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CINEMA DE PERRA GORDA

THIS IS MY STREET (1964, Sidney Hayers)

THIS IS MY STREET (1964, Sidney Hayers)

¿Cómo es posible que alguien que en las décadas de los 80 y 90 participara en algunas de las series televisivas más convencionales -también más populares- de su tiempo, albergara en los primeros pasos de su filmografía, una serie de títulos tan magníficos? Pues sí. En cierto modo, ese fue el caso de un John Lee Thompson -este en cambio, más prolongado en sus tareas como director de cine-. Pero fue, sobre todo, el caso del británico Sidney Hayers (1921-2000), quien, en sus primeros títulos, brindó exponentes tan magníficos como THE WHITE TRAP (1959), PAYROLL (Cada minuto cuenta, 1961) o la mítica NIGHT OF THE EAGLE (1962). Pues buen, en esta ilustre terma confluye el gusto del entonces inspirado cineasta por lo bizarro, por una puesta en escena crispada y por proporcionar un cine directo, fresco, que asimilaba buena parte de las corrientes que brindaba el cine inglés de su momento, incluyendo en ellas una saludable veta psicológica e incluso crítica en torno a los claroscuros de la sociedad de su tiempo. De todo ello se beneficia también THIS IS MY STREET (1964), que podría sumarse sin desdoro ninguno a la trilogía antes señalada, completando con ello un cuarteto de enorme nivel que, dentro de una mirada global, bastarían para que la figura de Hayers mereciera al menos una pequeña evocación, dentro de la pléyade de realizadores que debutaron en Inglaterra a finales de los cincuenta. Tras esta película, su andadura cinematográfica se hundió con rapidez en las aguas de la mediocridad, insertándose en el ámbito televisivo. En todo caso, la presencia de los cuatro exponentes antes citados -ignorados durante décadas-, deberían -reitero- proporciona una pequeña mirada en torno al que durante unos años se erigió en un director valiente, preciso en el trazado psicológico y vibrante en sus formas expresivas.

Casi desde el primer momento, THIS IS MY STREET -que parte de un guion de Bill Macllwraith, a partir de la novela del mismo título de Nan Maynard- nos brinda su condición de mixtura entre los relatos que forjaron los tan valiosos Kitchen Sink -melodramas de la ‘escuela del fregadero’-, y la corriente que se encontraba a punto de abrirse en los contornos del Swinging London. En medio de ambos contextos se encuentra la relativa coralidad en la que se expresan las subtramas que expresan una película volátil, que acierta a bandear entre lo sardónico, lo trágico, lo intimista, lo fatalista y lo esperanzador. Todo ello, dentro de una extraña y siempre atractiva ronde de sentimientos, en la que se desprende en última instancia una mirada acre en torno a la propia sociedad británica de aquel tiempo.

Desde el primer momento, ayudado por la húmeda y realista iluminación en blanco y negro que le brinda Alan Hume, y por el siempre oportuno fondo musical compuesto por Eric Rogers, nos introducimos al contexto de una calle de ámbito obrero definida en el Jubilee Place del Battersea londinense. Será el ámbito en el que nos introduciremos dentro de los dos ámbitos centrales en los que se desarrolla el relato. El principal de ellos se centra en torno a la aún joven Margery Graham (una espléndida June Ritchie). Casada con el hosco y simplón Sid (Mike Pratt) y madre de una niña, viven ambos en la sencilla vivienda que dirige la madre de esta -Lili (magnífica Avice Landone, acertando en todo momento al intentar mostrarse comprensiva en torno al duro contexto que le rodea)-. En el apartamento colindante se encuentra hospedado el tan despreciable como irresistible Harry Kind (rotundo Ian Hendry). Este no deja de aprovecharse del apenas oculto hastío que Margery siente hacia su marido, no dejando en su ocasión de acercarse a ella, casi como su supusiera una pieza más en su previsible rosario de conquistas.

Por otro lado, casi como una subtrama complementaria, nos encontramos con la joven Maureen (Phillipa Gail), hija de un matrimonio desestructurado -la visión que se ofrece del casi inexistente matrimonio es desoladora-. Pese a ser pretendida por el joven y desgarbado Charlie -un jovencísimo John Hurt-, no cejará en su empeño en buscarse un amante de alta extracción social, al objeto de poder emerger del contexto desgradado en el que subsiste. Para ello, seducirá a Mark (Robert Bruce) un acomodado dentista casado y de vida rutinaria, a quien muy pronto encaramelará con el acicate de una nueva aventura, y quien pronto tendrá que aceptar los constantes vaivenes de carácter de una muchacha caprichosa y exhibicionista.

Ambas vertientes irán sucediéndose ante la pantalla con un atractivo sentido de la progresión y, a su través, permitiéndonos contemplar los usos y costumbres de una sociedad como la londinense, así como describir esa fauna humana de escasa formación y menores alicientes que emana del marco central. Sin lugar a duda, el gran acierto de THIS IS MY STREET reside por un lado en su adscripción, que siempre acierta a dirigir su mirada en el lugar adecuado, elaborando con ello un valioso y complementario tapiz de acciones y situaciones, para lo cual adquirirá un especial protagonismo el magnífico montaje de Roger Cherrill. Pero también, y de manera esencial, la capacidad albergada por Hayers de situar la cámara en el lugar adecuado, buscando siempre acercarse de manera oportuna a sus personajes o, incluso hacer un intenso seguimiento de sus situaciones más destacadas.

Con todo ello, y como señalábamos anteriormente, la película devendrá triste, patética, temerosa, melancólica e incluso divertida casi de un plano o una situación a otra, conformando un mosaico elaborado con una precisión y una capacidad de penetración en los claroscuros del comportamiento humano, que en sus mejores momentos elevarán el nivel del relato hasta la excelencia. Entre ello, lógicamente, destacará el proceso en el que Harry logrará vencer la permanente resistencia de Margery, a partir de la magnífica secuencia en la que ambos buscan de manera afanosa a la hija de la segunda en un solar repleto de chatarra, que casi parece preludiar momentos similares de la inmediatamente posterior BUNNY LAKE IS MISSING (El rapto de Bunny Lake, 1965). Ello nos brindará una secuencia posterior en la que la muchacha desnudará sus sentimientos ante este junto al río, hasta que, poco a poco Harry se vaya alejando de ella, a partir del momento en que regresa a la casa la hermana de la protagonista -Jinny (Anette Andre)-, evidenciando no solo su falta de escrúpulos sino, ante todo, la sensación de que todas sus conquistas se centran en un simple y animal deseo de saciar su masculinidad. Pero THIS IS MY STREET no se limitará al desarrollo de este triangulo central -en el que solo resulta escasamente creíble el hecho de que en un momento dado nuestra protagonista se uniera a un hombre tan gris como Sid-. Comprobaremos el acoso que esta vivirá en el establecimiento en que trabaja, por parte del maduro y seboso dueño del mismo, asistiremos al proceso en el que Harry modifique su vulgar club de streptease en un recinto en teoría más atrayente -para los gustos de la época- y, en todo momento, la película acertará a transmitir un alto grado de sinceridad de los usos, costumbres y comportamientos de toda su galería de personajes. Con ello conformará un ágil y preciso retablo que contribuye, junto a siempre excelente sentido del ritmo, al recurso de unas transiciones entre sus diferentes secuencias y episodios, y a lograr en todos y cada uno de ellos el tempo adecuado, plasmando una radiografía en la que la autenticidad y el contraste dramático se encuentra delimitada con precisión en todo momento. En este aspecto, y junto a destellos que aparecen casi como ráfagas -la tentación de la casquivana Maureen de acudir a la cita que le brinda un misterioso caballero encarnado por el habitual actor de comedia Patrick Carguill, de la que huirá despavorida al ser presumiblemente objeto de acoso-, la recurrencia a la elipsis permitirá dos de los mejores momentos de la película. El primero la elegancia, rotundidad y conmiseración con la que se plasmará el accidente sufrido por Mark y la mencionada Maureen, que marcará el futuro inmediato de esta. Por otro, la delicadeza con la que se describirá el intento de suicido de la protagonista, superada por los constante desprecios y el alejamiento que le practica Harry, y del que finalmente emergerá ¿quizá? una mujer nueva o, probablemente, alguien resignado a la mediocridad de su existencia.

THIS IS MY STREET es una película tan magnífica como desconocida, que avala el interés que revistieron los primeros años como director de Hayers. Que debería ser mencionada al citar una mirada colectiva sobre los dramas psicológicos rodados en el cine inglés de su tiempo. Y que ratifica de nuevo, por si a alguien le quedara duda, que en aquella producción aún se muestran ocultos un enorme caudal de exponentes prestos a ser mostrados con remarcable interés a la luz de nuestro tiempo.

Calificación: 3’5

1 comentario

Germán -

Pues vista en una plataforma y como dices una maravilla, un drama mosaico muy bien narrado, que junto con " Burn Witch burn" marca un punto álgido en Sidney Hayers