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CINEMA DE PERRA GORDA

BATTLE OF ROGUE RIVER (1954, William Castle)

BATTLE OF ROGUE RIVER (1954, William Castle)

William Castle es conocido entre los amantes del cine de terror, por las propuestas casi dominadas en el terreno de la prestidigitación cinematográfica, dentro del ámbito de la serie B, que articuló con éxito comercial desde la segunda mitad de la década de los cincuenta, hasta entrados los sesenta. No obstante, lo cierto es que ya atesoraba bajo sus espaldas una dilatada singladura dentro de los márgenes del cine de género de bajo presupuesto y complemento de programas dobles para la Columbia. Puede decirse que Castle se iniciaría con propuestas policíacas y seriales -en líneas generales bastante eficaces dentro de sus limitaciones-, hasta que iniciados los cincuenta, prolonga su andadura en los contornos de los complementos de programa doble. Pero lo hará de manos del destajista Sam Katzman, un productor empeñado una sucesión de títulos sin orden ni conciertos buscando una rentabilidad industrial y pasando por alto su creatividad y nivel artístico. Productos de consumo y comercialidad rápida a partir de su bajo coste, en los que nuestro director reiterará títulos siempre en Technicolor, bajo muy ajustadas duraciones, e inmersos por lo general en géneros como el western o el cine de aventuras. Es algo consensuado el escaso nivel de este conjunto de títulos, pero partiendo de haber contemplado pocos de ellos, puedo atestiguar el horror que supone FORT TI (Fort Ti, 1953) -infame propuesta de cine del Oeste que apostaba por el efímero sistema 3-D- o la absoluta mediocridad de DRUMS OF TAHITI (Tambores de Tahití) también del mismo año. Sin embargo, y sin salirnos de un contexto de discreción, no sería justo omitir la relativa eficacia de MASTERSON OF KANSAS (1955), a lo que cabría añadir la previa BATTLE OF ROGUE RIVER (1954), que contaba igualmente con el protagonismo del rocoso Robert Montgomery y bastante similar equipo técnico.

Con una duración de unos setenta minutos, destacada de un acertado cromatismo, obra de Henry Freulich, la película se sitúa en el accidentado periodo previo a la creación del estado de Oregón, a mediados del siglo XIX. Un territorio enfangado en las luchas entre los componentes del ejército y las tribus indias, dominadas por el gran jefe Mike (Michael Granger-. La película se iniciará precisamente, con una voz en off que nos introduce en dicho contexto, mientras contemplamos las imágenes de una lucha entre ambos contendientes, claramente sacadas del archivo del estudio y rodadas para películas previas. Los combatientes regresan al fuerte con notable sentimiento de pesadumbre -algo que se describe en la pantalla con eficacia-, conociendo el actual mando la noticia de que casi de inmediato va a ser relevado por el joven y prestigiado mayor Frank Archer (Montgomery). Lo contemplaremos de inmediato en el camino hacia las instalaciones, mientras con astucia logra repeler un previsible ataque indio con el uso de uno de los cañones que traslada con sus oficiales.

La llegada de Archer aportará al recinto una dosis de arrogancia e intransigencia, contrastando con el rasgo de humanidad que se establece entre aquellos que comparten la vida en el fortín, y mientras se celebra una fiesta en la que se reclutan voluntarios para el explorador y conocedor de la zona Stacey Wyatt (Richard Denning). El contraste con las escrupulosas maneras militares del recién llegado, de inmediato provocarán desazón entre los moradores. Sin embargo, y pese al rechazo que le produce en apariencia, la joven e influyente Brett McClain (Martha Hyer), hija de uno de los veteranos oficiales del recinto, de manera inconsciente se sentirá atraída hacia el recién llegado. Alguien que inicialmente avala un ataque indiscriminado contra los indios, pero que, tras recibir una orden de superiores, optará por un intento de comunicación con estos para evitar innecesarias bajas y buscar un cierto grado de cohabitación. Pese a las dificultades, logrará ponerse en contacto con el jefe indio y se pactará un aplazamiento de un mes, para intentar que las tribus entreguen a los representantes del ejército sus armas en paz. Para ello se delimitará la frontera del río Rogue, en una de cuyas orillas se apostarán los indios y en la otra los militares. La inesperada traición de Wyatt, vendido ante el interés de ciertos empresarios, empeñados en que la formación de Oregón no se haga realidad, provocará de forma falaz un enfrentamiento que dinamitará el acuerdo suscrito e iniciará una espiral de violencia que podría encaminarse hacia una cruenta batalla.

No cabe llamarse a engaños, BATTLE OF ROGUE RIVER no deja de ser un exponente más de esa ingente producción de género auspiciada por Katzman. Sin embargo, dentro de su simpleza, lo cierto es que su resultado resulta moderadamente agradable. Aparece en su disposición narrativa, y pese al previsible guion de Douglas Heyes, una relajada puesta en escena que se somete al trazado de sus personajes y a un rápido discurrir de estos, con los suficientes elementos para poder emerger, siquiera sea mínimamente, del estereotipo. Esa relativa implicación de Castle permite hacer creíble la deriva del joven militar protagonista, incluso logrando del eternamente estólido Montgomery hacer creíble tanto su acercamiento a una cierta conciliación con los indios -a los que en una conversación inicial entre Wyatt y en antiguo mando, se otorgaba justificados en sus reivindicaciones- como en el paralelo acercamiento hacia la joven Brett. Todo ello quedará inmerso en un contexto delimitado por el enfrentamiento, en el que la película asumirá un inesperado giro al conocer la criminal traición del citado Wyatt, engañando a oficiales en torno a un ataque indio y enviándolos a una emboscada, que este asumirá en el off narrativo sosteniendo en un ambiguo primer plano sobre su rostro.

A partir de ese momento, la película se articulará fundamentalmente en exteriores, ganando en fisicidad y destacando en ella los travellings laterales en medio del bosque que describirán el ataque que sufrirán tanto Archer como Brett, a la fuerza que adquirirán las reiteradas ofensivas indias al destacamento encabeza por el joven mandatario, capaz de intuir la táctica expresada por sus oponentes, y ante las cuales Castle ofrecerá una dinámica planificación, de nuevo incorporando travellings laterales y atractivas angulaciones de cámara, con detalles visuales como esa inesperada panorámica que nos trasladará al soldado caído en combate, mientras la cantimplora de la que bebía alcohol instantes antes se encuentra tirada en el suelo, con el líquido desparramándose.

Es cierto que la conclusión de la película aparece apresurada, fruto de entrada de su escasa duración y, posiblemente, de la incapacidad de prolongar en dicho metraje los tímidos esbozos de entramado psicológico. En cualquier caso, si más no, BATTLE OF ROGUE RIVER ofrece una ligera ración de cine de género, que en aquellos años se expresaba de decenas y decenas de exponentes, en muchas ocasiones con superiores cualidades, pero en otras, igualmente, con resultado más olvidable que en esta ocasión, incluso partiendo del propio William Castle.

Calificación: 2

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