instalado de la cercanía del recién llegado con su prometida, y también por conocer los orígenes profesionales de este. Este último tercio de la película se encuentra dominado por un enfrentamiento psicológico, cada vez más decantado por la acción física, al tiempo que por el progresivo desengaño de Marian hacia el hombre con el que se comprometió, que irá aparejada por una ya inevitable acercamiento con Walters. Poco a poco se irá describiendo una atmósfera irrespirable, en donde se irá haciendo perceptible la insidia incluso violenta de Henderson hacia el recién llegado, que encontrará un inesperado aliado por parte de uno de sus nativos más cercanos. Será todo ello una escalada de tensión en lo que supone el tramo más intenso del relato, dominado por peligros, la presencia siempre inquietante de Farrar en su papel -por cierto, acreditado en la película también como director de diálogos-. Todo ello confluirá en una peligrosa huida de Walker, Marian y el nativo que les ha ayudado y al cual han salvado de una muerte segura, en una persecución que remeda el Richard Conell de The Most Dangerous Game.

DUEL IN THE JUNGLE, que albergó en el momento de su estreno un cierto éxito, aparece como precursora de una corriente del cine de aventuras que brindará títulos de mayor interés que este que comentamos. Sin embargo, en su curiosa mixtura de estilos, en su abierta ligereza -tan sólo atenuada en su tercio final- aparece igualmente como curioso precedente de títulos rodados ya entrados los sesenta, como el para mi muy gozoso THE PINK JUNGLE (Fiebre de codicia, 1968. Delbert Mann). Un perfecto prototipo de película de disfrute rápido por parte del público de la época -y el actual-, en el que destaca la siempre atinada planificación de Marshall. Rodada en exteriores en Rodesia, y aunque aparecerán más planos de los deseables en retroproyección, no faltará la belleza de sus marcos naturales. No nos evitaremos secuencias del ataque de fieras y momentos de folklore local. Sin embargo, se describe una acertada pendiente en ese tramo final donde lo inquietante irá adueñándose del relato, siempre dentro de los cánones de la educación británica, hasta ese estallido final de tensión y violencia que sublimará su conjunto, y que concluirá de manera demasiado abrupta, quizá debido a los cortes que se produjo a la película en esta su versión USA, tras un poco afortunado preestreno en Los Ángeles.

Calificación: 2’5

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