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CINEMA DE PERRA GORDA

Pedro Almodóvar en "El País"

Pedro Almodóvar en "El País"

Según entramos en la estación otoñal van sucediendose las colecciones de DVD aparecidas en los diferentes exponente de la prensa escrita. Como no podía ser menos, el Diario El País lo hace desde su acendrada defensa del cine español (Una ironía; como sigan así al final van a tener que recurrir a las películas de Paco Martínez Soria en sus colecciones).

Bromas al margen, ahora nos ofrecen -a partir del domingo 3 de octubre- y al precio de 5'95 euros cada uno de los DVD, una colección de once de los films realizados por el manchego Pedro Almodóvar, exhibidos de forma desordenada y que se inician de forma sorprendente por la última de sus producciones: LA MALA EDUCACIÓN (2004)-cuyo estreno en Cannes fue uno de los más frios de la historia del festival y ante un público generalmente entregado a las obras de su artífice-. Y digo de forma sorprendente, puesto que LA MALA EDUCACIÓN no se ha estrenado comercialmente en DVD ¿Será un subterfugio para avivar la popularidad de un film que ha defraudado a muchos de sus seguidores, de cara a diferentes premios por venir?

Si así lo han hecho, la suerte ya está echada; MAR ADENTRO ya ha cubierto la cuota de genialidad en nuestro cine español, y servirá como espejismo internacional de nuestra aparente pujanza, llevandose una catarata de premios a los que no será ajena esa extraña ascendencia que tenemos con los Oscars de Hollywood.

Disgresiones al margen, este es el orden de títulos a publicarse, en los que incluso mi sempiterna calificación en aquellos que he podido visionar hasta el momento.

(2004) LA MALA EDUCACIÓN
(1988) MUJERES AL BORDE DE UN ATAQUE DE NERVIOS [3]
(1987) LA LEY DEL DESEO [3]
(1993) KIKA [0]
(1990) ¡ATAME! [2'5]
(1983) ENTRE TINIEBLAS
(1991) TACONES LEJANOS
(1997) CARNE TRÉMULA [1'5]
(2002) HABLE CON ELLA
(1999) TODO SOBRE MI MADRE [3]
(1982) LABERINTO DE PASIONES

THE SET-UP (1949, Robert Wise) [Tongo / Nadie puede vencerme]

THE SET-UP (1949, Robert Wise) [Tongo / Nadie puede vencerme]

Jamás estrenada comercialmente en España –los films que denunciaban los manejos del boxeo no estaban bien vistos por la censura del franquismo- THE SET-UP(1949) es suficientemente bien conocida en nuestro país por pases televisivos, a los que accedió indistintamente con los títulos de TONGO o NADIE PUEDE VENCERME.

Se trata quizá del primero de los títulos de denuncia realizados por Robert Wise, que indudablemente se tomó muy en serio su filmación. Con el tiempo, tanto la pena de muerte ¡QUIERO VIVIR! (I Want to Live, 1958) o incluso el racismo de las pandillas WEST SIDE STORY (1961), serían algunas de las constantes de este realizador liberal. Al mismo tiempo –ambas cosas no son siempre coincidentes- THE SET-UP es un film realmente brillante, por más que no la considere esa obra maestra que otros pretenden.

Basado en un poema de Joseph Moncure March editado en prensa en 1928, se plasma con una unidad cronológica de narración lineal –como pocos años después acogería Fred Zinnemann en su SOLO ANTE EL PELIGRO (High Noon, 1952)-, la historia de un ya veterano y fracasado boxeador Stoker (Robert Ryan) en la búsqueda desesperada del que sería el triunfo que resolvería su vida. Las dos vertientes que ofrece la película es la crónica del submundo de bajos fondos, compras de partidos y bajezas morales que existe en torno al boxeo. Sin embargo y de forma más sutil, se brinda el intento de recuperar la dignidad por medio del calvario, hacia su esposa y hacia si mismo como persona.

La película, que goza de una excelente iluminación de Milton Krasner, nada en las mejores aguas del cine negro norteamericano, combinando estereotipos fáciles con otros caracteres igualmente mostrados de forma escueta, en los que si se asoma el sentido de la humanidad. Este es el caso de la panorámica que en el vestuario muestra a todos los contendientes del equipo, en el que vemos desde seres con ganas de triunfar a otros decididamente perdidos para la sociedad. Al mismo tiempo, en esos compases iniciales las obviedades y subrayados visuales aparecerán de forma evidente.

Buena parte del acierto del film estriba en dotar de enorme humanidad al personaje de Stoker (la labor de Ryan es absolutamente fabulosa tanto en esta vertiente como en las magnificas secuencias de combate, el actor había sido boxeador en el pasado). Su mirada siempre vulnerable, ambígua y llena de evocaciones sobre todo al dirigirla hacia los más jóvenes, es realmente efectiva.

Y llegamos a ese combate entre Stoker y Nelson (estupendo Hal Baylor). Es en esos fragmentos donde se da de la mano lo mejor y lo peor del film. Y es que las secuencias de la pelea deben ser consideradas, por derecho propio, entre las más crueles, veraces y al mismo tiempo documentales que jamás se han ofrecido en la pantalla –hay que recordar la reciente pelea brutal que Wise había introducido en el extraño western BLOOD ON THE MOON (1948)-. El hecho de ofrecerse a tiempo real y no obviar la brutalidad de los lances, además con unas angulaciones veraces y una luz blanquecina, otorga a esos fragmentos caracteres de excepción. Pero es en los mismos donde aparece esa tendencia a la obviedad y el subrayado, que tiene su límite máximo en esa señora que solo sabe decir matalo, matalo y de la que finalmente se muestra un horrible plano de su boca pronunciado esos improperios. Ciertamente, todo lo que la pelea en si es un alarde de dolorosa sinceridad, los planos de repercusión en el público de la pelea, dejan mucho que desear e incluso contradicen el espíritu de la misma.

Pero tras ganar la pelea contra Nelson –que previamente se había amañado para perderla- Stoker tendrá que purgar ante la banda de mafiosos que compraron su derrota. Y en unas secuencias llenas de atmósfera, vigor narrativo y sentido expresionista del encuadre, estos lucharan –no sin resistencia- contra Stoker. Finalmente, le chafarán la mano, mientras la cámara gira de forma chirriante hacia la sombra de una batería con sones altisonantes – una simple sombra del brutal momento hubiera sido mucho más efectiva-. Instantes después, Stoker logrará recuperar el cariño de una mujer que tan solo quería que abandonara la profesión. Ahora así será, aunque está claro que no mereció la pena toda su amplia trayectoria.

Hay quien señala que THE SET-UP es la mejor película sobre el mundo del boxeo. Yo no comparto esa afirmación, aunque si haya que reseñarla al citar los títulos más destacados de la materia. Pese a los inolvidables minutos de la pelea, y demasiados elementos chirriantes y discursivos que se extienden a lo largo de todo el film. Es más, Robert Rossen supo sortear esta tendencia al incorporar un especial sentido poético y trágico a su CUERPO Y ALMA (Body and Soul, 1947) por más que en ella existiera un final feliz.

Resumiendo: THE SET-UP es una de las mejores películas de la primera etapa de Wise, pero al mismo tiempo en ella ya se detectan algunas de las debilidades narrativas que muy pronto se adueñarán de obras posteriores. Entre el regusto al cine negro, su denuncia de un deporte inmundo y su tendencia al subrayado y a la evidencia –que camparían por sus respetos en la posterior implicación en este tema de Wise –MARCADO POR EL ODIO (Somebody Up There Likes Me, 1956)-, gira este film que, con todas sus objeciones, se me antoja honesto y vigente en nuestros días.

Calificación: 3

THIRTEEN (2003, Catherine Hardwicke) Thirteen

THIRTEEN (2003, Catherine Hardwicke) Thirteen

THIRTEEN

Soy de los que piensan que como en todo subgénero que se precie, va siendo hora que se realice un estudio serio sobre el cine juvenil USA realizado en los últimos años. Hace unos meses contemplaba una a mi juicio nada desdeñable muestra de esta tendencia en la controvertida LAS REGLAS DEL JUEGO (The Rules of Attraction 2002) la cual, con todas las objeciones que se le quisieran formular, al menos intentaba una visión caústica y dramática de esta juventud ociosa, acomodada y de escasos valores, combinándola con una alternativa narrativa sin duda desigual pero al menos loable.

No ha sido el caso de esta THIRTEEN que, lo confieso, ha sido una de las mayores torturas que he soportado en los últimos meses en materia cinematográfica. Se nota que soy un bicho raro en estos mundos del séptimo arte, puesto que la ópera prima de la tal Catherine Hardwicke ha sido envuelta en galardones, entre ellos el de ¡¡¡mejor dirección!!! en el Festival de Sundance 2003. Y es que si algo detesto en el cine es la pendatería y esos sempiternos duros de chocolate que a veces nos endilgan camuflados de films importantes y que no encubren más que ineptos modos cinematográficos y una insoportable moralina encubierta de falso progresismo y lucidez.

Todo ello se puede aplicar punto por punto a este THIRTEEN, que con cuenta la extraña relación de dos asquerosas niñatas pijas residentes en Santa Mónica que se relacionan repentinamente -Tracy y Evie-, entablando entre ellas una tortuosa relación de dependencia que les lleva al masoquismo, la droga y la pequeña delincuencia. Evie acude a vivir temporalmente a casa de Tracy, en la que vive con su hermano menor y su madre divorciada (Holly Hunter), una mujer que ha salido de su lucha con la droga. Todo ello se envuelve en un entorno universitario y ambientes ociosos, relaciones sexuales superficiales, etc.

En definitiva, nada nuevo bajo el sol puesto que todo esto nos ha sido expuesto ya mil veces en el cine, y sobre todo de mejor manera. Y es que la supuesta puesta en escena de la Hardwicke es una sucesión de zooms arriba y abajo, planos sin respetar el eje, otros inclinados, algunos cortos. En definitiva, toda una suerte de recetario de lo que no se debe hacer en el cine que, por lo que veo, ha encandilado a no pocos al ver que eso es otra forma de ver el cine y creen que así la supuesta problemática expuesta es más profunda y trascendente. Por el contrario, en mi opinión hacía mucho tiempo que no veía algo tan pedante, gratuito y en el fondo servil al sistema que aparentemente quiere criticar.

Por que pese a las secuencias de sadismo, a los cortes en las muñecas –ya estoy harto de que en la pantalla se simbolicen las crisis juveniles con cortes de venas- y los transgresores besos lésbicos, en realidad todo se reduce a la búsqueda del amor filial entre padre e hija con el que al parecer todo se arregla, tras la travesura de la pobre Tracy -¡que penita la nena!-.

Pero la artífice de la farsa no se priva de mostrar secuencias para el lucimiento del nuevo lanzamiento hollywoodiente –Evan Rachel Word- y, por supuesto, la astuta Holly Hunter que llora y sufre como una buena mamá en agradecidos primeros planos. Y es que si leemos los títulos de crédito vemos que ha impuesto la ley de su reducido estrellato como una de las productoras ejecutivas ¡Ay, la Hunter, que ha hecho ya su favor con la sociedad comprometida USA! De verdad, me quedo de lejos con el superficial e irónico sentido crítico de FUERA DE ONDA (Clueless, 1995) antes que con una bazofia que pretende darte gato por liebre ¡Con su pan se lo coman!

Calificación: 0

AUMENTANDO VIDEOGRAFÍA

Compras en DVD: LOS QUE NO PERDONAN (John Huston), EL HOMBRE QUE VENDIÓ SU ALMA (William Dieterle), SONRISAS Y LÁGRIMAS (Robert Wise), DOS EN LA CARRETERA (Stanley Donen), EN LO MÁS PROFUNDO (David Siegele & Scott McGehee) y LAS HORAS (Stephen Daldry)
Grabaciones en VHS: NOCHE DE VERANO (Jorge Grau), LENNY (Bob Fosse), NARCISO NEGRO (Michael Powell & Emeric Pressburger), MÁS ALLÁ DE LAS LÁGRIMAS (Raoul Walsh), UNO ROJO: DIVISIÓN DE CHOQUE (Sam Fuller), SANGRE EN LA LUNA (Robert Wise) y VIAJE AL CENTRO DE LA TIERRA (Juan Piquer)

THE DEVIL AND DANIEL WEBSTER (1941, William Dieterle) El diablo y Daniel Webster

THE DEVIL AND DANIEL WEBSTER (1941, William Dieterle) El diablo y Daniel Webster

El mito de Fausto ha sido llevado al cine en un gran número de ocasiones. Desde la celebre versión de Murnau hasta la menospreciada y desconocida (Beddazzled, 1967) de Stanley Donen pasando por diversas variantes, es evidente que la tentación de plasmar esta historia es indudablemente atractiva para la pantalla. Consciente de ello y de sus antecedentes escénicos incluso trasplantados al cine en rarezas como EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO (A Mudsummer Night’s Dream, 1935). Es evidente que William Dieterle se planteó EL HOMBRE QUE VENDIÓ SU ALMA (The Devil and Daniel Webster, 1941) como una obra muy personal y ello se trasmite -a todos los niveles-, en su resultado final.

Eso se nota ya desde los propios títulos de crédito, en los que se plasma el equipo delante de la pantalla –los actores- y detrás de la pantalla –técnicos- sin pormenorizar su cometido concreto. Indudablemente, nos encontramos ante un producto de qualité de la R.K.O. Ello no va en absoluto en menoscabo de sus intenciones y resultados, ya que el propio Dieterle dio vida a otras proyecciones enclavadas en los parámetros de una producción cuidada y unas referencias culturalistas. En esta ocasión se centra en una fábula moral que oscila entre dos fuentes genéricas: la mezcolanza entre el fantastique que ampara su base argumental y parte de sus elementos narrativos, y el denominado género denominado american que abarca películas de muy diferente índole que tienen el denominador común de ambientarse en el entorno rural de una Norteamérica de finales del siglo XIX.

Es evidente que junto a ello se da cita la tendencia pictórica del realizador, volcado en numerosas ocasiones en la creación de composiciones plásticas y escénicas recargadas y que acusan por un lado una notable influencia expresionista, y por otro algunas de las innovaciones puestas en evidencia con la wellesiana y reciente CIUDADANO KANE (Citizen Kane, 1940). A muchos les resultarán familiares las composiciones de planos en contrapicado con presencia de techos, iluminaciones en claroscuro muy contrastadas, luces sobre los rostros de los actores.... Una amalgama de elementos dramáticos que en no pocas ocasiones deslumbran –y más en aquella época- pero que en su conjunto pecan de cierta irregularidad.

La película narra las andanzas del joven Jabez Stone (rudo, vulnerable y en el fondo ingenuo personaje encarnado con fuerza por James Craig), casado granjero al que acompañan las desdichas y que es sometido a la tentación del diabólico Mr. Scratch (un divertido pero quizá excesivamente histriónico Walter Huston). Stone cae ante la propuesta de siete años llenos de bonanza económica y acuciado por una situación personal angustiosa. Pronto se integra en la riqueza repentina y la mala administración de una nueva personalidad. La historia es conocida de todos, pero en este caso se le introduce esa vinculación con la Norteamérica del discurso sobre el nacimiento sobre la nación, mediante el personaje de Daniel Webster (sensacional William Arnold). Todo ello es evidente que procedería del original escénico obra de Stephen Vincent Benet –igualmente colaborador en la adaptación de su propia obra-, pero no es menos cierto que Dieterle ofrece todo un recital de composición de planos, de dirección de actores y de experimentación estética realmente precursor –pienso por ejemplo en cuantos títulos posteriores se han trasladado secuencias como ese baile-pesadilla en la fiesta organizada en la flamante mansión de Stone-.

Elementos como ese son los que inciden en ese lenguaje y tendencia fantastique que se ofrece de forma interrumpida a lo largo del metraje –he tenido suerte de contemplar una versión extendida del mismo de cerca de 110 minutos en vez de la acortada en su momento que no alcanzaba la hora y media de duración-. A ello contribuye la renovadora banda sonora de un joven Bernard Herrmann que ya anticipa algunas de sus constantes musicales y que otorga una notable personalidad al conjunto del film. En cualquier caso, he de señalar que pese a parecerme un film muy notable, prefiero con mucho la sutileza aportada por Dieterle en otras de sus películas tangentes con el género –como es el caso de la magnífica JENNIE (Portrait of Jennie, 1948) o incluso la menos conocida CARTAS A MI AMADA (Love Letters, 1945)- y en algunos momentos –la alocución final de Webster en ese fantasmagórico juicio-, resulte bastante discursiva. Sin embargo, me quedo con mucho con instantes tan espléndidos como aquel que con escasísimos primeros planos nos expresa la pulsión sexual existente entre Stone y su joven esposa –la excelente Anne Shirley-, que generará su único hijo.

A la hora de señalar influencias, hay una que me parece muy notable en esta película, y es la del excelente film realizado por el generalmente mediocre Sam Word –SINFONÍA DE LA VIDA (Our Town, 1940)-, que debe no pocas de sus virtudes al original de Thornton Wilder al colaboró estrechamente en su gestación- con la que pese a ubicarse en periodos diferentes comparte la inclinación por lo fantástico y el entorno rural americano –y me atrevería a señalar que algunos de sus actores-. En suma, una prueba más de las singularidades que el Hollywood de la década de los años 40 permitía a realizadores como Dieterle, del cual me gustaría tener la oportunidad de visionar mas títulos de su –pese a todo- irregular filmografía, pero que sin lugar a dudas propone una trayectoria llena de interés.

Calificación: 3’5

 

DOS EN LA CARRETERA: una edición esperada

DOS EN LA CARRETERA: una edición esperada

Estoy seguro que todo aficionado añora en su interior la edición en DVD de algunos de aquellos films que permanecen en su memoria. En ocasiones nos sorprendemos al ver que se editan autenticas bazofias que ofenden la inteligencia y permanecen en la penumbra películas que merecerían desde hace tiempo ser rememorados en el nuevo y extendido formato.

Ese era para mi el caso de DOS EN LA CARRETERA (Two tor the Road, 1967) de Stanley Donen, que no tengo el rubor en confesar que es mi película favorita de todos los tiempos. Recuerdo como si fuera ayer –era exactamente el 30 de diciembre de 1981- cuando por vez primera contemplé la obra maestra de Donen en una copia muy deteriorada que se exhibió en un revelador ciclo sobre comedia americana en los antiguos locales de la Filmoteca Valenciana –el entrañable escenario del Valencia Cinema-. Salí de aquella sesión conmovido –y lo confieso, llorando- y es curioso señalarlo, a los cinco minutos de empezar su proyección supe que sería un título especial en mi memoria cinéfila.

Soy consciente que el obra de Donen tiene numerosos detractores y también muchísimos admiradores, como es mi caso. No importa, creo que jamás me ha impresionado tanto en el cine el retrato de la vida de pareja que se ofrece en sus fotogramas. Más allá del prodigio de su guión, sus complejos intercambios temporales, la asombrosa autenticidad de su pareja protagonista, la inolvidable partitura de Henry Mancini y, en definitva, la brillante realización de Donen, TWO FOR THE ROAD respira verdad a través de sus aparentes ropajes de la alta comedia y su estética sixtie. Es algo difícil de explicar pero muy fácil de sentir asistiendo a su proyección y que se extiende al conjunto de unos fotogramas que escrutan el proceso de evolución y desgaste de una pareja –Mark (Albert Finney) y Joanna (Audrey Hepburn)- ilusionada en sus comienzos, acomodada posteriormente y consciente de que nada es inmutable pero en la convivencia siempre queda algo que quizá en ocasiones convenga mantener.

Siempre he dicho que cualquier pareja con la intención de casarse debería ver antes esta película, sin que por ello renunciara a su deseo. Junto con CHICA PARA MATRIMONIO (The Marrying Kind, 1952) (George Cukor) y CON LOS OJOS CERRADOS (The Happy Ending, 1969) (Richard Brooks, que siempre he considerado una clara prolongación de esta película), constituyen las más hondas disecciones que se han realizado sobre el matrimonio burgués de la segunda mitad del siglo XX. Pero es que además en este caso no se trata solo del matrimonio sino de la convivencia en pareja, que el propio Donen incluso implicó –de forma un tanto caricaturesca pero efectiva- a la pareja homosexual en LA ESCALERA (Starcaise, 1969). Pero DOS EN LA CARRETERA supone la sublimación –y al propio tiempo su testamento- de un modo de conformar la comedia emparentada a partes iguales con el musical y el melodrama. Era una forma de entender el cine que en los años sesenta fascinó, luego cayó en descrédito por parte de la crítica y que abarcó títulos realizados por realizadores de la talla del propio Donen, Edwards, el lamentablemente olvidado Quine, Minnelli e incluso Wilder –EL APARTAMENTO (The Apartment, 1960)-. Reconozco mi debilidad por ese estilo que, bajo mi punto de vista, constituyó la última edad de oro de la comedia norteamericana y tantos ratos de placer me proporcionó.

Finalmente, con una carátula horrorosa –como le es habitual a esta distribuidora- Bella Visión ha editado casi de tapadillo esta gran obra. No es el primer excelente título que lanzan al mercado. Recientemente publicaron el inmortal AMANECER (Sunrise, 1927) de Murnau, y poco antes lanzaron al mercado joyas como MUJERES EN VENECIA (The Money Pot, 1967) (Joseph L. Mankiewicz), LA COMEDIA DE LOS TERRORES (The Comedy of Terrors, 1963) (Jacques Tourneur) o ÁNGELES SIN PARAÍSO (A Child is Waiting, 1963) (John Cassavetes). Cuando he comprado el DVD del film de Donen tenía un miedo enorme a que no se respetara su espléndido formato panorámico, puesto que recientemente se publicó en el Reino Unido con una adaptación y las denuncias ante la amputación del mismo fueron ruidosas. Afortunadamente, los temores han sido infundados y la edición exhibe una copia impecable –aunque no remasterizada-, con los correspondientes subtítulos y el trailer del momento de su estreno –que ciertamente no hace justicia a la película-.

Me siento feliz de tener ya en mi colección DOS EN LA CARRETERA en DVD. Eso me hará desechar las penosas ediciones en VHS que recortaban la película a pantalla cuadrada. Cada persona tiene en la memoria interna de su cerebro y su corazón, instantes, sensaciones, obras de arte de todo tipo, que han configurado su personalidad y sensibilidad. Equivocado o no, TWO FOR THE ROAD ocupa un lugar privilegiado tras mas de treinta visionados y aquel descubrimiento de hace casi un cuarto de siglo. Hace un rato no pude resistir la tentación de ver un fragmento conectando el DVD y el hechizo se mantenía vigente. La obra maestra de Donen – Raphael – Hepburn – Finney – Mancini – Sallis y todos cuantos colaboraron en su realización, sobrevivió la prueba inclemente del tiempo, ya que se trata de un testimonio eterno sobre la convivencia en la vida. Aquellos que no la han contemplado no se la pierdan, se sentirán muy cercanos en los aparentemente sofisticados personajes, y tras su proyección serán un poco más sabios en la vida.

LENNY (1974, Bob Fosse) Lenny

LENNY (1974, Bob Fosse) Lenny

Hay films que de forma involuntaria se erigen como ejemplos de lo que estaba de moda en el ambiente cinematográfico de un determinado periodo. LENNY es uno de ellos. Treinta años después de su filmación, la tercera obra del excelente ex-coreógrafo y prescindible director que fue Bob Fosse queda como una película mediocre y justamente olvidada –aunque en su momento encandilara a público y crítica-.

Una vez más y tal y como sobrellevó en toda su filmografía, Fosse eligió en LENNY una historia ambientada en el mundo del espectáculo. Basada en un previo éxito teatral de Broadway original de Jules Barry, la historia narra la trayectoria del cómico judío Lenny Bruce, conocido por su aparente humor transgresor y provocador. Una singularidad que le sobrellevó el éxito en diferentes sectores al tiempo que por sus continuas persecuciones y encontronazos judiciales, finalmente le ocasionó la ruina y su prematura muerte.

Es evidente que la propuesta se ofrece como un film importante. La elección del blanco y negro, sus sencillos títulos de crédito, el hecho de ser una de las últimas operaciones de prestigio de un estudio como la United Artists, experta en este tipo de cine –no entro en valorar sus resultados, más sí la elección de temas-. El problema de la película está señalado a mi juicio en dos cuestiones complementarias. Por un lado ese aparente zoom a la personalidad de un artista provocador mediante los testimonios entrecortados de las gentes que le rodearon carece de verdadero interés. No entiendo como pudo provocar tantas filias y fobias alguien que en la mayor parte de sus actuaciones realizaba chistes hoy realmente caducos sobre la sexualidad y posteriormente se erigió en gurú del pensamiento. Para entendernos, es como si se realizada una película sobre Moncho Borrajo –que, lo admito, tiene su público pero un servidor detesta-. En el fondo nos encontramos con un biopic de lo más convencional que narra el ascenso, triunfo y caída de un artista, por más que sus ropajes exteriores y aditamentos parezcan novedosos e interesantes.

Pero es que además del cúmulo de convenciones de su guión, la película destaca por su narrativa caduca, con planos cortos, primeros planos, mezclando los tiempos de forma estimo que gratuita. No es que sea un detractor acérrimo de esa forma de planificar y montar –hay films que eligieron esa vía que me entusiasman, aunque reconozco que prefiero con mucho el clasicismo formal-. Pero es que LENNY me parece un film pretencioso en su planificación. Recuerdo especialmente con horror esa infinidad de planos cortos que muestran a un público escéptico y poco receptivo con el nuevo cómico en sus pasajes iniciales, y más adelante aplauden embobados su torrente de ingenio. Conforme va discurriendo la película, Fosse busca una planificación más clásica hasta que finalmente ofrece en picado desde las gradas de un esceanrio un plano secuencia con la actuación final de Bruce –el numerito histriónico máximo de Dustin Hoffman, que por supuesto recibió su correspondiente nominación al Oscar-. No hay que ir muy lejos, puesto que en su anterior realización –la aclamada y envejecida CABARET-, ya incidía en esos zooms, planos de repercusión del público
y en un pretendido y superficial carácter brechtiano que también inunda buena parte del título que nos ocupa –se insertan afirmaciones / pensamientos del propio Bruce en algunas de sus actuaciones que subrayan momentos de su biografía-.

Si realmente la película se sostiene en alguno de sus elementos –mas allá del brillante trabajo de Valerie Perrine en el papel de la esposa del cómico-, es sin duda en la extraordinaria fotografía en blanco y negro de Bruce Surtees. Aunque sin duda ello motivó determinados encuadres y soluciones formales, lo cierto es que sin ese magnífico trabajo del veterano operador la película que quedaría en lo que -a mi juicio- es; una pompita de jabón disfrazada de discurso trascendente sobre la integridad del artista y su compromiso como testigo activo de los vicios de una sociedad. En este caso el puritanismo en la Norteamérica de un pasado no tan lejano y que lamentablemente, se repite en nuestros días.

Calificación: 1

UN AÑO SIN CINECLASSICS

La circunstancia de visionar en días sucesivos –ver Mis Críticas- films que podríamos encuadrar dentro de la serie B de un periodo dorado –en todas las vertientes- de Hollywood, no ha hecho mas que acentuar mi añoranza como aficionado ante la ausencia un año ya, del canal de televisión por cable que mayores satisfacciones me ha proporcionado como amante del cine: Cineclassics

En septiembre de 2003 y fruto de la lamentable fusión puesta en bandeja al ínclito Jesús de Polanco, a los abonados se nos ofrecían nuevos paquetes con menor producto –mas allá de que sus campañas mediáticas nos quisieran hacer ver lo contrario- a un coste superior. Sin lugar a dudas, y de forma incomprensible ya que debería ser bastante económica la adquisición de derechos de emisión de películas en blanco y negro, Cineclassics abandonaba de forma brusca la parrilla del nuevo Digital Plus, dejándonos a muchos aficionados realmente con una laguna difícil de llenar.

Ya llevaba unos meses abandonando sus rasgos característicos al emitir títulos en color u productos españoles de baja estofa. Sin embargo, la supresión del canal fue toda una puñalada trapera al cinéfilo, que encontraba en sus proyecciones y presentaciones todo un oasis que, ni de lejos, ha cubierto la posterior DcineStudio o el actual –otro cambio de look- Cinemanía Clásico.

Un año después de que desapareciera de la programación con un sorprendente silencio mediático –Polanco no deja cabos sueltos-, aun no he logrado acostumbrarme a los placeres que me proporcionaba su programación, a la sorpresa mensual y semanal de poder comprobar en su programación que rarezas, films de serie B, serie Z, títulos reconocidos... Una amalgama de ciclos, sorpresas, títulos apenas expuestos en las programaciones televisivas de unos canales que solo se preocupan por exhibir películas de nulas cualidades y amplio potencial de audiencia.

Cineclassics se ocupaba del cine norteamericano clásico, pero también lo hacía del italiano, el francés o el propio español. Aquel aficionado acostumbrado a grabar buena parte de su programación, atesoró un impresionante archivo filmográfico prácticamente imposible de lograr de otro modo. Recuerdo contemplar en prensa el avance de sus emisiones desde finales de los noventa. Sin embargo, no fue hasta mayo de 2000 cuando pude afiliarme al entonces Canal Satélite, disfrutando de más de 3 años de la programación de este canal. Sería incontable la cantidad de oferta ofrecida semana a semana. Films de Ulmer, Hathaway, Richardson, Visconti, Ford, Hawks... Realmente todos los grandes y los menos grandes tuvieron cabida en una parrilla que se completaba con títulos procedentes del serial o la Monogram –por citar dos ejemplos puntuales-, de duraciones que en ocasiones excedían en poco la hora –lo que venía muy bien para completar cintas-.

Para dar una prueba de ello, he elegido al azar –y aseguro que ha sido de esa forma-, la programación de este canal en tres semanas consecutivas –las comprendidas entre el 13 de septiembre y el 3 de octubre de 1999 (aun no era yo abonado)- separadas por sus respectivos bloques semanales-. No se pongan los dientes largos, aquello ya pasó:

(1959) PESCANDO MILLONES (Manuel Mur Oti)
(1948) HE WALKED BY NIGHT (Alfred L. Werker y Anthony Mann)
(1935) MARES DE CHINA (Tay Garnett)
(1944) LAS LLAVES DEL REÍNO (John M. Sthal)
(1962) TOTO DIABOLICUS (Steno)
(1945) LAS PUERTAS DE LA NOCHE (Marcel Carné)
(1960) CASANOVA JECKILL (Mario Girolami)
(1958) LA CULPA FUE DE EVA (Steno)

(1964) LA FURIA DE LOS COBARDES (George Marshall)
(1961) MILAGRO A LOS COBARDES (Manuel Mur Oti)
(1962) EL MILAGRO DE ANA SULLIVAN (Arthur Penn)
(1947) DÉBIL ES LA CARNE (John M. Sthal)
(1936) LE GOLEM (Julien Duvivier)
(1962) LE SEPTIÉME JURÉ (George Lautner)
(1952) DOS JUAN TENORIO (Alejandro Perla)
(1962) I DUE COLONNELLI (Steno)

(1934) EL ENEMIGO PÚBLICO NÚMERO UNO (W. S. Van Dyke)
(1966) EL ESCUADRÓN DEL PÁNICO (Manuel Mur Oti)
(1964) ONE WAY PENDULUM (Peter Yates)
(1946) BEHIND THE MASK (Phil Karlson)
(1944) AUGEN DER LIEBE (Alfred Braun)
(1958) ARQUÍMEDES EL VAGABUNDO (Giles Grangier)
(1956) PIEDRAS VIVAS (Raúl Alfonso)
(1954) LA REBELIÓN DE LOS COLGADOS (Alfredo B. Crevenna)

¿Qué no todos son obras maestras y incluso algunos son malos films? Es evidente, pero no es menos cierto que todos –absolutamente todos- suponían oportunidades únicas y, por lo que temo perdidas, de contemplar películas poco conocidas e incluso completar filmografías de realizadores, actores y técnicos. En los títulos reseñados, por ejemplo, se podían atisbar algunos de John M. Sthal –cineasta a revisar-, series B de Phil Karlson, películas del extraño Manuel Mur Oti o alguno de los primeros títulos de ese competente artesano británico que es Peter Yates.

Cada semana, cada mes, Cineclassics nos proporcionaba placeres renovados. Retomando la fórmula que años atrás que hizo del Cine Club de TVE2 una autentica filmoteca desde los años 70 –permitiendo que generaciones de aficionados se familiarizaran con el cine clásico-. Finalmente, por la obtusa mente de Mr. Polanco y sus adláteres el mejor canal cinematográfico de tv por cable que jamás ha tenido España fue eliminado de un plumazo. Hace ya un año de ello pero ni las tertulias programadas en ¡Que grande es el cine! -cuya labor encomiable no debe dejarse de lado en las programaciones de hoy día-, y el no disponer de Cinematek de Vía Digital, nos priva a muchos aficionados a la ventana de un cine cada día mas difícil de contemplar por la pequeña pantalla.

¿Por qué en esa famosa fusión no se ofreció a los cinéfilos el cambio por Cinematek? ¿No pertenece también a Digital Plus? Menos mal que en los últimos tiempos nos han regalado generosamente Canal Hollywood, que en ocasiones proyecta obras interesantes en blanco y negro. De cualquier manera, la huella de Cineclassics perdurará. Toda una manera de sobrellevar mi afición al cine se ha perdido lamentablemente, aunque algunos centenares de grabaciones y numerosas veladas memorables vividas en el pasado me permitan recordar los buenos ratos vividos. Menos es nada.