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CINEMA DE PERRA GORDA

AUMENTANDO VIDEOGRAFÍA

Compras en DVD: A WALK IN THE SUN / UN PASEO BAJO EL SOL (Lewis Milestone), 28 DÍAS DESPUÉS (Danny Boyle), RUMORES QUE MATAN (Davis Guggemheim), X-MEN 2 (Bryan Singer), LA REINA DE LOS CONDENADOS (Michael Rymer), PACTAR CON EL DIABLO (Taylor Hackfort), CON FALDAS Y A LO LOCO (Billy Wilder), WEST SIDE STORY (Robert Wise & Jerome Robbins), CLEOPATRA (Joseph L. Mankiewicz), BATMAN FOREVER (Joel Schumacher)y DE AQUÍ A LA ETERNIDAD (Fred Zinnemann).
Grabaciones en VHS: THE FEARMAKERS (Jacques Tourneur), CIRCLE OF DANGER (Jacques Tourneur), SOLEDAD (Paul Fejos), CITY GIRL (F. W. Murnau), LUCKY STAR (Frank Borzage), THE RIVER (Frank Borzage), CITA EN HONDURAS (Jacques Tourneur), PAN, AMOR Y ... (Dino Risi), A PROPÓSITO DE SCHMIDT (Alexander Payne), COMO MATAR A LA PROPIA ESPOSA (Richard Quine) y el documental MYRNA LOY, LA ESPOSA DE AMÉRICA.

PRÊT-À-PORTER (1994, Robert Altman) Pret a Porter

PRÊT-À-PORTER (1994, Robert Altman) Pret a Porter

Producida en 1994 tras dos consecutivos éxitos de un rehabilitado Robert Altman, el estreno de PRÊT-À-PORTER logró en su momento un considerable desdén entre los seguidores del veterano realizador así como la mayor parte de la crítica. Y este rechazo puede entenderse ante un ligero –no mucho más- retroceso tras el nivel alcanzado por su previa SHORT CUTS / VIDAS CRUZADAS (1993) –en mi opinión el mejor de los títulos suyos que he visto-, pero no es menos cierto que se sitúa a una altura superior que la interesante pero sobrevalorada THE PLAYER / EL JUEGO DE HOLLYWOOD (1992), la película que en su momento sirvió para reubicar a Altman en la consideración cinematográfica tras varios años sirviendo producciones televisivas o de corto alcance.

Debo decir que aún interesándome, no soy un especial seguidor del que hoy es quizá el más veterano director norteamericano en activo. Es evidente que el desaliño visual que ha caracterizado su trayectoria siempre me ha frenado, por más que considere que en los últimos años ha sabido madurar unas formas no por discutibles menos efectivas y coherentes en sus constantes temáticas e incluso visuales. Es curioso sin embargo que recientemente cosechara un –a mi juicio- incomprensible éxito con su aplicada absorción del cine académico británico con GOSFORD PARK (2003).

En cualquier caso, sirvan todas estas disgresiones para reseñar la grata impresión que –una vez más llevando la contraria al sentir generalizado- me ha causado PRÊT-À-PORTER. Una película que no solo conecta de forma clara con sus rasgos como realizador sino que resulta muy lograda en sus resultados. Una vez más, Altman plasma un nuevo marco coral aquí centrado en el mundo de la alta costura que en París va a celebrar una pasarela que reunirá a los más importantes diseñadores mundiales. En los prolegómenos del acontecimiento se produce de forma absolutamente casual el repentino fallecimiento de Olivier de la Fontaine (Jean-Pierre Cassel) el representante sindical de la moda de París, hombre que no gozaba de estima alguna entre dicho universo e incluso era despreciado por su deslumbrante esposa Isabella (Sophia Loren). La muerte accidental se produce mientras el difunto estaba en su coche reunido junto al extraño Sergei (Marcello Mastroianni). Se trata del antiguo marido de Isabella que regresa de Moscú tras décadas separado de su entonces jovencísima esposa, el cual huirá repentinamente para no verse acusado de una muerte que en realidad no ha provocado en modo alguno.

A partir de este pequeño mcguffin –que incluye la investigación sobre los motivos del fallecimiento-, se introducen numerosos personajes que acuden a París para presenciar la pasarela de moda, lo que facilita la presencia de un extraordinario reparto, muchos de sus componentes son ya familiares en el cine del director. Dueñas de magazines, fotógrafos arribistas, periodistas deportivos introducidos en este mundo de forma casual, veteranas diseñadoras de moda con hijos esquivos, fabricantes de botas tejanas, fetichistas de los disfraces femeninos... Una vez más Altman nos proporciona un auténtico fresco lleno de hipocresías e intereses, desarrollado en esta ocasión en una profesión llena de superficialidad y banalidad. Tras ser presentados los personajes llegan sus pinceladas, de impecable entomólogo en ocasiones y de brocha gorda en otras . Enmarcadas en esta ocasión en un entorno festivo y burbujeante –se llega a decir en cierta ocasión que parece que los visitantes que llegan quieren cantar el Bonjour Paris de UNA CARA CON ANGEL (Funny Face, 1957. Stanley Donen)-, el realizador sabe combinar su tono visual con un marco generalmente sofisticado que por momentos nos recuerda las añoradas “comedias del champagne” de la década de los 60.

PRÊT-À-PORTER tiene un inicio deslumbrante –en mi opinión bastante superior y más rotundo que el excesivamente celebrado de la ya mencionada THE PLAYER-. Con un sencillo plano de teleobjetivo que muestra un escaparate con marcas de conocidos diseñadores, el objetivo retrocede de forma descomunal hasta mostrar que nos encontramos ¡¡¡en Moscú!!!, mientras los rótulos de “A film by Robert Altman” se incluyen en ruso, hasta que la imagen funde con la conocida de la Torre Eiffel –eso me recordó por momentos un fundido similar de la excelente y poco apreciada ENCUENTRO EN PARÍS (Paris when is Sizzles, 1963) de Richard Quine-. A partir de ah su ritmo apenas decae en sus pocos más de dos horas de duración –en esto difiero de sus detractores-, sabiendo entrelazarse sus diversas historias con las habituales maneras usadas por su artífice en su trayectoria. Numerosos personajes y situaciones hábilmente entrelazadas con un cuidado uso de los detalles que sirven para unificar el paso de unas situaciones a otras, un sentido de la mala uva indudable, unos diálogos en ocasiones memorables y una soltura visual en la que es moneda corriente un ya experto manejo del teleobjetivo, pero que no desdeña manejar modos narrativos más sofisticados e incluso decididamente esteticistas.

Entre los numerosos elementos de regocijo de PRÊT-À-PORTER se encuentra el juego nostálgico que proporciona la relación de los personajes encarnados por Sophia Loren y un avejentado Marcello Mastroianni –ello da pie a un memorable diálogo en la fiesta del diseñador de joyas donde se juega con la edad de Isabella-, la impagable semejanza de un Danny Aiello disfrazado de mujer y Barbra Streisand o el desfile final de de la renacida diseñadora Simone Lo (bellísima como siempre, Anouk Aimée), dejando bien a las claras con sus modelos desnudas la superficialidad del mundo que retrata la película.

Evidentemente, no todo funciona a la perfección en la película. Entre sus limitaciones me atrevería a citar por un lado la excesiva complicidad que muestra con ese mundo decadente en el que se desarrolla la película, y que quizá por ello contó con la presencia como “guest stars” de numerosos diseñadores de prestigio como Jean-Paul Gaultier. Al mismo tiempo el personaje del fotógrafo irlandés encarnado por el siempre excelente Stephen Rea me parece desigualmente definido. Y es que si por un lado se muestra su lado arrivista con verdadera precisión, no es menos cierto que esa vertiente de chantajista fotógrafo de responsables de magazines de moda resulta muy poco creíble. Finalmente, y tras el irónico final, francamente jamás hubiera introducido en los títulos de crédito finales esas imágenes tan planas de pases de moda –quizá algún compromiso con sus modistos invitados-.

En cualquier caso, PRÊT-À-PORTER es un film realmente divertido, que demuestra que Robert Altman sabe aplicar con acierto las reglas del vodevil cinematográfico –en ocasiones parece que nos encontremos ante una afortunada comedia de Blake Edwards-. Una vez más, nos brindó diversión combinada con el retrato de toda una fauna de personajes que se unen, se relacionan y finalmente se separan, sin que la mediocridad de sus acciones impida que este encuentro deje alguna huella en sus vidas. De nuevo el moralista y veterano realizador cinematográfico supo aplicar su sarcasmo en un film desgraciadamente poco apreciado en sus virtudes y ante el que realmente pasé un rato divertido y lleno de complicidad.

Calificación: 3’5

A WALK IN THE SUN (1945, Lewis Milestone) [Un paseo bajo el sol]

A WALK IN THE SUN (1945, Lewis Milestone) [Un paseo bajo el sol]

En el desarrollo de los años de transcurso de la II Guerra Mundial y hasta la involución de la tristemente célebre Caza de Brujas, Hollywood conoció un periodo caracterizado por su prisma progresista. En plena consonancia con un ambiente cultural caracterizado por las inquietudes sociales y la evolución intelectual, el cine norteamericano gozó de una serie de propuestas que plasmaron esa tendencia en una producciones definidas en su defensa por los valores morales, el antifascismo y la libertad.

Uno de estos ejemplos lo proporcionó Lewis Milestone, caracterizado por el acendrado antibelicismo de su producción desde los tiempos de su prestigiosa y galardonada SIN NOVEDAD EN EL FRENTE (All Quiet on the Western Front, 1930). En estos años cuarenta y coincidiendo con la contienda mundial, Milestone realizó una serie de producciones notoriamente antifascistas y centradas fundamentalmente en el género bélico. Hay varias de ellas que no he podido ver aún, pero he de decir que A WALK IN THE SUN (1945) –casi ninguna de ellas tuvo estreno comercial en la España franquista-, no me parece la mejor de ellas.

No hay que negar que la película es una apuesta personal de su artífice –también productor-, pero en el cine está claro que lo personal no siempre está condicionado por lo finalmente logrado. A WALK IN THE SUN –UN PASEO BAJO EL SOL en su traducción para pases televisivos y su pobrísima edición en DVD-, parte de un guión de Robert Rossen –un director de cine especialmente estimado por mi-, basado en la novela de Harry Brown. Narra la lucha de un comando norteamericano en la Italia de 1943 para lograr desactivar y alcanzar una granja que se encuentra ocupada por los nazis y volar el puente que se encuentra en su cercanía.

La película se inicia con la portada del libro que le sirve de base, sobre el que se suceden los rostros de los protagonistas sirviendo como títulos de crédito, mientras como fondo se escucha una voz en off y el canto de una balada que sirvió tras el desarrollo de la hazaña para que esta fuera recordada en el sentir popular. Ya desde el inicio, se retoma un recurso bretchtiano –una canción épica que sirve de soporte la acción-, que se utilizará en diversas ocasiones a lo largo del film. Inicialmente se nos describen a los principales personajes en una tensa secuencia nocturna que sirve como prólogo al desembarco de los soldados en una playa italiana y en la que destacan los silencios y situaciones en off –las víctimas que no vemos, con el rostro destrozado-. Ya en este primer fragmento se pueden describir los aciertos y limitaciones del film. Entre los primeros la excelente labor de los actores y su brillante dosificación de la acción, entre lo segundo su envejecido carácter discursivo y el excesiva predominio de diálogos y monólogos interiores, de lo que finalmente se resiente poderosamente el resultado final.

La película de Milestone y todo su equipo de producción, se distancia del conjunto de cine antifascista, pretendiendo erigirse en un acercamiento al horror de la guerra y sus derivaciones psicológicas. Ante ello se extienden diferentes personajes y perspectivas que en la mayor parte de sus ejemplos no superan el estereotipo. Desde el mando militar provisional que realmente está al borde de la quiebra emocional –todo un anticipo embrionario del militar catatónico de la magistral LA COLINA DE LOS DIABLOS DE ACERO (Men of War, 1959) de Anthony Mann- hasta el que realmente ejerce como líder moral. El abanico de tipos se complementa con una narración excesivamente fragmentada en la que se suceden secuencias cargadas de diálogos hoy día muy superados, con otros instantes bien realizados y planificados –el asalto al vehículo blindado nazi, en general todas las secuencias de acción-.

Es este segundo término la herencia del mejor cine de Hollywood, pese a que Milestone nunca tuviera la maestría de los auténticamente grandes del cine norteamericano. En su defecto, esa tendencia a poner en primer lugar el discurso sobre el absurdo de la guerra lastra buena parte de la propuesta, acentuando esta limitación con la inclusión de episodios como el encuentro con los dos italianos, cuyo desarrollo roza lo caricaturesco.

En cualquier caso y pese a que su conjunto no resulta en modo alguno memorable, no es menos cierto que el realizador se muestra una vez más acertado en la utilización del travelling lateral en secuencias de combates, con especial mención a la estupenda secuencia de combate final, que combina perfectamente los diversos flancos de la acción. Al mismo tiempo resulta interesante la afinidad que Milestone marca entre la muerte de los soldados y filmar sus manos en primer término, como queriendo mostrar un grito impotente de libertad, que incluso se extiende hacia ese nazi al que eliminan dentro del tanque blindado y del que solo veremos precisamente eso; su mano muerta portando un ostentoso anillo. El deseo de libertad incluso para los que buscaron la opresión.

Calificación: 2’5

DEMENTIA 13 (1963, Francis Ford Coppola)

DEMENTIA 13 (1963, Francis Ford Coppola)

La verdad es que asumí la visión de este primer film filmado por Francis Ford Coppola –que firma sin el “Ford”, como posteriormente volvería a hacer- con muchísimo temor. Mas allá de la arqueología que podía proporcionar acercarse a esta obra de debut, lo cierto es que las experiencias previas de haber participado en la horripilante THE TERROR (1963) de Roger Corman y la temática elegida hacían presagiar lo peor. Es por ello que su resultado, con todas sus limitaciones y notorias simplezas me resultó moderadamente atractivo.

DEMENTIA 13 (1963, jamás estrenada comercialmente en España) es uno de tantos thrillers puestos de moda en las primera mitad de los años sesenta, que bebe de forma poderosa de PSICOSIS (Psycho, 1960. Alfred Hitchcock) -¿Habrá algún film mas influyente que este en el cine moderno?- En esta ocasión la interesante y al mismo tiempo chirriante secuencia progenérico nos muestra con una extraña planificación y un casposo sonido de canción roquera la descripción del personaje de Louise (Luana Anders, la esposa de Vincent Price en la cormaniana EL PÉNDULO DE LA MUERTE (The Pit and the Pendulum, 1961), la ambiciosa esposa de John Haloran. A este se le provoca un infarto en pleno viaje nocturno de barca y muere, procurando su esposa hacer creíble su ausencia ocultando su fallecimiento –lo tira al fondo del lago, junto a la radio que aún le funciona entonando la sonatina rockera-. A continuación se refugia en el castillo de la familia de su marido para intentar que su suegra modifique el testamento que la haría heredera. Una vez en el castillo de los Haloran se producen varios asesinatos que comienzan por la propia Louise y se relacionan con la lejana y accidentada muerte de la hermana pequeña de la familia, Kathleen, años atrás. La confluencia de ambas situaciones –en la que se implica tanto la dueña de la mansión como sus dos hijos, uno de los cuales está a punto de casarse- crea una extraña situación que el Dr. Caleb (Patrick Magee) investiga, hasta que finalmente esta se resuelve.

Es evidente que con este pequeño relato nos hacemos cargo de las enormes limitaciones y servilismos de DEMENTIA 13. La deuda con la obra maestra de Hitchcock es mas que evidente, y es en secuencias como la de la huída de Louise tras la muerte de su marido o la de su propio asesinato –que proporciona una curiosa variante acuática de la célebre secuencia de la ducha, integrando la tendencia nudie con la que Coppola inició su trayectoria-. Al mismo tiempo, la obra primeriza de Coppola retoma algunos planos o secuencias de THE HAUNTING (1963, Robert Wise) –sobre todo exteriores filmados en la mansión irlandesa, aunque también algunos interiores-, y su temática sería abordada retomada de conocidos referentes de producciones de la británica Hammer –films de Seth Holt, Freddie Francis, etc-, y posteriormente aplicada por otros directores de la American Internacional como Curtis Harrington –LA MUERTE LLAMA A LA PUERTA (Games, 1967)- e intentando combinar el thriller con elementos aparentemente sobrenaturales. En este aspecto, lo cierto es que la película de Coppola es bien poco destacable. Nada se sale de madre, todo es previsible, el que parece mas sospechoso es finalmente el mas inocente y viceversa.

Al mismo tiempo, serían muy abundantes tanto las incongruencias como las chapuzas que se establece en lo que es un sencillo complemento de cartelera de serie B –desde su pobrísima ambientación irlandesa, la escasa integración de secuencias como la de la boda de Richard, (William Campbell). La psicología de sus personajes es inexistente, los clichés abundan. Sin embargo, creo que el conjunto... funciona. Si DEMENTIA 13 tiene alguna notoriedad es por la posterior trayectoria de su realizador. Sin embargo, hay que decir en su favor que la película ofrece los suficientes alicientes como para no ser despachada de un plumazo. En primer lugar su atmósfera es interesante, está muy lograda. Me recuerda por momentos la de la por otro lado sobrevalorada LA NOCHE DE LOS MUERTOS VIVIENTES (Night of the Living Dead, 1968. George A. Romero). Su fotografía en blanco y negro y sus propias irregularidades permiten destacar sobre todo el valor de diversas de sus secuencias. Es evidente que Coppola ya demostraba ser alguien inquieto en la narrativa y la planificación, y aún reconociendo las enormes influencias, casi plagios –que por otro lado han realizado tantos otros-, los resultados al menos logran una cierta inquietud, un cierto esfuerzo en buscar detalles cinematográficos de interés. Ese intento de al menos resultar convincente en un terreno trillado y lleno de producciones deleznables, quedará al menos como una mezcolanza todo lo corta de vuelos que se quiera, pero en modo alguno desdeñable. Destacar la presencia del británico Patrick Magee, que muy pronto se incorporaría en el rodaje de LA MÁSCARA DE LA MUERTE ROJA (The Masque of the Red Death, 1964).

Calificación: 2

LAST TRAIN FROM GUN HILL (1959, John Sturges) El último tren de Gun Hill

LAST TRAIN FROM GUN HILL (1959, John Sturges) El último tren de Gun Hill

Último de la brillante colección de westerns realizada por John Sturges en la década de los 50, y como paso previo a su mayor éxito en el género –y obra ciertamente interesante- LOS SIETE MAGNÍFICOS (The Magnificent Seven, 1960), EL ÚLTIMO TREN DE GUN HILL (Last Train From Gun Hill, 1959) es una interesante aproximación a la inevitabilidad del peso de la ley en el marco de un Oeste americano que se encuentra ya casi próximo a su civilización –se pueden observar cuidadas edificaciones de fondo ya destacadas en su índole arquitectónica con la utilización de ladrillos-. Al mismo tiempo, LAST TRAIN FROM GUN HILL es una historia sobre una amistad lejana en el tiempo; una educación deficiente basada la solvencia económica y finalmente la imposibilidad de una nueva oportunidad al amor por parte de un hombre al que han arrebatado parte de su vida.

La película de Sturges se inicia con la secuencia del asesinato de una joven india por parte de Rick Belden (Earl Holliman), el hijo del poderoso cacique Craig (Anthony Quinn). La joven es la esposa del Sheriff Matt Morgan (Kirk Douglas), que en el lugar del suceso descubre la silla de montar de Craig. Aún sabiendo que su viejo amigo no podría ser el autor de ello acude hasta su rancho, donde muy pronto descubre que su hijo ha sido el culpable.

A partir de ahí se inicia la pugna de Morgan por capturar a Rick y el compañero que le acompañó en el asesinato de su esposa –para someterlos a la justicia-, con la oposición del padre del muchacho que pese a su vieja amistad con el sheriff antepone su condición de padre. Poco después Morgan logrará apresar a Matt, custodiándolo en la habitación de un hotel manteniéndolo esposado en la cama mientras los hombres de Craig rodean el hotel donde se encuentran. El sheriff solo logrará la ayuda de Linda (Carolyn Jones), una ex amante del cacique, que quizá vea en este nuevo rostro aquello que siempre buscó en un hombre.

Con esta interesante premisa argumental –guión de James Poe según historia de Lee Cruchtfield-, Sturges construye este vibrante western con la luminosidad que proporciona el vistavisión –excelente fotografía de Charles Lang-, lo que no impide la existencia de secuencias caracterizadas por una iluminación sombría. La definición de los personajes es excelente y está magníficamente expresada por el conjunto de su reparto. Es impagable a este respecto el instante en que Morgan detecta por las tribulaciones de Craig que su hijo responde a los rasgos del asesino (modélica la planificación de Sturges y la labor de Douglas y Quinn). Existen al mismo tiempo detalles que revelan el poderío de Craig por toda la ciudad (muchas de sus secuencias se encuadran tomando en su parte superior grandes cuernos de reses, incluso en el hotel de su propiedad).

Al mismo tiempo, el realizador logra citarse a sí mismo evocando en cierta medida esa incomprensión del visitante en la sociedad de la población que visita. Algo que inicialmente recuerda similares tribulaciones del personaje que encarnaba Spencer Tracy en CONSPIRACIÓN DE SILENCIO (Bad Day at Black Rock, 1954). EL ÚLTIMO TREN DE GUN HILL destaca igualmente por su excelente dirección artística, destacable fundamentalmente en los decorados de interiores. En especial el cromatismo del salón del hotel destaca con intensos fondos rojos y verdes, aplicados en función de la presencia de determinados personajes.

Y otro de los temas que expone de forma sutil la película es el peso de una educación equivocada. La que ha ofrecido el poderoso terrateniente a un hijo, combinando sentido de la violencia y permitiendo que este no sea más que otro rebelde sin causa, muy habitual ya en el cine norteamericano. Son numerosos los matices de interés de este western, que quizá no se sitúe en la cima del género en un periodo de oro para el mismo, pero que indudablemente conserva un notable nivel y permite completar la trayectoria de unos hombres que aportó una mayor solidez a uno de los más valiosos géneros cinematográficos del cine norteamericano.

Calificación: 3

AUMENTANDO VIDEOGRAFÍA

Compras en DVD: ETERNAMENTE TUYA (Tay Garnett), LA MOSCA (Kurt Newmann), EL MOTIN DEL CAINE (Edward Dmytryck), EL ABOMINABLE DOCTOR PHIBES (Robert Fuest), PRET A PORTER (Robert Altman)y DEMENTIA 13 (Francis Ford Coppola).
Grabaciones en VHS: SPIDER (David Cronenberg), CARTA A TRES ESPOSAS (Joseph L. Mankiewicz), EL CUARTO ÁNGEL (John Irvin), NUNCA MAS (Michael Apted), PAN, AMOR Y FANTASÍA (Luigi Comencini), PAN, AMOR Y CELOS (Luigi Comencini), HAROLD Y MAUDE (Hal Ashby) y CALLEJÓN INFERNAL (Jack Smight)

Recuperando comentarios...

Desde hace ya varios años he venido colaborando en la base de datos CINEFANIA que comanda mi buen amigo Darío Lavia. El inicial compartir la afición al cine dio paso a una buena amistad que se ha prolongado con el tiempo. Como podéis ver su enlace está a la derecha de este blog y es de obligada consulta no solo para amantes del género fantástico sino para una serie de derivados y series de televisión que va en constante aumento.

Fruto de esta colaboración surgieron cerca de ciento cuarenta comentarios a distintos films que visioné con el paso del tiempo, que van desde extrañas y antiguas películas –un buen porcentaje- hasta producciones mas bien recientes. En cualquier caso es un curioso conglomerado que me gustaría recuperar a los seguidores de esta pequeña ventana y a partir de hoy voy a ir introduciéndolos de forma periódica y desordenada, para despertar el posible interés de los visitantes.

Tengo especial interés en agregar los correspondientes a títulos poco conocidos y que en su momento tuve oportunidad de ver. Máxime cuando la memoria excluye muchos recuerdos y sorprende ver al cabo de un tiempo lo que uno escribió hace no tanto tiempo de voracidad cinéfila. Comenzaremos con un excelente film de Victor Halperin SOBRENATURAL (1933)

CARPE DIEM, SUPERMAN

CARPE DIEM, SUPERMAN

No me gustaría que una de las parcelas de este blog fuera un capítulo de necrológicas ante aquellas figuras del cine que desaparecen. En cualquier caso la actualidad ha traído de nuevo a los titulares a Chistopher Reeve con motivo de su fallecimiento a los 52 años de edad, y tras bastantes años de padecimiento de una parálisis por una fortuita caída de caballo.

Nacido en New York en 1952, Reeve pasará a la memoria colectiva por su encarnación de Superman en las costosas y taquilleras producciones de los hermanos Salkind iniciadas a finales de los 70. Partiendo de la hábil iniciativa de elegir una cara nueva para encarnar al personaje –recurrir a una gran estrella siempre era más costoso y arriesgado- finalmente seleccionaron al musculoso y atractivo actor, logrando una total identificación con su personaje.

Ciertamente resulta difícilmente imaginable otro intérprete para el mismo en la actualidad, pero no deja de ser cierto que la carrera de Reeve tampoco logró funcionar mucho mas allá. Incluso en sus encarnaciones de Superman se hacía evidente el decalage en su soltura de encarnar al héroe, mientras que cuando daba vida a Clark Kent su torpeza interpretativa quedaba evidente.

Creo que ese mismo físico rotundo que posibilitó elegirlo como superhéroe –advierto que es un subgénero cinematográfico que me interesa muy poco-, es el que lo encasilló. Reeve bajo mi punto de vista fue uno de esos ejemplos de actores negados para la pantalla –otro ejemplo de este enunciado podría ser Leonardo DiCaprio-. Se trata de presencias que no te las crees de ninguna de las maneras. A ello cabría añadir la excesiva propensión del actor a interpretar papeles de época, algo para que lo siempre fue poco adecuado. Pese a ello, el desaparecido actor logró trabajar con realizadores como Sidney Lumet –encarnando a un torpísimo gigoló gay en LA TRAMPA DE LA MUERTE (Deathtrap, 1982), Peter Bogdanovich, John Carpenter o James Ivory –para quién compuso uno de sus roles más convincentes en la excelente LO QUE QUEDA DEL DÍA (The Reamins of the Day, 1993)-. Otro de sus aciertos sería la autoparodia de galán realizada en INTERFERENCIAS (Switching Channels, 1988. Ted Kotcheff), el más cercano y nada desdeñable remake de la célebre obra teatral de MacArthur y Hetch, THE FRONT PAGE, ambientada en esta ocasión en el mundo de la televisión.

Paradójicamente, hay que recordar más la labor de Reeve en la lucha por combatir la parálisis, aprovechando los recursos de su popularidad para extender la fundación creada a tal efecto que sirvió de ayuda a numerosas personas. Confiemos en que Mr. Amenábar se acuerde de su ejemplo a la hora de realizar una continuidad de su MAR ADENTRO. De todos modos, ya sabemos que eso no vende, y Canal + / Sogecable han gastado toda su artillería mediática en la reciente y oscarizable (no lo duden, alguna estatuilla se lleva) operación de marketing emocional.

Descanse en paz Christopher Reeve.