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CINEMA DE PERRA GORDA

TERROR IN A TEXAS TOWN (1958, Joseph H. Lewis)

TERROR IN A TEXAS TOWN (1958, Joseph H. Lewis)

Nadie puede poner en duda que la segunda mitad de los años cincuenta fue el entorno propicio para la presencia de algunos de los westerns más atrevidos y originales planteados en la historia del género. Una tendencia además que se aunó con la pertenencia a unos márgenes de producción en las postrimerías de la serie B, y que favoreció la presencia de títulos como RUN OF THE ARROW (Yuma, 1957), FORTY GUNS (1957) -ambos dirigidos por Samuel Fuller) o GREAT DAY IN THE MORNING (Una pistola al amanecer, 1956. Jacques Tourneur), por mencionar algunos ejemplos citados casi al azar. Son estas y otras, películas de escuetos presupuestos, pobladas por ráfagas de creatividad visual, violencia interna y personajes taciturnos definidas por un pasado turbio y oscuro. Dentro de esa misma tendencia –aunque evidentemente con un balance de acierto mucho más mitigado-, se encuentra el título que supuso el cierre de la trayectoria cinematográfica de uno de los más estimados cineastas de la mencionada serie B norteamericana; Joseph H. Lewis. Antes de adentrarse en una larga andadura televisiva –de la cual por cierto esta película augura modos y maneras, muy familiares a ese campo de producción tan poco analizado de finales de los cincuenta e inicios de los sesenta, repoblada por la aportación de grandes cineastas-, Lewis dirigió el insólito, desigual y, por momentos, fascinante, en otros deslavazado y estático TERROR IN A TEXAS TOWN (1958).

Y digo esto último, porque pese a una duración de menos de ochenta minutos, en realidad la película se plantea como el desarrollo de una leve anécdota, desde el primer momento previsible –algo a lo que además incide la secuencia progenérico que posteriormente se reitera al final, variando el punto de vista que inicialmente nos impide ver el rostro del oponente de Sterling Hayden-. La descripción de la misma resulta bastante sencilla. En una localidad de Texas, los propietarios de los ranchos se encuentran aterrorizados por el pistolero Johnny Crale (Ned Young), esbirro de Ed McNeill (Sebastián Cabot), un poderoso empresario que desea apoderarse de las tierras, ya que ha advertido que en ellas se encuentran importantes yacimientos petrolíferos. La labor de Crale se ceba en la vida del veterano Sven Hansen, al cual asesina al resistirse a vender sus propiedades, teniendo como involuntarios testigos a Pepe Mirada (Eugene Martin) y su hijo. Sin conocer esta noticia, George, el hijo de Hansen –Sterling Hayden- es un ballenero sueco que regresa al rancho de su padre. Sorprendido y desolado por la mala noticia recibida, muy pronto trabará contacto con Mirada y también con el pistolero que mató a su padre, adquiriendo paulatinamente conciencia de la situación que vive, y que se encuentra dominada por el miedo de los habitantes de la ciudad a enfrentarse con el pistolero y con McNeill, que encubre corrupciones a todo nivel. La situación llevará al asesinato de Mirada por parte de Crale, lo que desencadenará los acontecimientos hasta retornar a la situación que se había mostrado en los primeros fotogramas del film, enmarcado por el enfrentamiento de Hansen –armado únicamente con un arpón-, contra la destreza del villano pistolero vestido de negro.

Como antes señalaba, si hay algo que mantiene el interés de TERROR IN… no es precisamente la originalidad de su planteamiento –tantas y tantas veces plasmado en el cine del Oeste y con mayor destreza-. En cambio, lo hace precisamente el tratamiento cinematográfico desplegado por su conjunto que, aunque lleno de irregularidades, posee un marchamo de inventiva no siempre logrado, pero que en algunos momentos llega a alcanzar una notable garra. No puede decirse que entre sus cualidades se encuentren los momentos iniciales desarrollados tras los títulos de crédito, atropellados y un tanto inconexos, que al menos nos permiten los expresivos primeros planos de los humillados granjeros a los cuales han quemado sus haciendas. Esa sensación de encontrarnos con fotogramas poblados por personajes que parecen lanzarse a la pantalla, se entremezclará con secuencias admirablemente resueltas con una estudiada planificación de interiores, dominando con sus reencuadres la progresión psicológica de sus personajes. Y en ese sentido, me gustaría señalar que –contra el protagonismo en los títulos de crédito a cargo de Sterling Hayden, que por otra parte aparece en escena a los veinte minutos de iniciarse el film, sin contar la secuencia progenérico-, el elemento que más me interesa del film de Lewis estriba precisamente en la figura de ese pistolero vestido de negro, con una mano derecha de hierro -ya que destrozaron la suya-, y que pese a su crueldad como tal esbirro, en su fuero interno reconoce que su tiempo ha acabado, y que en el Oeste abierto al progreso, prácticamente no queda espacio para individuos de su especie. La descripción de sus perfiles y la brillante interpretación que realiza Ned Young, quedan a mi juicio como los valores más perdurables de esta película. De hecho, cuando este se encuentra en escena, el nivel de la misma se eleva, y especialmente cuando además comparte el plano con su amante –Molly (Carol Kelly)-, una mujer que conoce la crueldad de su amado, que sabe que la relación con él ya no es posible, pero a la que no le queda otro remedio que prolongar un sendero que quizá en el pasado fuera agradable, pero que actualmente no tiene vigencia –el instante en el la que en el salón confiesa esa angustia interior con Henson, deviene quizá como el momento más hermoso de toda la película-. Y en este sentido, quizá habría que destacar esos apuntes, ya que realizaron el guión –bajo pseudónimo- los blackisted Dalton Trumbo y John Howard Lawson, logrando con esos apuntes concretos dotar de espesura a una historia por lo demás excesivamente esquemática.

TERROR IN… es una película que destaca por la falta de armonización en su estructura narrativa, combinando expresivos primeros planos y angulaciones atrevidas, con otros momentos “de relleno”, del que hay que destacar su poderoso blanco y negro de tintes expresionistas –una práctica por otra parte bastante habitual en la producción de género en la United Artists-, y que sorprendentemente aúna el ocasional acierto de varias de sus secuencias, con la sensación de estatismo que producen otras. Es indudable que el film de Lewis peca de desequilibrio, de no saber articular sus intenciones más o menos renovadoras –o quizá la ausencia de medios quiso ser disimulada de esta manera-, y de una banda sonora también atrevida pero a mi juicio tan molesta como desafortunada. En ocasiones, la búsqueda de algo diferente es el máximo anhelo de cualquier artista. En otras, por el contrario, quizá ha sido alguno de los subterfugios utilizados para poder disimular sus carencias. Los ha habido también quienes han optado deliberadamente por el sendero de una cierta renovación de códigos, apelando a una necesidad de avanzar estética y temáticamente. Ciertamente no sabría en cual de dichas parcelas incluiría esta película. Lo que nadie puede negar de su conjunto es su singularidad y el carácter de rareza que sus imágenes proporcionan, aunque ello jamás deba llevar a que sea considerada algo más que un título apreciable.

Calificación: 2’5

2 comentarios

Germán Barón Borrás -

También discrepo, me parece un western sensacional y atractivo en su atmósfera y puesta en escena

Alfredo Alonso (Cineyarte) -

En esta ocasión discrepo de tus impresiones ya que en este filme se observa de manera clara el absoluto dominio que Joseph H. Lewis posea del lenguaje cinematográfico (posición de los actores en el plano, travellins perfectamente integrados de poderosa efectividad, expresivos contrapicados...).

Filme fantasmagórico, abstracto, es a mi juicio una obra maestra en la que aparecen más claras que nunca las virtudes de su autor.