BLINDFOLD (1965, Philip Dunne) Misión secreta

Considerado con toda justicia, como de los mejores guionistas del periodo dorado de la 20th Century Fox -el comandando por el inolvidable Darryl F, Zanuck-, el norteamericano Philip Dunne alternó su principal cometido con una más que estimable trayectoria como realizador, que le permitió rodar una decena de largometrajes durante algo más de una década. He podido contemplar hasta el momento seis de ellos, y si bien ninguno revela cualidades extraordinarias, todos alcanzan un más que apreciable grado de interés, destacando la intensidad que atesoran HILDA CRANE (1956) y la posterior TEN NORTH FREDERICK (10, calle Frederick, 1958), si bien no cabe olvidar rarezas como uno de los mejores títulos protagonizados por Elvis Presley, como fue WILD IN THE COUNTRY (El indómito, 1961). El propio Dunne, que se consideraba un realizador bastante mediano, revelaba que su mayor cualidad se encontraba en la dirección de actores. Y es algo que, pese a esa extraña mezcla de suspense y relato festivo que evidencia BLINDFOLD (Misión secreta, 1965), se traslada a esta, la que sería su última relación para la gran pantalla, tanto como realizador, como escritor -en la misma actúa en calidad de coguionista-.
Nos encontramos en el ecuador de la década de los sesenta, y dentro del cine de entretenimiento de aquel momento gozan de especial aceptación las comedias de suspense. Tras la ya lejana estela de TO CATCH A THIEF (Atrapa a un ladrón, 1955) y NORTH BY NORTHWEST (Con la muerte en los talones, 1959), ambas de Alfred Hitchcock, años después se formalizó una nueva mirada en torno a este tipo de realizaciones, Stanley Donen dio vida a CHARADE (Charade, 1963), instaurando una corriente que tuvo su continuidad durante varios años, generando incluso su propio artífice una continuidad, con la generalmente denostada y a mi juicio superior ARABESQUE (Arabesco, 1966), Se trata de propuestas encabezadas por estrellas de mayor o menos calibre -a poder ser, insertando una pareja-, y oscilando su desarrollo entre la intriga y la comedia más o menos sofisticada, incorporando en su base argumental elementos de un romance que, indefectiblemente, se consolidará instantes antes del preceptivo The End. BLINDFOD se incorpora a esta vertiente, brindando un relato todo lo superficial y evanescente que se quiera, en el que surgen numerosos de los clichés de este subgénero. Sin embargo, la película no engaña a nadie, ofreciendo una propuesta placentera que se degusta con la misma facilidad que queda en el rápido olvido, aunque bajo sus costuras aparezca una pequeña reflexión sobre los falsos límites de la identidad en el ser humano.
Nos encontramos en el Central Park newyorkino, bajo el elegante formato panorámico, la atractiva iluminación en color del veterano Joseph MacDonald y la sinuosa fuerza del tema central de la banda sonora del emergente Lalo Schrifrin. Durante los créditos contemplamos el tranquilo cabalgar a caballo del prestigioso psiquiatra Bartholomew Snow (un maduro Rock Hudson, perfectamente cuajado en la comedia). El doctor será interceptado por el veterano general Prat (el siempre excelente Jack Warden), para forzarle en una aventura que modificará su hasta entonces tranquila vida profesional y de conquistador de damiselas. Se trata de empujarle a que participe en una misión secreta, destinada a tratar en un lugar desconocido a un reputado y joven científico gubernamental -Arhtur Vincenzi (Alejandro Rey)-, al que había tenido como paciente unos años atrás con resultados satisfactorios. Será este el punto de partida de una cada vez más peligrosa andadura, siendo destinado por las noches -vendado-, a una denominada Base X, en una serie de sesiones que se irán haciendo relativamente habituales. Sin embargo, dos graves problemas se entrecruzarán por el camino. De un lado, la extraña injerencia de un presunto paciente, que sobrelleva una soterrada tartamudez -Fitzpatrick (Guy Stockwell)-, y que pronto revelará la peligrosidad de su lado oscuro. De otro, la inesperada presencia de Vicky (refulgente Claudia Cardinale), la hermana bailarina de Vincenzi, que se convertirá inicialmente en toda una pesadilla para este, pero ante la que poco a poco se irán estrechando relaciones, sobre todo cuando ambos vivan situaciones de peligro en inquietantes zonas pantanosas.
De tal forma, que nadie se llame a engaño. No hay sorpresas en BLINDFOLD. Lo que propone esta comedia romántica de misterio, es el disfrute de hora y media de situaciones más o menos reconocibles, que servirán para que dos personajes tan opuestos, como los encarnados por Hudson y una Cardinale, destinada aquellos años en convertirse en una estrella europea de la comedia americana -THE PINK PANTHER (La pantera rosa, 1963. Blake Edwards), DON’T MAKE WAVES (No hagan olas, 1967. Alexander Mackendrick)-. Con dichos mimbres, Dunne traslada un argumento en donde no faltarán secuencias directamente slapstick -la lucha de Snow contra sus perseguidores en un almacén del parque, con la ayuda de un extintor, y la inesperada presencia de Vicky y un grupo de marinos voluntarios, la huida de la persecución del detective Harrigan (Brad Dexter), las peripecias con esa mula tan traviesa en los terrenos pantanosos-. Es cierto que en ocasiones ecos de la cercana MAN’S FAVOURITE SPORT (Su juego favorito, 1964. Howard Hawks), surgen en el entorno cómico del atribulado psiquiatra. También en su parte final tendremos secuencias de acción tan eficaces como formularias. Incluso Se desarrollarán escenas que apenas pueden sostenerse sin suspender nuestra credibilidad -aquella en la que dos maniquíes, que se encuentran escondidos en una lejana furgoneta embarrancada en el pantano, reaparecen para resolver una situación crítica-.
No obstante, lo mejor, lo más perdurable de BLINDFOLD reside una vez más, en los títulos rodados por Dunne, en aquellas secuencias y detalles que revelan esa inclinación del esporádico realizador por el cuidado de sus personajes, dedicándoles un especial cariño. Ello se podrá percibir en Smitty (Anne Seimour), esa abnegada secretaria del protagonista, no solo perenne en el despacho en todo momento, sino, sobre todo, conocedora a la perfección de la psicología de su jefe -ese instante de los primeros minutos, donde guarda la foto de la última y frustrada conquista de este, dentro de la colección de sus predecesoras-. Es más, en un momento determinado, ese beso furtivo que le brindará dejará entrever un soterrado enamoramiento. También destacan en la película momentos que revelan la capacidad de Snow para someter psicológicamente a sus interlocutores. Lo hará ese intento de acercamiento a Fitzpatrick, donde descubrirá ese latente tartamudeo, debilidad de su personalidad. Y, finalmente, y dentro de un ámbito humorístico, esas capacidades del psiquiatra aparecerán de manera inesperada con Harrigan, brindándonos una divertida secuencia de huida. Esa misma capacidad deductiva, surgirá entre Snow y Pratt en uno de los desplazamientos nocturnos en avión, ante la desconfianza del protagonista, a partir del testimonio brindado por Fitzpatrick el juego de miradas entre ambos resulta revelador, sin mediar diálogo alguno. En cualquier caso, justo es reconocer que Dunne centra sus esfuerzos al incentivar la creciente química de dos intérpretes tan opuestos como Hudson y la Cardinale. Y hay que reconocer que lo consigue -recordemos que cuatro años después volverían a protagonizar otra comedia policiaca; RUBA AL PROSSIMO TUO… (Guapa, ardiente y peligrosa, 1969. Francesco Maselli). Ello se evidenciará con presteza en la secuencia coral, en la que Snow visite la vivienda familiar de esta, confraternizando con sus típicamente italianos familiares. Sin embargo, minutos antes contemplaremos la muestra más relevante de esta atracción y, a mi juicio, el mejor momento de la película. Se trata de la desarrollada en la portería de la casa Vicky, donde en el frustrado intento del psiquiatra de abrir la puerta, se podrá contemplar que algo ha nacido entre ellos, y que ha hemos percibido en el viaje previo en taxi, tras una histriónica pelea entre ambos, auspiciada por el médico para que la muchacha no revelara su relación con el joven científico.
Calificación: 2’5