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FUNNY PEOPLE (2009, Judd Apatow) Hazme reír

FUNNY PEOPLE (2009, Judd Apatow) Hazme reír

Películas tan diversas en su concepción y resultados como LIMELIGHT (Candilejas, 1952. Charles Chaplin), THE PATSY (Jerry Calamidad, 1964. Jerry Lewis), STARDUST MEMORIES (Recuerdos, 1980. Woody Allen), THE KING OF COMEDY  (El rey de la comedia, 1982. Martin Scorsese), son manifestaciones más o menos acertadas de esa intención de determinados cineastas y creadores cómicos, de reflexionar sobre el auténtico papel que ejercen como generadores de diversión en el público, y la trastienda que mantienen ante su dualidad como auténticos seres humanos, viviendo en sus carnes desde síndromes de fama, la decadencia, los sinsabores, el lado oscuro de su labor creativa, enfrentada al devenir de unos seres privilegiados que, en el fondo, también son humanos. De todo ello habla FUNNY PEOPLE (Hazme reír, 2009), tercera de las películas realizadas por el exitoso y un tanto sobrevalorado Judd Apatow, que combina en su propuesta la intersección de sus propias neurosis como exponente de la comedia, de la mano de la personalidad de su protagonista masculino, el cómico Adam Sandler. Este interpreta a George Simmons, un hombre ya adentrado en la madurez, agobiado y endurecido por su éxito como estrella del género, al que de la noche a la mañana en una revisión médica se le detecta una leucemia de casi imposible curación, ante la que solo se podrá enfrentar con una medicación experimental de impredecibles y poco alentadores resultados. Será el punto de partida para un replanteamiento en su propia andadura final, la visión de la existencia de un modo revestido de escepticismo, y el encuentro con un joven cómico judío de extraño talento –Ira Wright (Seth Rogen)-, al que contratará como ayudante, aunque en realidad le sirva para exorcizar ese egoísmo y lado ruin de su personalidad. Lo incorporará como un extraño confidente, aunque no deje de expresar en él su consustancial egoísmo, entremezclado de su congénita ironía y escepticismo, intentando sobrellevar en ese vía crucis habitual el deseo de retomar la interrumpida relación amorosa con la que la fue la mujer de su vida. Ella es la ya madura pero aún deseable Laura (Leslie Mann), casada y con dos hijos, que lleva una vida acomodada, pero en el fondo insatisfecha.

Dentro de dichos mimbres se articula la que, bajo mi punto de vista, se erige no solo como la mejor obra filmada hasta la fecha por Apatow –lo cual tampoco es mucho decir-, sino ante todo un título interesante, no exento de irregularidades, pero en el que se logran integrar de forma más acertada, aquellas constantes habituales en su cine, sublimándolas por ese alcance de reflexión artística y existencial que, sin la menor duda, se erige como el auténtico motor de la ficción, logrando a través del tratamiento de esta vertiente su más altas cotas de validez. En cualquier caso, y aún reconociendo que su metraje se encuentra dilatado en exceso –veinte minutos menos de su tercio final le hubieran venido de perillas-, lo cierto es que es en FUNNY PEOPLE donde el universo del realizador, que hasta entonces solo se había manifestado de forma intermitente, adquiere por momentos una considerable madurez, a lo que cabe unir una mayor hondura en su puesta en escena, hasta el momento definida por una neutralidad expresiva que sus anteriores títulos se oponía a sus logros parciales –centrado sobre todo en sus capacidades con la dirección de actores-. No vamos a señalar a este respecto que la película que comentamos sea un prodigio de realización. Cierto es que seguimos observando desequilibrios y carencias de medida, pero es innegable que la película describe una capacidad de riesgo y experimentación formal –no siempre afortunada, todo hay que decirlo-, ausente en las dos anteriores y reconocidas obras del cineasta.

Desde su comienzo, con esas imágenes de grabaciones caseras del propio protagonista, la película revela ya esa cierta capacidad de experimentación que se inserta en su metraje, insertándonos muy pronto en el mundo abigarrado, hipócrita, creativo y soez al mismo tiempo, que rodea la existencia del acaudalado cómico, sobre el que todo su entorno vital se derrumbará de manera inesperada. Apatow logra describir con acierto ese nuevo marco de vivencias, al tiempo que de forma paralela alcanza de igual modo trazar ese mundo en el que la supuesta creatividad e ingenio, va rodeada del materialismo, la competitividad y un cierto aspecto surrealista y carente de auténtico valor. Será un contexto revestido de hipocresía, sobre el que ha girado hasta entonces la vida de Simmons, y ante el cual este ha desplegado un escudo defensor en su comportamiento arisco, acre y desprovisto de cualquier tipo de humanidad. Toda esa mirada está plasmada por su director con un especial grado de implicación, buscando ante todo extraer un contraste acusado entre el dramatismo de la situación que marca la inflexión de su protagonista –esa enfermedad que puede costarle la vida-, y la visión acre del contexto del mundo de la comicidad que, a diferentes niveles, marcará tanta la fama del célebre protagonista, como de los anhelos que ese grupo de jóvenes cómicos que de alguna manera representa Ira Wright, que permite al realizador enlazar ese mundo de treintañeros que se resisten a convertirse en adultos, heredado de sus anteriores películas. No faltará en su segunda mitad una vertiente melodramática, en la que se articula quizá ese aspecto conservador inherente a su mundo temático. Nada hay que objetar en ello, en la medida que logra trasladar e incluso enriquecer un aura de verdad a esas conversaciones, esos tiempos muertos, mantenidos sobre todo entre George y Laura, y en donde de nuevo se transmite esa capacidad de Apatow para bordear los límites de la tragicomedia.

Es por ello que en ese sin duda demasiado dilatado metraje, se pueden olvidar ciertos –por fortuna, escasos- coqueteos con el ralenti –alguno incluso eficaz-, o esa excesiva dilatación que se registra en la relación de desengaño que manifestará finalmente el reencuentro entre el célebre cómico y la mujer que fue su verdadero amor. En su defecto, disfrutemos de esa sensación de verdad y al mismo tiempo de desencanto que la película expone en la mayor parte de su metraje, en la magnífica dirección de actores que despliega el film –una de sus virtudes más reconocidas-, que permite una impagable performance por parte de un fantástico Adam Sandler, hasta tal punto que en muchos momentos –sus monólogos y actitudes desencantadas- nos permiten contemplar un reportaje dramatizado de su propia vida. Esta brillantez y sinceridad se extiende a la magnífica Leslie Mann, e incluso por momentos se manifiesta en Seth Rogen, pese a sus manifiestas limitaciones como intérprete. Entre sus dos protagonistas masculinos se extiende, además, una extraña complicidad, en la que tiene mucho que ver ese humor judío, del que ambos son conocidos representantes.

Y dentro de ese alcance tragicómico y, por momentos, existencialista, que manifiesta la mayor parte del metraje de FUNNY PEOPLE, podemos destacar secuencias de una acidez extrema, como el intercambio de diálogos mantenidos entre Simmons y el doctor de aspecto nórdico encargado de comunicarle las poco positivas novedades sobre el transcurso de su enfermedad, o los divertidos e inesperados encuentros de este con el esposo de Laura –encarnado por un estupendo Eric Bana-. Sin embargo, dos son los episodios –insertos en la acción casi de manera consecutiva-, que no dudaría en destacar como los más memorables del film. Uno de ellos es la larga y emocionante secuencia del reencuentro de los dos antiguos novios, en la que el atribulado cómico se sincera ante esa emocionada amante, que le confiesa el fracaso en el que desembocó su matrimonio. Pero por encima de este admirable fragmento lleno de verdad emocional, se sitúa la secuencia previa, en la que Seth Rogen intenta de manera infructuosa convencer a Sandler que exteriorice la realidad de su enfermedad, mientras este no deja de atajar sus peticiones por medio de diálogos revestidos de un sarcasmo casi doloroso. Se trata de un fragmento magistral, que podría registrarse entre cualquier antología de la comedia de las últimas décadas, en la que al timming alcanzado, se une incluso a un Rogen en el que estoy convencido es, con mucho, el mejor momento de su carrera, estallando progresivamente en llanto en medio del comedor de un restaurante.

Sin duda FUNNY PEOPLE es un título desequilibrado, pero por fortuna se intuye en él la introducción de Judd Apatow en nuevos derroteros fílmicos y temáticos ¿El hecho de no haber logrado un éxito comercial y crítico de similar calado al de sus dos anteriores títulos puede que le haga retroceder en el sendero encaminado? Esperemos que no. La comedia norteamericana no se lo podría permitir.

Calificación: 3

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