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CINEMA DE PERRA GORDA

Llegó el V aniversario: CINCO AÑOS NO ES NADA

Llegó el V aniversario: CINCO AÑOS NO ES NADA

Supongo que como buen alicantino – valenciano – mediterráneo, me hubiera gustado celebrar esta entrañable celebración del V aniversario de Cinema de perra gorda con una proyección en plena Playa del Postiguet (Alicante), una exhibición en pantalla gigante de Dos en la carretera, ...Y el mundo marcha o El increíble hombre menguante. Todo ello, aderezado con una buena banda de música, unos fuegos artificiales como colofón junto a una degustación de horchata. Y, sobre todo, rodeado de amigos. De amigos a los que en algunos casos ni conozco físicamente, pero que aprecio a través de nuestro común amor al cine.

Esa ha sido la elección que finalmente ha motivado un pequeño juego, en el que casi todos los convocados accedieron de buen grado. Los que finalmente no lo hicieron fue por carencia de tiempo material, pero finalmente aquí se recoge la opinión de una veintena de buenos amantes del cine, hablando, divagando e incluso ironizando, sobre la significación que para ellos ha adquirido este blog. Es así, como desde apasionados por el cine de siempre, hasta otros escépticos y más centrados en la actualidad del séptimo arte, han asistido a esta pequeña e informal proyección.

A todos ellos mi gratitud más sincera, ya que sus opiniones y recuerdos han ofrecido imágenes y matices de una andadura tan discreta como constante, tan enriquecedora como apasionante.

Celebremos todos este cumpleaños, pero sin dejar de ver cine.

Juan Carlos Vizcaíno

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RECUERDOS DESDE EL OLVIDO

Conocí a Juan Carlos en persona cuando presentó su libro Proyecciones desde el olvido, en la FNAC de Callao en Madrid. Hasta ese momento sólo le conocía por su estupendo blog y por lo que me contaba mi gran amigo Carlos Díaz Maroto. Tras una presentación muy amena y unas cuantas preguntas, por fin pude estrechar la mano del autor. En un bar tuvimos una estupenda charla centrada en algo que nos encanta, el cine, y sobre todo el clásico; la charla duró unas pocas, escasas horas. Allí descubrí a una persona apasionada por las películas, como se puede comprobar en este blog, que a su vez sabe profundizar en el mundo cinematográfico demostrando un saber que sólo se alcanza viendo filmes y asimilándolos, empapándose con las imágenes policromadas que desfilan delante de tus ojos.

Como demuestra cuando habla o escribe, Juan Carlos derrocha un buen juicio sobre el cine, y dentro de este mundo globalizado que es Internet se agradece que exista este oasis que da voz a una etapa algo desconocida y en muchos casos vilipendiada. En esta marisma de millones de bites flota una diminuta isla de conocimiento, un lugar donde disfrutar y redescubrir el buen cine clásico. Enhorabuena, Juan Carlos Vizcaíno, por este gran cumpleaños, y sigue así.

Luis Alboreca
Pasadizo
www.pasadizo.com

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Los buscadores de Internet son una fuente de sorpresas. Uno busca información sobre recetas de cocina, sobre portaaviones yankis de la Segunda Guerra Mundial, o sobre Detour, de Edgar G. Ulmer, y el Google de turno te lleva a paraísos inesperados, como me ocurrió aquel verano de 2007 en que descubrí el Cinema de Perra Gorda de este loco alicantino Vizcaíno. Entonces no era para el desvío ulmeriano para lo que navegaba en la Red, sino para encontrar fuentes que hablaran de una película con pocos adeptos en España y en el planeta entero, Sammy huida hacia el sur, una rareza a la que sólo unos chalados prestan una mínima atención cuando se pasa por el horrible filtro de la TV. Allí había no sólo información sobre la producción de Mackendrick, sino también una sutil y apasionada lectura reflexiva que decía mucho en favor del autor. ¿Juan Carlos Vizcaíno? ¿Un blog con cientos de entradas correspondientes a películas de todos los tiempos, sin prejuicios y con abundancia de menciones clásicas? Pero ¡eso era imposible! El mero hecho de descubrir aquella noche semejante foro de manía pasional, de amor fou por el Cine, obligaba a contactar con JC para conocer más acerca de su dedicación a esta empresa, seguramente desinteresada y no profesional. Y así fue. El primer correo intercambiado confirmó todas esas expectativas, y sirvió como base y primera piedra de toque para una bella amistad entre cinéfilos, que se encargó de acrecentar nuestro programa radiofónico Flashback (y digo "nuestro" porque era tan suyo como de este servidor). Aquella Onda Madrid del 2008, bien dirigida y con aliento (luego perdido) para defender la Cultura, consintió a un grupo de aficionados y profesionales hablar durante 35 semanas de películas clásicas, escuchar magnífica música compuesta para el Cine y poner en marcha bellísimas secciones como aquella de la que se encargó Vizcaíno el de Cinema de Perra Gorda para repasar durante siete programas consecutivos la historia del Cine de Aventuras clásico: por nuestras ondas pasaron Flynn y Havilland, Tracy y Bartholomew, Fairbanks y Walsh, Lancaster y Cravat. ¡Qué lujo, cómo buceaba aquella voz todavía sin cara para mí, entre las fuentes del género, entre sus más reputados autores, repescando títulos perdidos y olvidados y recordando producciones inolvidables! La colaboración en Flashback nos permitió ir más lejos, organizar un romántico encuentro de apasionados en Callao para presentar esa delicia recopilatoria que es Proyecciones desde el Olvido, el libro más sincero que he leído sobre el tema en los últimos años. Balmori, Urrero, Marías, Sestayo... Todos estuvieron allí aquel penúltimo día de un caluroso mayo capitalino. Desde entonces, este cronista ha utilizado cada día esa gran herramienta de trabajo y de entretenimiento que es Cinema... Está por supuesto en la columna izquierda de mi explorador, entre los favoritos, y no hay jornada en que uno abra el ordenador y no se dé una vuelta por las reflexiones de este portentoso hincha del clasicismo cinematográfico. ¿Cumple 5 años, querido y admirado JC? Vaticino que cumplirá 25 en este medio de difusión de ideas tan apasionante y tan sometido a las tentaciones liberticidas que se nos anuncian. Así que, amigo, no nos defraudes.

Víctor Arribas
Informativos de Tele Madrid

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A veces pienso que es casi milagroso encontrar un blog temático en Internet que te sorprenda y te atraiga a partes iguales. La popularización bloguera ha traído mucha pérdida de tiempo, mucha palabrería, mucho divagar y un sinnúmero de presuntos expertos latentes que -por fin- han encontrado su medio de expresión... por eso se agradece el encontrar, en la foresta de la Red, un blog cinematográfico que no se atenga a la esclavitud de la actualidad y los estrenos y que sustituya ésto por la aleatoriedad de escribir acerca de lo que gusta o disgusta al autor y hacerlo de una manera en la que te sientas cómodamente invitado.

El blog de J. C. Vizcaino es como una casa con las puertas abiertas; no hay que tocar el timbre cada día. Yo me encuentro a gusto dejándome caer, aleatoriamente también, y dejándome bañar por las ondas de sorpresa que me llevan de un Mitchell Leisen de los años 40 en esplendoroso blanco y negro, a un Losey setentero, o a un eterno Melville... o hasta a un Kevin Reynolds, pasando por ser Vizcaino de los pocos que pone algún “pero” en voz alta a Blade Runner...

Por supuesto, están sus particulares influencias -que él es el primero en admitir que se le notan- pero que no son tan serias como para que nos obliguen a sentir incomodidad por conocer esa procedencia. Puede que se trate, tan sólo, de un discípulo aventajado y eso nunca será nada malo.

Además, ¡qué demonios!, ha tenido la perseverancia de no quedarse dormido en la comodidad de lo virtual y ha conseguido editar un libro con una selección de sus escritos. Aunque sólo fuera por eso, este aniversario merecería celebración.

David Breijo

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Bien, 11 es un buen número y 11 cosas que me gustan del blog Cinema de Perra Gorda y/o de su autor son estas:

1. No alza la voz. Piensa en voz alta, que es una cosa muy distinta.

2. Ha roto una lanza por Heroes for sale, una de las películas más arrolladoras de los años 30.

3. Entiende a Leo McCarey, una de las mejores cosas que se pueden decir de alguien. Su comentario de Good Sam es justo y emocionado.

4. A lo Fray Luis de León, Juan Carlos es capaz de enviar un email y el siguiente a los seis meses con la familiaridad y continuidad de quien acaba de reanudar una conversación no finalizada el día anterior.

5. Me descubrió The lost moment de Martin Gabel. Una gran película de fantasmas.

6. Sus artículos de 2004 y 2009 se parecen. Conserva la misma pasión

7. No habla de lo que no conoce. Admite sus lagunas y sus fobias. No se las da de listo.

8. Se interesa por Ida Lupino, ese par de ojos luminosos con hechuras de gran cineasta.

9. Su comentario de The hoodlum aún resuena en mi memoria

10. Ni cuando quiere “parecer sacrílego” al comentar L´ Atalante consigue serlo. Es un tipo de fiar.

11. Sus circunloquios y sus rodeos están bien adornados pero suelen llegar a algún sitio.

Jesús Cortés
Un blog comme les autres
http://www.postcefalu.blogspot.com/

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POR UNA PERRA GORDA

Blogs hay muchos en la red; algunos dirían que demasiados. ¿Qué aporta el del amigo Vizcaíno con respecto a los demás? Para mí, mucho. Se centra, casi en su totalidad, en la etapa de la historia del cine que más me llena: desde los años 20 a los 60, pudiera decirse, la edad dorada del Hollywood clásico, dentro de los géneros llamados “populares”. Por otro lado, yo siempre he comentado que, si me tocara la primitiva y montase una editorial, no publicaría libros de directores como John Ford, Howard Hawks, Billy Wilder u Orson Welles, no porque no me gusten, al contrario, sino porque ya hay mucho publicado al respecto, y aportar algo nuevo es difícil; mi preferencia iría hacia autores como Victor Fleming, Edward L. Cahn, Jacques Tourneur, André De Toth, Budd Boetticher, Phil Karlson…, autores poco o nada analizados por la crítica, y que, siendo mejores o peores, precisan un estudio de su obra, aportar información acerca de unas filmografías poco conocidas. El amigo Vizcaíno hace eso en su blog: escarbar en filmografías ignotas, descubrir rarezas, o simplemente hablar de series B que no merecen la atención de los estudiosos.

Así pues, Cinema de perra gorda es para mí un punto de cita obligada, que cada poco tiempo visito para estar al tanto de títulos determinados. Muchas de las ocasiones, no coincido en la valoración crítica que Vizcaíno efectúa de determinados títulos. No importa. El leer sobre cine no es el intentar descubrir las afinidades que tenga con un autor u otro, sino que, en las divergencias, hallar un enfoque que me parezca razonado, descubrir información valiosa que me enriquezca. Y Cinema de perra gorda, para mí, consigue eso. Gracias, Juan Carlos, y feliz cumpleblogs.

Carlos Díaz Maroto
Pasadizo
www.pasadizo.com

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UN LUSTRO MUY LUSTROSO

No soy blogero. Es más, apenas podría describir lo que es un blog. Por esto mismo, cuando Juan Carlos Vizcaíno me pidió que entrara en Cinema de perra gorda, su blog de cine que acaba de cumplir cinco años, desconocía qué me iba a encontrar. Y he alucinado. Sabía que Juan Carlos es uno de los más tenaces y conspicuos cinéfilos de Alicante. Tengo su libro y el blog es una prolongación en la red del mismo, un museo del cine en palabras. Juan Carlos es un arqueólogo cinematográfico que nos rescata del olvido cientos de películas que van de la serie B hasta la Z, si se me permite decirlo. Clásicos de segunda y tercera fila de una posible filmoteca que ocuparían los anaqueles menos visibles de nuestra videoteca. Pero entrañables. Constituyen una Historia del Cine apócrifa. Juan Carlos ha creado un Alicante Film Institute al alcance de todos los internautas. Y es que no sólo las reseña a modo de diccionario del Séptimo Arte, sino que les dedica el tiempo que se merecen con sus análisis, comentarios y sensaciones. Pero lo que no tiene precio es el catálogo de carteles de las películas. Una delicia. Un ejercicio de nostalgia cinematográfica, además de un documento visual memorable.

Estos films olvidados e incluso despreciados por gran parte de historiadores y críticos ocupan la misma posición que los consagrados, los reconocibles por el gran público. Están al mismo nivel. Están dignificados, respetados y discriminados positivamente. Esto no va en detrimento de los grandes títulos. No es tratar de forma igual películas desiguales, lo que podría ser una injusticia. Es confesar que el mismo deleite, emoción y satisfacción puede generar una visión de Caltiki. El monstruo inmortal que de Dos en la carretera. Porque, independientemente de la calidad técnica de un film, de su entidad, siempre he creído que la finalidad del cine y, por extensión, del arte, es emocionar. Y el trabajo cinematográfico de Juan Carlos Vizcaíno es realmente emocionante. Felicidades.

Gonzalo Eulogio
Crítico de cine de Radio Alicante (SER)

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A LAS TANTAS

Tuve mi primer contacto con un tal Darío Lavia el viernes 5 de Enero de 2001 a las tantas de la madrugada; era para indexar mi olvidada web de Terence Fisher en su “Base de datos para cinéfilos”. Al día siguiente los Reyes Magos me trajeron carbón... como acostumbraban a hacer. No me sorprendió.

Por aquel entonces, Juan Carlos Vizcaíno todavía no tenía la sección de Cinefania titulada La ventana indiscreta. Era el Año 1 de Cinefania y el pobre JC contaba con unos escasos conocimientos informáticos y de internet. Actualmente la cosa no ha variado tanto... pero por lo menos no reniega de la tecnología.

Un buen día Darío me presentó a JC vía messenger. Charlamos un rato sobre cine fantástico y sobre cine en general. Nos despedimos porque aunque en Argentina es una hora normal para charlar sobre Ulmer, en España son horas intempestivas.

Ese fue el comienzo de una cantidad ingente de madrugadas hablando sobre el séptimo arte en las que pude comprobar que JC era una de esas pocas personas que amaba el cine con una dedicación y un entusiasmo ilimitado. Si a esto le añadimos que sus miras se iban ampliando con el DivX, el DVD y toda la información accesible a través de la red... estaba asistiendo online a la gestación de un monstruo de la cinefilia. Me sorprendió.

El lunes 6 de Septiembre de 2004... a las 2:46:01 AM... me llegó un mensajito al correo titulado EMPECÉ EL BLOG:

Fuentess....

Ya he inciiado el blog, espero que me sirva como desahogo y distracción. La
dirección es la siguiente,
http://thecinema.blogia.com/

Saludos cordiales y no festees demasiado.
Juan Carlos

Era una reseña con el título “Presentación y declaración de intenciones”

Dejé un comentario ese mismo día: 06/09/2004 22:43 y fui contestado por el inefable JC unos minutos después: 06/09/2004 23:57

Eso fue hace cinco años y un libro... y continúa en ello ¡y a las tantas!

Alberto Fuente Santos

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PERO... ¡SI ES MEJOR LANCASTER¡

Yo ya me había dado cuenta, leyendo en tu blog, que Tourneur era uno de tus favoritos. Encontré allí críticas de películas que ni sabía que había dirigido él ni están editadas en España. Pero aún así tengo que reconocer que, cuando me dijiste que preferías El halcón y la flecha a Robin de los bosques, me entraron ganas de discutir. Sin embargo, iba a comenzar la película que tú debías presentar (creo que era Red River, “la última película”, según Bogdanovich) y no nos daba tiempo. El caso es que durante la proyección (Cliff y Wayne, los relojes suizos y las cabezas de ganado, el “take ‘em to Missouri, Matt”, y todo eso…) yo no podía dejar de pensar: “¿Dardo mejor que Robin? ¿Tourneur mejor que Curtiz? ¿Lancaster mejor que Flynn? No tardé en revisarlas y…¡efectivamente! ¿Hay algo mejor para la sobremesa que un clásico de aventuras?

Pero voy a tratar de recordar mi momento favorito de The flame and the arrow. Dardo (Lancaster), que vive en el bosque con su hijo y sus compañeros de fechorías, se encuentra en un camino con una comitiva de “la nobleza”. Mira de frente a la (que fue) madre de su hijo. Ella, avergonzada, no se atreve a cruzar miradas. “Ahí tienes, esa es tu madre”, le dice Dardo al pequeño aspirante a arquero, mientras pone la mano en su hombro. “Como ya te dije, no te pierdes demasiado”. Que me disculpen los que tienen mejor memoria que yo, sigo improvisando: “Y ése de ahí que le acompaña es tan miserable que, para tener una mujer, tiene que pagar”.

Me sorprendieron esos comentarios tan “modernos” en una película que debe ser del 49 o 50. ¿Una mujer que abandona a su hijo y se va con el mejor pagador en un clásico de Hollywood? Y no es sólo por eso que, ahora, yo también prefiero a Tourneur antes que a Curtiz. Pero yo mi primer arco me lo compré (mi madre me lo compró) tras ver a Robin destrozar la flecha del arquero que había dado en el blanco. Y eso no se olvida nunca.

Por cierto, Juan Carlos, pondremos La mujer pantera y Retorno al pasado este año en la Universidad de Alicante. Nadie mejor que tú para presentarlas. Y…bueno, larga vida a tu web, etc. Pero eso no hace falta que te lo diga…

Israel Gil Pérez
Coordinador del Aula de Cine de la Universidad de Alicante

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Mi querido Juan Carlos:

Como tú bien sabes, uno es de la Edad Media. Ando unos tres años con esto de las nuevas tecnologías por lo que de los cinco años de vida de tu Cinema de perra gorda, he "vivido" unos tres solamente. Nobleza obliga, y muchas felicidades por esos cinco años en cartel, por esos 600.000 espectadores y por esas 1.000 pelis que has estrenado en tu cinema. Me alegro, y tú me conoces lo suficiente como para saber que eso del peloteo de medio pelo no me va, sí que me va, y mucho, la amistad. Y ella ha sido larga en el espacio y en el tiempo. Entre tu otro mundo-pasión, las Hogueras, y el cine, que yo sepa siempre te decantabas mas por los clásicos, ha nacido este blog. Y todo esto que ahora celebras te dio la estupenda oportunidad de escribir ese libro llamado Proyecciones desde el olvido. Por cierto bonito título. Ya sabes que me va mucho el melo, pero del bueno. A ser posible de Douglas Sirk. Sigue así, Juan Carlos. Te puedes considerar un privilegiado. Y mas aún en una ciudad como nuestra querida Alicante.

Pero a mi, aprovechando el evento, me gustaría resaltar tu personalidad, pues en estos momentos de mi vida valoro mas que nunca a las personas, la humanidad de las mismas. Pero pienso que doctores tiene la iglesia, y no soy la persona mas adecuada. Lo que sí voy a decir, porque me ha gustado es esos primeros inicios en el cine. Hablas, sino me equivoco, empezaste a conocer el cine en el antiguo cine de verano Rex, detrás del Hotel Palas, que no existe. Justo al lado de la Congregación Mariana.¿Qué existe en Alicante, Juan Carlos? Y parece ser que allí viste El cristo del océano (1971) de Ramón Fernández que luego dirigiría No desearás al vecino del quinto. Y esto tiene su miga. Casi todas las generaciones de unas épocas muy determinadas comenzamos a ver cine con niños prodigio y lo que luego se llamó cine "de estampita" (de santos).Y es curioso que tú, mucho mas joven que otros....!Qué suerte!, vieras una peli en los comienzos de los 70 que era un retorno de ese cine de niño o “de estampita" que tanto cultivó nuestro cine. Aunque en ese caso la historia original era de Anatol France. A mí me tocaron los Marcelinos, Fray Escobas, Teresas de Jesús, Rosas de Lima, Isidros labradores, etc. Nadie es perfecto, amigo. Con el tiempo, vamos definiéndonos cinematográficamente hablando, gracias a Dios entre otras cosas mas.

Te diría muchas cosas pero me consta que no eres amigo de adulaciones aunque todos tengamos nuestro ego, y en casos como tú muy escondidito. Enhorabuena y felicidades, Que sigas muchos mas año en cartel. Yo te diría toda la vida, Y los demás que lo veamos y lo leamos. Como se suele decir en estos casos, siempre nos quedará...el cine (y las Hogueras por supuesto).

Un abrazote de cine.

Paco Huesca

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Buenas tardes. Mi nombre es Darío Lavia y soy lector de este blog y eventual opinador. También tengo el privilegio de mantener regulares conversaciones con el autor. Sacando las disputas puntuales sobre tal o cual película, tal o cual director o actor, en la mayoría de las veces, el tópico de nuestras pláticas podría resumirse a una sola frase: "antes, ver ciertas películas era casi un milagro; ahora es el metódico entretenimiento de nuestros ratos libres". Reflexionando sobre este punto se me ocurrió que este párrafo dedicado al primer quinquenio de incansable publicación de este Cinema de Perra Gorda, en vez de resaltar los matices de aquel pasado que ahora nos parece tan lejano, debería dedicarlo a poner la vista en el futuro, por ejemplo, sobre como será el blog dentro de los próximos cinco años. Está visto que ya no hay límites para el cine que se puede ver. Cada vez hay más películas disponibles (a través de restauraciones, subtitulados, etc.) y cada vez resulta más sencillo ver aquellos títulos y directores que desde siempre solo conocimos por libros y filmografías. ¿Estamos preparados para verlas y emitir una opinión fundamentada o corremos el riesgo de no saber percibirlas válidamente, con los ojos de un espectador de la época? Uno de los méritos del blog que Ud. y yo tenemos el placer de consultar semanalmente es que su autor ya ha superado esa dificultad... A eso súmele que Cinema de Perra Gorda tiene también un carácter divulgativo - lo que, en una época que el grueso de la información que nos llega de Internet es gacetillismo o basura, es un dato de suma relevancia- y también que no hay medios periodísticos - salvo claro, revistas especializadas cuya suscripción cuesta unos cuantos eurillos- que se dediquen a difundir este cine. Todo esto me hace especular que a medida que avancen los años, Cinema de Perra Gorda se irá consolidando como punto de consulta y revisión para antes o (especialmente) después de la función. Y no se trata de un augurio por compromiso, sino de una deducción asentada en la observación y deducción.

Darío Lavia
Cinefania (Desde Argentina)
www.cinefania.com

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Tuve la suerte y el privilegio de que Juan Carlos Vizcaíno y su blog Cinema de perra gorda llegaran a mí y no al revés. Muchas veces nos obcecamos y limitamos a las cuatro páginas de cine que conocemos en Internet y no nos adentramos en el poblado abanico de cinéfilos que vuelcan su pasión por el cine en la red. Así perdí la oportunidad de conocer mucho antes este diario de amor al cine tan notable.

Quisieron los hados que el bueno de Juan Carlos sí que me leyera a mí, en mis modestas reseñas sobre cine actual en El Mundo - Alicante, marcadas por la inmediatez inherente al medio periodístico. Por motivos que se escapan a mi entendimiento, resultó que esos breves comentarios fueron de su agrado. Ni corto ni perezoso, me invitó a la presentación de su libro Proyecciones desde el olvido y me regaló, todo un detalle, un ejemplar firmado. Desde entonces, es uno de mis libros de cabecera y el origen de un reto: mi búsqueda de esos incunables cinematográficos. Reto complicado en más de una ocasión.

Pero lo más importante es que, a partir de ese momento, se inició una corriente de simpatía entre ambos y, cuando, nuestras vidas nos lo permiten, entablamos animadas charlas sobre nuestra compartida pasión por el séptimo arte. Cómo le dije en nuestro primer café, ¡da gusto conocer a alguien que sabe quién es Michael Ritchie o John Frankenheimer¡ (por nombrar un par de tantos desconocidos para muchos) Ayuda a sentirse menos sólo en tu pasión como rastreador cinematográfico.

Y es que de eso se trata este blog y nuestra mutua y sana obsesión como cuasi arqueólogos cinematográficos a la búsqueda de esa joya desconocida. O aunque no sea joya…basta con que sea una peli rara o difícil de encontrar…

Que Kubrick, Hitchcock, Wilder o Rosellini son geniales está claro. Pero no sólo de grandes nombres vive el auténtico cinéfilo. Hay cientos, millares, diría yo, de películas en las que profesionales y/o artistas pusieron su pasión, su tiempo, su dinero…y en bastantes ocasiones alcanzaron la magnificencia de sus compañeros más reconocidos. Pero no su fama. Y dedicar dos horas de nuestro tiempo a ver cada una de ellas es lo menos que podemos hacer como homenaje a todos aquellos que pusieron su granito de arena a que el Séptimo Arte sea tan maravilloso.

Pues nada más, felicidades y que cumplas muchos más…Y que nosotros estemos aquí para leer esos análisis tan profundos y extensos que provocan mi admiración. Tan dado yo a la reseña breve y excesivamente concisa…

Un abrazo, amigo

Luis López Belda
Crítico de cine de El Mundo - Alicante

http://esplendorenlaquiebra.blogspot.com/

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LIBROS EN LA RED

Temo a las mudanzas como le temen los vampiros a los ajos, los viejos a la muerte y la televisión a la vergüenza. Mi casa no es la mejor casa (lo sé) pero mirar las estanterías llenas de libros (de cine sobre todo) me hace abortar cualquier idea de cambiar mi lugar de descanso y reflexión. Los libros siempre me han acompañado en mis idas y venidas personales y la llegada de un sueldo más o menos cómodo me hizo multiplicar por siete u ocho la cantidad de letra impresa que me acompañan a la mesa cuando escribo. Internet mola pero los libros son otra cosa. Estarán de acuerdo conmigo, supongo. Cuando descubrí el blog de Juan Carlos me di cuenta que tenía otro libro dentro de mi conexión de adsl. Un libro que cada día se rehacía para contagiar amor al cine y, por lo tanto, a la vida. Yo como soy de compartir vivencias, anécdotas, conocimientos y películas (música ya no desde que está el Spotify), he sido afortunado por tener a Juan Carlos de sherpa y a su Cinema de perra gorda como mapamundi de lo injustamente olvidado, lo postergado ruinmente por las modas más convencionales y lo que se va convirtiendo en recuerdo difuso de la educación sentimental de mi niñez cinéfila y contestataria. Por eso agradecerle el consejo y la generosidad de su proyecto es obligado cuando éste, a la chita callando (¿de dónde vendrá está frase?), cumple un año más y nuevamente sus objetivos. Tener un libro que cada día te da una sorpresa, un hallazgo y una página nueva no tiene precio. Como lo de compartir.

Manuel Ortega
Miradas de Cine
http://www.miradas.net/

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Cinco años cumple el blog Cinema de perra gorda, la ventana desde la que Juan Carlos Vizcaíno se asoma y deja asomarse al mundo cinéfilo. Vizcaíno, con sabia erudición y demostrando una extensa cultura en todos los ámbitos (cosa que envidio profundamente), realiza una labor bloguera intachable y alejada de cualquier especialización genérica, heterogéneo que es él en sus gustos y pasiones fílmicas. Es un blog que siempre ha estado apartado de la publicidad (encubierta o explicita, justificada o no) de cualquier evento o estreno, siempre fiel a centrarse en el comentario de sus propios, variados y envidiables visionados. Estos, tanto se adscriben a la más rabiosa actualidad (los menos, para eso ya hay mucho donde mirar) como a joyas del cine, de ese que algunos llamamos clásico y que otros (aquellos que por supuesto nunca conocerán el blog Cinema de perra gorda, ellos se lo pierden) obvian su existencia (películas “viejas” y “blanquinegras”, puag.., que asco).

El punto de vista de Juan Carlos, el que expresa en sus escritos, siempre anda alejado de los lugares comunes, del comentario mil y una veces leído, y se centra en el más profundo sentimiento que la película en cuestión evoca en él, desde una perspectiva absolutamente personal (y vaya personalidad). Se sitúa en esos esquemas de la crítica que transitan más por los caminos de la intuición que por los de la perorata informativa, alejándose así del academicismo, de la erudición mal entendida (por exhibicionista) y de las pajas mentales. Es, sobre todo, cuando Vizcaíno trata películas poco conocidas, sumergidas en el olvido o en el anonimato oficioso de su existencia, cuando más interesante resulta su lectura. Una lectura, que esperemos se mantenga muchos años más, a sólo un click de las teclas de nuestro ordenador.

Enhorabuena Juan Carlos.

Juan Andrés Pedrero Santos
Escritor cinematográfico

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No se si alguna vez habéis visto una película y de pronto os ha llenado tanto, habéis sentido tantas emociones juntas que necesitáis de alguna manera expresar lo que ha dejado de poso. Y, de pronto, sientes la necesidad total y absoluta de buscar al otro. Al amigo, a la amiga, al compañero, al familiar cercano, al conocido o desconocido y queréis que sienta lo que tú has sentido. A veces, da igual que no haya visto la película, el caso es comunicarse. Y si un día te dicen que vieron lo que les has contado…, entonces respiras feliz. O tal vez se dé la ocasión de compartir con el otro la proyección de la película para que después venga el coloquio junto a la taza de café.

Pero lo hermoso es que ocurra también lo contrario. Es decir, hay tantas historias que esperan ser vistas…, y de pronto, alguien te descubre esa posibilidad. Te cuenta. Expresa. Y entonces sientes la necesidad imperiosa de poder ver esa historia que te están contando.

Algo así ocurre con Cinema de perra gorda. Te metes en ese blog, por la mañana temprano, y descubres una historia que quieres ver y sentir. Vas leyendo despacio y disfrutas con una desconocida película de horror italiano que capta tu atención, o descubres que los viejos artesanos de Hollywood nunca dejarán de sorprenderte con filmografía que desconocías o en la siguiente entrada te das cuenta de que de ese actor o actriz que tanto te gusta aún te quedan trabajos suyos que disfrutar. Más allá encuentras una película que ya has visto pero la reseña te descubre aspectos que quizá no habías interpretado igual. Y decides volver otra vez a esa película para mirarla con otros ojos.

Cinema de perra gorda cumple cinco años y lo bueno es que quizá siga otros cinco, diez o veinte. Y todos esos años que quedan por delante para compartir o descubrir nuevos melodramas, comedias, westerns o cine negro. Y todos esos años que quedan por delante para que las sombras de Rock Hudson, Gloria Grahame, Bette Davis o Claude Rains, por nombrar algunos, sigan acompañándonos en forma de personajes con una inmortalidad envidiable.

Isabel Sánchez
El blog de Hildy Johnson
http://blog.cine.com/hildy/

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Juan Carlos Vizcaíno pertenece a la extraña secta de los cinéfilos cultos, una logia que no necesita símbolos ni claves para que sus miembros seamos capaces de reconocernos.

El cine y la vida se cruzan al principio, se detienen, se observan con detenimiento y, en cuanto surgen las primeras referencias, los primeros maestros (Ford, Welles, Hawks, Kurosawa, Buñuel..), las palabras se llenan de emoción y siempre acabamos descubriendo que, para nosotros, el cine y la vida forman un todo inseparable.

Vizcaíno es un cinéfilo y forma parte del selecto club de los estudiosos del arte popular por excelencia nacido con el siglo XX. Con placer, es capaz de transmitirnos las sensaciones y la emoción que le causan las películas que se cruzan en su camino. Y son muchas, quizás más de trescientas al año. En este sentido es lo que en mis tiempos más jóvenes denominábamos un “cinéfago”, un devorador de películas.

En su página web, que aquí saludamos, y en su hermoso libro Proyecciones desde el olvido, Juan Carlos nos ofrece un auténtico diario del cinéfilo erudito, capaz de emocionarse con el King Vidor de ...Y el mundo marcha (The crowd, la multitud) o de ver con claridad el clasicismo de Clint Eastwood cargado de futuro. Es un escritor de cine que vive las películas sin prejuicios, como búsqueda y descubrimiento, sin servilismos hacia las obras maestras, con amor a las películas casi perdidas y las consideradas erróneamente “pequeñas”, o de serie B. El Cine le entusiasma. Y cuando escribe desarrolla su propia visión sin abandonar la información y la crítica, como han hecho los dos grandes maestros de nuestra secta, Guillermo Cabrera Infante (G. Cain) y José Luis Guarner, como hacen los cinéfilos que escriben sobre el Cine y la Vida, y nos hablan de películas que significan algo muy personal, unidas a su alma como la carne al hueso.

Felicidades.

Mariano Sánchez Soler
Escritor y guionista.
Profesor de guión en el Centro de Estudios Ciudad de la Luz

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CON PUBLICIDAD

En esta época cibernética, el primer criterio por el que se evalúa que un blog “ha llegado” es gracias a la inserción de anuncios por palabras, que equivale a confirmar que se ha alcanzado el número suficiente de lectores para merecer una inversión publicitaria. Cinema de perra gorda hace tiempo que ha alcanzado esta puesta de largo virtual, paradójicamente dedicando la mayor parte de su contenido a glosar un cine cronológicamente ajeno a la digitalización, cuando los monstruos de las películas padecían artritis, los personajes de animación sumaban apenas media docena de gestos sobre un repetitivo fondo, y las azuladas noches de los melodramas en technicolor recalcaban su irrealidad. Para quienes nos ganamos la vida dando clase sobre estos temas resulta tremendamente placentero zambullirnos en un blog así y compartir pasión, recuerdos e información transmitidos con un estilo personal equidistante tanto del servilismo crítico que nos asola como del plúmbeo onanismo especializado. Y que quede claro que disfrutar viendo el cine de Wyler o curioseando con la serie B de Ulmer no está reñido con vitorear al pixar más reciente en 3-D (personalmente considero Up la película del año) o desear que Ciudad de la Luz se consolide definitivamente como punto de referencia cinematográfica en un Alicante que también compartimos, y donde en tiempos no tan lejanos (o quizás ya sí) ni habríamos soñado que Coppola, Depardieu o Dreyfuss vinieran a rodar aquí. A este rinconcito bloguero seguramente acudimos (dadas las cifras de visitas) cinéfilos de muy distinto pelaje a degustar su más reciente crónica cinematográfica. Seguid así y seguiremos.

John D. Sanderson
Profesor de la Universidad de Alicante
Centro de Estudios Ciudad de la Luz

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LO ANTIGUO

Cómo me cuesta ver el cine de ayer. Qué pereza me da regresar a las filmotecas. Sé que allí reposan los clásicos y que casi todo está inventado. Pero me resisto a anclarme en el pasado. Tengo esperanza en que lo bueno está por llegar. Mantengo el radar bien puesto confiando en que algo me sorprenda. Y por eso prefiero seguir la pista a los nuevos realizadores, a lo coetáneo, a lo último.

Cuando asisto a cualquier festival, dónde la sección oficial cohabita con las retrospectivas, soslayo estas últimas. Aun a sabiendas, insisto, de que es en ellas donde está el valor seguro. No es cuestión de cinefilia, sino libro de estilo de un ser humano pegado al tiempo que le tocó vivir. Puede que lo que se hace ahora sea mejorable. Puede que bastante de lo que se hace ahora sea bastante olvidable. Pero al menos es lo que realizan mis contemporáneos. Aquellos con los que puedo compartir una comida y un café. Los que miran el mundo y sus vidas con los ojos de aquí y ahora. Por eso ante este blog de la perra gorda mantengo sensaciones enfrentadas. Y me recuerda asignaturas pendientes hacia las que no quiero regresar.

Antonio Sempere

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LA PASIÓN POR DESCUBRIR

Algún día nos ahogaremos de tanto navegar por Internet. Es ya tanta la información en la Red que a veces no sabemos qué rumbo tomar. En lo que al cine se refiere, decenas, cientos son las webs o blogs que tratan este arte-espectáculo, pero casi todas lo hacen para redundar en los estrenos o en aquellos aspectos más populares. Hay, sin embargo, notables excepciones en este maremagno cinéfilo-fago, como es, no lo duden, Cinema de perra gorda. Ya en su título uno capta algo de su esencia primera: nostalgia por el cine blanquinegro, por lo clásico, por lo antiguo (y no por ello menos nuevo). Esto no quiere decir que Juan Carlos Vizcaíno, su autor, no dedique atención a títulos más modernos, pero se nota en él interés por lo añejo y, especialmente, por los ignoto y, en particular, por lo ignoto de los grandes nombres. ¿Es que no conocemos toda la filmografía de John Ford? Vizcaíno nos demuestra que no. Aún hay títulos que descubrir en los directores clásicos. Robert Wise, Jean Renoir, Henry King, John Ford, Akira Kurosawa, Anthony Mann, y otros muchos, pasean por las páginas de este blog bajo la mirada escrutadora de Vizcaíno, que analiza y reflexiona sobre las películas con clara pasión cinéfila. Cada mes, Cinema de perra gorda nos depara una o dos sorpresas, películas de las que apenas sabíamos nada, producciones tan olvidadas como curiosas.

En Internet todo el mundo puede escribir, todo el mundo puede tener un blog, pero finalmente se demuestra que la constancia es enclenque en la mayoría de los blogueros. No es el caso de Juan Carlos Vizcaíno, al que agradecemos estos cinco años de descubrimientos.

José Manuel Serrano Cueto
Escritor cinematográfico – Pasión por el cine
http://pasionporelcine.es/

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El lector que se aventure en este blog tiene asegurado un sentimiento: la complicidad. El secreto de Cinema de Perra Gorda es que, pese a su aparente especialización (hablamos de una web cinéfila que pone su lupa sobre los clásicos), su autor logra transmitir una experiencia compartida, un placer que sólo se explica mediante dos procedimientos: el blanco y negro y el technicolor. A lo mejor por eso Juan Carlos Vizcaíno ha conseguido una legión de seguidores que, como él, viven en un perpetuo estado de ilusión cuando se habla de buen cine. ¿Hay quien dé más?

No se engañen: según vamos siendo mayores, rincones como este blog se van haciendo cada vez más necesarios. Por todo ellos, recibe, Juan Carlos, un abrazo entrañable desde Cine y Letras.

Guzmán Urrero
Cine y letras
http://www.guzmanurrero.es/

 

En la víspera del V aniversario: MIRANDO HACIA ATRÁS SIN IRA

En la víspera del V aniversario: MIRANDO HACIA ATRÁS SIN IRA

Mañana hará exactamente cinco años del momento en que Cinema de perra gorda se abría con modestia al universo virtual. Con la misma modestia que se mantiene un lustro después, tras el que sin embargo se atesora un considerable trayecto abierto a la consulta y el debate del universo virtual. Unas setecientas mil visitas y el comentario de un millar de títulos, son la punta del iceberg de una iniciativa tan sencilla como contumaz que, situándose en unos límites muy concretos, ha sabido a partir de esa perseverancia lograr su propio sello.

 

Muchas serían las conclusiones que podría extraer de esta mirada hacia atrás –siempre sin ira- que brinda este quinto cumpleaños, pero me ceñiré a aquellas que personalmente me resultan más interesantes, aplicando ironía y sinceridad a partes iguales. Empecemos con ellas

 

¿Qué ha supuesto para mi Cinema de perra gorda?

 

I.- La reducción anual del visionado aproximado de medio centenar de películas, con respecto la anterioridad de que este blog fuera creado. Es decir, que el propio hecho de tener que escribir de la mayor parte de los títulos vistos ha limitado la facilidad con la que anteriormente me “zampaba” dos y tres películas en un mismo día. En suma, más reflexión pero menos contemplación. Mal inicio.

 

II.- El deseo hecho realidad de editar un libro sobre cine. Así es. En 2007, una selección de los comentarios insertos en este blog, debidamente corregidos y ordenados, fueron el germen de Proyecciones desde el olvido. Fue mi primera –espero que no sea la última- y deseada aportación al variopinto mercado de publicaciones cinematográficas. Vamos mejorando. Solo por ver cumplido ese deseo, ha merecido la pena todo el tiempo puesto al servicio de Cinema de perra gora.

 

III.- La oportunidad de conocer personalmente a gente maravillosa como mi buen amigo Víctor Arribas, el entrañable y mitómano Guillermo Balmori o al gran maestro Miguel Marías. Haber podido conversar con el amabilísimo Eduardo Torres-Dulce, o mantener contacto con críticos tan admirados como José María Latorre o Tomás Fernández Valentí. Otro buen motivo para mantener las espadas en alto, y pensar que de algo ha valido este esfuerzo tan grato.

 

IV.- Cosas menores han surgido a través de esta iniciativa. Ser jurado del Festival de Cine de mi Alicante existencial, escribir varios cuadernillos de ediciones en DVD, presentar películas en charlas al público… Vamos, que poco a poco vamos haciendo camino al andar.

 

V.- Paulatinamente, la propia inercia del blog y su culminación con la edición de Proyecciones desde el olvido, me ha llevado a derroteros que implícitamente había seguido en otras actividades paralelas. Siempre me ha gustado discurrir por senderos poco transitados. Al igual que sucede en las publicaciones que realizo en mi ciudad y sus fiestas de Fogueres de Sant Joan, se une mi inveterada tendencia de “retornar al pasado”. No de forma acrítica, ni siempre pensando que todo ejemplo del ayer fue mejor, pero si de alguna manera revelándome contra la simpleza y rutina de pasar página, cuando muchas veces la que llega tiene menos interés que la que se ha orillado apresuradamente.

 

VI.- El aprendizaje sobre la marcha. Aunque ya había hecho mis pinitos en este terreno con la sección La ventana indiscreta que me brindó mi buen amigo Dario Lavia en su web Cinefania, lo cierto es que Cinema… me ha permitido “foguearme” en estos menesteres. No hay más que contemplar –me provoca verdadero rubor- los primeros escritos de este blog. No se si me habré pulido todo lo necesario en estas tareas “escribidoras” –los latiguillos y reincidencias literarias no me abandonan de ninguna de las maneras-, pero supongo que algo habremos avanzado o, al menos, hemos dado la apariencia de ello.

 

VII.- Intentar transmitir la pasión del descubrimiento. Ha sido siempre uno de mis objetivos primordiales; expresar todo aquello que me produce el visionado de una película deseada o, por el contrario, trasladar esas cualidades percibidas sin haberlo esperado. La lista de ejemplos sería larguisima. Más vale consultar los contenidos del blog casi al azar. En todo momento, en los ejemplos más o menos entusiastas, si algo tienen los comentarios publicados es el sentido de la inmediatez, ya que siempre se han redactado pocas horas después de haber contemplado sus imágenes. Es algo que creo se nota.

 

VIII.- Incidir y confeccionar tantas y tantas críticas y comentarios, me ha hecho ratificarme en la certeza de la interconexión del cine. Toda película se encuentra relacionada con algún referente previo. Aquel momento o innovación que presumíamos datada en un ejemplo concreto, siempre ha tenido un “antes de”. Las modas o el peso de éxitos precedentes, o incluso la referencia aislada existente en un título poco conocido, pero que fascinó a un cineasta que lo contempló casi a hurtadillas, permite definir el cine como un inmenso rompecabezas de infinitas piezas, que jamás vamos a poder completar –el límite de nuestras propias vidas lo impide-, pero que sí hemos de intentar al menos sacar a la luz pública tantas y tantas obras cinematográficas de valía postergadas, en muchas ocasiones de manera injusta y arbitraria.

 

IX.- Pese a todas estas características, no puedo negar que en ocasiones me ha sorprendido el calor con que han sido recibidos en ocasiones mis comentarios. Siempre en círculos minoritarios –hoy en día la cinefilia que retroceda más allá de los límites en Stars Wars pertenece al patrimonio de unos cuantos locos-, lo cierto es que esa comunión de intereses –lo cual no equivale a señalar que a todos nos guste lo mismo- ha tenido en algunas ocasiones una recepción cálida. No sería justo tampoco omitir cuando algunas de mis opiniones han sido duramente rebatidas –con mensajes casualmente poblados por faltas ortográficas-. Vean si no la sucesión de reacciones que ha venido provocando con el paso del tiempo mi opinión sobre Boys don’t Cry, The Warriors o algunos títulos más. Absolutamente lógico, por otra parte.

 

X.- Cinema de perra gorda se ha convertido en un depósito de mi memoria cinematográfica. Al transmitir las impresiones de la mayor parte de las películas que voy viendo, me permite vaciar el depósito del recuerdo. No es raro que leyendo un texto que he escrito apenas dos ó tres años antes, apenas recuerde la descripción que relata. Por eso precisamente, para salvaguardar del olvido todas esas sensaciones que te puede producir cualquier título contemplado –más allá del mayor o menor grado de interés de cada uno de ellos-, surge este auténtico “depósito de celuloide”.

 

XI.- Siempre me queda la duda permanente ¿Tendrá interés Cinema de perra gorda por que en muchas ocasiones trata sobre películas que para otros no cuentan, o porque además atrae por como estas se cuentan?

 

XII.- Por último, y no menos importante. Cinema de perra gorda se ha convertido en un ingrediente más de mi vida. Como si fuera un rito cotidiano, el aperitivo de mediodía de algunos o la partida de cartas de otros, ese ratito, esa casi hora diaria destinada a transmitir con la palabra el regusto de una película contemplada, me hace reencontrarme con los clásicos reconocidos, con Ford y con Lang, pero ante todo por los llamados contrabandistas, abanderados del cinema bis. De Tourneur a Ulmer, de Phil Karlson a la melancolía de Richard Quine. De la creencia en el amor de Borzage al conocimiento del alma humana de McCarey. De todos ellos –y de muchos más- se trata en este blog que se detiene un día para cumplir su primer lustro de existencia. Es una parada muy breve, ya que a partir del día 7 de septiembre ese caminito de placeres visuales reemprende con fuerza su sendero. Es decir, que el The End no se impone. Tan sólo el To Be Continued. Gracias por seguirme antes, ahora y mañana, en ese recorrido prácticamente sin final conocido.

 

Mañana, 6 de septiembre, fecha del V aniversario de Cinema de Perra Gorda, insertaremos una larga relación de personalidades ligadas bajo diferentes aspectos al mundo de la afición cinematográfica, opinando de manera muy contrapuesta sobre la significación que, desde hace cinco años provocó la presencia de este blog en la inmensidad del contexto virtual. Léanlas, y verán como pese a su modestia, Cinema de perra gorda ha sido un rincón recurrente entre numerosos amantes del cine de todos los tiempos.

 

Juan Carlos Vizcaíno

DESPERATE JOURNEY (1942, Raoul Walsh)

DESPERATE JOURNEY (1942, Raoul Walsh)

Incluso en los mejores momentos de su trayectoria profesional, la copiosa filmografía del norteamericano Raoul Walsh se caracterizó por su irregularidad. Una irregularidad que más que centrarse en una hipotética desgana de sus tareas de realización, se podría marcar fundamentalmente en la desigual calidad de los materiales de producción que le fueron encomendados. Ni que decir tiene que el que fuera uno de los tuertos más célebres del cine norteamericano no siempre tenía la obligación de demostrar su pericia en dichas tareas. Como a cualquier otro cineasta, era lógico que en Walsh se encontraran vaivenes en su inspiración, pero bien es cierto que era una circunstancia que no era fácil de prodigar en su obra –y francamente, creo que han de escasear en ellas títulos que alberguen un mínimo de interés-. Dentro de estas generalidades, lo cierto es que DESPERATE JOURNEY (1942) representa bajo mi punto de vista el punto de conflicto que puede mostrarse entre el buen pulso de un cineasta siempre seguro en sus recursos cinematográficos, y las debilidades de un guión que, por mucho que uno intente analizarlo, está provisto de unas debilidades que por momentos llegan a ser insalvables.

 

Y este alcance chirriante, a mi modo de ver se establece en la propia génesis de esta película de alcance antinazi, desarrollada bajo una premisa humorística que personalmente considero poco acertada. Lo sé. El cine norteamericano en esos años legó a la posteridad obras firmadas por Chaplin, Lubitsch o McCarey, destacadas por su acertada vena satírica en torno al nazismo y sus consecuencias. Sin embargo, creo que en esta ocasión esa mezcla de relato aventurero y tinte humorístico chirría considerablemente, quizá no solo por el tratamiento que se ofrece del espécimen nazi sino, sobre todo, por la escasa entidad que adquieren los personajes definidos como positivos. Pese a ello, esta odisea de un grupo de seis oficiales representantes de diferentes países y adscritos al ejército británico en su lucha contra el ejército alemán, indudablemente reviste el ritmo y la pericia inherente al cine walshiano. En ningún momento podemos hablar de pérdida de ritmo, y las andanzas de este grupo de militares están espléndidamente mostradas, con una progresión impecable. Sin embargo, la atractiva sucesión de aventuras llega un momento que a mi modo de ver queda expuesta como una sucesión de peripecias que, unido a ese maniqueísmo que poco a poco va adueñándose del metraje, contribuyen a crear una sensación de mecanicismo que neutralizan esa humanidad que se da en muchos otros títulos del realizador –incluso dentro de este periodo, ahí está la posterior UNCERTAIN GLORY (1944) para ratificarlo-.

 

Esa acumulación de peripecias, a cada cual más increíble, no evitan jamás que nos abandone la sensación de asistir a un producto de evasión resuelto con profesionalidad, e incluso logremos contemplar episodios en los que la inspiración llega a alcanzar cotas notables de interés. Será quizá a mi juicio la muestra más definitiva de ello el que se desarrolla en la consulta de ese doctor, que intenta ayudar al joven sargento Hollis a recuperarse de los balazos de un contraataque nazi. Los encontronazos de los oficiales británicos con el asedio de los nazis, mientras el veterano doctor intenta inútilmente salvar al muchacho herido mortalmente –impresionantes sus últimos momentos de vida, mostrados en primer plano-, proporcionan un fragmento en que no solo se observa ritmo, sino una lógica interna que tendrá su continuidad en los minutos posteriores, cuando el matiz humorístico queda en un segundo término, logrando imbuir al espectador a través del sentimiento que transmite la joven Kaethe Brahms (Nancy Coleman) en su compromiso con la lucha antinazi, a este grupo de soldados que hasta entonces se han tomado la dura práctica de la guerra como un auténtico paseo triunfal. Es por ello que DESPERATE JOURNEY alcanza una cierta temperatura emocional con la búsqueda infructuosa de los padres de Kaethe que han sido usurpados por una pareja de nazis, remitiendo de nuevo la faceta humorística, y sosteniendo la película un sesgo dramático definido por su convicción. Sin embargo, el film de Walsh retomará los rasgos genéricos antes mencionados en los minutos finales de la película, dejando de lado la intensidad y vigor que en fragmento precedente. En definitiva, nos encontramos ante uno más de los múltiples encargos que la Warner venía ofreciendo al ya veterano realizador en aquel periodo fértil de su obra. Un film en el que el nervio y el oficio de su artífice se encuentra mediatizado y, en algún momento, casi anulado, dentro de una poco afortunada combinación de comedia y aventura bélica, y que personalmente jamás situaría entre los productos de mayor alcance rodado en este periodo por su director. Eso si, si más no, sus imágenes y el ritmo del relato, invitan a un visionado entretenido y lleno de amenidad.

 

Califciación: 2’5

THE GREAT MOMENT (1944, Preston Sturges)

THE GREAT MOMENT (1944, Preston Sturges)

Parece una curiosa paradoja el hecho de tener que referirnos a dos títulos que representan sendos reveses en la trayectoria de dos importantes directores debutantes en el cine USA de la década de los cuarenta: Orson Welles y Preston Sturges. Me estoy refiriendo a THE MAGNIFICENT AMBERSONS (El cuarto mandamiento, 1942) en el primero de ellos, y THE GREAT MOMENT (1944) en el conocido guionista-realizador especializado en la comedia. En ambos casos se trata de películas insólitas y renovadoras, narran hecho sucedidos en la pasado de Norteamérica, tuvieron enormes problemas con sus respectivos estudios –R. K. O. en el primero de ellos, Paramount en el de Sturges-, su acogida no fue precisamente cálida, y en ambos casos supusieron dolorosos reveses para sus directores. La semejanza viene acentuada en este caso, ya que resulta evidente viendo sus imágenes que THE GREAT MOMENT se rodó teniendo bastante presente el referente cinematográfico brindado por el enfant terrible que un año antes había firmado la renovadora CITIZEN KANE (1941). Sin embargo, el paso de los años es indudable que ha permitido reconsiderar la valía del segundo film de Welles –a quien algunos reconocidos comentaristas sitúan en sus cualidades por encima que el célebre ...KANE-. Es algo que sin duda no ha sucedido ni de lejos con el que sigue suponiendo el film maldito de la filmografía de un realizador tan codificado en su aportación a la comedia como Preston Sturges. Es indudable que en ello ha influido de forma decisiva la circunstancia de que en muchos países ni se ha tenido la oportunidad de contemplarlo. De hecho, en nuestro país solo tengo noticias de un lejanísimo pase en Televisión Española cuando a inicios de la década de los setenta se realizó el primer ciclo sobre su obra. Desde entonces –y van casi cuatro décadas de ello-, puede que la película no se pudiera ver en nuestro país, más que en la retrospectiva que sobre el realizador se proyectó en el Festival de San Sebastián de 2003.

Esa perenne desconocimiento y el hecho de ser una propuesta que se alejaba de la inclinación a la comedia que el director había logrado consolidar en su cine, unido al fracaso que la película adquirió –se rodó en 1942, pero no se estrenó hasta dos años después-, hacen hasta cierto comprensible que THE GREAT… quedara siempre como el exponente olvidado y ninguneado dentro de una aportación cinematográfica de primer orden. Curiosamente, el propio Sturges siempre se mostró muy satisfecho de su resultado, pese a discrepar de la gran cantidad de modificaciones de montaje que los directivos del estudio aplicaron al finalizar el rodaje. Pero aún asumiendo esa azarosa circunstancia, e incluso que de haberse respetado el proyecto original quizá nos hubiéramos encontrado con un resultado de mayor entidad, no es menos cierto que la película que comentamos resulta en su misma una propuesta sorprendente –una de las más extrañas del cine norteamericano de la década de los cuarenta-. Solo por eso, y por resultar además una propuesta que demuestra la suficiente coherencia dentro de la obra de su realizador, al tiempo que brinda nuevos terrenos –por desgracia casi inexplorados en su escasa filmografía posterior- para su cine, la película merecería un reconocimiento hasta ahora francamente vedado. Es más, dentro de las pocas referencias existentes –por ejemplo, el interesante libro que escribió James Ursini dentro de la mencionada retrospectiva en San Sebastián- estas se detienen antes en los elementos negativos que en su caudal de virtudes. No diré que lamento estar en desacuerdo, en la medida que personalmente considero que puede que se trate de una película desequilibrada y quizá irregular, pero al mismo tiempo deviene en una obra singular y apasionada, conteniendo en su metraje alguno de los instantes más memorables jamás filados por Sturges.

Combinando su propuesta dentro del ámbito del biopic con los tintes del género Americana, y mostrando en su seno las querencia del director por vericuetos argumentales marcados por el uso del flash-back, THE GREAT MOMENT plantea una biografía más o menos dramatizada del descubridor del éter, el dentista William Thomas Green Morton (encarnado con convicción por Joel McCrea). Siguiendo la estela de los títulos que durante años especializara a William Dieterle dentro del campo de la visualización de trayectorias de celebridades de la medicina, Sturges retomó la narración que le proporcionaba la novela de René Fülöp-Miller, brindando a través de la misma una mirada teñida de escepticismo en torno a las debilidades y grandezas de la condición humana. No era nuevo, por otra parte, que un moralista como Sturges se insertara en esta vertiente, faceta que ya planteó incluso en su vertiente de guionista, dando vida libretos en los que los vericuetos del poder y las relaciones humanas eran elementos de especial significación –y con ello pienso en títulos IF I WERE KING (Si yo fuera rey, 1938. Frank Lloyd) o, especialmente, el previo THE POWER AND THE GLORY (El poder y la gloria, 1933. William K. Howard), de la que se observan no pocas semejanzas en el título que nos ocupa.

La película se inicia –tras su extraña disposición en los títulos de crédito-, con una breve secuencia de irresistible alcance evocador. Un envejecido compra un galardón que se encuentra en venta en el escaparte de un anticuario. El comprador es Eben Frost (espléndido William Demarest, fiel secundario de Sturges), quien lo recupera para la ya envejecida Elizabeth (Betty Field), viuda del recientemente desaparecido Morton. Una lágrima de la emocionada viuda cae sobre el galardón, revelando lo que de importante tenía el objeto en la andadura vital de su desaparecido esposo. Un pequeño flash-back –ciertamente esquemático en su plasmación cinematográfica-, nos recordará algunos de los momentos finales de la frustrada odisea de Morton a la hora de ver reconocida la patente de su creación. Sin embargo, y aún reconociendo el relativo artificio de la inserción del mismo –en un lugar diferente al concebido inicialmente por Sturges-, no se puede negar que esa presencia refuerza la garra de sus momentos iniciales, logrando el interés del espectador en la narración, que poco después se insertará en un posterior y ya definitorio flash-back extendido al conjunto posterior del film. Será un largo episodio en el que se desgranarán las incidencias y penalidades que sufrirá la intención inicial de Morton, y que le permitirán poco a poco ir perfilando una fórmula que le brindará una progresiva intuición. Todo ello en el alcance de un descubrimiento que contribuiría un progreso en la profesión de los dentistas, al lograr amortiguar el dolor en los pacientes a la hora de realizar las extracciones. Será una crónica en la que destacará un tono cotidiano y en bastantes momentos ligado con la comedia, ofreciendo además la suficiente ambigüedad a la hora de describir la imagen de un extraño ser inquieto ante el progreso científico, que no duda en atender aquellos indicios que le puedan proporcionar otros colegas, si con ello le sirve alcanzar su objetivo. Sin embargo, la visión del personaje dista tanto de definir un arribista o, por el contrario, alguien revestido por la genialidad. En ese agradable término medio es donde se encuentra uno de los elementos de una película que por ese alcance marca una notable singularidad, distanciándose en este terreno del alcance de los biopics al uso de los que toma referencia, elogiables sin embargo en otros elementos cinematográficos.

La película descansa en una ajustada ambientación de época, resaltada en un especial cuidado en su magnífica fotografía en blanco y negro de Victor Milner, potenciando además esa cualidad en un uso de la profundidad de campo, claramente heredada del modelo wellesiano en las citadas ...KANE y ...AMBERSONS. Dominada por esa atractiva contextura visual, THE GREAT… alcanza su definitiva consolidación mediante la decidida apuesta de Sturges logrando ratificar que además de ser un brillantísimo e innovador guionista, nos encontrábamos con un realizador de primera fila, que lograba insuflar de fuerza y estilo a sus relatos. Es algo que en esta película podremos ratificar en momentos ya mencionados, o en otros como el escalofriante travelling de retroceso que nos mostrará el cortaplumas que Morton se ha clavado en su mano para probar en sí mismo el efecto del líquido adormecedor del dolor, o el deslumbrante y casi físico episodio de la operación que servirá en pleno centro hospitalario, para que el profesor Warren (un admirable, como siempre, Harry Carey) compruebe la valía del líquido aportado por nuestro protagonista. Una secuencia que deviene angustiosa para el espectador, dominada por un larguísimo plano sostenido cerrado en una panorámica y otro plano posterior que, a mi modo de ver, se erige quizá como el fragmento más memorable de la función. Si a ello añadimos el riesgo y la funcionalidad en la mezcla de elementos de comedia con la suave dosis de melodrama que domina el relato –ejemplificados a la perfección en la experiencia inicial de Morton con el éter puesto en práctica ante Frost, que le hace volverse cómicamente violento en su primera visita al despacho de este-, nos transmitirá el alcance de una propuesta insólita y llena de arrojo. Pero si tuviera que inclinarme por el rasgo finalmente más valioso del conjunto, no dudaría en destacar esa ligazón que el film de Sturges manifiesta con los ecos del melodrama silente. Esa pureza y ascendencia que lo emparenta con las muestras del género firmadas por Griffith en aquel lejano periodo, tiene su definitiva manifestación en diversos de los momentos ya señalados, en la irresistible fuerza –llegando incluso a conmover- de sus instantes finales, reforzados por esa inesperada apertura de puertas que brinda el deseo final del protagonista, en la inserción de rótulos remarcando las fechas definitivas en la trayectoria investigadora de Morton, o incluso en esos momentos en los que este investiga con un grueso manual las propiedades de los líquidos experimentados, insertándose en la pantalla los textos de las definiciones médicas.

Todas estas circunstancias contribuyen, y no poco, a conformar un conjunto de irresistible atractivo, y en el que cabe relativizar la ingerencia del estudio ante un film absolutamente inclasificable, que demuestra como en aquellos años cuarenta se experimentaba de manera decidida con las propiedades del cine –recordemos los primeros pasos como director de Fuller-. Cierto es que en algunos momentos se puede discutir la pertinencia de determinadas elecciones de montaje, pero no es menos cierto que en bastantes casos estas se vislumbran de gran pertinencia. Incluso la aparente sensación abrupta de la conclusión del metraje, deja en el espectador una sensación de desconcierto que personalmente considero permite que su recuerdo perdure en la memoria. Es así, como entre la visión del mundo y la condición humana que, entre líneas, marcó la apuesta de Sturges y la probada eficacia del equipo profesional de un estudio, que en esta ocasión decidió cuestionar en cierta medida la apuesta personal de un hombre que había llenado de dinero sus arcas en pocos años, discurre este THE GREAT MOMENT, la perla olvidada de la filmografía de un reconocido cineasta, que en modo alguno merece ser calificada con un injusto olvido. Cuantos cineastas de inmerecido prestigio desearían contar en su obra con un título como el que nos ocupa.

Calificación: 3’5

THE VERDICT (1946, Don Siegel)

THE VERDICT (1946, Don Siegel)

Poco conocida entre los aficionados, THE VERDICT (1946) supone el debut cinematográfico de uno de los realizadores más representativos de la denominada “generación de la violencia” del cine norteamericano –que aunó nombres como Robert Aldrich, Samuel Fuller o Richard Brooks-. Una primera experiencia tras la cámara que a mi modo de ver plantea un resultado agradable, aunque en él no quepa vislumbrar un alejamiento o singularidad dentro de los parámetros de la producción del cine policíaco auspiciado por la Warner Bros en aquel periodo. Antes al contrario, resulta evidente que en sus primeros trabajos como realizador, Siegel se plegó antes en el mimetismo hacia éxitos recientes del estudio –sucedió igualmente con la posterior THE BIG STEAL (1949), que intentaba retomar los ecos de la excepcional OUT OF THE PAST (Retorno al pasado, 1947. Jacques Tourneur), ralentizando unos pocos años la presencia de una determinada personalidad visual y temática en su obra. Ello no debería hacernos prefigurar una opinión en contra antes estas modestas aportaciones cinematográficas, ya que en sí mismas habrían de ser valoradas desde la perspectiva de suponer productos solventes, ocasionalmente dotados de cierta intensidad cinematográfica, demostrativos que el hasta entonces montador Siegel supo integrarse con normalidad en el seno de las tareas de dirección. Solo por ello creo que hay que atender a estas pequeñas pero estimulantes películas, exponentes pertinentes de esa producción de programa doble, quedando como oportuno caldo de cultivo para tantos y tantos hombres de cine.

Nos situamos en una noche dominada por la niebla en el Londres de 1890. Una ejecución se va a cometer en una de sus cárceles, proceso en el que ha ejercido como fiscal el veterano George Edward Grodman (un espléndido, como siempre, Sydney Greenstreet). Persona sensible pese a su aparente aplomo, pronto tendrá que asumir que la persona a la que se culpó de un asesinato y ajustició, en realidad no era la culpable del crimen –aparecerá poco después un sacerdote que certificará la imposibilidad del acusado de haber cometido dicho asesinato-. Totalmente superado por la inesperada noticia, Grodman dimitirá del cargo ocupado dejándolo en manos del ambicioso y torpe Buckley (George Coulouris), y retirándose de una vocación profesional de más de tres décadas, que de la noche a la mañana ha quedado totalmente desprestigiada, convirtiéndose este error judicial en una auténtica tortura para alguien hizo de su trayectoria una auténtica forma de vida. Sin embargo, un nuevo elemento se introducirá en el extraño asesinato de la Sra. Kendall –el crimen por el que se condenó a un inocente-. Su sobrino, Arthur Kendall (Morton Lowry) será violentamente apuñalado –no se sabe si suicidio o asesinato-, encontrándose numerosas evidencias que implican a diversos sospechosos. Será lógicamente el momento de intentar descubrir los pormenores del caso y, sobre todo, atender a la previsible eficacia de Buckley, quien poco a poco tendrá que admitir y solicitar la ayuda de Grodman, que además resultó casi testigo de las circunstancias del violento suceso, ya que vivía muy cerca del lugar del mismo.

Sin duda, THE VERDICT queda definida en sus características, como una pequeña película que se establece al eco de éxitos como GASLIGHT (Luz de gas, 1940). Thorold Dickinson) o su remake norteamericano GASLIGHT (Luz que agoniza, 1944. George Cukor). Como en los significativos referentes antes señalados se desarrolla en un relato desarrollado en pleno periodo victoriano, dentro de ambientaciones decadentes, entre brumas y nieblas, logrando en su conjunto una atmósfera de misterio en la que argumentalmente se introducían rasgos de las elementales novelas policiacas firmadas por Agatha Christie. Es un contexto en el que se integrará plenamente la película de Siegel, que se inicia de manera muy atractiva, con esos planos de grúa sobre el siniestro campanario que en la noche anuncia la ejecución de la sentencia, logrando introducirnos en la pesadumbre que invade al veterano oficial de la justicia. Ese Grodman al cual contemplaremos reflexionando sobre la ingrata tarea que lleva a su cargo, en la que un éxito suyo ha de conllevar en muchos casos la condena de un acusado. Estamos ante un planteamiento francamente interesante que, a mi modo de ver, es escamoteado de manera muy sibilina en el relato, impidiendo esa reflexión sobre la futilidad de la justicia que apuntan esos primeros minutos. En su defecto nos introduciremos en el ámbito de un argumento de misterio bastante poco interesante en la descripción de sus personajes –hay una evidente tosquedad en la definición de su psicología y conflictos-, aunque ello no evite que nos encontremos con buenas interpretaciones o caracterizaciones interesantes –los rasgos de la casera que escondía una secreta fascinación por el joven asesinado, la sorprendente contención y sutileza con la que Peter Lorre encarna al ambiguo y siempre observador Victor Emmric-. Esa inclinación por la mecánica de la búsqueda del culpable del asesinato de Kendall y las circunstancias en las que se cometió el crimen, es la que impide que THE VERDICT alcance las cotas que sus primeros minutos vaticinan. Cierto es que en la rutina de dicha investigación se insertan sutiles detalles humorísticos en la visión que Grodman mantiene sobre Buckley, y existe una interesante plasmación visual de las secuencias desarrolladas en el interior de la mansión de la anciana Sra. Benson –plasmadas por unas angulaciones de raíz expresionista y una brillante utilización escenográfica-. La iluminación en blanco y negro –obra de Ernest Haller y el no acreditado Robert Burks- contribuye a crear una atmósfera de misterio adecuada, a lo que contribuirá no poco la espesura de una dirección artística centrada en interiores con espesos y casi asfixiantes cortinajes. Es más, en el conjunto del relato hay episodios que funcionan magníficamente de manera aislada –especialmente aquel en que se inhuma el cadáver de Kendall para atender diversos elementos de la declaración de su novia, la joven Lottie-. Sin embargo, estos hallazgos parciales no permiten que nos encontremos ante un conjunto suficientemente homogéneo, que curiosamente en sus instantes finales, y por encima de esa descripción de las circunstancias del crimen –lo dicho, muy al modo de los planteamientos de la Christie-, proporcionando una simetría en su conclusión, cerrando un círculo en el que el destino se cerrará sobre un ser ante el que su respeto de la justicia le llevó a auspiciar la condena a un inocente. Todo un cargo de conciencia que finalmente le llevará a una autoinmolación voluntaria, no sin antes haber logrado una afilada venganza contra su arrivista sustituto, legando a la posteridad un libro con el recorrido de su trayectoria en esta vocación tan compleja como necesitada de un juicio siempre inapelable, ante la cual las debilidades del comportamiento humano se revelan como un referente imperfecto.

Un curioso detalle para finalizar. Las deliberaciones que mostrará la cámara en el juicio que finalmente condenará a Sir William Dawson (Holmes Herbert) por el asesinato de Kendall, parecen preludiar en síntesis el planteamiento de la obra de Reginald Rose, que se trasladó a la pantalla de la mano de Sidney Lumet en 12 ANGRY MEN (Doce hombres sin piedad, 1957)

Calificación: 2’5

NO ROOM FOR THE GROOM (1952, Douglas Sirk)

NO ROOM FOR THE GROOM (1952, Douglas Sirk)

Siempre he estado convencido de que, caso de no haber puestro en práctica su retirada dentro del cine norteamericano tras el estruendoso éxito logrado IMITATION OF LIFE (Imitación a la vida, 1959), Douglas Sirk hubiera dirigido total o parcialmente sus derroteros fílmicos como uno de los grandes especialistas de la comedia romántica, en un periodo en que dicho género alcanzaría un especial protagonismo de la mano de realizadores como Tashlin, Lewis, Wilder, McCarey, Minnelli, Quine o Edwards. Precisamente de este último hablaba muy elogiosamente Sirk en su libro de memorias –quizá debido a haberlo conocido en el periodo en que ambos se encontraban trabajando en la Universal-, y lo cierto es que en no pocas ocasiones se manifestó en el cine del cineasta alemán una innataza capacidad para la incorporación de sutiles elementos ligados a dicho género, que tendrían un oportuno marco de cultivo en la mencionada IMITATION… -los instantes iniciales del film, desarrollados en una abarrotada playa, pueden ser un perfecto ejemplo de dicho enunciado-. En la defensa de esta impresión personal cabe mencionar que en los primeros instantes de su andadura en la Universal, Sirk se responsabilizó de la realización de diversas comedias que, si bien no se encuentran entre lo más valioso de su obra, no se les puede negar ocasionales cualidades, al tiempo que se erigen como exponentes más o menos complementarios de una filmografía más destacada en su rotunda apuesta por un concepto arriesgado, crítico y abigarrado del melodrama cinematográfico.

 

Y es en esa vertiente secundaria y complementaria de su obra, donde cabe situar películas poco conocidas de su obra como la inmediatamente posterior HAS ANIBODY SEEN MY GAL? (1952) y el título que comentamos, NO ROOM FOR THE GROOM (1952) –ambas inéditas comercialmente en nuestro país-. A diferencia del primero de los títulos que comentamos, NO ROOM… se plantea en plena actualidad, describiéndose como una tragicomedia de tintes amables, centrada en la singladura existencial que define a un joven soldado norteamericano –Alvah Morell (Tony Curtis)-, quien contraerá matrimonio en Las Vegas en un breve permiso que disfruta dentro de su voluntariado como combatiente de la Guerra de Corea. Lo hará enamorado con Lee (Piper Laurie), la cual no se ha atrevido a decir a su posesiva madre su entrega hacia Alvah, dejando de lado el interés de su progenitora por que se case con el acaudalado Strople, dueño de la factoría cementera de la localidad. La inoportuna aparición de la varicela en el soldado impedirá que los recién nombrado esposos puedan consumar su matrimonio, regresando el joven soldado tras diez meses en la contienda, y encontrando que su casa se ha visto invadido por la casi incalculable presencia familiar de los Kingshead. Una embajada encabezada por la dominadora y castrante madre de Lee, empeñada en el deseo de que su hija –de la que sigue sin saber que se encuentra casada con Alvah- se una sentimentalmente con Strople. Esta será la situación que se encuentre el protagonista cuando regrese a su propiedad familiar con una semana de permiso, encontrando un clima de pesadilla al no poder ni siquiera mantener un momento de intimidad con su esposa –ya que su entorno desconoce que han contraído matrimonio-, viéndose invadido por una interminable pléyades de seres que invaden su domicilio particular hasta límites casi inverosímiles, y sintiéndose finalmente como un auténtico extraño no solo en su propia casa, sino en un contexto social en el que se manifiesta como un auténtico corpúsculo molesto, pese a representar en apariencia el prototipo del héroe norteamericano.

 

Es en esta vertiente donde probablemente el film de Sirk no alcance la debida virulencia. Quizá sea por su intrínseca condición de ser poco más que un producto de complemento, finalmente se tiene la sensación de que NO ROOM… deja escapar la posibilidad de brindar a través de sus imágenes una punzante mirada satírica de diversos de los elementos sobre los que, ya en aquel entonces, se sostenía la frágil mitología del American Middle Class. Desde la aterradora visión del matriarcado ofrecida, hasta la crítica ofrecida a la inclinación a la psiquiatría, es cierto que la película deja entrever en su desarrollo no pocas puyas críticas que, cierto es reconocerlo, no siempre alcanzan el debido grado de eficacia. Sea probablemente por ausencia de sutileza, de escasa definición de sus personajes, de simpleza en varios de sus planteamientos, o quizá por la acumulación indiscriminada de efectos, lo cierto es que nos encontramos con una película que deja un sabor de boca bastante agridulce, no solo por su combinación de elementos ligados a la comedia con otros de matiz melodramático, pero que jamás llega a profundizar en ninguno de ellos, legando un resultado tan estimable como escasamente aprovechado.

 

En el célebre libro de entrevistas realizado por Jon Halliday como recorrido a toda su obra, Douglas Sirk confesaba no tener recuerdo alguno de esta película, de la que solo aventuraba estar realizada simplemente como lanzamiento del joven Tony Curtis. En este sentido, y más allá del excesivo alcance autocrítico formulado por el realizador alemán –lo que dice bastante del rigor con que calificó su propia obra-, y de la destreza que el joven Curtis demostraba ya en sus primeros años como galán de la Universal, lo cierto es que no se pueden dejar de anotarse el caudal de virtudes que por momentos se adueña de esta pequeña película, en la que podría verse un exponente tardío –y menguado- del cine de Preston Sturges, mientras que en otros instantes parece vaticinar la corriente renovadora que la comedia USA consolidaría pocos años después. Dentro de sus cualidades, cierto es que la película en todo momento deja ver la capacidad de Sirk tras la cámara, logrando con su planificación y destreza en la realización dinamizar unas situaciones que quizá sobre el papel no tendrían un excesivo alcance. Algo especialmente demostrable en la aplicación de planos largos definidos por un encomiable uso del reencuadre. Lo cierto es que en sus mejores momentos, NO ROOM… rebela un cierto adelanto de lo que pocos años después quedaría definido como el “musical sin danza” en el seno de la comedia norteamericana –las secuencias que Alvah y su esposa, se unen poco antes del final en el apartamento del amigo del primero, preparando un encuentro de los esposos-.

 

Más allá de estas facetas reveladoras de un interés cinematográfico, y de aquellos aspectos en los que esa mirada crítica se desaprovecha por completo –ese hipotético héroe local que comprueba con estupefacción que la sociedad en la que se reintegra por unos días, no duda incluso en intentar declararle como loco-, quizá el elemento más perdurable de la película sea mostrar una de las galerías familiares más aterradoras del cine norteamericano. Algo que nuestro protagonista comprobará en la modélica secuencia de regreso a esa vivienda de su propiedad en la que comprobará sentirse como un extraño, hasta ese otro momento en el que resulta prácticamente imposible encontrar un solo rincón en el que pueda encontrar una mínima intimidad con su esposa, lo cierto es que reconozco que en no pocos momentos me provocó una sensación de creciente irritación el descarado comportamiento de esa extraña, alocada e incontrolable familia, definida dentro de un trazado no demasiado bien perfilado, en el que junto a detalles por momentos cercanos a la genialidad se suceden otros en los que esa sensación de desaprovechamiento de sus posibilidades se adueñan de la pantalla. Con ello me refiero especialmente a la escasa sutileza con la que queda descrita la madre de Lee, una mujer castrante y dominadora que encubre tras sus ficticios achaques al corazón sus adicciones al tabaco y los dulces.

 

Calificación: 2’5

DIGGERS (2006, Katherine Dieckmann)

DIGGERS (2006, Katherine Dieckmann)

DIGGERS (2006, Katherine Dieckmann) es un ejemplo pertinente de film pequeño y  rodado casi al margen de la industria, que se encuentra presente en el cine norteamericano de los últimos años. Títulos intimistas, simpáticos y ocasionalmente atractivos, que revelan una mirada crítica y al mismo tiempo nostálgica sobre un periodo más o menos cercano de la vida de su país. En esta ocasión, el film de la debutante Dieckmann –de la que podemos encontrar actualmente en cartelera MOTHERHOOD (Madre en apuros, 2009)- intenta formular una visión definida por su alcance evocador y nostálgico, pero en la que no deja de introducirse un elemento irónico y matices reveladores de alcance crítico, que bien podían trasladarse hasta nuestros días. En cualquier caso, DIGGERS se centra en la singladura vital de un grupo de amigos de Long Island, dedicados a la pesca de las almejas en dicha costa. Un grupo de seres encaminados ante una forzada madurez que realmente apenas atisban en sus espíritus jóvenes y al mismo tiempo dominado por la rutina, en el que la implicación con un contexto casi rural, de alguna manera ejerce como frontera para lograr la realización de todos ellos como auténticos seres humanos.

 

A partir de esta delimitación temporal de la película –ese verano de 1976 que concluyó con la elección de Jimmy Carter como presidente de los Estados Unidos- la película no deja de mostrar la incidencia que se planteó durante uno de los debates presidenciales, en la que un imprevisto apagón dejó en pantalla a los dos candidatos; Ford y Carter, sin saber que hacer durante bastante minutos. En definitiva, se trata de elementos que marcan de manera importante en el logro de una ambientación totalmente creíble, en la que tanto los vestuarios, la manera de decoración y cualquier otro elemento, representa por completo el periodo abordado por la narración, a través del cual se exteriorizará el desamparo existencial que rodea a esa mirada coral, en la cual un grupo de amigos y muchachos irán “vegetando” tras el rito diario de la captura de almejas, en unas aguas que han sido en su mayor parte cerradas y adquiridas por empresas multinacionales, limitando con ello el desarrollo profesional de todos ellos.

 

En cualquier caso, el elemento de partida de le película lo proporcionará la inesperada muerte en alta mar de un viejo patriarca, cuyo hijo –Hunt (Paul Rudd)- asumirá la preparación de las honras fúnebres, sirviendo esta desaparición como punto de inflexión en la andadura vital de un joven encaminado a una madurez forzosa. El hecho de no haber podido estar con su padre en los últimos momentos de este –se quedó durmiendo cuando este cogió su vieja barca para iniciar su jornada habitual-, supondrá un remordimiento para alguien que intenta representar su deseo de evadirse de la rutina de su vida, con su afición a la práctica de la fotografía con cámara Polaroid –siempre logrando imágenes de objetos estáticos y no vivos-.

 

A partir de la presencia de este personaje central –al que Rudd otorga una autenticidad y sensibilidad notable en su interpretación, demostrando que se trata de uno de los intérpretes más valiosos e infravalorados del cine USA, aunque al menos en los últimos años se le reconozca su enorme capacitación para la comedia-, DIGGERS extiende su relato dentro de un alcance coral, a partir de una narración dominada por lo apacible de su tono, dirigiéndose fundamentalmente a una mirada contemplativa en la que ciertamente se echa de menos una mayor densidad en el conflicto dramático, mientras que por otro lado nos encontremos dentro de un relato común –bastante común dentro del cine USA-  caracterizado por la sinceridad que emana a partir de su notoria carencia de pretensiones. Es dentro de dichos límites, donde cabe apreciar un relato en voz baja, en el que se combinan no siempre con acierto elementos de comedia bufonesca, habituales en el cine puesto en práctica por personalidades como David Wain y Ken Marino –componentes del grupo The State-, con un alcance y una mirada dominada por el intimismo, rasgo este donde la película alcanza sus mayores cotas de calidez. En este sentido, que duda cabe que una de las virtudes más notables de DIGGERS reside en su espléndido ensemble cast, ofreciendo un conjunto de interpretaciones contrapuestas, todas ellas dominadas por la entrega y la complicidad. Con su decidida implicación, la aplicación de una puesta en escena transparente, reposada y afortunadamente no demasiado dominada por elementos visuales dogma, y un cierto equilibrio en la gradación del relato, si más no, al menos logran perfilar una pequeña pero entrañable película, cuidada en el alcance de una ambientación temporal muy determinada, configurando un determinado grado de simpatía precisamente por su corto alcance. Evidentemente, estamos en este caso muy lejos del alcance y la fuerza revulsiva de títulos como THE LAST PICTURE SHOW (La última película, 1971. Peter Bogdanovich) –que me sigue pareciendo una de las últimas obras maestras del cine norteamericano-, pero no por ello podemos desdeñar la capacidad evocativa de un título todo lo previsible que se quiera, pero que alberga en sus imágenes, sencillas y serenas, no pocas reflexiones sobre la búsqueda de una realización plena en el colectivo que puebla su ficción. Es indudable que el planteamiento daba para más, sobre todo en las posibilidades que mostraba el mencionado personaje de Hunt. Sin embargo, en todo momento podemos detectar elementos que se dirigen a esa indagación de personajes –la película ofrece toda una gama de perfiles psicológicos-, sin que los mismos en ningún momento se inserten dentro del peligroso límite del estereotipo. Es precisamente en esa autenticidad que destila la galería de seres que puebla los fotogramas del film de la Dieckmann, donde finalmente se encuentran los elementos más perdurables y atractivos de una película todo lo insignificante que se quiera, pero que revela a una realizadora sensible y dotada de una indudable capacidad de observación de los comportamientos y debilidades humanas. No es poco.

 

Calificación: 2’5

LAW AND ORDER (1953, Nathan Juran)

LAW AND ORDER (1953, Nathan Juran)

Algunos años antes de firmar la que finalmente sería la película más reconocida –y probablemente conseguida- de su filmografía –THE 7th VOYAGE OF SIMBAD (Simbad y la princesa, 1958)-, especializándose en una serie de títulos ligados al cine fantástico contando con la égida de Ray Harryhausen, el norteamericano Nathan Juran firmó en una de sus primeras películas -LAW AND ORDER (1953)-, una adaptación de la novela Saint Johnson de W. R. Burnett que previamente ya había tenido acomodo en la pantalla en dos ocasiones precedentes. En este contexto, la primera de ellas –LAW AND ORDER (1932, Edward L. Cahn)- goza de cierto prestigio dentro del primerizo western cinematográfico. No puedo hacer comparaciones con estos referentes, pero sí cabe definir el conjunto de esta producción de la Universal como una típica propuesta de serie B de inicios de los cincuenta, en el que se insertan –con desigual acierto- diversas de las constantes que tuvieron acomodo en el cine del Oeste en aquel periodo. Desde la incorporación activa del paisaje –que ciertamente alcanza efectividad solo en los pasajes iniciales y finales de su metraje-, la adscripción a su vertiente psicológica, el proceso de integración del mundo del Oeste a unos nuevos modos dominados por el respeto a la ley, o la descripción que realiza de un contexto humano caracterizado por la crispación e hipocresía, personalmente considero que es en el último de los rasgos citados, donde el film de Juran ofrece finalmente una cierta espesura. No por ello cabe señalar que nos encontremos ante un título que destaque por su singularidad o logros expresivos. En su defecto, para apreciar las virtudes que adoran esta finalmente apreciable al tiempo que pequeña película, habría que dejar de lado las múltiples ingenuidades y el esquematismo que su desarrollo muestra en más ocasiones de lo deseable, deteniéndonos por el contrario en sus aciertos –que van desde unos agudos diálogos hasta la eficacia narrativa de algunas de sus secuencias, especialmente la brutal pelea que se desarrolla finalmente entre el sheriff protagonista –Frame Johnson (un estoico y al mismo tiempo eficaz Ronald Reagan) y el cacique Kurt Durling (el veterano Preston Foster)-.

 

Virtudes y defectos que, de alguna manera, se hacen extensivos al alcance que podía alcanzar la eficacia artesanal desplegada generalmente por Nathan Juran a lo largo de su filmografía, en la que ciertos comentaristas han querido vislumbrar una serie de propiedades que, lo confieso, jamás he podido detectar en los títulos del realizador que he tenido ocasión de contemplar hasta la fecha, y eso que un servidor se declara ferviente defensor de esa veta creativa innata al conjunto del artesanado de Hollywood. Es algo que en la película nos plantea la singladura humana del ya citado Johnson, el hombre que ha logrado llevar a la paz la ciudad de Tombstone, y que de la noche a la mañana advierte que su vida en dicha localidad dejó de tener sentido, ya que después de lograr adaptar la población a un contexto más civilizado y respetuoso con la ley, en realidad él ha quedado allí como un peligroso representante de aquella antigua manera de entender la existencia. Consciente de que su tiempo ha pasado y que su continuidad como sheriff de la localidad podía entrañar más un peligro que un beneficio, abandonará su ocupación y viajará hasta Cottonwood, dejando en la célebre población a su prometida –Jeannie (Dorothy Malone)-. Sin embargo, lo que se vislumbraba como un nuevo rumbo, para adquirir un rancho que podría brindarle una segunda oportunidad en la vida, muy pronto le permitirá vivir en sus propias carnes la imposibilidad de abandonar el rol que le ha proporcionado su existencia. Es así como muy pronto advertirá que Cottonwood es una población dominada por el impulso caciquil del veterano Durling, quien en el pasado se enfrentó a nuestro protagonista, resultando gravemente lesionado en uno de sus brazos. La fama que antecede a Johnson le verá forzado a recibir el ofrecimiento de ser jefe de policía de la localidad, cargo que rechazará pero aceptará su hermano más joven. Sin embargo, todo ello no supondrá más que el inicio de una espiral de acontecimientos que alcanzarán un tinte trágico, y que culminarán con el enfrentamiento del mayor de los Johnson contra el cabeza de los Durling. Un combate largo tiempo larvado del segundo contra el primero, que se expresará en la pantalla como una auténtica catarsis y elemento de confrontación, para que el ya veterano hombre de la ley pueda, definitivamente, iniciar una nueva vida, cansado ya de tener que ejercer sin convicción como mandatario de la ley.

 

Sin duda, hay que introducir LAW AND ORDER dentro del conjunto de producciones que se insertaron o tomaron como punto de partida la descripción de una sociedad en descomposición, manifestando en sus imágenes una nada solapada metáfora sobre el malestar que se estaba viviendo en la sociedad norteamericana con las consecuencias del maccarthismo y la histeria anticomunista. Se trata de un marco en el que cabe introducir el ejemplo quizá inicial de HIGH NOON (Solo ante el peligro, 1952. Fred Zinnemann) y que probablemente tuvo su exponente más logrado en la excelente SILVER LODE (Filón de plata, 1954. Allan Dwan), pasando por otras manifestaciones como la posterior y sobrevalorada BUCHANAN RIDES ALONE (1958. Budd Boetticher). En medio de dicho contexto, lo cierto es que el título que comentamos jamás llega a superar la barrera de lo estimable, en la medida que sus propuestas en muy pocos momentos logran traspasar las barreras del estereotipo. Un nada larvado maniqueismo lastra las posibilidades de un relato en el que fundamentalmente los personajes negativos no atienden ningún matiz de complejidad –atención a ese sheriff corrupto, tan escasamente sutil en su psicología-, mientras que aquellos definidos en su alcance positivo tampoco alcanzan elementos complementarios. Por su parte, ciertas incidencias del relato son despachadas con no poco apresuramiento –por indicar dos ejemplos pertinentes ¿Qué es del bandido que inicia la película junto al protagonista, una vez este abandona Tombstone?, ¿Cómo se puede entender que con una sola visión queden perdidamente enamorados el más joven de los Johnson con una de las hijas de Durling?-.

 

Quizá sea demasiado pedir dentro de una película que apenas alcanza los ochenta minutos de duración y que, si más no, es innegable que sabe mantener la atención merced a unos buenos diálogos –quizá el elemento más punzante de la reunión-, un atractivo empaque visual –en el que el tratamiento del color resulta de notable importancia- y oportunas pinceladas narrativas. Apuntes que van desde la fuerza que adquiere la secuencia inicial, en la que el aprovechamiento y la terrosidad de los exteriores manejados, logran cincelar el retrato del protagonista, esa panorámica que muestra las tumbas que se describen junto al rótulo de Tombstone –reveladoras del espíritu que en la población reina la aplicación de las leyes que defiende Frank-, o la ya secuencia de la pelea entre el eterno hombre de la ley y el rival suyo, dominada por una garra notable, que logra elevar el apagado ritmo que hasta entonces rige la parte final de la función. Junto a ello, no cabe dejar de destacar dentro de su relativo alcance, el matiz humorístico que advierte la presencia de ese empleado de funeraria que viajará junto al protagonista con su coche fúnebre, unido en la búsqueda de una mayor pujanza de su negocio, tras la ausencia de muertes violentas que rige una Tombstone ya entonces “pacificada”, que permite además un detalle premonitorio cuando dicho carruaje discurre delante del hermano de Frank una vez ha asumido la jefatura de policía, premonitorio de su posterior –y previsible- asesinato.

 

En cualquier caso, entre un nivel medio atractivo pero carente de grandes méritos, lo cierto es que el film de Juran pierde la ocasión a la hora de mostrar la complejidad de la atormentada personalidad de ese Frame Johnson, condenado a pesar suyo a tener que sufrir en su interior el dilema de ejercer como defensor de la ley, aunque dicha noble condición le impida vivir la paz de su vida. Un dilema de alcance existencial que la película no acierta a mostrar en la pantalla con toda su deseada complejidad, aunque ello no le impida mostrar una estructura dramática dominada por su simetría. Es así como LAW AND ORDER tendrá un inicio y una conclusión basada en espacios exteriores, en cuyo desarrollo se expondrá la paradójica evolución de ese hermano del protagonista que inicialmente se oponía a que el veterano sheriff atendiera el peso de la justicia, mientras que finalmente a punto estará de acabar con él cuando se encuentra a punto de hacerla servir de nuevo, aunque ello pueda motivar su captura ante la misma. Una interesante paradoja que quizá no esté aprovechada en la medida que sí lo pudieran proporcionar otros mucho westerns del periodo, aunque no nos evite contemplar un título aparente en su aspecto y llevadero en su desarrollo.

 

Calificación: 2’5