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CINEMA DE PERRA GORDA

PATTERNS (1956, Fielder Cook) [El precio del triunfo]

PATTERNS (1956, Fielder Cook) [El precio del triunfo]

El ecuador de la década de los cincuenta del pasado siglo, fue un contexto propicio para que en el seno del cine norteamericano se insertara una saludable corriente crítica, con ciertos de los estamentos que forjaban el pretendido progreso social de su vida urbana. Sería un marco de claro matiz de denuncia, en el que quizá su exponente más rotundo lo manifestara la magnífica SWEET SMELL OF SUCCESS (El dulce sabor del éxito, 1957. Alexander Mackendrick), pero que mostró ejemplos tan interesantes –aunque algunos de ellos notablemente envejecidos-, como THE HARDER THEY FALL (Más dura será la caída, 1956. Mark Robson), THE BIG KNIFE (1955, Robert Aldrich), A FACE IN THE CROWD (1957, Elia Kazan) o la propia 12 ANGRY MEN (Doce hombres sin piedad, 1957. Sidney Lumet). Estas y otras referencias destacaban por expresarse en un sombrío blanco y negro, estar confeccionadas con un tono grave, manifestadas dentro de un contexto dramático acusado, y bordeando en alguna ocasión la frontera del moralismo más primitivo o la tendencia del film de tesis. En su conjunto, y pese a lo envejecidas que en algunos casos hayan manifestado sus formas, resulta obligado reconocer la valía de esta tendencia discursiva que, como señalaba, también logró consolidar ráfagas de buen cine, puede que más valiosas cuando estas se escoraban a la esencia de sus objetivos, y dejaban de lado un énfasis visual hoy día obsoleto –algo que manifestarían de modo especial los títulos de Kazan y Aldrich mencionados-.

 

Dentro de esta tendencia del cine USA, se encuentra presente un título quizá menos reconocido y recordado, en la medida de estar realizado por el entonces debutante Fielder Cook, cuya trayectoria posterior ha quedado absolutamente diluída –aunque en ella se contenga un extraño y claustrofóbico western de intriga como A BIG HAND FOR THE LITTLE LADY (El destino también juega, 1966)-, haciendo más fácil su olvido que si estuviera firmado por un nombre más reconocido. Si a ello unimos que PATTERNS (1956) jamás se estrenó comercialmente en nuestro país –solo en alguna ocasión ha sido emitida en España por televisión, con el título de EL PRECIO DEL TRIUNFO-, entenderemos que pese a gozar de cierta consideración en su país de origen, fuera de sus fronteras sea una película casi desconocida. Y es una lástima que ello suceda, ya que resulta una propuesta interesantísima, en la que además se aún el interés de su guión –obra de Rod Serling, posterior artífice de la mítica serie The Twilight Zone y autor asimismo del guión de la antes citada THE HARDER THEY ...- con una realización seca, austera, que sabe trasladar a la imagen el interés de la propuesta que trata.

 

PATTERNS narra la llegada al mundo ejecutivo de un complejo empresarial newyorkino, de un joven ex director de una pequeña fábrica en Ohio. Se trata de Fred Staples (Van Hefflin), captado para la entidad por parte del astuto, veterano e inhumano mandatario de la misma; Walter Ramsey (Everett Sloane). Su llegada coincidirá con la intención de Ramsey de relegar al vicepresidente de la empresa; William Briggs (Ed Begley). Briggs es un hombre de empresa al antiguo estilo, caracterizado por su humanisno y la cercanía con los trabajadores,  en abierta oposición con los métodos deshumanizados de Ramsey, hijo del fundador de la entidad. A partir de la creciente sospecha por parte del recién llegado de suponer un relevo para Briggs, tras haber conocido e incluso empatizado abiertamente con este a través de la nobleza de su personalidad, se planteará en la película la eterna dualidad del triunfo personal, a costa del sacrificio de esa persona que tienes enfrente y a que se ha de sacrificar en tu lugar.

 

El film de Cook describe el mencionado marco de actuación desde sus primeros fotogramas, a través de los planos de los exteriores de Wall Street –punteados por el sonido de las campanas-, que desfilan ante la pantalla mostrando una amenazadora jungla arquitectónica, que centrará su radio de acción al mostrar el funcionamiento interior de la empresa comandada por Ramsey. Como si procediera de un ritual no muy alejado de la alienante estampa de METRÓPOLIS (1927, Fritz Lang), contemplaremos la cotidianenidad de una jornada de trabajo, haciéndolo mientras Staples se introduce en este marco laboral que para el ejercerá como auténtico eje de evolución personal. Por tanto, el espectador descubrirá junto al protagonista, ese contexto ritual en el que se esconcen ambiciones, desprecios –las actitudes iniciales de las secretarias ante Marge (Elizabeth Wilson), la secretaria de Briggs-, desarrolladas en un contexto opresivo donde los buenos modales y las aparentes formas esconden un latente mundo de humillaciones y pugnas, en la que el compañerismo y la comprensión resulta por completo ausente. A partir de dichas premisas, Cook sabe desplegar las posibilidades del guión de Serling –ya entonces representado en la televisión de la época-, en un juego generalmente dominado por conversaciones de carácter confesional a dos, en las que el espectador se acercará a la psicología e intimidad de sus personajes. Una elección formal que reviste un especial acierto por la sequedad, concisión y sensación de verdad que cada secuencia desprende. De forma casi admirable, lo que quizá en manos de otro cineasta más proclive a lo discursivo hubiera naufragado en un mar de lugares comunes, en PATTERNS ofrece una comprensión y sinceridad por momentos admirable. Es probable que el director supo atenerse a las sugerencias del material dramático que tenía en sus manos, pero lo cierto es que lo trasladó a la pantalla con un pudor y una sencillez expresiva, que incluso llega a mostrar la ambigüedad de todos los personajes en litigio. Es decir, que no dejará incluso de vislumbrar esa tentación de Staples por alcanzar ese rápido ascenso en el mundo de las finanzas –a lo que ayudará de manera notable la ambición demostrada por su esposa, uno de los personajes finalmente redimidos en la película, pero de cuyo tratamiento se desprende un alcance crítico considerable-, y al mismo tiempo finalmente planteará una vertiente justificativa de la manera despiadada que Ramsey demuestra en todo momento para administrar su empresa, que llegará a cobrarse incluso una víctima mortal.

 

Toda una madeja de intereses y ambiciones latente y nada ocultas, desarrolladas a modo de rito dentro de un  marco recargado e incluso axfisiante, y que Fielder Cook logrará mostrar con un notable interés, valiéndose para ello del eminente trabajo aportados por todos sus intérpretes, en especial el cuarteto que alcanza un mayor protagonismo en el relato –Hefflin, Sloane, Begley y Wilson). Con un trabajo coral magnífico –es asombroso comprobar los instantes en las Marge demuestra un sincero acercamiento a Staples, a quien en los primeros momentos contemplaba con rechazo-, no puedo dejar de reconocer que la aportación de Ed Begley me pareció absolutamente conmovedora. Su capacidad para exponer un optimismo exterior, la vulnerabilidad de su personaje, su dignidad herida y la manera con la que encaja la humillación que llegará a costarle la vida, conforman a mi modo de ver uno de los logros interpretativos más memorables del cine norteamericano de su tiempo.

 

PATTERNS no alcanza, finalmente, la dureza casi mineral que ofrecía el ya mencionado film de Alexander Mackendrick –uno de los hitos del cine USA de mediada la década de los cincuenta-, pero sigue manteniendo incólume el interés de su propuesta, aunando la representatividad del contexto en el que fue realizada junto a la plena actualidad de sus enunciados. Y es que el ser humano puede evolucionar en aquellos elementos que rodean su existencia, pero en modo alguna olvidar esa dualidad que encierra su propia configuración como tal.

 

Calificación: 3

El cine visto en 2009; entre la crisis y la perseverancia

El cine visto en 2009; entre la crisis y la perseverancia

Es la sexta ocasión en la que, a través de CINEMA DE PERRA GORDA, incluyo el listado anual de títulos contemplados. 2009 ha sido, también para mí, un año de cierta crisis. Lo ha supuesto en la medida de haber contamplado solo 234 películas -unas 45 menos que en 2008-, unido a 16 reposiciones o revisionados. Además de esa reducción numérica, también ha descendido un tanto el nivel de calidad de lo visionado. No por ello me quejo de la "cosecha" a la que me he acercado en los últimos doce meses, sobre la que tengo que brindar un agradecimiento muy especial a losresponsbales del foro cine clásico, gracias a cuya perseverancia podemos acceder a títulos de otra manera inaccesibles.

Señalar que esta clasificación ofrecida según la punutación otorgada, no inserta aquellas ocasiones en las que valoro con un "2’5" -es decir, con decimales-. Habréis comprobado que muchos de sus títulos se encuentran comentados en el blog y, finalmente, si tuviera que quedarme con una sola de las películas vistas en 2009, elegiría la sorprendentemente anónima OF HUMAN HEARTS (1938), una extraordinaria y conmovedora obra de Clarence Brown, que en breves fechas será comentada en CINEMA DE PERRA GORDA. De momento, ahí va la relación de lo visto el año que hemos concluído.

CLASIFICACIÓN DEL CINE VISTO EN  2009

 

CUATRO

.- (Bob le flambeur) BOB EL JUGADOR (Jean-Pierre Melville)

.- CUATRO HIJOS (John Ford)

.- (They Won’t Forget) (Mervyn LeRoy)

.- VIVIR EN PAZ (Luigi Zampa)

.- LA MUCHACHA DEL TRAPECIO ROJO (Richard Fleischer)

.- LA VIDA ÍNTIMA DE JULIA NORRIS (Mitchell Leisen)

.- EL INTERCAMBIO (Clint Eastwood)

.- RETORNO AL HOGAR (Joe May)

.- SUAVE ES LA NOCHE (Henry King)

.- LA CARRETA FANTASMA (Victor Sjöstrom)

.- PROCESO A LA CIUDAD (Luigi Zampa)

.- (Of Human Hearts) (Clarence Brown)

.- (Plymouth Adventure) (Clarence Brown)

.- (Holy Matrimony) SAGRADO MATRIMONIO (John M. Stahl)

.- EL DETECTIVE (Robert Hamer)

TRES

.- LOS TESTIGOS (André Téchiné)

.- (Single-Handed) / (Sailor of the King) (Roy Boulting)

.- QUEMAR DESPUÉS DE LEER (Joel & Ethan Coen)

.- (La donna del fiume) (Mario Soldati)

.- (Wings of the Hawk) (Budd Boetticher)

.- HORROR EN EL CUARTO NEGRO (Roy William Neill)

.- EL GENERAL MURIÓ AL AMANECER (Lewis Milestone)

.- (So Evil My Love) (Lewis Allen)

.- EL EXTRAÑO CASO DE BENJAMIN BUTTON (David Fincher)

.- (Four Sided Triangle) (Terence Fisher)

.- PASADO MAÑANA (Frank Borzage)

.- (Pearl of South Pacific) (Allan Dwan)

.- FLORES ROTAS (Jim Jarmush)

.- CRIMEN Y CASTIGO (Joseph Von Sternberg)

.- CUANDO VUELAN LAS CIGÜEÑAS (Milkail Kalatazov)

.- CASCO DE ACERO (Samuel Fuller)

.- VÍCTIMA (Basil Dearden)

.- DOS PARES DE MELLIZOS (Harry Lachman)

.- LA QUE PAGA EL PATO (King Vidor)

.- EL QUIMÉRICO INQUILINO (Roman Polanski)

.- ADIOS, PEQUEÑA, ADIOS (Ben Affleck)

.- LA BAHÍA DE LOS ÁNGELES (Jacques Demy)

.- LA CHICA DE BUBE (Luigi Comencini)

.- LA BALADA DEL SOLDADO (Gregori Tchujrai)

.- EL SARGENTO INMORTAL (John M. Stahl)

.- (The Stranger Wore a Gun) (André De Toth)

.- RIO DE PLATA (Raoul Walsh)

.- INDISCRETA (Leo McCarey)

.- HISTORIA DE UN CRIMEN (Douglas McGrath)

.- NO ES PAIS PARA VIEJOS (Joel & Ethan Coen)

.- ANTES QUE EL DIABLO SEPA QUE HAS MUERTO (Sidney Lumet)

.- (The Man with a Cloack) (Peter Markle)

.- EL CABALLERO OSCURO (Christopher Nolan)

.- RETORNO A BRIDESHEAD (Julian Jarrold)

.- LA NOCHE DE LOS GIGANTES (Robert Mulligan)

.- (Bad Girl) (Frank Borzage)

.- (Gervaise) (René Clément)

.- (The Oh in Ohio) (Billy Kent)

.- MI NOMBRE ES HARVEY MILK (Gus Van Sant)

.- EL JUEGO DEL AHORCADO (Manuel Gómez Pereira)

.- SOLO EL VALIENTE (Gordon Douglas)

.- CANDIDATA A MILLONARIA (Mitchell Leisen)

.- ROSA DE MEDIANOCHE (William A. Wellman)

.- (The Strange Door) (Joseph Pevney)

.- EL DESAFÍO: FROST CONTRA NIXON (Ron Howard)

.- LA NOCHE ES NUESTRA (James Gray)

.- (Medium Cool) (Haxkell Wexler)

.- EL TERCER SECRETO (Charles Crichton)

.- MUJERES ENAMORADAS (William A. Wellman)

.- (Pitfall) (André De Toth)

.- CUATRO PÁGINAS DE LA VIDA (Hawks, Negulesco, Koster, King y Hathaway)

.- (Hell to Eternity) DESDE EL INFIERNO A LA ETERNIDAD (Phil Karlson)

.- LOS CUATRO JINETES DEL APOCALIPSIS (Vincente Minnelli)

.- PARECE QUE FUE AYER (John M. Stahl)

.- (Father Was a Fullback) (John M. Stahl)

.- ADIOS, AMIGO (Jean Herman)

.- (Escape) (Mervyn LeRoy)

.- (L’oro di Napoli) EL ORO DE NÁPOLES (Vittorio De vSica)

.- LA PRIMERA NOCHE DE LA QUIETUD (Valerio Zurlini)

.- MI DULCE GEISHA (Jack Cardiff)

.- LA SEMILLA DEL TAMARINDO (Blake Edwards)

.- SIEMPRE HAY UN MAÑANA (Douglas Sirk)

.- CYPHER (Vincenzo Natali)

.- LA ÚLTIMA ESPERANZA (José Giovanni)

.- (Brigham Young) EL HOMBRE DE LA FRONTERA (Henry Hathaway)

.- CARAVANA HACIA EL SUR (Henry King)

.- (I See a Dark Stranger) (Frank Launder)

.- AMEN. (Constantin Costa-Gavras)

.- (She wouldn’t Say Yes) (Alexander Hall)

.- (Bakushû) PRINCIPIOS DE VERANO (Yasujiro Ozu)

.- SUEZ (Allan Dwan)

.- EL TESTIGO (William A. Wellman)

.- LA GARRA ESCARLATA (Roy William Neill)

.- TIEMPOS PASADOS (Mario Soldati)

.- LEONES POR CORDEROS (Robert Redford)

.- TE QUIERO, TÍO (John Hamburg)

.- NO SERÁS UN EXTRAÑO (Stanley Kramer)

.- (Il brigante di talla del lupo) (Pietro Germi)

.- LA TIERRA EN LLAMAS (Friedrich Wilhelm Murnau)

.- EL HOMBRE CAÑÓN (Frank Capra)

.- (Canon City) (Crane Wilbur)

.- HOTEL IMPERIAL (Maurice Stiller)

.- (Lilly Turner) (William A. Wellman)

.- HONRARÁS A TU PADRE (John Cromwell)

.- CASINO ROYALE (Martín Campbell)

.- LA GRAN ESTAFA (Lasse Hallström)

.- HISTORIA DE SAN FRANCISCO (Robert Parrish)

.- UN DISPARO EN LA MAÑANA (Robert Parrish)

.- ¡ACORRALADO! (Frank Tuttle)

.- LA MUJER DE LOS GANSOS (Clarence Brown)

.- (In nome della legge) (Pietro Germi)

.- AMBICIOSA (Otto Preminger)

.- LA CASAMENTERA (Joseph Anthony)

.- (The Railrodder) (Gerald Potterton) CORTO

.- LOS SEIS MISTERIOSOS (George Hill)

.- (The Live Ghost) EL BARCO FANTASMA (Charles Rogers) CORTO

.- (The Purchase Price) (William A. Wellman)

.- (I lunghi capelli della morti) (Antonio Margheriti)

.- SOBORNO (Robert Z. Leonard)

.- (Parnell) (John M. Stahl)

.- (Maldone) (Jean Grémillon)

.- EL DÍA Y LA HORA (René Clément)

.- (Saadia) (Albert Lewin)

.- THE INTERNATIONAL: DINERO EN LA SOMBRA (Tom Tykwer)

.- AMANECER ESCARLATA / EN RUSIA (William Dieterle)

 

DOS

.- SHERLOCK HOLMES DESAFÍA LA MUERTE (Roy William Neill)

.- (Operazione paura) (Mario Bava)

.- EL ESPÍA (Billy Ray)

.- VICKY CRISTINA BARCELONA (Woody Allen)

.- BUENAS NOCHES Y BUENA SUERTE (George Clooney)

.- (The Big Night) (Joseph Losey)

.- (High Tension) (Allan Dwan)

.- UN TAL LA ROCCA (Jean Becker)

.- YOLANDA, LA HIJA DEL CORSARIO NEGRO (Mario Soldati)

.- PARALELO 38 (Joseph H. Lewis)

.- EL JINETE LOCO (George Marshall)

.- (Decoy) (Jack Bernhard)

.- TRES TEJANOS (Leslie Fenton)

.- LEJOS DEL MUNDANAL RUÍDO (John Schlesinger)

.- LOS BATELEROS DEL VOLGA (Cecil B. De Mille)

.- EL TERROR DE LOS TONGS (Anthony Bushell)

.- CORRUPCIÓN DE UNA FAMILIA (Harold Prince)

.- EL ÚNICO EVADIDO (Roy Ward Baker)

.- (L’Affaire Nina B.) (Robert Siodmak)

.- EL DOCTOR X (Michael Curtiz)

.- NOCHE DE TITANES (Arnold Laven)

.- MÁGICO DOMINIO (Rex Ingram)

.- (The House in the Square) (Roy Ward Baker)

.- CORAZÓN DE HIELO (Gordon Douglas)

.- (The Second Woman) LA SEGUNDA MUJER (James V. Kern)

.- EL CALIZ DE PLATA (Vicor Saville)

.- EL ZORRO DE PARÍS (Paul May)

.- (Second Honeymoon) (Walter Lang)

.- (Smilin Through) (Frank Borzage)

.- TIERRA DE VIOENCIA (Robert D. Webb)

.- (White Feather) PLUMA BLANCA (Robert D. Webb)

.- (Husbands) MARIDOS (John Cassavetes)

.- (Triald and Error) EL TRIBUNAL DE LA COMEDIA (James Hill)

.- ELLAS & ELLOS (Bart Freundlich)

.- JUNIOR BONNER (Sam Peckimpah)

.- SPEED RACER (Hermanos Wachowski)

.- ASES CALIENTES (Joe Carnahan)

.- ACOSADOS (Arthur D. Ripley)

.- ENTRE DOS PASIONES (Dick Powell)

.- (Inferno) INFIERNO (Roy Ward Baker)

.- MAL EJEMPLO (David Wain)

.- PERFIDIA (Leslie Arliss)

.- (Escape to Burma) HUÍDA A BIRMANIA (Allan Dwan)

.- (School for Scoundrels) (Robert Hamer)

.- AUSENTE (Stop – Loss) (Kimberly Peirce)

.- TV (Carol for Another Cristimas) (Joseph L. Mankiewicz)

.- (Roxie Hart) (William A. Wellman)

.- LA FUERZA BRUTA / DE RATONES Y HOMBRES (Lewis Milestone)

.- DALLAS, CIUDAD FRONTERIZA (Stuart Heisler)

.- LO IMPORTANTE ES AMAR (Andrzej Zulawski)

.- LA SENDA DEL CRÍMEN (Archie L. Mayo)

.- (Un uomo a metà) (Vittorio De Seta)

.- (Malombra) (Mario Soldati)

.- (Love Is a Racket) (William A. Wellman)

.- (The Purple Heart) (Lewis Milestone)

.- (One More Time) UNA VEZ MÁS (Jerry Lewis)

.- (Sudden Fear) (David Miller)

.- EL EFECTO MARIPOSA (Eric Bress y J. Mckye Gruber)

.- PELHAM, 1, 2, 3. (Joseph Sargent)

.- (Home in Indiana) NUESTRA CASA EN INDIANA (Henry Hathaway)

.- MONSTRUOSO (Matt Reeves)

.- LA CONSPIRACIÓN DEL PÁNICO (D. J. Caruso)

.- SE INTERPONE UN HOMBRE (Carol Reed)

.- EL GUARDAESPALDAS (Mike Jackson)

.- TRÁGICA OBSESIÓN (Ralph Thomas)

.- ¡VIVA LA VIDA! (Harry C. Potter)

.- MICHAEL CLAYTON (Tony Gilroy)

.- LOS CAPRICHOS DE ELENA (Alexander Hall)

.- VIVA LA LIBERTAD (René Clair)

.- ARREPENTIDO (John Farrow)

.- SIBILA (Serge Bourguignon)

.- BEAU IDEAL (Herbert Brenon)

.- (Fortunes of Captain Blood) LA FORTUNA DEL CAPITÁN BLOOD (Gordon Douglas)

.- (The Glass Menagerie) EL ZOO DE CRISTAL

.- UN CORAZÓN INVENCIBLE (Michael Winterbottom)

.- (East of Sumatra) (Budd Boetticher)

.- (Kansas Pacific) (Ray Nazarro)

.- PERSECUCIÓN EN ARGEL (Roy William Neill)

.- (Raw Deal) (John Sherwood)

.- LA NOCHE TIENE OJOS (Leslie Arliss)

.- BAJO DIEZ BANDERAS (Diulio Coletti)

.- DOCE DEL PATÍBULO (Robert Aldrich)

.- REBELIÓN A BORDO (Frank Lloyd)

.- DESPIERTO (Joby Harold)

.- (Pokolenie) GENERACIÓN (Andrzej Wajda)

.- (La marcia su Roma) (Dino Risi)

.- FLINT, AGENTE SECRETO (Daniel Mann)

.- (The Land Unknown) (Virgil Vogel)

.- MANDO SINIESTRO (Raoul Walsh)

 

UNO

.- UN BUEN AÑO (Ridley Scott)

.- EL RETORNO DEL GANGSTER (Lewis Allen)

.- ALBURQUERQUE (Ray Enright)

.- COMO GANÉ LA GUERRA (Richard Lester)

.- EL FARSANTE (Joseph Anthony)

.- SANGRE SOBRE LA TIERRA (Richard Brooks)

.- (Not so Dumb) (King Vidor)

.- AN AMERICAN CRIME (Tommy O’Heaver)

.- ATONEMENT / EXPIACIÓN (Joe Wright)

.- INFIERNO EN COREA (Julian Amyes)

.- (The Mystery of Marie Celeste) (Denison Clift)

.- BROTES DE PASIÓN (John Sturges)

.- WANTED (SE BUSCA) (Timut Beckmanbetov)

.- (Stage Struck) SED DE TRIUNFO (Sidney Lumet)

.- EL ENIGMA DE MANDERSON (Herbert Wilcox)

.- RED DE MENTIRAS (Ridley Scott)

.- EL TREN DE LAS 3:10 (James Mangold)

.- (I sequestrati di Altona) (Vittorio De Sica)

.- ALEX & EMMA (Rob Reiner)

.- F, DE FLINT (Gordon Douglas)

 

CERO

.- TODAS CONTRA ÉL (Betty Thomas)

.- (The Tommy Steele Story) (Gerard Bryant)

.- (The Beast of Hollow Mountain) (Edward Nassour e Ismael Rodríguez)

.- MANOS CULPABLES (W. S. Van Dyke)

.- (Captive Wild Woman) (Edward Dmytryk)

 

 

REPOSICIONES CINE AÑO 2009

CINCO

.- CASTILLOS EN LA ARENA (Vicente Minnelli)

.- ¡SUSPENSE! (Jack Clayton)

CUATRO

.- LA PRADERA SIN LEY (King Vidor)

.- LA MISTERIOSA DAMA DE NEGRO (Richard Quine)

.- PICKPOCKET (Robert Bresson)

.- COMO TRIUNFAR SIN DAR GOLPE (David Swift)

.- EL SILENCIO DE UN HOMBRE (Jean-Pierre Melville)

.- LOS VIAJES DE SULLIVAN (Preston Sturges)

.- EL MAQUINISTA DE LA GENERAL (Búster Keaton y Clyde Bruckman)

TRES

.- HOLLYWOOD AL DESNUDO (George Cukor)

.- LA CASA 322 (Richard Quine)

.- (The Best Man) EL MEJOR HOMBRE (Franklin J. Schaffner)

.- RÍO CONCHOS (Gordon Douglas)

.- (Where Danger Lives) CUANDO VIVE EL PELIGRO (John Farrow)

.- (Easy Living) VIDA FÁCIL (Jacques Tourneur)

.- TÉ Y SIMPATÍA (Vincente Minnelli)

PROCESSO ALLA CITTÀ (1952, Luigi Zampa) Proceso a la ciudad

PROCESSO ALLA CITTÀ (1952, Luigi Zampa) Proceso  a la ciudad

Al margen del considerable caudal de sugerencias y virtudes intrínsecamente cinematográficas que atesora su propuesta, la contemplación de PROCESSO ALLA CITTÀ (Proceso a la ciudad, 1952. Luigi Zampa) ofrece al espectador una extraña sensación. La de describir una serie de sucesos y situaciones enmarcadas en un pasado más o menos lejano –el Nápoles de inicios del siglo XX-, pero admitir con auténtico estupor que parece que nos encontremos ante hechos de pertinente actualidad. El estallido en nuestro país, incluso en un contexto democrático, de escándalos bien conocidos por todos, son referencias demasiado cercanas en la memoria de los españoles. Unos ecos estos que imposibilitan no admitir esa cercanía en la capacidad que una sociedad tiene para imbuirse y traspasar los peligrosos límites que marca la Justicia, discurriendo de manera comprometida por terrenos cenagosos en lo ético pero cómodos en lo material, en los que queda abierto traspasar la frontera de la práctica de la corrupción, bajo diferentes vertientes.

 

El film de Zampa –que sin duda podemos considerar como una de sus obras mayores-, se centra en la incorporación del respetado Juez Spicacci (notable Amadeo Nazzari), al asumir la investigación del respetado matrimonio Ruotolo. Una pareja destacada por sus obras de caridad, cuyo violento asesinato –él aparece junto al mar y es encontrado por dos pequeños, ofreciendo por otro lado un inicio de película impactante-, mientras que su esposa será descubierta cadáver por parte de agentes de la policía y vecinos. El doble crimen y la ausencia de pruebas incriminatorias a probables sospechosos, provocarán la responsabilidad del caso a nivel judicial por parte de Spicacci, al cual ayudará en sus pesquisas el subcomisario Perrone (el siempre magnífico Paolo Stoppa). Ya en el primer encuentro de ambos, una situación por completo casual –la petición del joven Luigi Espósito (Franco Interlenghi) de los permisos para poder viajar con su joven esposa a Sudamérica, evitando con ello poder volver a incurrir en actividades delictivas-, supondrá el primer indicio que el jurista y el comisario acogerán para ir iniciando las pesquisas que permitan aclarar las causas del doble crimen y determinar y posteriormente detener a sus autores. Poco a poco, este indicio irá abriendo un casi sobrecogedor recorrido, en el que se situarán no solo gentes de baja catadura –prostitutas, delincuentes...- sino a su alrededor se irán incorporando algunas de las más distinguidas personalidades napolitanas del momento. Todo ello configurará un monumental mosaico social, un conjunto de demoledoras proporciones contra el que tendrá que luchar, casi en solitario, el aguerrido Spicacci, pese a encontrarse en apariencia con el amparo de las leyes y la ayuda puntual de las fuerzas policiales.

 

Pero lo admirable del film de Zampa, estriba en la plena forma cinematográfica con la que el realizador acomete el magnífico guión que elaboraron de manera conjunta personalidades como Suso Cecchi d’Amigo, el propio realizador e incluso Francesco Rosi como coautor de su historia original. Lejos de suponer un reto para el cineasta italiano, resulta indudableque acometió la puesta en marcha de la película con un alto grado de implicación personal e inspiración narrativa. Para ello, destacaremos en primer lugar el espléndido y dinámico juego de cámara, que sabe extraer al máximo potencial de la articulación dramática de la función. A partir de una serie de resquicios aparecidos casi de manera casual –la presencia del joven liberado Espósito cuando el juez y el subcomisario están juntos- y manteniendo una línea narrativa, PROCESSO... va siguiendo un sendero bastante similar a las fronteras del cine noir, aunando esta tendencia con el sesgo neorrealista tardío aún vigente en el cine italiano de aquel momento. Es más, la elección temporal de la historia –que intuyo se desarrolló en un tiempo pretérito para evitar presiones que impidieran la distribución normalizada de la película- en modo alguno impide que la misma adquiera en todo momento esa sensación de inmediatez que, admirablemente, mantiene casi seis décadas después de su rodaje. Unido a ese magnífico juego de cámara, Zanpa logra incorporar al relato episodios casi insólitos, como esa sorprendente recreación de la cena que precedió al asesinato del matrimonio Ruotolo, en la que solo la perseverancia del juez logra en el último momento extraer suficientes indicios razonables, en la que se insertará el único flash-back de la película –de breve duración-, y en donde incluso el canto de una simple canción se transformará de forma repentina en una auténtico aviso de muerte.

 

Pero más allá de sus hallazgos formales –los espectrales planos general nocturnos en picado sobre las calles del viejo Nápoles, mostrándonos la huída a ninguna parte del citado Espósito y su joven esposa Ninziata (Irène Galter) mientras suena la amenazadora canción napolitana-, de la poderosa caracterización de la tipología coral que se extiende en su metraje –atención a la ambivalencia que caracteriza al dueño de la casa de empeños, la forma con la que se muestra el lado oscuro del matrimonio asesinado, hasta entonces considerado por la colectividad como ejemplar-, de la lógica de sus acciones, o de la extensión social que muestra de la corrupción colectiva, unida a la ritualidad mantenida por la Camorra napolitana, lo cierto es que PROCESSO ALLA CITTÀ destaca por su visión demoledora de la condición humana. Un contexto social en el que la corrupción –mostrada en divergente grado de intensidad-, se extiende como una auténtica metástasis. Una maraña opresiva en donde un indicio lleva a otro, hasta extenderse como una sucia mancha de intereses de inciertos y sombríos perfiles. Todo ello hasta llegar al punto de que la propia esposa de Spicacci reniegue de la competencia de su esposo, que este mismo llegue a dudar de la propia operatividad de su ingente tarea, e incluso que la atormentada Ninziata comente con dolorosa lucidez a su joven esposo “No hay justicia para nosotros”. En admirable consonancia con la casi irrespirable atmósfera que muestra su metraje, el film de Zampa culmina con un episodio doloroso de imposible búsqueda de libertad por parte del infeliz Expósito, huyendo de forma infructuosa entre las vías del tren, pero cuya injusta muerte servirá para empujar al hastiado representante de la justicia a acometer ese proceso que, en realidad, engloba a la colectividad de una ciudad. Una aventura casi inabarcable, que proporciona al relato una dimensión épica quizá utópica, pero en cualquier caso sirve colofón a una película no solo excelente, sino en última instancia necesaria, reveladora de las inquietudes de Luigi Zampa, que en los momentos más inspirados de su obra se reveló como un cineasta del máximo nivel, aunando inquietudes políticas y sociales, con unas plenas formas visuales.

 

Calificación: 4

THE CLOUDED YELLOW (1950, Ralph Thomas) Trágica obsesión

THE CLOUDED YELLOW (1950, Ralph Thomas) Trágica obsesión

THE CLOUDED YELLOW (Trágica obsesión, 1950) podría ser definida en muy pocas palabras como un producto tan coyuntural como competentemente facturado, revelador de ese buen momento que vivía el cine inglés de su tiempo. Un contexto de probada profesionalidad que incluso reflejó un realizador como Ralph Thomas, por completo carente de personalidad, pero que en sus primeros pasos demostró una nada desdeñable eficacia, poco a poco abandonado en un sendero hacia la comercialidad más ramplona, cuyo exponente más significativo se manifestó en aquella tan interminable como inocua serie iniciada con  DOCTOR IN THE HOUSE (Un médico en la familia, 1954). Pero hasta que llegara este momento, Thomas fue uno más de la considerable pléyade de artesanos que forjaron el cine medio inglés en la década de los cincuenta, ofreciendo algunas muestras de interés, imitando modelos retomados del cine de géneros norteamericano, como puede ser el caso de CAMPBELL’S KINGDOM (La dinastía del petróleo, 1957) y también queda en cierta medida como otra muestra de ese aceptable mimetismo en el que se basaron no solo en Inglaterra, sino prácticamente en todas las cinematográficas, para “cocinar” películas destinadas con eficacia al rápido consumo del público de la época.

 

En THE CLOUDED... podemos por un lado detectar ecos de esa capacidad que el cine inglés mostraba a la hora de expresar en su cine el clima malsano permanente en su sociedad tras la conclusión de la II Guerra Mundial. Estaba muy cercano el éxito de THE THIRD MAN (El tercer hombre, 1949. Carol Reed), aunque ya desde hace años la cinematografía había apostado por títulos en dicha vertiente –firmados por nombres como Alberto Cavalcanti, el tandem formado por Michael Powell & Emeric Pressburger o Sidney Gilliat, entre otros-. De nuevo asistimos A una película que aborda el contraste entre la ciudad y el contexto rural, permitiendo a través del mismo establecer una mirada bastante acre en torno a las hipocresías y miserias inherentes a la propia personalidad inglesa. Todo ello se integrará en un relato de suspense –una de las vertientes genéricas más frecuentas por el cine de las islas-, que contrapondrá el seguimiento sufrido por un ex agente británico que ha decidido retirarse de esta peligrosa profesión, por parte de los que fueron sus superiores. Este es David Somers (Trevor Howard), quien aceptará ocupar de manera temporal un insólito trabajo de catalogador de mariposas en la mansión rural de los Fenton. Dentro de un contexto aislado y polvoriento, Somers iniciará su tarea –asumida esencialmente para despejarse de su anterior profesión-, viéndose pronto atraído por la frescura que manifiesta la joven Sophie -una joven Jean Simmons, que estoy convencido fue elegida para su papel en ANGEL FACE (Cara de Ángel, 1952. Otto Preminger) después de haber interpretado este personaje-. Sophie es una muchacha sensible que parece tener en su mente algún recoveco –centrado en la muerte violenta de sus padres-, aspecto este que es aprovechado por los componentes de la familia propietaria para someterla a constante presión. De forma paulatina David irá comprendiendo la vulnerabilidad de la joven, que se verá acrecentada con la muerte de un rudo empleado que se había enfadado previamente con ella.

 

La situación provocará la huída de ambos, incorpora en la película una curiosa circunstancia, ya que la pareja será perseguida por partida doble. Es decir, los oficiales del servicio secreto incidirán en la búsqueda de Somers, con el temor de que este pueda revelar secretos comprometedores, y al mismo tiempo la policía deseará detener a Sophie al encontrarla sospechosa del crimen. A partir de la incardinación de ambas vertientes, por un lado se ofrecerá la oposición de métodos y objetivos –que quizá tengan su exponente más acertado en la expresión de escepticismo que el agente Shepley (Kenneth More) muestra hacia el erróneo comportamiento de los policías al intentar capturar a la pareja- y, por otro, la vertiente estrictamente física de la manifestación del suspense. Es en ese elemento donde THE CLOUDED... manifiesta sus mayores atractivos, con secuencias tan espléndidas como la que se sucede al borde de una catarata, la sensación de acoso que se brinda por parte de la policía en la campiña al cercar a los dos perseguidos, las argucias utilizadas por un protagonista bastante ducho en el arte de la fuga –con especial mención en su fingimiento de una fractura-, o incluso en la sordidez que se manifiesta en los instantes desarrollados en la vieja y poco recomendable pensión en donde se esconderá Sophie. De cualquier manera, y por encima de todos estos fragmentos, y reconociendo de antemano que la validez de la película se articula en esa sucesión de atractivas secuencias potenciadas por un brillante trabajo de montaje, me gustaría destacar dos episodios magníficos. El primero de ellos será la acogida por parte de un veterano matrimonio de David y Sophie; la expresión de la esposa de edad ya avanzada, postrada en una silla de ruedas, transmitirá al espectador una sensación de calidez y agradecimiento hacia ese espía, del cual en un pasado muy reciente recibieron una ayuda –que no se detalla- de especial relevancia. El otro, que duda cabe, es el final exteriorizado en los tejados de una desvencijada nave portuaria. De nuevo la brillantez del montaje y una atractiva planificación revestida de angulaciones amenazantes, permitirán concluir de manera abrupta una función en la que no se puede aplaudir la escasa enjundia de su base argumental e incluso el artificio de su resolución, pero de la que si que cabe disfrutar de forma moderada la manera con la que se expone su expresión como atractivo y disfrutable, al tiempo que efímero, ejercicio de suspense Made in England.

 

Calificación: 2

NOT AS A STRANGER (1955, Stanley Kramer) No serás un extraño

NOT AS A STRANGER (1955, Stanley Kramer) No serás un extraño

Lo reconozco, nunca he sido demasiado admirador de la obra como realizador de Stanley Kramer. Es cierto que me gusta bastante IT’S A MAD MAD MAD MAD WORLD (El mundo está loco, loco, loco, loco. 1963), que ON THE BEACH (La hora final, 1959) tiene su atractivo, e incluso la previa THE DEFIANT ONES (Fugitivos, 1958) plantea ciertos elementos de interés. Pero incluso en todos estos títulos citados, Kramer siempre antepuso el interés por el mensaje o la tesis, antes que la eficiencia del buen narrador. Prolongando una tendencia que ya heredó en su vertiente como productor –de la cual cabe valorar de forma positiva el hecho de atreverse a trasladar a la pantalla temáticas hasta entonces tabú en la sociedad norteamericana de su tiempo-, lo cierto es que en su obra como realizador no se alcanzó la capacidad narrativa que permitió que Otto Preminger fuera de forma paralela un productor astuto y osado pero, sobre todo, se manifestara de forma reiterada como un primerísimo cineasta. En su oposición, Kramer fue orillándose en la peligrosa vertiente del cine discursivo, alcanzando a mi modo de ver ejemplos molestísimos de esa tendencia en títulos tan rancios como –incomprensiblemente- prestigiados, máxime al estar encuadrados en un periodo de enorme riqueza para el cine norteamericano –finales de la década de los cincuenta e inicios de la siguiente-. Es el marco en que se insertarán ejemplos como INHERIND THE WIND (1960), JUDGEMENT AT NUREMBERG (Vencedores o vencidos, 1961) o el muy posterior GUESS WHO’S COMING TO DINNER (Adivina quien viene esta noche, 1967). Como quiera que se trata de los títulos más característicos del Kramer realizador, de alguna manera siempre me han predispuesto en contra de su personalidad como cineasta. Esa tendencia al discurseo más primitivo, rancio desde el mismo momento de su realización, el constante recurso al intérprete más representativo del sermoneo cinematográfico –Spencer Tracy- ¡que diferencia con las propuestas que formulaba de manera paralela el ya citado Preminger!, quizá me hicieron dirigir una fobia que, cierto es reconocerlo, poco a poco se fue diluyendo como un azucarillo ya que, a fin de cuentas, el cine de Kramer ha quedado reflejado tras el paso del tiempo como una inocente muestra ausente de verdadero vigor pero a la que, por lo menos, habría que reconocerle el mérito de intentar ofrecer algo que, en última instancia, jamás alcanzó.

 

Dicho esto, muchas veces todos estos prejuicios se rompen ante una evidencia que desmonta un auténtico castillo de naipes previamente formulado con tanta seguridad como frágil estructura. Y digo todo ello, ante la sorpresa que me ha supuesto contemplar –e incluso disfrutar-, del título que sirvió como debut a la andadura de Kramer como realizador. NOT AS A STRANGER (No serás  un extraño, 1955) supone sin duda no uno de sus ejemplos más valiosos como realizador –en mis preferencias solo situaría por encima el por otro lado menospreciado IT’S A MAD...-, sino expone ante todo una serie de facultades que su autor, justo es reconocerlo, siguió manteniendo en algunos de sus títulos posteriores –los citados THE DEFIANT ONES y ON THE BEACH-, pero que poco a poco fue dejando de lado en beneficio de esa tendencia sermoneadora al tratar “grandes” temas. Es decir, Kramer prefirió estancar sus cualidades como director, inclinándose por una pendiente económicamente rentable, aunque dejándose por el camino esa sensibilidad cinematográfica que atesora este brillante debut cinematográfico.

 

NOT AS A STRANGER se inicia de manera impactante, preludiando una cierta tendencia a lo enfático que rápidamente se disipa. Del pasillo de un hospital emerge un grupo de médicos portando una camilla que se dispone a entrar en un quirófano. En realidad se trata del traslado de un cadáver que va a ser sometido a autopsia delante de todo un conjunto de futuros médicos. En muy pocos instantes, Kramer sabe atraer al espectador con ese comienzo lleno de fuerza, presentándonos al mismo tiempo a varios de sus principales personajes. El primero de ellos será el veterano doctor Aarons (espléndido Broderick Crawford), quien expresa a todos los estudiantes su respeto de siempre ante la presencia de la muerte. Entre sus alumnos destacará el auténtico protagonista del film –Lucas Marsh (eminente Robert Mitchum)-, acompañando de Alfred Boone (eficaz Frank Sinatra, aunque encarnando un rol quizá carente de una mayor entidad). Lucas es un joven –la cierta edad de los dos estudiantes es un elemento que resta cierta credibilidad a la primera mitad de la película- que desea con toda su alma ejercer como médico, pero que siendo hijo de un alcohólico se encuentra ausente de recursos económicos. Boone por su parte es otro estudiante algo más acomodado, caracterizado por su amistad con el primero, y siendo la persona que advierte con mayor cercanía las enormes dificultades de su amigo a la hora de tener que pagar el importe de su curso de medicina. La necesidad llegará a tal extremo, que Marsh intentará ligarse a una enfermera soltera ya cercana a la madurez por la que siente una sincera amistad, pero que en realidad no le satisface como novia. Se trata de Kris (una admirable y sensible Olivia de Havilland), quien siempre se ha sentido secretamente enamorada de este, al tiempo que ha sabido ser una mujer previsora manteniendo ciertos ahorros.

 

Muy poco hará falta para que Lucas y Kris contraigan matrimonio –una ceremonia que Kramer elude con habilidad-, logrando el ya esposo culminar su carrera médica y, con rapidez, iniciar su experiencia médica, trasladándose a una localidad rural, donde compartirá sus tareas junto al veterano Dr. Runkleman (magnífico Charles Bickford). Pese a la aridez de un trabajo que se ofrece menos sutil y más duro de lo que pudiera suponer a primera vista, Marsh conocerá otra vertiente de su labor médica, más centrada en el trato cercano y el conocimiento de la psicología de sus pacientes, que en las propias prescripciones facultativas. Pero el tiempo pasará y la relación entre los esposos no progresará en absoluto. Pese al empeño de Kris en agradar a su esposo, comprenderá cada vez con mayor certeza que realmente este ni la ama ni tiene la intención de formar una familia con ella. En su defecto, Lucas se dejará llevar por la fascinación que le produce la sofisticada y acaudalada Harriet Lang (Gloria Grahame), abriendo una brecha en su matrimonio que se encontrará al punto de no poderse cerrar, y a la cual ni siquiera el hecho de que Kris quede embarazada podrá ejercer como antídoto.

 

Las virtudes de NOT AS A STRANGER estriban, a mi modo de ver, en la confluencia de diversas subtramas y elementos temáticos que en la mayoría de los casos se entrelazan con pasmosa eficacia. Ni que decir tiene que el mérito de ello se centra en buena medida en la valía del guión elaborado por el matrimonio formado por Edward y Edna Anhalt, adaptando la novela previa firmada por Morton Thompson. Y es el que el film de Kramer –cuyas dos casi dos horas y cuarto de duración se devoran con verdadera avidez-, resulta valioso en su crónica de los entresijos de la profesión médica. La cámara inquieta del realizador sabe penetrar en los recovecos y rituales de la misma, logrando sobresalir sobre la peligrosa maraña de estereotipos que por lo general han rodeado el trato en la pantalla de esta faceta, e incluso estableciendo una comparación entre la faceta teórica de la misma, y la posterior experiencia práctica que posteriormente han de asumir sus licenciados. Cierto es que en algunos momentos, la película se escora en algunas facetas estereotipadas –la secuencia en la que Crawford recrimina a uno de los estudiantes su descuido a la hora de aprender todo el elemento teórico-, pero no es menos evidente que en esta visión descriptiva el film de Kramer se revela casi, casi exhaustivo. La brillantez y entrega con la que se filman las operaciones, la cercanía con la que quedan descritas las maneras del veterano Runkleman, la agotadora tarea del nuevo galeno rural –mostrada con un montaje espléndido-, la casi titánica acción de Lucas para lograr salvar de la muerte a un agónico enfermo terminal, del que descubrirá que padece tifus, o la terrible secuencia en la que nuestro protagonista intentará salvar infructuosamente la vida al veterano doctor –uno de los episodios más logrados del relato-, se erigen como constate referencia del que quizá sea el eje temático más explorado del film. Pero junto a este coexiste –de manera armónica- esa relación establecida inicialmente por interés, entre Lucas y Kris, que Kramer manifestará con verdadera delicadeza –no exenta de crudeza en sus tramos más sórdidos-, en la que contará con la expresa entrega de un Robert Mitchum y –especialmente- una Olivia de Havilland, en verdadero estado de gracia. Con probabilidad nunca como en esta primera andadura de Kramer tras la pantalla, se pudo atisbar tal delicadeza en el trazado de sus personajes, logrando bordear la frontera de un melodrama contemporáneo que logra superar ese terreno tan aclamado en su momento como posteriormente puesto en relativa tela de juicio, representado por MARTY (1955, Delbert Mann) y las aportaciones posteriores basadas en los guiones de Paddy Chayefsky, que en aquellos mismos tiempos estaban haciendo auténtico furor. En su oposición, Kramer ofrece un trazado creíble de ese contraste del progreso urbano contrapuesto a un contexto rural de cierto crecimiento. Merced a los recovecos que plantea la película, el espectador logra intuir los vericuetos de una sociedad que estaba emergiendo del trauma de la II Guerra Mundial, e integrándose de forma paulatina en el tren de un progreso y estabilidad económica. Me resulta bastante más creíble y pertinente ese conjunto de apuntes mostrados en segundo término por Kramer, que todo el patetismo en alguna ocasión forzado manifestado por parte del tandem Delbert Mann y el ya citado Chayefsky.

 

Pero al mismo tiempo, NOT AS A STRANGER muestra una galería de personajes bien delimitados, en los que estos jamás aparecen de una pieza. No solo ello se transmite en los protagonistas, sino de manera especial en todos aquellos de presencia secundaria –por ejemplo, el padre de Lucas, encarnado por un nunca más convincente Lon Chaney Jr.-. En cualquier caso, bien es cierto que esa ambivalencia se presta como un guante a un intérprete como Mitchum, que por aquellos tiempos encarnó el prototipo de la dualidad interpretativa en THE NIGHT OF THE HUNTER (La noche del cazador, 1955. Charles Laughton). Pero la descripción de Lucas Marsh devendrá finalmente de una enorme complejidad, ya que sin aprobar los métodos esgrimidos para poder alcanzar su anhelo vocacional –aunque entre ellos esté presente jugar con los sentimientos de una persona-, de alguna manera describe la personalidad de un trasunto del capitán Achab, en esta ocasión solo obsesionado por la vocación de servicio, aunque en ello se encuentre una especie de orgullo personal, y quizá una exteriorización de su rebelión contra las dificultades por las que ha acaecido su vida hasta entonces.

 

Todo este entramado es narrado con pertinencia por Kramer, sabiendo en líneas generales encontrar la elección más adecuada para cada secuencia o situación, y alternando diversos registros sin encontrar en dicha alternancia estridencias dignas de ser reseñadas, y en la que cabría destacar la aportación del veterano operador de fotografía Franz Planer, capaz de encontrar los resquicios en la iluminación precisa para cada una de dichas vertientes. Es probable que nunca en su filmografía posterior el cineasta lograra ofrecer un conjunto dramático revestido de tanta sutileza y homogeneidad dentro de su diversidad de objetivos. Cierto es, para no incidir quizá en elogios desmedidos, que el personaje encarnado por Gloria Grahame desentona un poco por su artificio en medio de un contexto tan caracterizado por su  alto grado de credibilidad. En cualquier caso, ejercerá como elemento detonante de esa reflexión última del protagonista quien, tras su primer fracaso profesional, manifestado además en la persona de su veterano maestro en la medicina, buscará la redención del lado oscuro de su comportamiento, anhelando la comprensión de esa esposa a la que en realidad hasta entonces nunca ha visto como tal. Una conclusión que a tenor de esta descripción podría plantearse como una claudicación ingenua y moralista, pero que está planteada con tal intensidad en la pantalla, que será la fuerza del sentimiento compartido la que prevalezca en la imagen. Maneras insólitas en un cineasta caracterizado como tosco y esquemático, pero que en su primera película se mostró con la garra de un profesional experimentado y provisto de gran sensibilidad.

 

Calificación: 3

KÖRKARLEN (1921, Victor Sjöström) La carreta fantasma

KÖRKARLEN (1921, Victor Sjöström) La carreta fantasma

Reiteradamente considerada en todas y cada una de las encuestas realizadas para elegir los mejores títulos de la historia del cine fantástico, nada habría en principio que objetar a la selección de KÖRKARLEN (La carreta fantasma, 1921. Victor Sjöström) en esta reducida elite. Nadie puede negar que nos encontramos ante una película magnífica, plenamente vigente en sus postulados, pero personalmente quizá preferiría que su conjunto fuera insertado de manera más acertada en un género como el melodrama o, puede que aún con mayor pertinencia, en el reducido ámbito del apólogo moral. Y es que el film de Sjöström, que en su momento cosechó un espectacular éxito, y que aparece hoy día, a nueve décadas de su realización, como auténtico referente de cara a la implantación en el cine de determinados adelantos técnicos, desde el primer momento apuesta por la incorporación de una compleja estructura narrativa, dentro de los diferentes capítulos en los que se desarrolla la acción. Serán todos ellos aspectos que aparecerán sin orden aparente, pero que del mismo modo servirán para que el espectador vaya conociendo, y al mismo tiempo comprendiendo, el alcance del drama al que va asistir.

 

Se trata esta, de una elección dramática muy conocida en el cine de nuestros días –que paradójicamente se ha puesto de moda en los últimos años, con la puesta en marcha de títulos que juegan a placer e incluso con desmedido interés, quizá en ocasiones intentando ocultar las debilidades de su punto de partida-, pero no se puede olvidar que KÖRKARLEN está rodada hace casi nueve décadas. Es por ello, que la eficacia y modernidad de su articulación dramática sigue emergiendo con la validez que ya planteaba en el momento de su estreno. Todo ello, adaptando una novela de Selma Lagerlof de la que es fácil destacar la ascendencia dickensiana de su trazado, y en la que se nos narra en esencia la conversión de un alma impura en un ser sensible y delicado, a partir de la contemplación de lo que ha sido su vida hasta entonces. Toda esta odisea se centrará en la figura del rudo, adusto y misántropo David Holt (el propio Sjöström), un hombre descreído de la vida que no dudará en desdeñar y repudiar a su esposa y sus dos hijos, a los que posteriormente buscará tras huir, movido ante todo por un sentimiento posesivo, y nunca por cualquier atisbo de amor. En medio de esta azarosa relación se plantea la presencia de una joven componente del ejército de salvación, que de manera incomprensible se verá atraída hacia Holt, aunque por parte de este solo reciba el mismo desprecio que por su propia esposa e hijos.

 

Todo un apólogo moral desarrollado en torno a un ser despreciable, al cual solo la ingerencia de esa carreta que ejerce como portadora de la muerte, expresión de esa leyenda que señala que aquel que haya muerto en el instante más cercano a la culminación del año, será durante el siguiente conductor de ese siniestro portador de fúnebres augurios. Será la oportunidad que permitirá al film de Sjöström la incorporación de la vertiente fantastique que, a fín de cuentas, ha proporcionado una mayor –y merecida fama- a la película. Lo hará como auténtica precursora en la incorporación de una extraordinaria aplicación de las sobreimpresiones -centradas todas ellas en la introducción del elemento sobrenatural-, sobre la sórdida realidad que muestra la película. Es a partir de esta admirable aplicación técnica, con la que el realizador sueco logrará una textura fantasmagórica, de reminiscencias casi pictóricas, abriendo toda una veta para el género en la que no resulta nada atrevido señalar las referencias que tendrían para títulos posteriores dentro del género rodados por Friedrich W. Murnau, como NOSFERATU, EINE SYMPHONIE DES GRAUENS (Nosferatu, el vampiro, 1922) o FAUST – EINE DEUSTCHE VOLKSSAGE (Fausto, 1926). Pero, en cualquier caso, más allá de esa referencia historicista –que en sí mismo no tendría una gran importancia, como puede demostrar por ejemplo la existencia del primer film sonoro; THE JAZZ SINGER (El cantor de jazz, 1927. Alan Crosland) que es una obra totalmente olvidable-, lo cierto es que en KÖRKARLEN se expresa en todo momento una sensación de crudeza existencial, una visión de la vida marcada por el hastío, muy propia del drama nórdico que en  aquellos tiempos se estaba trasladando a la expresión fílmica, procedentes de su tradición literaria. Se trata de un contexto de aridez que Sjöström muestra de manera rotunda y convincente, y que trasladaría años después en su etapa americana –THE WIND (El viento, 1928) sería probablemente la muestra más rotunda de esta vertiente-. En esta ocasión, la plasmación de ese sombrío sentimiento existencial se manifiesta en los expresivos encuadres, en la intensidad de los rostros o en la propia dirección escénica de unas situaciones enmarcadas por lo general en contextos adustos y lúgubres, en los que apenas hay lugar para la paz, la serenidad o, en última instancia, para saborear el más leve atisbo de motivación para proseguir en el camino de la experiencia vital. En el contexto de esta tesitura, en esa franja de rigor y ascetismo, se encuentra encerrada toda una manera de entender no solo el drama nórdico, sino una auténtica concepción de la existencia que, con el paso de los años, tendría a su practicante más ilustre en la figura de Ingmar Bergman.

 

Sin embargo, bastantes años antes, el hoy apenas recordado Victor Sjöström supo en esta película articular un admirable drama fílmico en el que en sus últimos compases, muestra como la fuerza del amor es capaz de trasformar y anular los sentimientos más negativos del ser humano. Pero, eso si, teniendo en primer plano esa vertiente negativa y contradictoria que, a fin de cuentas, plantea nuestra propia configuración como individuos. El realizador sueco lo trasladará en un delicado y lacerante poema visual, adelantándose a las descripciones que pocos años después plantearía el admirable Erich Von Stroheim de GREED (Avaricia, 1924). Mientras tanto, y antes incluso de que Murnau asumiera estos postulados, como con la coetánea –DER MÜDE TOD (Las tres luces / La muerte cansada, 1921. Fritz Lang)-, prolongaran esta corriente en la que se entremezcla la leyenda, el “fantastique” y el más intenso y crudo melodrama –a fin de cuentas, todas las grandes películas son en el fondo melodramas- Sjöström, al que todos recordaremos en su vejez por realizar una de las interpretaciones más conmovedoras de la historia del cine –SMULTRONSTÄLLET (Fresas salvajes, 1957), al ser recuperado por el propio Bergman-, planteó casi de forma experimental en el aún inexplorado contexto del séptimo arte. Casi noventa años después, la fuerza irresistible de sus fotogramas emerge con la admirable vitalidad del clásico.

 

Calificación: 4

THE BODYGUARD (1992, Mick Jackson) El guardaespaldas

THE BODYGUARD (1992, Mick Jackson) El guardaespaldas

No llego a recordar el momento en que se inició mi aversión hacia Whitney Houston. Siempre me molestó en ella su representación como cantante “pluscoamperfecta” en la que se ausentaba la verdadera raza de las auténticas figuras. Es más, al pensar en ella, no puedo dejar de recordar la secuencia más brillante, demoledora y, al propio tiempo, divertida de la apreciable AMERICAN PSYCHO (2000, Mary Harron) en la que un entregado Christian Bale expresa a dos alucinadas jóvenes con las que estaba desarrollando una orgía en su lujoso apartamento, las excelencias que este elegante psicópata veía en la conocida cantante. Son ambos, elementos que de alguna manera me llevan a pensar como las personas cambiamos en nuestros gustos con el paso del tiempo. No lo digo en la medida que ahora vea a la citada Houston como una cima del arte, pero sí basándome en la realidad de contemplar con relativo agrado, una película protagonizada por ella que en su momento fue casi unánimemente destrozada por la crítica, logrando por contra un enorme éxito de taquilla.

 

Cerca de dos décadas después de aquella circunstancia, y reconociendo la progresiva degradación que el cine comercial ha adquirido en los últimos años, lo cierto es que contemplar THE BODYGUARD (El guardaespaldas, 1992. Mick Jackson) me ha supuesto una relativa sorpresa. No se extrañen. No veo en ella ninguna obra maestra, ni siquiera un film conseguido, pero sí podría definir esta astuta y efectiva apuesta personal de Kevin Costner –verdadero artífice del proyecto-, como una efectiva demostración de ese “cine de palomitas” que tanto derecho ha tenido en manifestarse a lo largo de toda la historia del denominado séptimo arte. Cierto es que en muchas ocasiones esas pretensiones de entretenimiento comercial estuvieron unidas al hecho de encontrar en ellas inquietudes artísticas suplementarias, pero no es menos claro que demasiadas veces este eje ha brindado resultados lamentables. Dentro de esa tesitura, lo cierto es que el film del eternamente irrelevante Jackson permanece en nuestros días como un título en el que se marca una formula de probada eficacia, insertando la presencia de un romance a contracorriente, basado en la oposición de caracteres presentada por su pareja protagonista, y teniendo además la astucia de introducir en la trama la presencia de una estrella, que al tiempo de permitir las facultades de la Houston, brindara al espectador exteriorizar esa faceta vouyeurística que les acerca a contextos lujosos o a la propia interioridad de eventos como la gala de los Oscars –por cierto, uno de los fragmentos más endebles y menos creíbles de la película-.

 

Todo un cúmulo de elementos, que el ya señalado Costner intuyó a la hora de acoger el lejano guión que bastantes años antes había escrito el entonces novel Lawrence Kasdan –una de las figuras que en su momento contribuyeron en convertir al autor de DANCES WITH WOLVES (Bailando con lobos, 1990. Kevin Costner) en una estrella-, articulando los elementos que permitió la elaboración de la película. Desde la opción de Jackson como realizador y yes men de sus órdenes, hasta la elección de la cantante como su partenaire. Nada hay de malo en el hecho de encontrarnos ante un producto generado por su propia estrella, y es algo que habitualmente podemos encontrar con intérpretes y/o estrellas de mucha menor entidad cinematográfica, aunque hoy día puedan estar en un grado de popularidad superior –pienso en figuras tan melifluas y de talento tan limitado como Leonardo DiCaprio o Matt Damon-. Lo cierto es que Costner optó por un camino sin duda más convencional que las pretendidas “audacias” cometidas por ejemplo por DiCaprio en sus casi vergonzantes alegatos de denuncia –que van de BLOOD DIAMOND (Diamantes de sangre, 2006. Edward Zwick) hasta BODY OF LIES (Red de mentiras, 2008. Ridley Scott)-, contemplando con la perspectiva del paso del tiempo esa cierta tendencia entrañable y demodé que el intérprete perfiló en su trayectoria en Hollywood. Una inclinación que siempre le definió como una estrella a la antigua usanza, interpretando personajes que podrían haber sido entresacados décadas antes de los títulos más representativos de realizadores como Frank Capra o Howard Hawks, o interpretados por Gary Cooper o Montgomery Clift. Podría parecer, a este respecto, un modo de entender su propia personalidad quizá algo anticuado y probablemente por ello, y por la errónea elección de algunos proyectos, su carrera ha ido discurriendo por derroteros en cierto modo decepcionantes, aunque estoy convencido que el futuro aún nos proporcione más de una sorpresa que permita, de una vez por todas, valorar la personalidad de un intérprete de considerable carisma y presencia en pantalla, y un director que desde el primer momento se erigió como continuador de ese cine clásico en el que quizá se sintió especialmente a gusto. Prueba de ello lo ofrece el argumento de THE BODYGUARD, centrado en la llamada del prestigioso guardaespaldas Frank Farmer (Costner), que será reclamado por parte del círculo que rodea a la famosa estrella de la canción y ocasional actriz Rachel Marron (Houston). Farmer se encuentra presente con la intención de proteger a la conocida figura, aunque el carácter de esta se erija desde el primer momento como un auténtico impedimento de cara a compartir una relación de estrella y guardaespaldas enmarcada dentro de un contexto de normalidad.

 

Ni que decir tiene, que el film de Jackson no se inclina demasiado en el aparato de la intriga. Apenas se apuesta por la veta del suspense en momento contados y, justo es reconocerlo, cuando esta se utiliza, se integra reforzando y contrastando el auténtico tema central de la película; la posibilidad de convivencia entre dos mundos diametralmente opuestos. A partir de esta premisa, la película funciona de manera muy especial con la apuesta por el detalle –algo que se manifestará ya en los primeros instantes, cuando Farmer renuncia a proseguir su trabajo con un hombre de mediana edad al que habría salvado de una muerte segura, situación esta que describe la interesante secuencia de apertura, y que nos permitirá descubrir la hierática personalidad del conocido vigilante-. Pero lo cierto es que a lo largo del metraje se detecta esa inclinación por el detalle, algo que se mostrará en la primera visita de Farmer a la mansión de Rachel, observando en todo momento la mengua de seguridad que la misma posee, la referencia que se ofrece de la película de Akira Kurosawa YOJIMBO (Yojimbo, el mercenario, 1961) –reveladora de rasgos de la personalidad del protagonista- la constante bebida de zumo de naranja por parte de este –que en un momento dado de tensión combinará con whisky- o el magnífico instante ofrecido –con el uso de una leve cámara lenta-, anunciando el inevitable romance entre ambos, con la presencia de esa katana extremadamente afilada sobre la que se posará el foulard que porta Rachel, y que quedará cortado de manera inevitable a su paso por el filo.

 

Más allá de ello, y contando de antemano con la oportuna introducción de actuaciones realizadas por la protagonista, lo cierto es que THE BODYUGUARD sabe mostrar una relación basada en la atracción y el rechazo, debido sobre todo a la reserva del enigmático detective por mostrar sus sentimientos a las personas para las que trabaja –quizá viendo en ello una debilidad que pudiera permitir que su eficacia menguara por completo-. Se trata de una revisitación de los mismos clichés románticos de siempre, pero lo cierto es que pese a su convencionalismo, funcionan en esta ocasión por la química generada entre los dos intérpretes –curiosa e injustamente galardonado con los premios Razzia de su año-. Llegados a este punto me gustaría destacar la generosidad con la que Costner compone su magnífico personaje, dejando a primera instancia los momentos más brillantes a su compañera, pero al mismo tiempo desplegando con una perfecta combinación de hieratismo y vulnerabilidad apenas intuida, el perfilado perfecto de un rol presente en todo momento, aunque manifestado de la manera más discreta y elegante posible.

 

En definitiva, estamos ante un ejemplo pertinente de ese “cine de palomitas” que antes aludía. Un proyecto que no esconde su raíz comercial, en el que las convenciones abundan –y para ello, no hay más que acudir a la galería de personajes que rodean la figura de Rachel, todas ellas convertidas en meros estereotipos, o la antes señala escasa credibilidad que tenía el episodio de la gala de los Oscars, o incluso detalle concretos al comprobar como nuestra estrella se entera por el Hollywood Reporter que ha sido nominada, sin hacer ningún acto de campaña para promocionar su candidatura-. Pero al mismo tiempo, las dos horas de su metraje se consumen casi sin pestañear, entrando el espectador en el juego de esa pareja tan inusual como en ocasiones intensa en sus sentimientos, y que en sus últimos planos dejan una sensación agridulce, sin dejar indicios más sólidos de que su romance pueda ser realidad en el futuro. Lo reconozco, pese a sus debilidades, THE BODYGUARD me parece un valioso exponente de puro y simple entretenimiento, algo que no todos pueden argüir cuando se han planteado productos de similares características.

 

Calificación: 2’5

THE MAN BETWEEN (1953, Carol Reed) Se interpone un hombre

THE MAN BETWEEN (1953, Carol Reed) Se interpone un hombre

Tras la insólita y atractiva experiencia de la adaptación de Joseph Conrad que ofrecía OUTCAST OF THE ISLANDS (El desterrado de las islas, 1952), da la impresión que el británico Carol Reed decidió replegarse en un terreno más conocido y familiar a la hora de plantear su siguiente película. No es de extrañar esta aseveración, en la medida que THE MAN BETWEEN (Se interpone un hombre, 1953) supone una especie de revisitación tardía, de los títulos más prestigiados que hasta entonces había firmado el posterior autor de OLIVER (1968). Me estoy refiriendo a dos de sus adaptaciones del universo literario de Graham Greene que suponen THE THIRD MAN (El tercer hombre, 1949) y la previa ODD MAN OUT (Larga es la noche, 1947). Conocida es la mítica que rodea el primero de los títulos citados, que yo no comparto pero tengo que poner en cuarentena, ya que el recuerdo que tengo del film en el que intervino Orson Welles es bastante lejano. Sin embargo, si que reconozco las excelencias y el perturbador romanticismo que preside la segunda de las películas citadas. En todo caso, frente al estatus del primero y la profunda vertiente trágica del segundo, hemos de reconocer que el título que nos ocupa no puede competir, aunque en todo momento pretenda seguir el sendero marcado por dichos referentes y, preciso es reconocerlo, su resultado final sea, cuanto menos, apreciable.

 

Estamos situados en un Berlín aún traumatizado por las consecuencias de la II Guerra Mundial. Su semblante urbano todavía se muestra marcado por los estragos de los bombardeos, inundándose sus calles de ruinas que torpemente intentan solventar unos ciudadanos embarcados en una ingente tarea, en la que además se aúna la división territorial que separa la ciudad occidental de la frontera oriental. Dentro de ese contexto de ruina, penuria, carestía y desconfianza generalizada, asistiremos a la llegada de la joven Suzanne (Claire Bloom) a la casa de su hermano Martín (Geoffrey Toone). Suzanne ha viajado desde Inglaterra con la intención de compartir unas semanas en casa de este, que se encuentra casado con Bettina (Hildegard Knef). Pese a que esta última la recibe con amabilidad en la estación de ferrocarril, muy pronto nuestra protagonista advertirá que algo se esconde entre ella. Acudirán las dos a la casa que mantienen en medio de un marco totalmente abatido por las ruinas –la estampa exterior que se ofrece de la misma es absolutamente fantasmagórica-, sucediéndose los detalles que permitirán sospechar el extraño juego que su cuñada está sobrellevando, ya que su hermano apenas aparece por casa, debido a su entrega en un hospital en el que trabaja sin descanso. La presencia de un extraño niño que discurre en bicicleta, las conversaciones furtivas que Bettina mantiene con ciertas personas en alemán, sus constantes giros en situaciones insospechadas –como en la cena a la que acude junto a Suzanne y su propio esposo-, serán constantes evidencias de algo oscuro que cada vez parece tener más relación con el constante emigrar de residentes del Berlín oriental hacia la zona occidental. Será el contexto en el que emergerá Ivo Kern (James Mason), en teoría amigo de Bettina, que muy pronto establecerá ciertos lazos de amistad con Suzanne. Aunque esta en principio se muestre reticente a ello, poco a poco se dejará llevar por el carisma y las atenciones que Ivo le dispensa, como si a través de su persona se revelara un nuevo modo de entender la existencia –algo que presume una vida anterior de esta bastante poco estimulante-. Pese a las reticencias de Bettina –quien con posterioridad revelará lo que anteriormente le unía a Kern-, e incluso a ciertas vivencias poco gratas de nuestra protagonista en el entorno de este sugestivo personaje, Suzanne no dejará de acercarse a él, aún conociendo que no es más que un oportunista dedicado a comercial con el traslado de personas del Berlín oriental al occidental.

 

Este supuesto handicap, a pesar de introducir a la recién llegada en un contexto de cierto peligro, permitirá que su existencia cobre una vitalidad hasta entonces ausente, encontrando en Ivo un asidero emocional que este inicialmente no deseará compartir, reconociendo en su modo de vida la imposibilidad de una relación estable y duradera. Pese a ello, ambos se internarán en una peligrosa aventura que les podría permitir a ambos huir de ese contexto de constante riesgo. A pesar de la creciente evidencia de un incierto augurio, se introducirán en una espiral que de alguna manera iluminará dos vidas necesitadas de unión y compenetración, aunque ello no suponga en último término más que un intervalo de sentimiento compartido dentro de un contexto de sordidez existencial. Con guión del experto Harry Kurtnitz, basado en una historia de Walter Ebert, dos son los elementos que proporcionan su mayor grado de interés a THE MAN... El primero de ellos –y es algo que el espectador observará desde el primer momento-, será la forma con la que el cineasta sabe transmitir en la pantalla el estado de un Berlín por completo asolado tras la conclusión de la II Guerra Mundial y la división de la capital en dos bloques. No se puede decir que sea el único título que haya acogido esta circunstancia –hay bastante de superiores cualidades que el que nos ocupa-. Pero, si más no, hay un esfuerzo bastante especial por parte de Reed de transmitir esa lúgubre fisicidad, que si bien tendrá matices un tanto caricaturescos –ese empeño en mostrar retratos de Stalin ubicados de manera casi cómica por cualquier rincón del lado oriental-, no es menos cierto que en otros momentos revestirá un notable impacto –pienso, sobre todo, en la ya comentada manera de mostrar al inicio la vivienda de los Mallison, ubicada en un entorno casi fantasmal, en medio de las ruinas de la ciudad-.

 

El otro elemento que brinda al film de Reed un apreciable grado de interés, se centra de manera lógica en la progresiva relación mantenida entre Ivo y Suzanne. Es algo que llegará al espectador desde el instante en que ambos comienzan a conocerse de hecho a partir del rapto que esta sufre por parte de cierto representante de oscuras organizaciones relacionadas con el traspaso de fugitivos de la zona oriental. La persecución que viven ambos –por más que en ella Reed incida de nuevo y de manera un tanto molesta en el uso de planos inclinados- y, sobre todo, la noche que vivirán escondidos en una vieja vivienda huyendo del acoso de la policía, permitirán a mi modo de ver los mejores momentos, acentuados por la ajustada y cercana planificación del realizador, centrada en los agudos diálogos y en la química que brindan unos espléndidos Mason y Bloom. En ese progresivo reencuentro de uno con otro, se centra el mayor grado de intensidad de una película que también ofrecerá un aspecto de interés en esa amistad sincera que se brinda por parte de Ivo al pequeño muchacho que, bicicleta en ristre, lo seguirá y ayudará en todo momento –magnífica la forma con la que Suzanne atisba la ausencia de Ivo a una cita incómoda para ambos, a través de las huellas que el muchacho deja con dicha bicicleta-.

 

Pese a estas cualidades, que en algunos momentos incluso alcanzan un notable grado de intensidad, lo cierto es que en THE MAN BETWEEN se atisba una cierta sensación de déjà vu, un acusado indicio por parte de Reed de rememorar éxitos pasados, lo cual en sí mismo no tendría nada de malo. Sin embargo, esa sensación se agranda al contemplar el escaso interés y el formulismo que adquiere la intriga, la escasa simpatía que desprende el personaje de Bettina, el nulo tratamiento que tiene el de Martín –sobre cuya relación de ambos se establecerá un apunte bastante artificioso, anulando el matrimonio que los une ya que la aparición de Ivo recuerda que esta estuvo casada previamente con este antes de que se le diera por muerto en su lucha de guerra aliado con los nazis-. Unamos a ello el apresuramiento con el que la película concluye, anulando la intención trágica que se pretende, y pareciendo que su final se rodó casi, casi de un día para otro, y se entenderá ese irregular pero ocasionalmente notable resultado final. De tal forma, el film de Reed bascula entre la frontera de un revisionismo ya un tanto caduco, y la muestra de sus capacidades para mostrar conflictos humanos desarrollados dentro de un contexto dominado por dificultades y estrecheces.

 

Calificación: 2’5