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CINEMA DE PERRA GORDA

MARTY (1955, Delbert Mann) Marty

MARTY (1955, Delbert Mann) Marty

Hay varias maneras de contemplar MARTY (1955, Delbert Mann), una de las cuales es desde el punto de vista de la sorprendente acogida que tuvo en el momento de su estreno, y que le llevó a lograr el Oscar a la mejor película de aquel año. No vamos a descubrir nada si señalamos que fue un éxito coyuntural y los galardones obtenidos no son más que uno más en la larga relación de discutibles premios de la academia de Hollywood –la lista tiene, sin embargo, títulos mucho peores-, granjeándole un lugar inmerecido en los manuales cinematográficos, al ser la avanzadilla cinematográfica de la denominada “generación de la televisión”, y suponer un aparente contraste a los modos del cine – espectáculo americano de la época.

Pero es que en este mismo sentido, MARTY no aporta nada nuevo en su visión sobre la soledad del hombre urbano, que no lo hicieran con mucha mayor contundencia intelectual y dramática, películas de la categoría de THE CROWD (...Y el mundo marcha, 1928. King Vidor) o LONESOME (Soledad, 1928. Paul Fejos) –estas en el periodo mudo- o A TREE GROWS IN BROOKLYN (Lazos humanos, 1945. Elia Kazan) –en una distancia mucho más cercana en el tiempo-. La ventaja de estos títulos –especialmente en los encuadrados en el periodo silente- es que los modos cinematográficos eran infinitamente más creativos, y la mirada revestía tintes más románticos y al mismo tiempo duros, que esta visión finalmente complaciente sobre la integración y los ritos sociales de las clases populares. Es una tendencia que hizo célebre a Paddy Chayefsky, que el tiempo hizo envejecer en sus fórmulas, y que llevó un par de años después a repetir con Delbert Mann en un título tan discursivo como apreciable –THE BACHELOR PARTY (La noche de los maridos, 1957. Delbert Mann)-.

Medio siglo después de su estreno, cuando las propuestas emanadas por MARTY han quedado tan superadas, y cuando al mismo tiempo el lenguaje cinematográfico se ha deteriorado tanto, es quizá donde se pueden apreciar mejor las virtudes y defectos que se alternan en esta película del desigual y eficaz artesano que fue Delbert Mann.

Marty (Ernest Borgnine) es un carnicero de treinta y cuatro años, físicamente poco agraciado, bondadoso y algo simple, que todavía no se ha casado. De hecho, las chicas lo rehuyen, y su vida se desarrolla junto a su anciana madre, viuda y de ascendencia italiana. Sin embargo, una noche y casi de forma casual conocerá a una joven –Clara (Betsy Blair)-. Sucederá en una sala de baile, y tras comprobar que la muchacha ha sido abandonada por su efímero acompañante. El encuentro será el inicio de una velada en la que ambos se conocerán, descubriendo sus rasgos en común, y advirtiendo uno en otro una serie elementos de atracción mutua. La primera noche en que Marty y Clara se divierten, charlando y caminando, revelará el rechazo de la madre del protagonista –temerosa de que la relación la relegue en su vinculación maternal- y también de su mejor amigo. Ello hará dudar a Marty sobre la continuidad de la misma, hasta que finalmente influya finalmente su decisión totalmente personal.

Más allá de su condición de “reliquia para la historiografía cinematográfica”, creo que con el paso del tiempo MARTY se revela como un título tan modesto como apreciable. Esa ausencia de trascendentalismo, el aire de historia sencilla, permite que dejemos de un lado su escasa enjundia dramática –lo que peor ha envejecido en el film-, y quede una eficaz descripción de determinados ambientes populares y, sobre todo, una historia realizada con bastante sensibilidad por Delbert Mann. Cierto es que posteriores muestras del cine de esta generación de cineastas fueron más atrevidas en esta vertiente, pero no es menos evidente que en otros tantos ejemplos, el efectismo o lo discursivo tuvo una mayor presencia en la pantalla.

Por el contrario, en este caso predominará la sencillez, realzada por una excelente fotografía en blanco y negro de Joseph LaShelle y una brillante escenografía que se centra en el hogar de Marty, la sala de baile y unos exteriores urbanos nocturnos que son brillantemente utilizados por el director, al cual es evidente le sobró la famosa estatuilla lograda en aquella ocasión, pero que en sus primeros años en la profesión revelaba una capacidad innata para la dirección de actores y una especial sensibilidad para la expresión de situaciones dramáticas de matiz psicológica, que alcanzó su mayor exponente en SEPARATE TABLES (Mesas separadas, 1958). Ello se produce en los mejores momentos de MARTY, en los que con verdadera elegancia se plantea una conversación entre la madre y la tía del protagonista, donde reflexionarán ante su cercana decrepitud, los choques de Marty y su madre -con el latente rechazo de esta a la chica que el protagonista ha conocido-, los paseos de Marty y Clara en los que ambos buscan un encuentro en quien tienen enfrente, el instante en que este le pide por primera vez a Clara –que ha salido al exterior y llora al comprobar que la han dejado plantada- que baile con él, la alegría de nuestro protagonista -casi bailando en medio del tráfico al sentir que una chica se interesa por él-, o esetravelling que nos muestra a Clara en su aburrido entorno familiar, contemplando la televisión y con su semblante lleno de lágrimas al ver que Marty no le ha llamado para confirmar la cita que quedó pendiente el día anterior.

No todo en MARTY tiene la misma delicadeza, la pareja que provocan que su tía vaya a vivir a casa de la madre de nuestro protagonista, se nos antoja demasiado formularia, como esquemática es la galería de amigos de este –que dentro de sus similares características, estuvieron mejor definidos en la ya citada y posterior THE BACHELOR PARTY. Sin embargo, con la brillante labor de todo su cast, aunque en ciertos momentos se observe una cierta sumisión al show personal de Borgnine, y con esa mirada limitada pero sensible, concluye en una película pequeña, sencilla, nada grandiosa, pero finalmente atractiva.

Calificación: 2’5

 

3 comentarios

Jordan 4 -

Tears are the silent language of grief.

Juan Carlos Vizcaíno -

Si observas varios comentarios más, verás que el baremo de calificaciones sería entre 0 y 5. El 0 sería un film sin interés alguno y el 5 una obra maestra absoluta. En este caso el 2'5 sería la calificación a un título apreciable. Gracias por tus palabras.

The_toro2004 -

Acabo de encontrar tu página y debo decir que me ha gustado mucho la primera crítica que he leído, esta sobre Marty. Reconozco que soy neonato en esto del cine, del buen cine me refiero, pero coincido en tu valoración final. La película resulta tal vez un poco exagerada en su planteamiento, y en ese sentido redunda en los tópicos como por ejemplo el de las suegras y sus relaciones con sus nueras o la sobreprotección de una madre con su hijo. Pienso que podría haberse mostrado de una forma más sútil y no tan radical.
Pero en general la película se deja ver bien, y entretiene. Además como no es demasiado larga te deja con la incógnita de saber como sería el reencuentro y la relación entre Marty y la chica, y desde ese punto de vista me parece un buen final ya que lo deja abierto la imaginación del público.
(Por cierto, ¿sobre cuanto se supone que puntúas la película?)