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CINEMA DE PERRA GORDA

LONESOME (1928, Paul Fejös) Soledad

LONESOME (1928, Paul Fejös) Soledad

Poder contemplar SOLEDAD (Lonesome, 1928. Paul Fejös) supone para mi ver cumplido un anhelo de largos años. Recuerdo que hará unas dos décadas cuando culminaba la larguísima colección de fascículos de la excelente enciclopedia de cine “Planeta”, me quedé prendado por la novelización en dos páginas del contenido y las imágenes que se mostraban de esta película. Me estoy remontando aproximadamente al año 1984. Desde entonces mi afición cinematográfica osciló en función de muchas circunstancias. Pero en cualquier caso en mi seguimiento por programaciones de festivales o emisiones televisivas jamás aparecía ni indicio o referencia alguna de la misma, quedando en mi subconsciente como una de las películas “deseadas”, lista que generalmente cada aficionado elabora en su mente y con el paso de los años puede ir cumpliendo –en ocasiones con algunas frustraciones finales-. En mi caso y una vez más gracias a la gentileza del buen amigo Luís Fdo. Rodríguez este deseo se hizo realidad tantos años después. Y pese a visionar una copia sin acompañamiento musical alguno, las expectativas que tenía puestas en esta obra del húngaro Paul Fejös prácticamente han sido cumplidas: SOLEDAD es una gran película.

Habría que establecer algún día un análisis como precisamente en las postrimerías del cine mudo –me estoy refiriendo a 1927/29- se realizaron varias de las mayores traslaciones a la pantalla del sentimiento amoroso. En obras de Murnau, Borzage, Vidor y en esta ocasión Fejos quizá quedaron plasmados unos modelos infalibles, profundos y conmovedores que no solo plasmaban intensas relaciones amorosas sino que me atrevería a señalar que con ellas lograban atravesar el alma de sus personajes, al tiempo que en muchas de sus obras integraron al mismo tiempo melodrama en estado puro, experimentación formal e integración social.

LONESOME es uno de los ejemplos más claros de este enunciado. No se puede ocultar que su planteamiento recuerda de alguna manera a esa obra de arte llamada ... Y EL MUNDO MARCHA (The Crowd, 1928. King Vidor) –en mi opinión la cima del cine mudo-, pero solo en la medida en que el film de Fejos desarrolla una visita a un parque de atracciones que se recreaba en los primeros minutos de la obra maestra de Vidor. Por contra es bien evidente que las intenciones de uno y otro realizador son diferentes, decantándose Fejös por la búsqueda de la felicidad individual dentro de una sociedad masificada y con la premisa argumental de situarse en un solo día, con lo cual su propuesta se brindaba como auténtico ejercicio de estilo.

Nos encontramos en la mañana del 3 de julio y en un siempre entrañable y dinámico montaje paralelo se nos muestra como Jim (Glenn Tryon, habitual actor cómico) y Mary (Barbara Kent) se levantan para acudir al trabajo. Ya en estos primeros fragmentos que se narran con panorámicas y reencuadres de larga duración se describe hábilmente el carácter de unos protagonistas que nosotros –como espectadores- vamos a conocer mucho antes que ellos mismos. Mary es una mujer voluntariosa que disfruta de la brisa matinal cuando abre la ventana y se acicala con entusiasmo. En su oposición Jim es un hombre perezoso y desastrado, indudablemente cómico en su aparente organización –intenta cumplir con su rito gimnástico de forma hilarante-. Ambos coinciden sin reparar en ello en el restaurante desayunando rápidamente para acceder a sus trabajos en medio de la marabunta de gente que atesta las calles de New York y que igualmente se dirigen en masa a sus trabajos.

Mary es telefonista y Jim trabaja en una fábrica. En el desarrollo de sus labores Fejos inserta un gran reloj sobre el que entrevemos el montaje paralelo de sus respectivas jornadas de trabajo. Se suceden sobreimpresiones que dotan de ritmo a estas secuencias –sobre todo en los rostros de los clientes que atiende Mary en las llamadas-, e incluso algún asombroso travelling marca instantes de la labor del joven. Una vez acaban agotados sus respectivas jornadas sienten cada uno en su ambiente la soledad producida por que sus respectivos compañeros tengan parejas para poder salir mientras que ellos se sienten ausentes de algo que secretamente añoran. Regresan a sus respectivos domicilios y ambos desde sus diferentes apartamentos –primero Jim y posteriormente Mary- observan en la calle una caravana con charanga que llama la atención para asistir al parque de Coney Island y celebrar en él la festividad del 4 de julio.

Los dos deciden acudir para llenar su tarde a dicho parque. De nuevo las muchedumbres que se arremolinan y nos encontramos en el centro de atracciones en los que la fiesta y el jolgorio está presente en todo momento. Sin embargo para ambos la alegría llega realmente cuando ambos se conocen. Poco a poco y en el transcurso de apenas unas horas van intimando, pasan el atardecer en la playa, se hacen unas fotografías que uno entrega al otro y participan en diversas de las atracciones de un parque que Fejos muestra con numerosas –e incluso grandiosas- sobreimpresiones, acentuando el carácter masificado del mismo.

Cuando la pareja protagonista decide subir a una montaña rusa, la abundancia de público les hace ir en compartimientos separados, incendiándose en los momentos finales de su viaje el de Mary. La multitud se arremolina en torno a ella y eso impide acercarse a Jim cuando abandona la atracción, llegando este a tener un encontronazo con un agente que le lleva hasta comisaría. Una vez es puesto en libertad intenta desesperadamente buscar a la chica en el parque pero una repentina y tempestuosa tormenta hace que la gente huya en desbandada y tanto la joven -que igualmente ha estado buscando a su joven enamorado-, como Jim, vuelvan destrozados a sus rutinarios hogares. Ambos han perdido la oportunidad de compartir sus respectivas vidas. El en su casa decide poner un disco para intentar atenuar sus tristeza –la canción se titula Always-. Su ruido molesta a su vecina de al lado, que no deja de aporrear la pared llorando para no tener que oír nada. La vecina es Mary. Ambos no sabían que estaban al lado del otro y cuando Jim toca a su puerta y ella le abre, sus miradas y el abrazo final serán el inicio de un futuro abandonando definitivamente su soledad.

Como en tantos otros grandes títulos del cine mudo, LONESOME pone en practica un argumento sencillo, desarrollando en él tanto una crítica a la sociedad urbana de aquellos años, la aplicación de elementos narrativos clásicos y vanguardistas al mismo tiempo, intensificando la dirección de actores (en este elemento concreto la interpretación de sus dos protagonistas es realmente conmovedora), y basculando en un registro tragicómico realmente inspirado.

No se puede ocultar que el gran tema de fondo de esta extraordinaria película es precisamente la indefensión del individuo frente a una sociedad deshumanizada aparentemente conectada en las grandes urbes, pero que en este caso concreto no permite conocer a dos jóvenes vecinos de portería... que paradójicamente se enamorarán muy lejos de su hogar. Las muchedumbres tomando desayunos en restaurante, las batallas para ocupar el autobús (parece que sea un logro alcanzarlo), la alienación del trabajo diario, la propia rutina en ese ocio que los compañeros de nuestros protagonistas significan con sus respectivas parejas o incluso el desenfrenado disfrute festivo existente en el parque de Coney Island –elemento que Fejos destaca de forma poderosa-, conforman un panorama ciertamente desolador.

Por su parte la película marca la intención del realizador en utilizar elementos técnicos que aún hoy día resultan de enorme vigencia. Ya hemos señalado antes la presencia de ese reloj gigantesco, de sobreimpresiones en diferentes momentos sobre el parque de atracciones y algunas de otra índole que inciden en destacar el bullicio de las secuencias desarrolladas en Coney Island, sobreimpresionandose norias y atracciones luminosas. Al mismo tiempo y ya cuando arrecia la tormenta se insertan planos generales de unos rascacielos especialmente estilizados que nos remiten a producciones alemanas recientes en aquel momento, aunque en este caso no supongan más que un apunte de estilización. En este terreno me gustaría destacar –yo he visto la copia en la que no se incluían las tres secuencias sonoras que al parecer desafortunadamente incluyó la Universal, aunque su rótulo final sí se refiriera a un film sonorizado-, la deliberada sobriedad en la presencia de unos rótulos que realmente solo tienen cierto protagonismo cuando los protagonistas confiesan que son dos personas normales.

Pero como antes señalaba, en donde LONESOME alcanza sus mejores cotas es en la pintura de su registro tragicómico. Ya hemos comentado la impecable descripción en paralelo de sus protagonistas al levantarse –realmente divertida-, pero me gustaría destacar la emotividad que se desprenden en sus momentos intimistas. Entre ellos resaltan aquellos en los que Jim y Mary se quedan solos en la playa o en la propia charla que ambos jóvenes tienen –no escuchamos lo que dicen pero sabemos que con sus palabras y expresiones la relación se va estrechando-. E incluso me atrevería a señalar el emocionante reencuentro final en donde el sentimiento del individuo predomina sobre la alienación de la masa. Al mismo tiempo, Fejös logra que detalles como esa muñeca que Jim ha ganado en una atracción sirva como elemento simbólico del estado emocional de la propia relación sentimental de ambos –cuando Mary la lleva a su casa, debido a la lluvia sus ojos están llorosos e involuntariamente cae al suelo y se rompe-. Pero incluso en secuencias tan angustiosas como la búsqueda entre ambos jóvenes por el parque en plena tormenta se introducen detalles de comedia sutil, como ese dueño de atracción que acaba harto de las veces en las que Jim pregunta si ha visto a su nueva amiga –en su último encuentro y sin que este llegue a preguntarle nada, el feriante le espeta (con un rótulo de grandes letras) ¡¡¡NO!!-.

En esa intersección de la búsqueda del amor, de una estilización e intensificación del lenguaje del cine –que en aquellos años estaba en su plena madurez-, la aportación singular de elementos estilísticos que permanecen con gran vigencia, su perfecto timming caracterizado por la plasmación paralela de la evolución de la pareja que protagoniza la historia y, fundamentalmente, en su admirable composición melodramática caracterizada en tonos y detalles tragicómicos, SOLEDAD es una obra maestra que merece ser redescubierta por las nuevas generaciones de aficionados. Espero que muy pronto alguna editora se decida a lanzarla en DVD. Afortunadamente, mi intuición y las referencias que tenía no me fallaron. Si que es verdad que con una buena partitura sonora que potenciara sus cualidades –tal y como logró magistralmente Carl Davis en THE CROWD-, LONESOME podría ser una mayúscula sorpresa de clausura de cualquier festival cinematográfico de la máxima categoría y volver a ocupar el lugar de honor que merece en la historia del cine.

Calificación: 4’5

28 DAYS LATER (2002, Danny Boyle) 28 días después

28 DAYS LATER (2002, Danny Boyle) 28 días después

Como cualquier espectador uno también tiene sus filias y fobias cinematográficas. Para mi una de las segundas aunque de forma moderada, la constituye el falsamente “moderno” Danny Boyle. En las tres películas suyas que he visto previamente, solo TRAINSPOITTING (1996) me parece –con todas las reservas que se le pueda hacer- aceptable, mientras que TUMBA ABIERTA (Shallow Drive, 1994) –que es la que le descubrió ante el público británico- es una absoluta mediocridad. Ni que decir tiene que LA PLAYA (The Beach, 2000) supone uno de los horrores cinematográficos de más grueso calibre de toda la década de los 90.

Si a esas reservas unimos que la temática sobre muertos vivientes no es precisamente mi favorita dentro del género fantástico –con las gloriosas excepciones de YO ANDUVE CON UN ZOMBIE (I Walked with a Zombie, 1943. Jacques Tourneur), LA LEGIÓN DE LOS HOMBRES SIN ALMA (White Zombie, 1932. Victor Halperin) y, en menor medida, la desconocida e infravalorada THE LAST MAN ON EARTH (1964, Sidney Salkow & Ubaldo Ragona), verán que no cito la propuesta de Romero, es algo deliberado-, la perspectiva de contemplar 28 DÍAS DESPUÉS (28 Days Later, 2002) francamente no era muy entusiasta. Pese a ello he de reconocer que con todas las objeciones que me produce su visionado, el resultado final de la misma dista de ser despreciable, erigiéndose como una aceptable muestra de cine fantástico y encerrando una nada solapada reflexión nihilista sobre la propia relatividad de la existencia humana.

La película se inicia con una secuencia narrada con unos atropellamientos visuales que hacen temer lo peor –en ella un grupo de activistas liberan a unos simios enjaulados en un laboratorio que sabemos están infectados de un grave virus-. Sin embargo de inmediato nos trasladamos a 28 días después –estupenda elipsis-. Vemos a Jim (Cillian Murphy), ingresado en un hospital. Instantes después de recobrar el conocimiento va adquiriendo conciencia de que se encuentra solo. Abandona el hospital y recorre los lugares más estratégicos de un Londres... totalmente desierto. Ciertamente si 28 DAYS LATER pasará a la historia del más reciente cine fantástico será por esos planos descriptivos en los que nuestro protagonista deambula estupefacto por los lugares en donde la capital inglesa habitualmente se erigía como epicentro en la vida de miles y miles de personas. (recordar film desconocido USA) En este lapsus de tiempo la infección se ha extendido devastadoramente por la población, quedando solo seres infectados que atacan a los pocos supervivientes que hipotéticamente sobreviven. Jim sufre uno de dichos ataques de los que es defendido por Mark (Noah Huntley) y Selena (brillante Naomie Harris), dos jóvenes que explican al aún aturdido joven la situación en la que se encuentra. Los tres decidirán acudir a casa de los padres de Jim –que se han suicidado y eliminado a su hermana pequeña antes de caer en la infección- y en ella Mark finalmente será víctima de uno de los ataques siendo eliminada por Selena, provista de un practico sentido de la supervivencia.



A partir de aquí el guión de Alex Garland tiene la habilidad de proponer una interesante progresión dramática no solo al incorporar nuevos personajes y situaciones, sino fundamentalmente al ofrecer giros en el desarrollo que de alguna forma permiten que finalmente el film adquiera una extraña estructura. Es así como tras encontrarse con un hombre y su hija –mediante el ingenioso aviso que proporcionan unas luces navideñas luminosas desde un balcón en la noche-, los cuatro personajes deciden desplazarse hasta Manchester alentados por unas emisiones radiofónicas. Juntos abandonan Londres –sufriendo un pinchazo en un túnel atestado de vehículos atropellados y que permitirá una tensa situación de suspense ante la cercanía de un grupo de infectados-.

La película entra en un relajado interludio –los cuatro supervivientes entran en un supermercado simulando comprar para realmente hacer provisión- y nos introducimos en el terreno de la road movie visualizando carreteras y parajes rupestres tan desiertos como simbólicos de esa naturaleza que ha logrado mantenerse al margen de la plaga generada por los humanos. Como se puede comprobar es un bloque que contrasta que el precedente, y al cual sucederá la sobrecogedora visión de un Manchester –en un plano general amplísimo- en llamas. El auto llegará a sus alrededores y en forma de presagio –un cuervo se hace notar-, el padre será infectado no sin antes lograr avisar a su hija.

De repente un grupo de soldados surgen de unas ruínas y eliminan al infectado pese a la consternación tanto de su hija como de los otros dos supervivientes. Los tres son escoltados hasta un recinto protegido por una decena de soldados. Este nuevo segmento proporciona un nuevo giro. Se inicia el planteamiento de la defensa –en ella se incluye el encadenamiento de un infectado cuyo rostro es singularmente semejante al del tourneriano I WALKED... (quizá el más famoso de la historia del cine). En este colectivo, comandado por el comandante West (Christopher Eccleston) inicialmente encontrarán la deseada seguridad pero muy pronto detectarán tanto las contradicciones existentes entre la propia tropa, la relatividad de estar inmersos repentinamente y a pequeña escala de un mundo cainita y, fundamentalmente, el deseo que sobre las dos mujeres ejercen unos soldados a los que se les ha prometido saciar su sed de sexo.

A partir de ahí se desencadenarán las situaciones finales, dentro de un planteamiento en el que se pone en solfa los límites del sentido de supervivencia y de forma evidente se ofrece una visión nihilista de la propia condición humana. Sin embargo y pese a un muy ajustado guión y progresión dramática, 28 DAYS LATER en muy pocos momentos da la medida de sus notables posibilidades, fundamentalmente debido a la desequilibrada tendencia a la “modernez” sin cuya presencia realmente Danny Boyle jamás habría llamado la atención entre determinados sectores, aunque quizá hubiera potenciado en su trayectoria algunas cualidades cinematográficas menos caducas pero sin duda más perdurables.



Y es que la película encuentra un gran desequilibrio narrativo entre un uso interesante del formato digital; la discutible aceleración de las embestidas de los zombies-infectados; una elegancia formal en determinados planos generales en los que se describen lugares desiertos, exteriores naturales aún vírgenes e incluso encuadres dantescos; aplicación de primeros planos cuando los supervivientes reflexionan ante las situaciones vividas o desahogan sus tensiones y un abuso de planos inclinados que en ocasiones funcionan y en otras operan como mero artificio.

En cualquier caso y pese a que dentro de una ortodoxia cinematográfica realmente la película de Danny Boyle tendría suficientes elementos como para ser más que cuestionada –reconozco que sus maneras no son de mi especial aprecio- creo que su conjunto resulta realmente atractivo. Consigue inquietar, sus vericuetos dramáticos son interesantes, afortunadamente no incide en demasía en el terreno del higore –en ese sentido Boyle apuesta por la sobriedad-, logra incorporar elementos visuales realmente atractivos y sus propios desequilibrios acierten quizá involuntariamente a alcanzar un conjunto finalmente apreciable –en la medida que sucedía con la mencionada TRAINSPOITTING, que en su momento se calificó de forma tan ligera como “un antes y un después en el cine británico”-.

Finalmente, me gustaría destacar que 28 DAYS LATER supone conceder el definitivo lanzamiento del joven Cillian Murphy –del cual ya había visto estupendos trabajos en sencillos films británicos- y que en mi opinión es uno de los mejores intérpretes ingleses de su generación.

Calificación: 2

 

AUMENTANDO VIDEOGRAFÍA

Compras en DVD: EL CRISOL (Nicholas Hytner), BROADWAY DANNY ROSE (Woody Allen), THE GREAT FLAMARION (Anthony Mann), SOMBRAS Y NIEBLA (Woody Allen), BARRY LYNDON (Stanley Kubrick), LOS CRÍMENES DEL DOCTOR MABUSE (Fritz Lang) y EL DÍA MÁS LARGO (Ken Annakin y Andrew Marton)
Grabaciones en VHS: ZULU (Cy Endfield), ABRAHAM LINCOLN (David W. Griffith), LA NOCHE DE LOS GIGANTES (Robert Mulligan), ¿CONOCES A JOE BLACK? (Martin Brest), LA IRONÍA DEL DINERO (Edgar Neville), DJANGO (Sergio Corbucci), LA VENGANZA (Juan Antonio Bardem) y el documental EL TIEMPO DE NEVILLE.

GUANTANAMERA (1995, Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío)

GUANTANAMERA (1995, Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío)

Nadie puede dudar de la importancia del esperpento en la tradición no solo del cine español sino en un radio de acción que se extiende a toda Latinoamérica. GUANTANAMERA (1995) podría ser un ejemplo de ello. Curiosamente –y es más que probable que sin pretenderlo-, la película se convirtió en el involuntario testamento cinematográfico del cubano Tomás Gutiérrez Alea –codirector del film junto a Juan Carlos Tabío-. Y digo curiosamente por que esta comedia coral habla al mismo tiempo de los vicios y costumbres de la sociedad cubana y también del propio hecho de la muerte como conclusión irremisible –y a tenor de sus conclusiones-, necesaria para la progresión humana.

La película tiene como eje el traslado del cadáver de una anciana por lo largo y ancho de Cuba, poniendo en practica con ello el procedimiento de uno de sus sobrinos –Antonio (Carlos Cruz) clásico elemento integrado en las directrices del régimen castrista- que logra aplicar la distribución de las incidencias del traslado entre los diversos departamentos por los que se traslada el cuerpo de la difunta. Una anécdota de base que tiene su nexo de unión con las andanzas de Mariano (Jorge Perugorría), joven y mujeriego conductor de camión que en sucesivas ocasiones se reencontrará con Georgita (Mirta Ibarra) la mujer de Antonio e igualmente sobrina de la fallecida. Una mujer sensible y frustrada que pocos años atrás fue profesora de Mariano cuando este cursaba sus estudios de ingeniería, iniciando una relación que se frustró precisamente por los prejuicios inherentes a su sociedad.

A partir de ahí nos encontraremos con una singular road movie con fragmentos y motivos realmente divertidos –los líos amorosos de Mariano, el estraperlo nada solapado de los chóferes, los anacronismos existentes entre los métodos a aplicar por unos funcionarios gobernantes y la realidad del país-, y en la que –al igual que sucedía con la previa, exitosa –y a mi juicio excesivamente valorada- FRESA Y CHOCOLATE (1994), funciona mucho más la fuerza, capacidad lúdica y de autocrítica ejercida en lo que se muestra que en una puesta en escena totalmente funcional pero caracterizada por una real ausencia de especial brillo, aunque en su defensa quepa señalar que tampoco se incline por efectismos y su tono desdramatizado contribuya a que el conjunto se vea con agrado.

Ciertamente el conjunto de GUANTANAMERA sabe articular con habilidad las diversas incidencias que se van sucediendo en torno al sencillo eje central, sus pequeños episodios saben intercalarse con notable sentido del humor y, sobre todo, con una aplastante lógica dentro del devenir de unos personajes que están enclavados en una cultura sensual, abierta, que sabe sacar su lado picaresco ante la adversidad –impagable el detalle de esos dolientes que quieren aprovecharse de la merienda días después de que su familiar haya fallecido o el traslado de comestibles e incluso un pollo en el coche donde se porta el ataúd-. Al mismo tiempo hay que reconocer que la dirección de actores es brillante –no puedo dejar de destacar la sutileza con que Jorge Perugorría encarna ese personaje aparentemente bruto pero en el fondo sensible-.

En su contra y unido a esa falta de mayores recursos expresivos, citaría la pobreza de su banda sonora y el desaprovechamiento de la vertiente romántica e incluso de ese elemento mágico que sugiere la visión de la difunta como niña ante el que fue su lejano amor –que fallecerá junto a su ataúd (en un detalle genial pero desaprovechado este contiene el cadáver de otra persona)-, y quizá la ausencia de un timming que estamos acostumbrados a observar en nuestras cinematografías habituales.

Finalmente, GUANTANAMERA cabría incluirla en ese conjunto de sátiras llenas de humor negro como pueden ejemplificar VIVAN LOS NOVIOS (1969, Luís García Berlanga), o MECÁNICA NACIONAL (1972, Luís Alcoriza), prolongando una corriente no muy usual pero siempre saludable pese a que el resultado final se resienta de no haber apurado a fondo todas sus posibilidades. Pese a ello en este caso uno pasa un rato realmente saludable.

Calificación: 2’5

THE BLOB (1988, Chuck Russell) El terror no tiene forma

THE BLOB (1988, Chuck Russell) El terror no tiene forma

Uno de los más falsos mitos de la historia del cine norteamericano es aquel que señala los años 50 como “la edad de oro de la ciencia-ficción”. Si bien es cierto que fue un periodo prolijo en producciones de dicho género y surgieron títulos de enorme relevancia, no es menos evidente que abundan producciones discretas e incomprensiblemente mitificadas. Me atrevería a decir que el verdadero germen de esa afirmación se sustenta en menos de una decena de títulos –cifra exigua para un prestigio tan desmesurado-, y que incluso hasta en el cine británico el nivel general del género sería superior al norteamericano.

Pues bien, uno de esos casos se produce con THE BLOB (1958. Irvin S. Yeaworth) –por cierto nuna estrenada comercialmente en España salvo en pases televisivos-, torpe, plúmbea y aburrida muestra que puede contarse entre lo peor jamás legado por el género y que quizá lograra su condición de cult movie en base a su mezcla de cine teen de la época y, fundamentalmente, la presencia en su reparto de un joven y antipático Steve McQueen –otro falso mito que jamás he compartido-.

Tres décadas después y dentro de una nueva proliferación de películas de cine de terror y/o ciencia-ficción destinadas a públicos juveniles, Chuck Russell -discreto artesano que sin embargo posteriormente dio vida la simpática LA MÁSCARA (The Mask, 1994)- se enfrentó ante un remake del anteriormente citado THE BLOB –desafortunadamente retitulado en España como EL TERROR NO TIENE FORMA- que en su momento fue poco menos que masacrado por una crítica que estoy seguro la hubiera valorado de otra forma si hubiera estado firmada por John Carpenter o Tobe Hooper –tan sobrevalorado el primero y mediocrillo el segundo-. Sin embargo, sin salirse nunca de los límites de una agradecida discreción y un asumido tono de serie B –años 80-, la nueva versión de THE BLOB no solo está bastante por encima de su pésimo precedente, sino que bajo mi punto se vista se erige como una muy digna muestra del género. Dotada de un notable ritmo narrativo, sin obviar un cierto tratamiento crítico y sostenida fundamentalmente con un soterrado sentido del humor que constituye una de sus mejores bazas.

Con la participación como coguionista de Frank Darabont –entonces desconocido nombre que deja notar su impronta-, este nuevo THE BLOB se inicia ya en plenos títulos de crédito deteniéndose en planos de una localidad de aire casi fantasmal. Pero es una población en la que el letargo y la alienación de sus habitantes es bien notable; estudiantes que solo piensan en el béisbol, adolescentes sedientos de sexo o ciudadanos de vida aparentemente tranquila pero realmente mortecina. En este ambiente tan acomodaticio y de forma accidental, aterriza en pleno campo un meteorito en el que se destapa una masa gelatinosa que se irá extendiendo de forma casi implacable. Serán los jóvenes Meg (Shawnee Smith), Paul (Donovan Leitch) y sobre todo el díscolo y rebelde Brian Flagg (Kevin Dillon, el hermano de Matt) -el auténtico protagonista de la cinta-, los que llevarán al hospital al anciano mendigo que se ha topado en primer lugar con esa materia y ha sido contagiado con la misma.

A partir de ese traslado los efectos y el crecimiento de la repugnante forma va in crescendo, culpándose incomprensiblemente a Flagg de las primeras muertes producidas por la viscosa forma –el propio mendigo y el joven Paul-. Este es liberado mientras que la masa sigue aumentando en sus dimensiones, y descubriéndose que la misma era el efecto de un experimento para lograr un arma bacteriológica por parte de autoridades militares para poder ser utilizado en guerras con otros países. El horror de los progresivos asesinatos se irá adueñando de la localidad, hasta lograr con el antídoto para reducir la fuerza del tremendo ser; el frío.

Evidentemente cuando uno va a ver esta nueva versión no espera sustanciales novedades, pero en ella en primer lugar se agradece su ritmo trepidante. En su poco más de hora y media este jamás decae más allá que en algunas farragosas disgresiones de los investigadores químicos que cercan literalmente la población. Pero por encima de todo una de las virtudes de esta decididamente simpática THE BLOB –versión 1988-, estriba en su combinación de los elementos de suspense propios del enfrentamiento entre sus personajes contra la creciente masa con el soterrado sentido del humor que proporcionan la forma de eliminar las víctimas por parte de la misma. Con unos efectos especiales que pese a su corrección nunca quieren ocultar ese carácter irónico –e incluso cutre-, asesinatos de la masa como el que se produce con el ayudante de cocina del restaurante –es engullido en un sumidero-, el propio Paul –sobre el que cae la masa como una red sobre él-, la presencia en sus ataques de las cabezas de sus anteriores víctimas o, por encima de todo, la impecable secuencia que se desarrolla en el cine. En ella se está proyectando un subproducto de terror y los gritos de las víctimas en la pantalla coinciden con las víctimas que en la sala provoca el extraño ser. Ello provoca una ficción dentro de la ficción mucho más lograda que en la película que le sirvió de referencia, y un momento desde luego tan divertido como inquietante.

Finalmente, cabría señalar algunas consideraciones como la proliferación de grúas y angulares que –curiosamente- serán posteriormente habituales en el cine de Frank Darabont, y el divertido epílogo que le proporcionará el sacerdote integrista –seguro que de vivir en nuestros días sería ferviente votante de Bush-.

Evidentemente nos encontramos ante un film de consumo rápido y escasas pretensiones. Sobra en él sobre todo una pésima música de fondo –capaz de arruinar algunos de sus momentos incidentales-, el abuso de la motocicleta en el joven protagonista que encarna Kevin Dillon –es curioso que sea precisamente el vehículo con el que Steve McQueen se marcaba sus “numeritos” en algunos de sus primeros éxitos-. De cualquier manera y pese a su nula consideración, reitero que se trata de una película tan pequeña en sus pretensiones como agradable como divertimento pulp –en la línea de títulos filmados por nombres como Joe Dante- sin recurrir curiosamente apenas a la cinefilia.

Calificación: 2

El trailer del día: LAS ODIADAS OBRAS MAESTRAS DE "CINEMANÍA"

El trailer del día: LAS ODIADAS OBRAS MAESTRAS DE "CINEMANÍA"

Hace pocos días ha salido al mercado el ejemplar de diciembre de la revista CINEMANÍA. Aunque soy asiduo a las principales publicaciones del ramo –incluidas FOTOGRAMAS e IMÁGENES DE ACTUALIDAD- solo me refiero habitualmente a DIRIGIDO POR... ya que creo que es la única que posee un especial interés para el amante del cine en toda su extensión, dicho sea sin menoscabo de nadie.

En cualquier caso hay un curioso reportaje insertado en el ejemplar señalado. Como epílogo a uno publicado hace unos meses que señalaba –ciertamente con menor gancho- los bodrios admirados secretamente por los componentes de su redacción, en esta ocasión publica uno sin duda más atractivo en el que los redactores de CINEMANÍA “se desnudan” y confiesan las que son –a título muy personal- “sus odiadas obras maestras”.

Como divertido juego que es no me resisto en señalar las elecciones de sus críticos, insertando a continuación la calificación que un servidor les concede entre 0/5 –una de las mencionadas no la he visto-. Ahí van las fobias de cada uno de ellos. No se las tengan en cuenta y valoren su sinceridad, razonamientos –más o menos compartidos- e incluso sentido del humor:

María Casanova:
CENTAUROS DEL DESIERTO (The Searchers, 1956. John Ford) [5]

Omar Khan:
CIUDADANO KANE (Citizen Kane, 1941. Orson Welles) [4]

Javier Angulo:
EL MAGO DE OZ (The Wizard of Oz, 1939. Victor Fleming)

Javier Ocaña:
EL AÑO PASADO EN MARIEMBAD (L’Annèe derniere a Mariembad, 1961. Alain Resnais) [3’5]

Bárbara Escamilla:
REBECA (Rebecca, 1940. Alfred Hitchcock) [3’5]

Carlos Marañón:
FELLINI, OCHO Y MEDIO (Otto e mezzo,1963. Federico Fellini) [4]

Inma Garrido:
UNO ROJO, DIVISIÓN DE CHOQUE (The Big Red One, 1980. Samuel Fuller) [2’5]

Claro está que como blog personal que es este. No me resisto a señalar aquellos títulos considerador clásicos que más odio. Sin duda el primer lugar lo ocuparía LA NARANJA MECÁNICA (A Clockwork Orange, 1971. Stanley Kubrick) -la pretenciosidad hecha cine-y tras ella citaría WEST SIDE STORY (1961. Robert Wise & Jerome Robbins) -la cursilería hecha cine-, LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ (Gone with the Wind, 1939. Victor Fleming) -el "kistch" hecho cine- y BEN-HUR (1959. William Wyler)-la "estampita" judeocristiana hecha cine-. De entre los films de culto de los últimos años confieso mi fobia total a EL CLUB DE LA LUCHA (Fight Club, 1999. David Fincher) -la pedantería "a la última moda" hecha cine- y MOULIN ROUGE (2001, Baz Luhrmann) -la epilepsia visual hecha cine-.

¿Os animáis a confesar vuestras propias fobias fílmicas respetadas por la mayoría? A ver si desahogáis ese subconsciente cinéfilo?

LUCKY STAR (1929, Frank Borzage) Estrellas dichosas

LUCKY STAR (1929, Frank Borzage) Estrellas dichosas

“La fuerza del amor sobre todas las cosas”. Esa sería la máxima de las principales películas que en su momento consideraron justamente a Frank Borzage como uno de los grandes nombres de las postrimerías del cine mudo y hasta la llegada de los años cuarenta. Un profesional posteriormente caído en el olvido y en los últimos años reivindicado con justo entusiasmo. Lamentablemente para mi y aunque he podido visionar algunos de sus títulos prestigiosos hasta la fecha no había tenido ocasión de contemplar ninguno de sus clásicos mudos -ausencia que espero paliar poco a poco-. Hay veces que confesar esas ausencias involuntarias como aficionado tiene como rasgo positivo el previsible futuro placer que puede reservarme ir descubriéndolas.

Una de ellas ha sido para mi poder disfrutar de LUCKY STAR –estrenada en España bajo el título de ESTRELLAS DICHOSAS- una muestra evidente de su fuerza visual, la singularidad, emotividad, sencillez y casi me atrevería a decir que “el sello único” que podían ofrecer sus películas. Algo que especialistas bien cualificados han intentado analizar (para ello recomiendo vivamente el volumen titulado "Frank Borzage. Sarastro en Hollywood" que el especialista Hervé Dumont creó con motivo de la no muy lejana retrospectiva de su obra en el Festival de Cinbe de San Sebastián), y me gustaría trasladar bajo mi punto de vista en función de alguna de las impresiones que me produce este gran film.

Tras sus triunfos en EL SÉPTIMO CIELO (Seventh Heaven, 1927) y EL ÁNGEL DE LA CALLE (Street Angel, 1927), Frank Borzage reunió de nuevo a la que probablemente fuera la primera gran pareja romántica del cine norteamericano, los excelentes Janet Gaynor y Charles Farell, en esta ocasión encarnando a Mary Tucker, una joven de una familia numerosa encargada de una granja de leche, huérfana de padre y en la que la madre destaca por su carácter autoritario. Por su parte Farrell es Timothy Osborn, un trabajador de postes de líneas telefónicas que conoce a la traviesa muchacha cuando encaramado encima de uno de ellos se pelea con un compañero ya que ella ha intentado sisar una moneda al vender un reparto de leche a todos ellos. Al darse cuenta este del engaño le propina una azotaina no sin antes percatarse en una llamada que detecta en el propio poste que ha llegado la guerra, a la que acudirán todos sus compañeros y él mismo.

Pese a ese encuentro tan accidentado algo se ha encendido entre ambos. Todos sabemos que una puerta en sus sentimientos se ha abierto, por más que Mary al día siguiente tire vengativa una piedra en la puerta de casa del joven, contemplando su marcha al frente. Este recibe en la retaguardia una carta de la joven que inicialmente cree ha escrito por afecto personal, aunque posteriormente veremos que ha generalizado a todos los voluntarios amigos, para lograrles animar. Osborn es allí comandado a una misión accidental de reparto en un carruaje que sufrirá un accidente, del que regresará a su casa paralítico de ambas piernas. Una vez en su domicilio dos años después de su partida, Mary sabiendo que Tim ha regresado tira una nueva piedra rompiendo un pequeño ventanal y vislumbrando el rostro del joven que la llama amistosamente. Mientras él se despide de un repartidor esta se acerca curiosa ante sus requerimientos no sin antes tomar otra piedra como previsión. No obstante al ver que Osborn está sobre una silla de ruedas se desvanece cualquier suspicacia y entra en su ser esa atracción romántica que en el fondo siempre había sentido, mientras que él demuestra su alegría maniobrando con celeridad en su nuevo modo de transporte así como haciendo gala de numerosas habilidades domésticas.



La relación entre los dos se va estrechando pese a las enormes reticencias de Mrs. Tucker (Hedwiga Reicher) a que su hija la prolongue. Al mismo tiempo se va a celebrar un baile para el que Mary compra un vestido y acude al mismo, no logrando que Tim pueda asistir al estar imposibilitado con las muletas. En la celebración la joven toma de nuevo contacto con Martin (Guinn Williams) que la acompaña hasta casa de Osborn escuchando las advertencias de este que no la utilice como a sus demás conquistas. Martin pretende casarse con la joven y para ello procura congraciarse con su madre, que ha prohibido tajantemente a su hija que entre en casa de Tim –es por ello que la comida que le había preparado se celebrará ubicando la mesa en el portal de la casa-. El joven en el fondo profundamente enamorado de una Mary totalmente entregada le promete hablar con su madre para lograr su permiso y poder unir sus vidas.

Llegado el momento Martin ultima el traslado de la muchacha para que ambos se casen pese a sus reticencias, mientras que una fuerte nevada y la distancia existente impide a su verdadero enamorado que pueda avanzar con su silla de ruedas. La fuerza de su voluntad y el amor que siente por ella permitirá no solo pueda desplazarse ante la copiosa nevada con sus muletas sino finalmente incluso sin dicho apoyo, en una estampa que finalmente provoca una enorme conmoción en Mrs. Tucker y sus hijos, al tiempo que logrará en el último momento que la joven no consume su viaje en tren y puedan unir sus vidas para siempre.

Como ya señalaba al inicio, una vez más Borzage se interesa no por la dramatización –el escaso interés que demuestra a la presencia de Tim en la contienda bélica, aunque si incide en el carácter pacifista de su cine- sino por la expresión de los sentimientos. LUCKY STAR es una muestra de ellos. Y una demostración más de su sabiduría en el lenguaje cinematográfico. Desde la recreación y sabia utilización de escenarios exteriores claramente estilizados –el contraste entre el de la granja de May y el bucólico y fluvial de Tim –lo surca un arroyo al pie de una pequeña cascada- y unos interiores que denotan un carácter claramente opresivo –es de destacar que en casi todos sus planos se insertan ventanas o sombras de las mismas, el momento en que Mary rompe uno de dichos ventanales es como un soplo de vitalidad-. Por supuesto, la perfecta estructuración de las secuencias definidas con fundidos en negro y en este caso la no presencia de personajes maniqueos y negativos –incluso la madre de Mary reconoce que Osborn no es mal chico pero prefiere para ella el porvenir que le puede ofrecer Martin, en teoría el contrincante prepotente, pero con el que Borzage no se muestra especialmente insidioso. Realmente lo que interesa en su película es resaltar la inocencia, pureza, pudor y sinceridad de una historia de amor ante la que inicialmente se niegan sus propios protagonistas, pero que pese a todos los impedimentos no pueden mas que aceptar. Incluso en el momento en el que ella se funde en un largo abrazo con su amado y el primer plano de Tim nos hace comprender que pese a amarla profundamente quizá su presencia sea un obstáculo para ella.



La relación entre los protagonistas está llena de hermosos detalles. Desde la lavada de cabello que él le aplica y embellece su aspecto, el posterior baño de ella ante la cascada con la intuición de su enamorado, el tocadiscos que le regala y que en las secuencias finales servirá para evocar la ausencia de Osborn en la cita que tenía prometida o el propio plano final con el abrazo de los dos tras ella acariciar sus piernas en plena nevada y viendo al fondo como se aleja el tren en el que viaja Martin-. Son tantos los momentos intensos que la película proporciona –el conmovedor plano que desde la espalda del antiguo soldado sentado en su silla de ruedas muestra a Mary descubriendo su invalidez y tira transfigurada esa piedra que portaba en la mano (un rayo de luz penetra en el umbral)-, que sería casi imposible referirse a todos ellos, aunque haya que destacar que Borzage jamás olvida intercalar en sus secuencias oportunos momentos de comedia –las demostración de destrezas domésticas del joven- que logran ofrecer un contrapunto a la intensidad de sus instantes románticos.

Pero mas allá que el perfecto manejo de los resortes cinematográficos que el realizador demuestra en toda la película, hay un elemento que realmente hace de él uno de los grandes. No es otro que la mirada “a ras de suelo” que logra transmitir desde sus personajes hacia el espectador. No se sitúa ni por encima ni a distancia. La sencillez de su tratamiento y la intensidad de la dirección de actores –y es oportuno señalar que si bien todos reconocemos la categoría como actriz de Janet Gaynor va siendo hora considerar a Charles Farrell como uno de los mejores y más sensibles intérpretes que ofreció el cine mudo- lograba que la evolución de sus protagonistas contagiara sus emociones fuera de la pantalla. Como más adelante hicieron maestros como Leo McCarey o John Ford –y determinadas obras de otros grandes directores-, Borzage tenía lo que me atrevería a denominar “el sincero dosificador del sentimiento”. Y es bien a través de sencillas secuencias, complejos planos o situaciones límite, como LUCKY STAR se erige como una gran película, la última de su periodo silente. Su contemplación solo me hace ir a la búsqueda con celeridad de otros de sus títulos mudos para volver a sentir la íntima satisfacción de vivir un bello film en todas sus facetas.

Calificación: 4

Nota: Quisiera agradecer la gentileza de Luís Fdo. Rodríguez (seguidor borzaguiano donde los haya) que me facilitó un regrabado de LUCKY STAR para poder contemplarla.

El trailer del día: ALEXANDER. EL FRACASO DEL AÑO

El trailer del día: ALEXANDER. EL FRACASO DEL AÑO

Todos los años surge en Hollywood lo que podríamos denominar “el gran batacazo”. Ese producto hecho para el éxito que finalmente provoca un mayoritario rechazo de público y crítica. Evidentemente no todo es llegar a los niveles del reciente GIGLI perpetrado por el difunto tándem Ben Affleck & Jennifer López –considerada uno de los horrores de los últimos tiempos. Pero bien cercana está otra de las “perlas” en las que ha intervenido Mr. Affleck ¿Se acuerdan de PEARL HARBOR (2001, Michael Bay)? Lanzada a bombo y platillo posteriormente fue atacada por la crítica y recibida tibiamente por el público.

Pues bien, ya tenemos el ganador de este año. Se trata de ALEXANDER, la épica superproducción que Oliver Stone ha estado preparando en los últimos tiempos y que en diversas ocasiones retrasó su estreno por incidencias varias. Finalmente lo hizo en USA el pasado miércoles –la fecha del día de acción de gracias- fundamentalmente de cara a obtener el interés de los miembros de la academia en la próxima edición de los Oscars –que por cierto sigue sin tener títulos finalistas ¿Se lo llevará finalmente LA PASIÓN DE CRISTO (The Passion of the Christ, 2004. Mel Gibson) con una carrera triunfal ya a sus espaldas? Si el haber sido rodada en Arameo se lo permite apostaría por ella aún sin haberla visto-.



Pero volviendo a la película que nos ocupa, confieso con indisimulado placer que ha sido prácticamente vapuleada por la crítica. Consultando los baremos existentes en internet en la recopilación de críticas de Yahoo se le otorga la calificación “C”, la misma que le concede el promedio de los más de 4500 votos ya recibidos por parte de sus espectadores. Otro recopilatorio de críticas, este de mayor calado Metacritic- ofrece como media un escasísimo 37% de comentrios favorables. Por su parte, la votación de cerca de 1500 aficionados en el Movie Data Base le otorga una media de 5’6 puntos sobre 10 –algo muy bajo para una superproducción de estas características y que va en descenso día a día-. De cualquier manera, el dato más revelador del fracaso de ALEXANDER lo ofrece Rottentomattoes -que es la que atiende un baremo más amplio de especialistas-, de la cual únicamente un 14% de sus críticas son positivas -17 favorables contra 103 en contra-, entresacándose titulares de comentaristas cinematográficos tan reveladores como “Alexander el soso” o “Nixon en sandalias”.

¿Qué cabe esperar pues, de la última realización del desprestigiadísimo Oliver Stone? En primer lugar olvidarse por completo ya de la carrera de los Oscar y, fundamentalmente, intentar salvar los trastos en cuanto a su carrera comercial. Evidentemente llegar a los cien millones de dólares no será algo difícil -aunque veremos enseguida comno su recaudación desciende velozmente en su segunda semana-, pero ya podemos atisbar en España los intentos de polemización ficticia en la forma de ofrecer la bisexualidad de Alejandro Magno ¿Puede ello ser motivo de escándalo? En definitiva, banalidades propias de reportajes de dominical –una de las mayores plagas que tiene la prensa escrita en los últimos tiempos, capaces de vender los caminos de la alienación y el consumismo más feroz- que intentarán restregarnos por los ojos la susodicha peliculita para los más incautos caigan en la trampa de ir a la taquilla.

Y como última consecuencia, pienso sinceramente que un fracaso de estas proporciones puede contribuir en gran medida al definitivo hundimiento de la carrera de ese macarra llamado Colin Farrell. Pocas veces se ha comprobado la sorprendente dualidad de intentar hacerse ver como el último ejemplo de “rebelde sin causa” –que todo se reduce a una serie de actitudes ridículamente provocadoras (peinados, tatuajes, profusión de tacos, pasado revoltoso (incluso los rumores sobre sus tratos con Joel Schumacher para que este lo lanzara en sus inefables películas)- ha protagonizado algunas de las películas más lamentables, puramente comerciales y reaccionarias de los últimos años.



Una carrera ciertamente deplorable que ha enterrado sus reales capacidades interpretativas –las tiene, solo hay que ver MINORITY REPORT (2002, Steven Spielberg) para comprobarlo-, y para la cual no hay más que contemplar su caracterización con “faldita” y ese pelo ridículamente teñido de rubio para intuir el fracaso que se ha producido. Confieso que dentro de un año y cuando la película esté bien barata en DVD la compraré para reírme un poco. En ocasiones y con cierta distancia perder unas horas en tu vida para estos menesteres resulta divertido. Lo que sí tengo muy claro es que no pederé ni un euro para engrosar la taquilla española del film –máxime cuando no lo he hecho con TROYA (Troy, 2004. Wolfgang Petersen) que al parecer tiene un sesgo de dignidad-.