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CINEMA DE PERRA GORDA
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THREE CAME HOME (1950, Jean Negulesco) Regresaron tres

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Creo que todos los aficionados al cine nos hemos preguntado en alguna ocasión como valorar el interés de un realizador que no se sitúe en la órbita de los unánimemente reconocidos como “los más grandes”. ¿Ha de hacerse por el interés conjunto de su obra, sus logros parciales o por como finalizaron estos sus carreras? Difícil coyuntura, sin duda, que estoy convencido que cada uno de nosotros resolverá en cada caso en la intimidad de sus preferencias. Y es que estas afirmaciones pueden aplicarse de forma muy precisa en la catalogación de la obra del rumano Jean Negulesco, al cual un inesperado éxito en las comedias de la Fox que promocionaban el cinemascope –de interés general francamente menguado, aunque no tan despreciables como se suele señalar-, acompañó no solo que su trayectoria cayera en picado, sino que la apreciación crítica del conjunto de su obra subvalorara una trayectoria muy interesante, en la que abundan los buenos films –incluso a mi juicio una obra maestra como HUMORESQUE (1946), que considero uno de los melodramas más impetuosos de la historia del cine-, y de la que THREE CAME HOME (Regresaron tres, 1950) no es más que un ejemplo –en ocasiones magnífico-, y que quizá se puede valorar en mayor medida al estar englobado en una vertiente temática –el melodrama de ambiente bélico- que se prestaba a los mayores excesos y debilidades. 

El film de Negulesco centra su historia en la vivencia auténtica de la escritora británica Agnes Keith (una admirable e intensa Claudette Colbert), súbdita residente en una colonia japonesa, en los campos de concentración del país en la II Guerra Mundial –en concreto entre 1940 y 1945-. Los reparos que podrían realizarse a la película en sus momentos iniciales, muy pronto se disipan, al disolverse los posibles instantes convencionales entre la familia aparentemente idílica que forma la protagonista, su marido Harry (Patrick Knowles) y su pequeño hijo, que confluirá en la brusca separación de los dos cónyuges al ser hechos presos por los japoneses. Muy pronto advertirá el espectador que nos encontramos en una crónica caracterizada por su sobriedad. Pese a contemplar momentos llenos de crueldad efectuados por los japoneses, se impondrá generalmente un tono sereno, casi de crónica impasible ante una realidad que, por muy dura que sea, sus protagonistas han de vivir con entereza. Algo que queda punteado por una ocasional voz en off de Agnes, que nunca resulta molesta o redundante, y que en todo momento manifiesta que nos encontramos con una persona fuerte y paradójicamente dotada con una gran sensibilidad –ha escrito un libro en el que muestra un especial conocimiento de los orientales, que llamará la atención de un oficial japonés; uno de los elementos de mayor interés de la película-.

La crónica de este largo cautiverio estará punteada en la presencia de considerables elipsis, momentos realmente brutales y secuencias quizá caracterizadas por no tener una especial importancia, pero que sí la tienen para quienes las viven y, lo que es más importante, adquieren una gran importancia de cara a ser asumidas por el espectador. Es así como la despedida de los dos esposos, cuando ambos son separados de localidad, ofrecen una especial emotividad tanto individual como colectiva –a lo que contribuye la sensación de la protagonista de que no va a volver a ver a su marido con vida-. Otro ejemplo de dicho enunciado es esa secuencia previa en la que Agnes logra alcanzar una nota de su marido, y de noche escapa pese a encontrarse con fiebres muy altas para poder encontrarse furtivamente con él, siquiera sea por unos minutos. Para ello, sufrirá una odisea y saldrá al exterior con una considerable ventisca, lo que propiciará una extraordinaria escena en la que se transmite la ansiedad, el misterio e incluso el horror, en unos modos que habría que buscar como referente aquellos momentos retomados en medio de tormentas o accidentes naturales, propio de las producciones fantastique de Val Lewton.

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Incidía anteriormente en la asumida sobriedad de la película –que quizá vino dada por la tendencia que en aquellos años aplicaba la Fox, el estudio del que proviene el título que comentamos- especialmente en géneros tan codificados como el policíaco. En todo caso, THREE CAME HOME logra en todo momentointeresar, haciéndonos partícipes de ese sufrimiento a partir de una mirada cotidiana, en la que jamás se da de lado la verdadera realidad vivida pero también reflejando de forma bastante latente una singular relación entre Agnes y el oficial que encarna un excelente y matizado Sessue Hayawaka –siempre aportando a su personaje la necesaria ambigüedad entre su educación y las terribles consecuencias de su pertenencia al estamento militar y su propia cultura oriental-, que se extenderá prácticamente hasta la conclusión del film.Mientras tanto, contemplaremos momentos de gran tensión. Las mujeres serán llevadas a un campo de concentración alejadas de sus maridos y en el que apenas tendrán comida, siendo conminadas a trabajar a destajo. Allí se producirá una secuencia en apariencia divertida, con la llegada de prisioneros australianos, bromeando e incluso increpando a las mujeres que se encuentran recluidas. El encuentro paulatinamente devendrá por el sendero de la comedia, hasta que la repentina presencia de los soldados nipones, conviertan la situación en una auténtica masacre de los australianos. La terrible conclusión finalizará con un austero fundido en negro. Del mismo modo, se caracteriza por su brutalidad y reprimida sexualidad –una de las facetas subyacente más interesantes de la película-, el intento de violación de Agnes a cargo de un soldado japonés, en un asedio nocturno en el exterior del recinto donde se encuentran recluidas, y que tendrá como consecuencia las no menos terribles presiones y torturas sufridas por la protagonista al objeto de que se retracte de su denuncia –el instante en que ella cree que va a ser asesinada, apareciendo el coronel Suga ante ella como si fuera un ángel salvador, resulta particularmente memorable-.

 

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Es evidente que uno de los motivos de mayor fuerza de THREE CAME HOME estriba en la ya señalada relación establecida entre la sensible Agnes y el ya señalado coronel Suga quien, pese a encontrarse dentro del bandoopresor, se caracteriza igualmente por una especial sensibilidad y educación –confiesa haber estudiado en Norteamérica en su juventud-, que solo compartirá en contados momentos con la protagonista de la historia.

 

Y es precisamente con la llegada de la liberación –el 11 de septiembre de 1945- cuando mandos ingleses asumirán la responsabilidad del mando. Poco antes, unas octavillas enviadas desde aviones permitirán que el recinto cobre otro aire, como si el mismo se hubiera convertido en una auténtica fantasmagoría. Es reclamada Agnes al despacho del coronel, mientras unas cortinas parecen retener en dichas dependencias ese sentimiento exterior de la inminente liberación. Suga se confiesa ante ella al haber perdido a su familia en Nagasaki –entre los que se encontraban sus tres hijos-. El momento, por su sinceridad y por que de alguna manera viene a señalar la pérdida del poder y la idea del imperio –el militar aparece encuadrado con la imagen del emperador que se encuentra enmarcada en la pared-, resulta especialmente doloroso para el militar, que muy poco después llevará al hijo de Agnes y a otros dos niños –a quienes ha encontrado mendigando alegremente comida- a su mansión, donde les obsequia con una copiosa merienda. La añoranza por sus hijos muertos y de forma más soterrada la propia derrota de su ejército –prácticamente las razones de su propia existencia-, serán dos recuerdos insoportables para el militar, a cuyo rostro se dirigirá la cámara de Negulesco en un emotivo travelling, estallando en llanto de forma pudorosa. Se trata, sin duda, del momento más brillante de la película, dentro de unas secuencias que le rodean realmente intensas.

 

Aún nos reservará THREE… una sorpresa, con el encuentro del marido de Agnes –ella y el espectador consideraban que se encontraba muerto- manifestando una presencia llena de gozo y sobre la que se insertará el THE END final.

 

Brillante, comedida, sentida y sin altibajos, el film de Jean Negulesco merece ser destacado entre las mejores obras de su realizador y, por supuesto, una de las más valiosas de cuantas han abordado el contraste de culturas y sensibilidades en tiempos de guerra.

 

Calificación: 3

1 comentario

troncha -

Interesante blog, me ha gustado, de Negulesco no he visto nada todavia quizás esta sea una buena manera de empezar con él...