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CINEMA DE PERRA GORDA

UPSTAGE (1926, Monta Bell) Entre bastidores

UPSTAGE (1926, Monta Bell) Entre bastidores

El paso de los años, con lo que ello supone de recuperación de la historiografía fílmica, está sucediendo con bastante lentitud, a la hora de ir revisando el conjunto de la filmografía de Monta Bell -20 largometrajes-, a quien se cita en cualquier antología del periodo silente, pero de quien apenas se puede acceder a sus películas. UPSTAGE (Entre bastidores, 1926) es el tercero de los títulos suyos que he tenido ocasión de contemplar y ya, de entrada, me parece una pequeña maravilla. Un prodigio de delicadeza cinematográfica, que logra superar a base de sensibilidad cinematográfica, los estereotipos de partida, con las que partía esta historia creada por Walter DeLeon, y transformada en guion por Lorna Moon. En realidad, nos encontramos con una plasmación del universo del vaudeville. De los altibajos que plantea la vivencia en el mundo en el espectáculo, en los que el arribismo y la vanidad, lamentablemente acompañará cualquier trayectoria en dicho ámbito. En realidad, el devenir argumental de UPSTAGE, no deja de recorrer todos los estereotipos que el tiempo ha dejado, en torno a las visiones cinematográficas del universo teatral. La llegada de una joven que busca el triunfo profesional, y que casualmente se ve abocada al mundo del espectáculo, logrando inesperadamente la fama y, junto a ella, no asumiendo la suficiente lucidez, para saber de donde procede la misma. En torno al personaje principal -Dolly Haven (Norma Shearer)-, se sucederán una serie de personajes más o menos secundarios, destacando entre ellos el joven y emprendedor bailarín Tommy (Oscar Shaw), que será quien de manera inadvertida, vislumbrará sus posibles cualidades, y entre quienes se extenderá una estrecha relación, interrumpida cuando las ínfulas de Dolly fuercen la separación artística de la pareja.

El film de Bell está poblado de agentes, estrellas que necesitan un estímulo, figurantes, atracciones de vaudeville… Nada novedoso a ojos de nuestros días. Pero lo que hace grande esta película -de poco más de sesenta minutos de duración-, reside tanto en el admirable dominio de los resortes cinematográficos de que hace gala su realizador, como en la sensibilidad que despliega en el tratamiento de sus personajes. Todo ello,  a través de una admirable dirección de actores, y una constante inventiva visual y gusto por el detalle, permitiendo que nos encontremos ante un conjunto, en el que la verdad cinematográfica sea su santo y seña -en mi caso particular, se hace más evidente, al contemplar una copia no en demasiado buen estado, que carece del más mínimo acompañamiento musical-.

UPSTAGE se inicia desde el exterior de la estación newyorkina de Pensylvania -las secuencias de exteriores de la película, adquieren todas ellas una asombrosa vivacidad y transmiten ese bullicio urbano de los ‘felices años 20’, con enorme pertinencia, ante el uso de atrevidos travellings que discurrirán entre los viandantes. En su interior, una nerviosa Dolly hojea en un puesto de prensa, una revista de espectáculos, quedando fascinada con el mundo frívolo que sus páginas proponen. Cuando esta ha comprado un periódico para encontrar trabajo, se marcha, viendo la primera muestra de la querencia por el detalle de Monta Bell; una monja que estaba junto a la protagonista, no podrá reprimir pegar un vistazo a la misma publicación. Será una prueba más de la fascinación que el mundo del espectáculo, generaba en aquella bulliciosa sociedad, incluso en personas en apariencia tan alejadas de aquellos ámbitos mundanos. Tras encontrar un muy modesto apartamento -la casera esconde un enorme agujero que ha detectado en la sábana-, la protagonista acudirá al anuncio que busca una secretaria, en el despacho del representante artístico Sam Davis (Tenen Holtz). Será el inesperado acercamiento a un mundo fascinante, lleno de bullicio, que ya percibiremos en esos breves instantes de encuentro, donde de manera inesperada, serán intuidas las posibilidades de Dolly, por parte de Tommy, ese joven bailarín lleno de talento y carisma.

A partir de ese momento, con tanto dinamismo como sensibilidad, UPSTAGE deviene un relato entrañable, creíble e incluso emotivo, en el que los sentimientos se solaparán, una vez la ambición de Dolly se ponga en primer plano, a la hora de ascender en una carrera en el mundo del espectáculo, sin atender a la lucidez de su fiel compañero, conocedor de sus posibilidades, y también de sus limitaciones como artista. La película atesora una sorprendente movilidad tras la cámara, no solo en las ya señaladas secuencias de exteriores, sino también en esos atrevidos y deslumbrantes zooms de acercamiento, que servirán para acentuar el dramatismo de aquellas situaciones límite que se producirán en la parte final del relato. O en la dramática manera con la que describe la caída de la pequeña -hija de los lanzadores de cuchillo-, tomando como base el siniestro e imperturbable semblante de una marioneta, que es la que ha ejercido como elemento de fascinación de la niña. Todo ello en un deslumbrante episodio, en el que no se sabe que admirar más, si la audacia en la planificación, con esos ominosos picados que preludian el trágico accidente, o el dramatismo que en sus padres producirá el conocimiento del mismo en plena actuación, culminando con el ofrecimiento de Dolly, para culminar dicho número, sin que el público note la ausencia de la receptora del lanzamiento. Una vez más, ficción y realidad se darán de la mano. El espectáculo no se podrá detener. Es más, antes de culminar el número, Molly se desmayará, siendo auxiliada por Johnny, y pudiendo finalmente ambos exteriorizar el amor que siempre han sentido, tras el escenario, teniendo como fondo las coristas, en cuyo grupo esta iba a participar.

Ayudado por unos subtítulos que no tienen desperdicio -obra de Joe Farnham, autor de los inolvidables textos de THE CROWD (… Y el mundo marcha, 1928. King Vidor)-, y por encima de esas audacias visuales, que aún siguen sorprendiendo más de nueve décadas después de su realización, si algo me resulta inolvidable en esta extraordinaria película, es su apuesta por la delicadeza. Algo que se manifiesta, sobre todo, en la extraordinaria química planteada entre una admirable Norma Shearer, y el no menos magnífico y apenas frecuentado para el cine Oscar Shaw. Todo ello se expresa en la delicadeza de sus miradas, de sus gestos. En ese detalle reiterado por parte de la joven, de atusar la corbata del muchacho. Por ello, cuando se interponga entre ambos la bailarina que este ha contratado cuando Molly ha abandonado el tándem, en un inesperado encuentro, esta última volverá a reiterar ese gesto cariñoso. Sin embargo, el brazo largo de la rival, se interpondrá en el fotograma, estirando de nuevo la corbata.

Y es que, en buena medida, con UPSTAGE, asistimos a un curioso precedente de la relativamente cercana, y también magnífica, SHOW PEOPLE (Espejismos, 1928. King Vidor), simplemente variando el foco del mundo del espectáculo escénico en el título que comentamos, como el del entorno cinematográfico plasmado en el de Vidor. Y de entre el cúmulo de grandes momentos y sugerencias que plantea esta tan espléndida como casi desconocida película, no dudaría en destacar un pasaje, revestido de ternura y erotismo al mismo tiempo. Momentos antes del debut de la pareja, Molly comprueba el desastre de maquillaje que cubre su cara. Tommy acudirá a ayudarle, acertando al embellecer su rostro con un fino maquillaje. Con sus dedos, estando ambos en primer plano, irá completando el carmín de los labios de la muchacha, mientras ella no dejará de reiterar ese atusamiento de su corbata, que ha caracterizado la relación de ambos desde el primer momento.

Calificación: 4

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