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CINEMA DE PERRA GORDA

APARTMENT FOR PEGGY (1948, George Seaton) Apartamento para Peggy

APARTMENT FOR PEGGY (1948, George Seaton) Apartamento para Peggy

Considero que hay dos maneras a la hora de acercarnos a la muy poco conocida APARTMENT FOR PEGGY (1948). Una de ellas reside en realizarlo dentro de cierta corriente que afloraba entonces en ese periodo intermedio para la comedia americana. Un ámbito aún poco analizado, que ofrecía pequeñas parábolas morales, y en la que incluso podríamos incluir un par de atractivas aportaciones dispuestas de manera insólita por el mismísimo Edgar G. Ulmer. La otra, es la de entroncar esta sobria crónica en torno al contraste en el disfrute de la existencia, dentro de las características que definieron el cine, humilde pero efectivo, de su director y guionista; George Seaton. En cualquiera de los dos casos, nos encontramos con una propuesta atractiva y entrañable, capaz de aunar su visión como crónica de las estrecheces de una sociedad urbana traumatizada por la cercanía de su participación en la reciente contienda mundial. Pero junto a ello, brinda en sus bien moduladas costuras, una mirada revestida de lucidez e incluso en sus mejores pasajes de poesía, en torno a la apuesta por el vitalismo, por más que en ocasiones aparezca desprovisto –por diferentes causas que afloren en su devenir diario- del menor asidero.

Bajo el engranaje de una modesta producción de la 20th Century Fox, provista de un mesurado cromatismo que acentúa en esta ocasión ese carácter cotidiano de su historia, la película ya describe en sus primeros instantes el espíritu que va a definir su discurrir. Las notas musicales de un grupo de veteranos amigos, molestarán a unos vecinos. Es decir, lo que para unos es disfrute, para otros deviene un auténtico incordio. Y, en resumidas cuentas, esto será lo que describirá el argumento del propio Seaton, a partir de una novela de Faith Baldwin, que con el paso del tiempo aparece casi como una involuntaria mixtura de las posteriores y británicas THE BROWNING VERSION (1951  , Anthony Asquith) y THE LADYKILLERS (El quinteto de la muerte, 1955. Alexander Mackendrick). En ella, comprobaremos el interés del veterano profesor de filosofía Henry Barnes (un extraordinario Edmund Gwenn) por quitarse la vida, al comprobar que no le quedan alicientes para ser gozados. Viudo desde hace bastante tiempo, solo espera completar una publicación, y tras ello poner fin a una andadura vital que aparece revestida de rutina y carencia total de asideros. El destino querrá que en un parque se encuentre con una joven extrovertida. Se trata de la atractiva Peggy (estupenda Jeanne Crain), casada con Jason (William Holden), embarazada de pocos meses, y sufridora junto a su marido de enormes estrecheces para poder encontrar un alojamiento. Jason se encuentra estudiando en la universidad, y la asignación gubernamental no le daría para pagar un alquiler, teniendo que dormir en una caravana prestada. Por casualidad Peggy descubrirá que el anciano puso en el pasado a disposición el ático de su antigua vivienda, no dudando en pedirle que se la ceda. Pese a la renuencia de Barnes, el joven matrimonio se hará depositario de la misma, provocando considerables molestias en la tranquila existencia del profesor, llegando incluso a adoptar un perro. No obstante, junto a esta irritación, el veterano profesor poco a poco irá apreciando lo que es la vida en compañía, integrándose los tres habitantes en una agradable convivencia, que permitirá a Barnes ejercer casi como un padre para ellos. De manera inesperada se ceñirá la tragedia sobre el joven matrimonio, perdiendo Peggy el hijo que esperaba. Será el detonante para que se ciña sobre el matrimonio la sombra de la crisis. Jason abandonará los estudios y se marchará a Chicago a trabajar en un comercio de venta de coches. Su esposa se encontrará a punto de abandonar la residencia del anciano y este, viéndose superado por ese vacío que le deja inesperadamente una pareja a la que ha llegado a estimar profundamente, consumará su intención de suicidarse, sin pensar que su viejo amigo el doctor ya había previsto dicha circunstancia.

Son numerosos los alicientes que brinda esta comedia tan cercana al espíritu de Frank Capra, aunque revestida de una extraña serenidad en su deliberada textura de crónica cotidiana y urbana. Esa mirada que Seaton brinda de un Nueva York invernal, aparece quizá más realista que la que el mismo director había ofrecido en la exitosa aunque más comercial MIRACLE ON 34th STREET (De ilusión también se vive, 1947), con la que comparte la presencia de Gwenn. Unamos a ello la introducción de elementos poco comunes en el género en aquel tiempo; la presencia del tema del suicidio, el olvido por la tercera edad, las dificultades en torno a la reincorporación de los voluntarios aliados en la vida civil, o las limitaciones económicas existentes en la época. Son temas sin duda poco comunes a la hora de abordar un tratamiento de comedia realista –no me cabe duda que la ascendencia del neorrealismo italiano está presente en sus fotogramas-, y hay que reconocer que George Seaton logra articularlos con una extraña delicadeza, integrando todos estos aspectos sociopolíticos, en la aventura humana de nuestros tres protagonistas. Huyendo de ese sesgo tremendista que podría poner en práctica el ya citado Capra –con el que por otro lado se puede emparentar esta película en algunos aspectos-, y careciendo de manera voluntaria de esa querencia del gran cineasta italiano por el terreno melodramático, su artífice ofrece una mirada siempre apelando a la sobriedad y lo cotidiano. Ello no le impedirá describir pasajes donde aflore un aura sentimental que llega a conmover –la manera con la que se plasma el aborto de Peggy, los instantes en los que el viejo profesor le evoca a esta los ecos de su esposa desaparecida en el cuarto donde ambos convivían-. Hay en la película de Seaton –que no dudo en considerar la más atractiva de cuantas he contemplado dirigidas por él-, una afortunada simbiosis de elementos, que no excluyen secuencias tan divertidas e insólitas, como esa improvisada charla que Barnes ofrecerá a un colectivo de esposas, teniendo como pupitre una mesa de billar, en la cual estas de manera sorprendente mostrarán un interés vivo en torno a la filosofía, adaptándola a la realidad de sus vidas. Un fragmento que debería figurar en cualquier antología de lo mejor legado por el género en aquellos años, dentro de una película pródiga en momentos intimistas, como el instante en el que el hasta entonces refunfuñón profesor, contemple el enorme cambio que Peggy ha logrado con su desvencijada buhardilla, o miradas y gestos que delatan el afloramiento de una serie de sentimientos que, a la postre, serán los que sostengan esa nueva oportunidad para el vitalismo, bien sea en ese anciano hasta entonces desahuciado de cualquier interés por prolongar su existencia, o en esa joven pareja que derrocha entusiasmo, pero no posee las condiciones necesarias para ello.

Entrañable pero contundente parábola que transmite en voz baja, la importancia de introducir en nuestra vida cotidiana el peso de la cultura heredada, en una propuesta sencilla, siempre entrañable, conmovedora en algunos momentos, hilarante en otros, pero provista de una especial capacidad de inspiración, que a mi juicio le hace merecedora de una especial consideración dentro la comedia americana de la segunda mitad de los cuarenta.

Calificación: 3

PRIMA DELLA RIVOLUZIONE (1964, Bernardo Bertolucci) Antes de la revolución

PRIMA DELLA RIVOLUZIONE (1964, Bernardo Bertolucci) Antes de la revolución

No tuve, dada mi definición generacional, una ligazón en torno a todo aquello que marcó una determinada adscripción de la cinefilia, hacia una serie de cineastas y figuras que, como ha sucedido en tantas ocasiones, fueron fruto de modas pasajeras. Recuerdo como en no pocas ocasiones aludía a ello en sus comentarios el maestro José Mª Latorre, evidenciando como tótems en su momento erigidos como portaestandartes de la supuesta vanguardia fílmica. No nos engañemos. Es algo que se ha venido sucediendo con posterioridad, incluso en los tiempos actuales, donde las generaciones más jóvenes sienten el impulso de entronizar nuevos cineastas, que pocos años después caen al olvido con la misma ligereza con la que fueron descubiertos. En dichos parámetros, podemos situar la aparición del italiano Bernardo Bertolucci, de inmediato llevado a los altares de la modernidad cinematográfica. La célebre y pueril frase pronunciada en una de las secuencias más caducas de PRIMA DELLA RIVOLUZIONE (Antes de la revolución, 1964) “No se puede vivir sin Rossellini”, aparece como el elemento más reconocible de esta crónica del conflicto existencial y político vivido por Fabrizio (Francesco Barilli), en la provinciana ciudad de Parma –localidad natal de Bertolucci- de 1962.

Unas vistas aéreas de la misma, punteadas por la voz en off del protagonista, exteriorizando esa sensación de ahogo que se produce en su día a día, como burgués que desea rebelarse de tal condición, heredada de su entorno familiar, y en el cual tanto tiene que ver el contexto urbano en que se desarrolla su vida diaria. En su oposición, se ha implicado en la afiliación con el partido comunista, intentando extender esa inquietud que le rodea, aunque no deje de ver a los ciudadanos que le axfisan, como una masa carente de alma y pensamiento. Intentará trasladar esa inquietud a su buen amigo, el joven Agostino, del que pronto sabremos su desapego familiar y su extraña condición interior, que culminará inesperada y trágicamente con el suicidio.

El paso de los años nos permite modificar las percepciones de cualquier aportación artística, y estoy convencido que esta circunstancia se extiende de manera considerable sobre esta célebre obra de Bertolucci. De entrada, uno siente como algo vieja esa querencia del cineasta por ciertas formulaciones visuales propias de la Nouvelle Vague. Esa determinada libertad formal se me antoja caduca, casi en colisión, con una mirada que logra transmitir el desasosiego existente, con un entorno en el que el atavismo de esa sociedad anclada en el pasado, aparece tan palpable a través de la iluminación que brinda la fotografía en blanco y negro de Aldo Scavarda. Con esos tonos lívidos, tan familiares en el cine italiano de la época, que se antojan casi físicos en su cercanía con el espectador. Caduca aparece también esa querencia con el conflicto planteado en la filiación comunista del protagonista, como envejecida aparece esa ya señalada secuencia en la que Fabrizio conversa con un amigo cinéfilo, entablándose un casi hilarante debate, tras haber contemplado ambos un film de Godard, que queda ejemplificado como un bálsamo para emerger de la mediocridad cultural de la ciudad. O también casi infantiles; las secuencias en las que se describe esa fiesta anual para los militantes comunistas. Instantes quizá en los que Bertolucci incidió situándolos en un primer plano, pero como en un cuadro, han aparecido totalmente desteñidos.

Y es que, a fin de cuentas, lo que realmente sigue otorgando fuerza a PRIMA DELLA RIVOLUZIONE, es el grito de auténtica rebeldía, de búsqueda de realización personal, establecido entre Fabrizio y su aún joven y atractiva tía Gina (Adriana Asti). Esa mujer a la que acogerá a su retorno a Padua, y con la que sobrellevará una historia de amor, sincera, apasionada, en la que la sombra de ese auténtico incesto quedará diluida por la sinceridad de su comportamiento. De la luz que ilumina unas almas que, esta vez sí, logran una rebeldía auténtica, real y tangible. Una unión que saben se encuentra condenada a una efímera existencia, pero a la cual la imagen legará a plantear color en medio de la negrura del paraje urbano, en una de las soluciones visuales más atrevidas y entrañables. Así pues, también el paso del tiempo ha despojado de la posible aura de escándalo de una relación en principio contra natura, quedando hoy día en la pantalla con un aura de sinceridad, de anhelo buscado, de vislumbre de una realidad quizá efímera pero, por ello, más auténtica.

Por ello, pese a la ligereza formal de la que hace gala el director, y que probablemente limite el alcance de su resultado, lo perdurable de PRIMA DELLA RIVOLUZIONE aparece en la fuerza romántica y desgarradora que fragua entre los dos protagonistas. Algo, por otra parte, bastante extendido en el cine italiano de su tiempo, no solo en sus cineastas de cabecera, sino en otros hoy día lamentablemente olvidados, pero en aquel entonces capaces de ofrecer pinceladas de una sociedad en constante transformación. Me refiero a nombres reconocido como Valerio Zurlini, o desiguales como Mauro Bolognini. En ellos y en muchos otros, se logró establecer una mirada global sobre ese pueblo italiano que aparecía ligado al progreso, y que no abandonaba esos atavismos que habían conformado y limitado su personalidad. Es algo que Bernardo Bertolucci asumió con astucia, y que supongo logró imbuir de cierta aura de novedad a un relato, que en su esencia se entronca con una corriente de especial riqueza en el cine de su país. Esa mirada nihilista al entorno de una Italia aún traumatizada, incapaz de salir de su oscurantismo, cantada por escritores como Pratolini, Sciascia, Pavese, y que quizá tenga en la conmovedora secuencia de la salida de la boda, con los besos desesperados, entre lágrimas, de una Gina destrozada, al contemplar como Fabrizio ha consumado ese inevitable pacto con el conformismo burgués. Poco antes, el reencuentro de ambos en el teatro de la ópera, conformará por un lado la prueba de la ligazón que ambos mantienen, y de otra la imposibilidad de prolongar su relación. Valiosa en lo que en su momento pudo tener de escandalosa, periclitada en lo que podía ofrecer de propuesta novedosa a nivel formal y temático, PRIMA DELLA RIVOLIZIONE mantiene buena parte de su interés, aunque el mismo deba ser compartido dentro del marco creativo existente en el cine de su tiempo, en el cual su propuesta se inserta con más astucia y al mismo convencionalismo, del que se le pudo reconocer.

Calificación: 3

2015. Resumen tardío de un año como espectador

2015. Resumen tardío de un año como espectador

Cuando nos encontramos casi finalizando el primer mes de 2016, aún no es demasiado tarde para insertar la relación de películas visionadas a lo largo del año concluido de 2015. Una relación como es habitual, ofrecida en la clasificación numérica que suelo utilizar, y separando al mismo tiempo aquellos títulos que he visto por ves primera, de los que son revisiones de otros visionados pasados.

Así pues, fueron 208 los títulos contemplados en los pasados doce meses, junto a 32 reposiciones, superando con ello ligeramente las cifras barajadas el año anterior. Os dejo con la relación de títulos, muchos de los cuales han sido comentados entre los contenidos de este blog.

 

CLASIFICACIÓN DEL CINE VISTO EN EL AÑO 2015

CINCO

EL ATLAS DE LAS NUBES (Tom Tykwer y Andy & Lana Wachowski)

CUATRO

LEON MORIN, PADRE (Jean-Pierre Melville)

(Bullfighter and the Lady) EL TORERO Y LA DAMA (Budd Boetticher)

POR EL VALLE DE LAS SOMBRAS (Cecil B. De Mille)

HASTA EL ÚLTIMO ALIENTO (Jean-Pierre Melville)

(Mine Own Executioner) (Anthony Kimmins)

BOHYHOOD (Richard Linklater)

INTERSTELLAR (Christopher Nolan)

(Frieda) (Basil Dearden)

EL AÑO MÁS VIOLENTO (J. C. Chandor)

(Stolen Identity) (Gunther von Fritsch)

LA EXTRAÑA CITA (Terence Young)

TRES

BLUE JASMINE (Woody Allen)

ENCADENADA (Clarence Brown)

LA INVENCIÓN DE HUGO (Martin Scorsese)

(That’s My Man) ESTE ES MI HOMBRE (Frank Borzage)

(That Certain Woman) AQUELLA MUJER (Edmund Goulding)

(Hold Back Tomorrow) (Hugo Haas)

(Woman in a Dressing Gown) (John Lee Thompson)

(La giornata balorda) (Mauro Bolognini)

(Applause) (Rouben Mamoulian)

(Ladies They Talk About) EN BOCA DE TODOS (William Keighley & Howard Bretherton)

MI GRAN PASIÓN (Frank Borzage)

LUNA DE MIEL (Michael Powell)

UN AMOR ENTRE DOS MUNDOS (Juan Solanas)

CARITA DE ÁNGEL (Alfred E. Green)

SU PRIMERA NOCHE (Richard Wallace)

AL OTRO LADO DEL PUENTE (Ken Annakin)

ORÍGENES (Mike Cahill)

(The Hangman) EL VERDUGO / EL JUSTICIERO (Michael Curtiz)

(Counter – Attack) CONTRA ATAQUE (Zoltan Korda)

EL ESPEJO DE LOS ESPÍAS (Frank Pierson)

MI HERMANO ES HIJO ÚNICO (Danielle Luchetti)

LA PESCA DEL SALMÓN EN YEMEN (Lasse Hallström)

LA FRUTA AMARGA (George W. Hill)

AMANECER INCIERTO (Val Guest)

EL HOMBRE QUE TROCÓ SU MENTE (Robert Stevenson)

LA VENGANZA DEL HOMBRE MUERTO (Niels Arden Oplev)

EL PUENTE (Bernard Wicki)

LOS APUROS DE SALLY (Lloyd Bacon)

(Ex – Lady) (Robert Florey)

MONUMENTS MAN (George Clooney)

TRES VIDAS DE MUJER (Mervyn LeRoy)

(The Day Will Dawn) EL DÍA AMANECERÁ (Harold French)

EL GRAN JEFE (George Sherman)

VIENTO SALVAJE (George Cukor)

THE GUEST (Adam Wingard)

(Mail order Bride) ESPOSA POR CATÁLOGO (Burt Kennedy)

LA SEÑORITA JULIA (Liv Ullman)

(The Bride Wore Red) LA NOVIA VESTIA DE ROJO (Dorothy Arzner)

EL LOBO DE WALL STREET (Martin Scorsese)

(They Came Together) (David Wain)

PERDIDA (David Fincher)

FUGITIVOS DEL TERROR ROJO (Elia Kazan)

INSIDIOUS 2 (James Wan)

LA ENTREGA (Michael R. Roskam)

SHAME (Steve McQueen)

JERSEY BOYS (Clint Eastwood)

A PROPÓSITO DE LLEWYN DAVIS (Joel & Ethan Coen)

LA REINA VICTORIA  (Jean-Marc Vallée)

LA ISLA MÍNIMA (Alberto Rodriguez)

A LA CAZA (William Friedkin)

ANTES DE LA REVOLUCIÓN (Bernardo Bertolucci)

PAGAFANTAS (Borja Cobeaga)

(The Card) EL PERSONAJE (Ronald Neame)

(Idiot’s Delight) LA DELICIA DE LOS IDIOTAS (Clarence Brown)

(Apartment for Peggy) APARTAMENTO PARA PEGGY (George Seaton)

(Marjorie Morningstar) NACIDA PARA TI (Irving Rapper)

JOHN CARTER (Andrew Stanton)

MONEYBALL: ROMPIENDO LAS REGLAS (Bennett Miller)

LOS DESCENDIENTES (Alexander Payne)

EL HOMBRE DE ACERO (Zack Snyder)

UNA LLAMA EN EL ESPACIO (Stuart Heisler)

(Hollywood Story) (William Castle)

(Shadow of the Cat) (John Gilling)

(Wings of Danger) (Terence Fisher)

(Cry of the Hunted) (Joseph H. Lewis)

(Gold of the Sevent Saints) (Gordon Douglas)

(Child in the House) (Cy Endfield –Charles De Latour-)

PROHIBIDO ROBAR (Luigi Comencini)

(Dawn at Socorro) AMANECER EN SOCORRO (George Sherman)

LA PEQUEÑA ANITA (William Beaudine)

EL ALCALDE, EL ESCRIBANO Y SU ABRIGO (Alberto Lattuada)

CADA MINUTO CUENTA (Sidney Hayers)

LA MONTAÑA DE CRISTAL (Henry Cass)

(Chad Hanna) (Henry King)

(The Gangster) (Gordon Wiles)

LA CAJA KOVAK (Daniel Monzón)

EL HADA IGNORANTE (Ferzan Ozpetek)

PREDILECCIÓN (LA VIDA DE LAS HERMANAS BRONTÉ) (Curtis Bernhardt)

SUEÑOS DE PRÍNCIPE (Anatole Litvak)

(My Love Come Back) DE NUEVO EL AMOR (Curtis Bernhardt)

(The Last of Mrs. Chesney) LO ÚLTIMO DE LA SEÑORA CHEYNEY (Richard Boleslawski)

(Lost Boundaries) EL COLOR DE LA SANGRE (Alfred L. Werker)

(The Canyons) (Paul Schrader)

ALTO MANDO (Thorold Dickinson)

(The Raid) FUGITIVOS REBELDES (Hugo Fregonese)

EL BELLO ANTONIO (Mauro Bolognini)

DOS

(Criminal Court) JUZGADO CRIMINAL (Robert Wise)

VICIO Y VIRTUD (John S. Robertson)

MONTY WALSH (William A. Fraker)

(Slander) (Roy Rowland)

CUANDO EL DIABLO ASOMA (W. S. Van Dyke)

(Deadfall) ANGUSTIA MORTAL (Bryan Forbes)

(Princess of the Nile) LA PRINCESA DEL NILO (Harmon Jones)

(Predestination) (Michael & Peter Spierig)

(Illicit) ILÍCITO (Archie L. Mayo)

(Hostile Witness) TESTIGO HOSTIL (Ray Milland)

(Easy Virtue) VIDA ALEGRE (Alfred Hitchcock)

DUELO EN DIABLO (Ralph Nelson)

EL GRAN ROBO (Peter Yates)

EL DESFILE DEL AMOR (Ernst Lubitsch)

LA MASCOTA DEL REGIMIENTO (John Ford)

(Kid Glove Killer) (Fred Zinnemann)

(The Limping Man) (Cyril Endfield –Charles De Latour-)

(Die Augen die Mumie Ma) LOS OJOS DE LA MOMIA (Ernst Lubitsch)

(The Sterile Cuckoo) EL CUCO ESTÉRIL (Alan J. Pakula)

EL REBELDE ORGULLOSO (Michael Curtiz)

FUERA DEL VESTUARIO (Róbert I. Douglas)

¡CUIDADO CON EL MAYORDOMO! (Delbert Mann)

(The Boy from Oklahoma) EL CHICO DE OKLAHOMA (Michael Curtiz)

(Seven Ways from Sundown) (Harry Keller)

(War Paint) PINTURA DE GUERRA (Lesley Selander)

(Young Romance) UN JOVEN ROMANCE (George L. Melford)

ÁNGELES Y DEMONIOS (Ron Howard)

(Smilin’ Through) (Frank Borzage)

LA DIVORCIADA (Robert Z. Leonard)

(Bait) (Hugo Haas)

(Government Girl) LA CHICA DEL GOBIERNO (Dudley Nichols)

QUIERO A ESE HOMBRE (Jack Conway)

TENGO ALGO QUE DECIROS (Ferzan Ozpetek)

REAJUSTE MATRIMONIAL (George Roy Hill)

EL LIQUIDADOR (Jack Cardiff)

(Highways by Night) NOCHES PELIGROSAS (Peter Godfrey)

(A Life of her Own) SU PROPIA VIDA (George Cukor)

(Margin for Error) MARGEN DE ERROR (Otto Preminger)

(Winter Meeting) ENCUENTRO INVERNAL (Bretaigne Windust)

EL BESO REVELADOR (James Whale)

TRAMPA A MI MARIDO (Daniel Mann)

CHANTAJE CRIMINAL (Terence Fisher)

ANT-MAN (Peyton Reed)

¡VAYA PAR DE MARINOS! (Hal Walker)

NIGHTCRAWLER (Dan Gilroy)

(Suspense) (Frank Tuttle)

DENVER – RÍO GRANDE (Byron Haskin)

NADIE HUYE ETERNAMENTE (Ralph Thomas)

BIG EYES (Tim Burton)

HARSH TIMES / VIDAS AL LÍMITE (David Ayer)

OPERACIÓN WHISKY (Ralph Nelson)

(It’s Love I’m After) ES AMOR LO QUE BUSCO (Archie L. Mayo)

SOLO UNA NOCHE (Massy Tadjedin)

NUNCA LA OLVIDARÉ (George Stevens)

ESCOBAR: PARAÍSO PERDIDO (Andrea Di Stefano)

AVENTURA EN SHANGHAI (Frank Lloyd)

(Deart Heart) QUERIDO CORAZÓN (Delbert Mann)

PACIFIC RIM (Guillermo del Toro)

EL NIÑO (Daniel Monzón)

(Beyond the Reach) CAZA BAJO EL SOL (Jean-Baptiste Léonetti)

(It! The Terror from Beyond Space) EL TERROR DEL MÁS ALLÁ (Edward L. Cahn)

JACK RYAN: OPERACIÓN SOMBRA (Kenneth Branagh)

LA TERCERA LLAVE (Basil Dearden)

LA REBELDE (Robert Z. Leonard)

EL ARTE DE VIVIR (Julio Diamante)

UNA LLAMADA A LAS DOCE (John Lee Thompson)

(The October Man) (Roy Ward Baker)

(Four Daughters) CUATRO HIJAS (Michael Curtiz)

(Virtue) VIRTUD (Edward Buzzell)

(Corridors of Blood) PASILLOS DE SANGRE (Robert Day)

EL ALEGRE BANDOLERO (Rouben Mamoulian)

SINDICATO DE ASESINOS (David Lowell Rich)

MAR ETERNO (John H. Auer)

(The Big Operator) (Charles F. Haas)

CORRE, LOLA, CORRE (Tom Tykwer)

EXTRAÑA AMISTAD (Otto Preminger)

CENICIENTA (Kenneth Branagh)

(Looker) OJOS ASESINOS (Michael Crichton)

TRANSCENDENCE (Wally Pfister)

(The Wagons Roll at Night) EL CIRCO SANGRIENTO (Ray Enright)

UNO

(The Mad Ghoul) EL BUITRE HUMANO (James P. Hogan)

EL LADRÓN DE PALABRAS (Brian Klugman & Lee Sternthal)

(Experiment Alcatraz) EXPERIMENTO ALCATRAZ (Edward L. Cahn)

BELLEZAS POR CASAR (Henry Levin)

CUENTO DE INVIERNO (Akiva Goldsman)

(Johnny Tremain) (Robert Stevenson)

(The Space Children) (Jack Arnold)

(Convict Stage) LA DILIGENCIA DE LOS PRESOS (Lesley Selander)

(The Beat Generation) (Charles H. Haas)

RUNNER, RUNNER (Brad Furman)

(The Broker Star) EL SHERIFF CORRUPTO (Lesley Selander)

OCEAN’S THIRTEEN (Steven Soderbergh)

ESCLAVOS DEL PECADO (Robert Gist)

(The Oregon Trail) EL CAMINO DE OREGÓN (Gene Fowler Jr.)

COMO LA VIDA MISMA (Greg Berlanti)

LA HORA MÁS OSCURA (Chris Gorak)

BIENVENIDO A CASA (David Trueba)

(She Couldn’t Day No) GUAPA PERO PELIGROSA (Lloyd Bacon)

(Doll Face) CARA DE MUÑECA (Lewis Seiler)

DIVERGENTE (Neil Burger)

LA CARRERA DE LA MUERTE (Gordon Hessler)

EXTRAÑO INTERVALO (Robert Z. Leonard)

(The Mad Doctor of Market Street) (Joseph H. Lewis)

HORROR EN EL MUSEO NEGRO (Arthur Crabtree)

(The Cry Baby Killer) (Justus Addiss)

(Return of the Frontiersman) (Richard L. Bare)

(The Houston Story) CONSPIRACIÓN EN HOUSTON (William Castle)

(Powder River) RÍO DE PÓLVORA (Louis King)

CERO

EL PODER DEL DINERO (Robert Luketic)

 

REPOSICIONES CINE AÑO 2015

CINCO

EL INCREÍBLE HOMBRE MENGUANTE (Jack Arnold)

(Germania, anno zero) ALEMANIA, AÑO CERO (Roberto Rossellini)

CUATRO

TIERRA GENEROSA (Jacques Tourneur)

ESPARTACO (Stanley Kubrick)

TRES

EL FUGITIVO (Elia Kazan)

MAGNÍFICO BRIBÓN (Jack Smight)

EL OTRO AMOR (André De Toth)

LOS COMANCHEROS (Michael Curtiz)

PERFORMANCE (Donald Cammell & Nicolas Roeg)

INOCENCIA Y JUVENTUD (Alfred Hitchcock)

BAJO EL FUEGO (Roger Spottiswoode)

LA OFENSA (Sidney Lumet)

(Seven Thieves) SIETE LADRONES (Henry Hathaway)

HISTORIA DE DOS CIUDADES (Jack Conway)

CUANDO EL VIENTO SILVA (Bryan Forbes)

(Apartment Zero) APARTAMENTO CERO (Martin Donovan)

(Hue and cry) CLAMOR DE INDIGNACIÓN (Charles Crichton)

TUNEL 28 (Robert Siodmak)

(Lord of the Flies) EL SEÑOR DE LAS MOSCAS (Peter Brook)

DOS

MARÍA ANTONIETA (W. S. Van Dyke)

(Three Young Texans) TRES JÓVENES DE TEXAS (Henry Levin)

LOS JÓVENES SALVAJES (John Frankenheimer)

CARMEN (Cecil B. De Mille)

(Nobody Lives Forever) NADIE VIVE PARA SIEMPRE (Jean Negulesco)

EL ÚLTIMO MILLONARIO (René Clair)

DODGE, CIUDAD SIN LEY (Michael Curtiz)

CAMINO DE SANTA FE (Michael Curtiz)

(Inherit the Wind) LA HERENCIA DEL VIENTO (Stanley Kramer)

EL BURLADOR DE FLORENCIA (Gregory La Cava)

EL HOMBRE DE RÍO (Philippe De Broca)

(Lafayette Escadrille) LA ESCUADRILLA LAFAYETTE (William A. Wellman)

(Kansas Confidential) CRÍMEN S. A. (Sidney Salkow)

UNO

HISTORIAS DE FÍN DE AÑO (Garry Marshall)

NIGHTCRAWLER (2014, Dan Gilroy) Nightcrawler

NIGHTCRAWLER (2014, Dan Gilroy) Nightcrawler

Dada mi innata inclinación a escudriñar en los rincones que me permita el buceo por el cine clásico, me suelo plantear el seguimiento de la actualidad cinematográfica, siempre asumiéndola al menos a un año vista. Es una opción que me permite intuir y/o elegir, aquellos títulos que hayan despertado cierto interés entre crítica o aficionados, o bien por diferentes circunstancias, mi olfato me hiciera percibir que nos encontrábamos ante un producto de interés. Pues bien, de la cosecha de 2014, todos los elementos señalados, se dirigían hacia el presunto atractivo planteado por el debut de Dan Gilroy, hermano del escritor y realizador Tony Gilroy. NIGHTCRAWLER (2014) se ha convertido pese a su juventud, en una auténtica cult movie. Desde la idoneidad en el tratamiento de la búsqueda del sensacionalismo de la sociedad actual, el protagonismo de Jake Gyllenhaal, los ecos que podría asumir de títulos tan contrapuestos como ACE IN THE HOLE (El gran carnaval, 1951. Billy Wilder) o TAXI DRIVER (1976, Martin Scorsese)… Son sin duda elementos sobrados que han rodeado el prestigio de una producción que ha gozado de una extraña mitomanía, y ante el cual, el entusiasmo por mi parte estaba casi asegurado. Sin embargo, no ha sido así. Es indudable que nos encontramos ante una película interesante, a ratos incluso brillante. Sin embargo, he de reconocer que una cierta insatisfacción ha concluido mi acercamiento a su discurrir. No se me entienda mal. No quiero decir que nos encontremos ante una mala película, pero sí que es cierto que la misma apunta, y no llega a apurar casi en ningún caso, todas las posibilidades que deja entrever en su enunciado.

NIGHTCRAWLER narra el inesperado y casi repentino ascenso de Louis Bloom (Jake Gylenhaal), un pobre diablo que se gana la vida a duras penas, robando alambradas y objetos para venderlos. Se trata de un joven, no obstante, que alberga un extraño convencimiento interior, basado en su facultad para ascender en la vida de ese Los Angeles en donde malvive, ejercitando su capacidad de superación en algún cometido profesional. La oportunidad le llegará, sin él proponérselo, cuando casualmente contemple un accidente nocturno –la película se desarrollará casi en su totalidad durante las noches, como si el día estuviera vedado en esta presumible pesadilla personal-. Allí descubrirá la presencia de cámaras de aficionados, que posteriormente venden las imágenes filmadas a cadenas televisivas, para acentuar con ello el sensacionalismo de sus informaciones y, en algunos casos, imbricar a la población de cierto temor en función de una presumible presencia de delitos urbanos. Tomará contacto en plena actividad con Joe Loder (Bill Paxton), deseando trabajar con él, y recibiendo el rechazo por su parte. Bloom logrará –tras el robo y venta de una bicicleta-, admitir una pequeña cámara, con la que iniciará su aventura como filmaker independiente. Para ello será diestro en conseguir las señales y códigos de la policía, estar al tanto en su viejo coche de los avisos realizados por los representantes de la Ley. Reclutará como ayuda a Rick (Riz Ahmed), utilizándolo en principio casi como un becario, y abusando de la precaria situación en la que este se desenvuelve.

Su perseverancia le llevará hasta un accidente, logrando ofrecer la grabación a una de las cadenas televisivas menos prestigiadas de L.A., donde contactará con la responsable de informativos Nina Romina (René Russo), a quien logrará vender su primera filmación. Será el inicio de una colaboración, que permitirá en pocas semanas ascender el nivel de vida de Louis –adquirirá un chirriante coche rojo, mejorará sus cámaras- y, sobre todo, hará que sus apetencias materiales y su calculadora mente, persigan no solo superiores objetivos económicos, sino al mismo tiempo acercarse en torno a Nina, a la que literalmente legará a chantajear, al objeto que no rechace sus pretensiones de relaciones formales.

El film de Gilroy –que también ejerce como guionista-, aparece como una mirada entre crítica y sardónica, en torno a una sociedad no solo alienada, sino en el fondo embrutecida, deseosa de sentirse partícipe y complaciente ante la contemplación de esos delitos, que aunque en una primera instancia arrecian sus miedos como ciudadanos, en el fondo hacen brillar su lado oscuro. Esa circunstancia, o la falta de escrúpulos a la hora de utilizar cualquier elemento que haga elevar la audiencia, o como puede significar para nuestro protagonista, utilizar cualquier argucia para lograr sus objetivos, son expuestos en una película que, y este es uno de sus problemas, no encuentra siempre el modo adecuado para plasmar sus propuestas discursivas. De entrada, estimo que no aparece ese necesario equilibrio entre la vertiente irónica y satírica del relato, y aquellos fragmentos que estos adquieren un reconocido dramatismo –estimo que es en esta segunda vertiente, donde se encuentran por otra parte sus instantes más atractivos-. Al mismo tiempo, se detecta una disparidad en sus formas narrativas, dejándose en el aire el devenir de algunas de sus subtramas -¿Qué sucede en la relación del protagonista con Nina?-. El recorrido y ascenso profesional de Bloom aparece muy fragmentado, como si a la hora de elaborar el metraje final se hubiera tenido que cortar secuencias que enriquecieran la evolución del mismo. Y, finalmente, NIGHTCRAWLER aparece, personalmente, como una propuesta bastante previsible.

A esa incapacidad para la sorpresa y esos ciertos desequilibrios, personalmente no puedo dejar de percibir algo que para el conjunto de espectadores constituye uno de los mayores atractivos del film; la performance de Gyllenhaal. De entrada, señalar que desde que este protagonizó DONNIE DARKO (2001, Richard Kelly), todos descubrimos el talento de este excelente intérprete, bien fuera para encarnar roles desquilibrados, como otros más cercanos a su faceta de galán o incluso comediante. Los títulos de créditos revelan que Gyllenhaal fue uno de los productores de la película, intentando con acierto forjarse un perfil en los últimos años como actor de carácter. Nada hay de malo en ello, y resulta encomiable su capacidad para buscar esos registros. Lo que sucede es que la película se resiente de esa querencia del productor, estando demasiado al servicio de sus posibilidades como intérprete, de estar casi permanentemente en plano, de sus réplicas. Es cierto que su caracterización casi con el semblante de vampiro urbano resulta valiosa. Sin embargo, y aún pareciendo que deseo llevar la contra –nada más lejos de mi intención, ya que admiro el talento del joven actor-, me quedo antes con la aportación de personajes secundarios pero imprescindibles en el relato. Lo es el magnífico Riz Ahmed, que desprende esa espontaneidad de la que, a mi juicio, carece el demasiado elaborado protagonista. Y lo logra sobre todo una fantástica Rene Russo –una de las actrices norteamericanas más desaprovechadas de las últimas décadas-, capaz de transmitir toda su vulnerabilidad, sensualidad y ambivalencia, a la hora de quedar fascinada ante las aterradoras imágenes que no duda en incorporar a sus informativos, para lograr con ello no solo reflotar una cadena venida a menos sino, ante todo, su propia decrepitud como profesional de la televisión.

NIGHTCRAWLER se beneficia de las tonalidades luminosas y casi irreales brindadas por la fotografía de Robert Elswit, intentando proporcionar un aura casi fantastique en algunos de sus instantes. Y fascina igualmente el brillo de algunas de sus secuencias. Más allá de aquellas revestidas por la espectacularidad o las persecuciones, uno se queda ante todo con esos instantes en los que Bloom apela a la importancia del encuadre en sus en apariencia espontáneas filmaciones de sucesos. Y es, en concreto, magnífico, ese momento en el que este traslada a un accidentado recién muerto en un accidente, cuando aún no ha llegado la policía al lugar de autos, efectuando una elaborada planificación, que llega a transmitir al espectador, un elemento casi ritual.

Calificación: 2’5

SAILOR BEWARE (1952, Hal Walker) ¡Vaya par de marinos!

SAILOR BEWARE (1952, Hal Walker) ¡Vaya par de marinos!

SAILOR BEWARE (¡Vaya par de marinos!, 1952. Hal Walker), es uno de los títulos más representativos de los primeros pasos cinematográficos del tandem formado por Jerry Lewis y Dean Martin. Pareja de enorme éxito en su momento, hasta el punto de que se erigieron como uno de los puntales de rentabilidad comercial en el seno de la Paramount, puede que en primera instancia prolongaran célebres parejas cómicas que podrían ir desde los legendarios Laurel y Hardy, hasta los execrables Abbott y Costello, pasando por los ignorados y revisitables Wheeler y Woolsey. Sin embargo, cuando uno contempla esta película con la distancia que permite el paso de más de seis décadas, por encima de todo, se queda con la evidencia de encontrarnos con la gestación de una auténtica figura cómica, que con el paso de unos pocos años se erigiría casi, casi, como el último heredero de una larga tradición del género. Me estoy refiriendo, por supuesto, a un Jerry Lewis que ya en esta producción primeriza –para la que se contó como realizador con el funcional yes men del estudio Hal Walker-, demuestra –unido a una determinada querencia con ciertos excesos-, la configuración con un rol cómico que iría depurando en ocasiones posteriores. Un auténtico generador de torpezas, huyendo constantemente de cualquier acoso femenino, revistiendo en su actitud y comportamiento un fuerte aporte infantil.

En esta ocasión, tanto Lewis como Martin, recalarán en su ingreso en la Marina estadounidense. El primero por el deseo de viajar en barco para mejorar de sus afecciones, y el segundo siendo aceptado después de haberlo intentado en el cuerpo por enésima vez. A partir de esta sencilla premisa, sin aportar en el relato matiz subversivo alguno –como sí lo harían posteriores comedias desarrolladas en ámbito bélico-, y sustentados en un argumento de enorme simpleza, el argumento se destina al lucimiento de sus dos estrellas. Por un lado, la estructura en episodios funcionalmente dispuesta, servirá para la potenciación de situaciones cómicas, mientras que Martin quedará relegado como elemento secundario, ofreciendo de manera periódica su habitual repertorio de melodías románticas. Así pues, el atractivo –que sigue conservando- SAILOR BEWARE, reside en comprobar la inicial efectividad de una estructura discontinua, que dejará de lado cualquier compromiso argumental, extendiéndose su devenir en función de una serie de episodios de dispar efectividad pero de apreciable resultado en su conjunto. De entrada, podremos comprobar como esa querencia por el private joke, no fue patrimonio del gran Frank Tashlin, por más que este lo utilizara con posterioridad como nadie –el juego que ofrece en sus pasajes iniciales y de clausura, la episódica presencia de la conocida pin up Betty Hutton, modificando su nombre por el de Heddy Button-, o que en aquellos años –ya era patrimonio del mundo de la comedia-, la ironía en torno a la influencia televisiva apareciera como un elemento recurrente. Sin embargo, es en el discurrir de esos scketchs cómicos, en su incidencia con el infantil Melvin Jones encarnado por Lewis, donde encontramos no solo la máxima efectividad de esta simpática comedia, sino esa puerta que en algunos instantes se está a punto de sobrepasar, a la hora de expresar ese elemento de subversión cómica, que años después Lewis lograría aplicar en sus películas, fuera de la mano del ya citado Tashlin, o bien de sus propias aportaciones en calidad de director.

Mientras tanto, SAILOR BEWARE nos ofrecerá episodios tan regocijantes, como esa profusión de pinchazos que recibirá Jones en la tanda de reconocimiento, de las que se le extraerá sangre, culminando con esa surrealista regadera humana en la que se convierte al beber unos vasos de agua. No lo será menos la hilarante situación de enredo que se planteará en una emisora de radio, a partir de la presencia de Martin y Lewis como cantantes por las ondas, culminando una serie de aglomeraciones de ese público alienado que aplaude sin cesar los estúpidos comentarios de la firma patrocinadora, y que perseguirá a Lewis, casi preludiando aquella imborrable secuencia de las rebajas en la admirable WHO’S MINDING THE STORE? (Lío en los grandes almacenes, 1963. Frank Tashlin). No serán menos divertidos algunos de los episodios sucedidos en el viaje a Honolulu en un submarino, con el creciente agobio del infantil y neófito marino, sufriendo las estrecheces del set de literas, su condena a la limpieza ¡en la cubierta del submarino!, el divertido episodio en el que estará a punto de perecer ahogado, o el impagable gag –quizá el mejor de la película-, de tener que ser atado junto a un torpedo, al objeto de poder tenerlo a recaudo de posteriores desgracias.

La llegada a Honolulu, permitirá de entrada descubrir a la estrella invitada de la función, la actriz y cantante Corinne Calvet, contemplando una de esas actuaciones al unísono de la pareja, que pocos años atrás, fueron las que cimentaron su fama en el mundo del espectáculo norteamericano, en las que Lewis dinamitaba de manera destructiva, las melodías de Martin. No obstante, SAILOR BEWARE aportará en su conclusión, un impagable tramo, en el que Lewis deberá pelearse con otro marino que le ha retado en la sala de fiestas. Para ello, y por consejo de Martin, este simulará en los vestuarios ser un pugil profesional, por lo que su adversario, impresionado, decidirá ser sustituido por un veterano boxeador. El episodio –en el que para los mitómanos destacará como ayudante la presencia del no acreditado James Dean, muy verde tras la cámara-, aportará por un lado la habilidad de Lewis como imitador, concluyendo con una auténtica exhibición de su talento como exponente de la comedia física, en la que se pueden detectar ecos tanto de su maestro, Stan Luerel, como del propio Charles Chaplin. Sin embargo, aún nos deparará otra desopilante exhibición de sus facultades cómicas, simulando ser un exótico danzante nativo, lo que servirá como detonante para una persecución y, de manera involuntario, ganar esa puesta en la que habían depositado su confianza la mayor parte de sus compañeros, destinada a poder ser besado y galanteado por la citada Corinne Calvet. Una vez más, los rasgos infantiles de Lewis lograron su objetivo, y de paso Martin se quedó con la estrella. Nada novedoso, pero aún dotado de no poca efectividad.

Calificación: 2’5

THE OREGON TRAIL (1959, Gene Fowler Jr.)

THE OREGON TRAIL (1959, Gene Fowler Jr.)

Lo confieso. Me gusta escudriñar entre la amplia producción existente en el ámbito del western en la década de los cincuenta, puesto que en su seno se encuentran numerosos exponentes –en gran medida pertenecientes a la serie B-, provistos del suficiente interés, como para ser reseñados. Esa circunstancia, y el hecho de haber contemplado años atrás la simpática propuesta de la ciencia-ficción I MARRIED A MONSTER FROM OUTER SPACE (1958, Gene Fowler, Jr.), me animaron a acercarme a THE OREGON TRAIL (1959), una de las muchas aportaciones de la 20th Century Fox en el cine del Oeste en su tiempo. Y hay que reconocer que el acercamiento se salda con una enorme decepción, por diversos motivos. Entre ellos, el desfase existente en las intenciones de plasmar un argumento de presunto amplio alcance –nada menos que una visión de la llegada del progreso a su ámbito-, en una producción que pese a la engañosa presencia del CinemaScope, esconde una pobreza de producción que, en más de un momento, aparece casi cercana a la serie Z y, lo que es peor, conservando un claro tufo televisivo en su trazado. Son, sin duda, una extraña mezcla de elementos, que quizá en manos más expertas, hubieran podido confluir en esa rareza que, por desgracia, se desvanece casi a los pocos minutos de haberse iniciado.

Es curioso señalar que el plano más atractivo de la película, es precisamente el que la inicia; un inesperado travelling lateral hacia la derecha, describe lo que inicialmente aparece como el descanso de un individuo en tierras del Oeste, dándonos muy pronto cuenta de que es un cadáver atacado por los indios, y comprobando a continuación el asedio a que han sido sometido un grupo de colonos. Ello dará pie a una serie de acciones contrapuestas, donde podremos ver –nos encontramos a mediados del siglo XIX- las gestiones del presidente de los Estados Unidos, a la hora de lograr del embajador de Gran Bretaña el territorio del estado de Oregón, y alcanzando con ello un ámbito delimitado entre los dos océanos. Mientras tanto, el mandatario americano es consciente de los ataques indios en las caravanas de colonos que se dirigen hacia Oregón, aspecto por el cual incorporan a agentes del ejército camuflados como civiles. Unido a ello, encontraremos el encargo que asumirá el periodista del New York Herald –Neal Harris (un despistadisimo Fred MacMurray)-, para infiltrarse en una de esas caravanas y descubrir dicho entramado, para relatarlo posteriormente en su rotativo. Como se puede comprobar, nos encontramos con tres historias paralelas, que serán introducidas en la película con encomiable funcionalidad, prometiendo al espectador, bastante más de lo que posteriormente se le ofrecerá.

Y es que, a fuer de ser sinceros, THE OREGON TRAIL no deja de proponer una serie de andanzas, mil veces vistas antes y después en el género. Situaciones como las dificultades en los componentes de la caravana que centrará la acción, la presencia en la misma de personajes pintorescos –el colono con ínfulas ecologistas que encarna el ya veterano John Carradine, introducido en el relato para proporcionar un contrapunto cómico- o, como no podía ser menos, aportar un triángulo amoroso entre el señalado Harris, el inicialmente camuflado capitán Wayne (William Bishop), y Prudence (Nina Shipman), perteneciente a una familia de colonos que acompaña a su padre y a su muy débil abuela. Sin embargo, si algo se puede señalar en la contra del film de Fowler, reside sobre todo en la casi indigente elección de interiores, camuflando con ellos el discurrir de la caravana por tierras del Oeste. Esta perceptible circunstancia, unido a la utilización de retakes sacados de otras películas, para intentar insuflar vigor a una puesta en escena de tanta pobreza, contribuyen a que su resultado carezca de credibilidad, en la medida que su propio realizador ha sido incapaz de revertir en virtud las enormes limitaciones con las que partió, habiendo ofrecido con ello un resultado en donde predominara el componente de abstracción.

Nada de ello puede decirse que suceda en THE OREGON TRAIL. Dentro de esa sensación de producto baldío, cierto es que se pueden resaltar algunos instantes, que redimen el escaso interés de su conjunto. La inesperada presencia de una fuerte tormenta, cuando los componentes de la caravana se encuentran con una absoluta carencia de agua, mientras se produce una pelea. La adecuada tensión que se vive en el asedio indio al fuerte. La ironía de la cercanía de Harris con una india muy cercana a postulados pacifistas, cuando poco antes había aludido irónicamente a la posibilidad de dicho encuentro, o el tono elegíaco de la melodía de Paul Dunlap. Sin embargo, uno se queda con la sensibilidad de los instantes que precederán a la muerte de la anciana –Maria (Elizabeth Patterson)-. En ellos, centrados en unos pasajes desarrollados a pie de hoguera y, más tarde, en el interior de la caravana, su ya maduro hijo –Jeremiah (el siempre magnífico James Bell)-, le transmitirá con su mirada el dolor de ese hombre esperanzado en un futuro, en el que la figura de madre se encontrará ausente. Será, a fin de cuentas, el único episodio de verdadero interés –que culminará con la muerte de la anciana mostrada de manera elíptica una vez arrecie la lluvia-, en un título de engañoso atractivo, que demuestra como incluso en aquellos años tan prolijos en el cine de género, también había lugar para mediocridades como la presente.

Calificación: 1’5

THE LAST PAGE (1952, Terence Fisher) Chantaje criminal

THE LAST PAGE (1952, Terence Fisher) Chantaje criminal

THE LAST PAGE (Chantaje criminal, 1952), es uno de los dos únicos títulos de Terence Fisher que se estrenó comercialmente –aunque con retraso- en nuestro país, antes del canónico THE CURSE OF FRANKENSTEIN (La maldición de Frankenstein, 1957), que inició una inolvidable corriente renovadora dentro en el seno del cine fantástico –el otro exponente que conoció presencia en las carteleras de país, fue el previo SO LONG AT THE FAIR (Extraño suceso, 1950), corealizado con Antony Darnborough, en esta ocasión para la Gainsborough Pictures-. En su oposición, THE LAST PAGE fue la primera ocasión en la que Fisher quedó vinculada con una Hammer Films, aún no especializada en el fantastique, practicando un cine policíaco y de misterio, tan frecuente entonces en el cine de las islas. En esta ocasión, nos encontramos con un relato de clara adscripción a la serie B, que asumió la producción del norteamericano Robert Lippert, por lo que conoció estreno en USA bajo el título MAN BAIT, sufriendo en su exhibición norteamericana ciertas modificaciones –práctica bastante común-, sobre la copia inglesa.

Sea como fuere, nos encontramos con títulos de sencillo diseño de producción, plenamente insertos en las corrientes dominantes en el cine inglés de su tiempo, quizá con algunas deficiencias en sus puntos de partida. Sin embargo, lograrán emerger y adquirir no pocas cualidades, a partir del atractivo trabajo de puesta en escena aplicado por Terence Fisher, en donde ya podemos apreciar dos de las cualidades que acompañarán la andadura posterior del cineasta; la capacidad para plasmar tensiones en función del trazado psicológico de sus personajes, y la acertada utilización de la escenografía, como elemento de engranaje dramático de la motivación de sus comportamientos.

THE LAST PAGE se inicia en el interior de una librería de viejo, en la que la atractiva planificación y la presencia de los empleados del mismo, pronto nos servirá para familiarizarnos con dicho microcosmos. Su encargado -Clive Oliver (el siempre magnífico Raymond Huntley)- nos introducirá en dicho entorno, ejerciendo como detonante de humillaciones de clase, a la hora de plantear sus exigencias a los empleados que llegan al recinto. Entre los mismos, destacará por su rebeldía la joven y sensual Ruby Bruce (una debutante y poco capacitada Diana Dors), en todo momento capaz de enfrentarse al presunto poder de este. Lo hará, conociendo la bonhomía que demuestra el responsable del negocio –John Harman (George Brent)-, al cual logra espolear apelando precisamente a su demostrada nobleza. Este se encuentra casado con una joven invalida, lo cual no impide que aplique su sentido de la responsabilidad en la librería, aunque quizá si que sea una razón para justificar ese carácter huidizo e incluso ausente, patente en su personalidad. No le valdrá el latente sentimiento amoroso que le brindará la eficaz empleada, que durante la contienda bélica fue su enfermera en un ataque que sufriera Harman.

No obstante, la tensa cotidianeidad de la librería pronto se verá subvertida con la presencia del altanero Jeffrey Hart (Peter Reynolds), quien acudirá a las instalaciones con la intención de robar un valioso libro que se encuentra custodiado bajo llave en una cristalera. Ruby contemplará sus intenciones, pero al mismo tiempo quedará seducida por el atractivo del joven -¿recuerdan la atracción de Marianne (Yvonne Monlaur) por el Barón Meinstel en THE BRIDES OF DRACULA (Las novias de Drácula, 1960)?-. Será algo que este, recién salido de la cárcel, aprovechará, induciendo a la muchacha a un peligroso juego de chantaje, sometido en la persona de Harman, aprovechando la carencia de sexualidad de este, siempre sometido a los cuidados de su esposa, apenas presente en el metraje, pero con indudable peso específico en el entramado dramático del mismo. Es algo que Terence Fisher logrará mostrar con brillantez, en aquellas secuencias que servirán para describir las relaciones latentes que existirán entre Stella (Marguerite Chapman), la antigua enfermera, y el responsable de la librería. Instantes que se desarrollarán en el despacho de este, y en los que tendrá una capital importancia tanto la presencia del retrato de la esposa ejerciendo de elemento detonante, como la ubicación de la cámara y la sucesión de sus encuadres. Algo que se puede percibir y admirar como prueba de la destreza del director inglés, a la hora de materializar en la pantalla, conflictos presentes en la psicología de sus principales personajes. A ello habrá que sumar esa capacidad para extraer el máximo rendimiento de la escenografía propuesta por la angosta biblioteca, de la que Fisher logra que ejerza como auténtico epicentro de las tensiones internas que sustentan sus roles. Así pues, como si fuera un pequeño microcosmos, no dejaremos de contemplar como unido a la atracción que Stella siente de manera latente con Harman, Clive la demuestra con ella en todo momento. El educado rechazo que sufre por parte de este, quizá esté en la raíz de la arrogancia que exterioriza en el cumplimiento de su deber como encargado, probablemente encubriendo con ello esa frustración interior latente en su personalidad.

En todo momento, THE LAST PAGE ofrece una clara cercanía con las corrientes dominantes en mal llamado cine noir británico. Máxime siguiendo el referente que poco tiempo antes se había consolidado con THE BLUE LAMP (El farol azul, 1950. Basil Dearden) –aunque había tenido exponentes previos de similar importancia-. Es precisamente el delincuente que encarnaba Dirk Bogarde en esta película, el que podríamos emparentar con el Jeffrey Hart de esta función. Jóvenes desclasados, que tienen en sus incursiones en la delincuencia el único asidero, para expresar su voluntad de emerger de un sistema de clases de asfixiante presencia. Tan opresiva como es el conjunto de una película que prácticamente transcurre entre interiores –tan solo destacan las secuencias de exteriores londinenses insertas en sus títulos de crédito-, que tiene su limitación más perceptible, en la mengua de credibilidad de su guión, por más que en él participaran dos reconocidos expertos en la materia, como el escritor James Hadley Chase, autor de la historia original, y Frederick Knott en calidad de guionista ¿Hay alguien que se pueda creer que al morir una esposa, el marido no quiera volver a su casa, dejando el cadáver, y prefiriendo mantenerse en su despacho?, o las propias circunstancias de la muerte de su mujer. Aspectos inverosímiles como estos, son los que limitan una película, con todo, apreciable en su simplicidad, en la que me gustaría destacar un instante tan pesaroso, como el travelling que recoge a Harmen entrando en la librería, siendo observado por todos sus empleados que conocen, antes que él, el suicidio de su mujer. O sin duda, el percutante pasaje en el que este retorna de noche a la librería, con la intención de encontrar un detalle que había descubierto entre las estanterías, y que podría esclarecer el crimen del que se le acusa, retirando unos libros que le llevarán a descubrir la sobrecogedora presencia de unos rostros, en realidad agentes de la policía ocultos en la oscuridad.

Por lo demás, THE LAST PAGE no dejará de ofrecer secuencias con el protagonista oculto en el solar de las ruinas de un templo –como en tantas otras propuestas del policial inglés-, y curiosamente culminará con la presencia de un fuego, aunque no purificador, pero preludiando la frecuencia que el mismo tendrá en la obra ulterior de este maestro del fantastique.

Calificación: 2’5

WHO’S GOT THE ACTION? (1962, Daniel Mann) Trampa a mi marido

WHO’S GOT THE ACTION? (1962, Daniel Mann) Trampa a mi marido

La primera mitad de la década de los sesenta, fue el último gran periodo de la comedia americana. De gran aceptación popular en su momento, no gozó –salvo excepciones- de un reconocimiento en la crítica de la época. Poco a poco, con el paso de los años, y aunque aún de manera esporádica, el corpus de aquella enorme producción se va viendo beneficiada de una necesaria revalorización, que no solo se ha de manifestar en la reveladora y notable obra de realizadores como Blake Edwards, Stanley Donen, Frank Tashlin, Jerry Lewis, Billy Wilder, Vincente Minnelli o Richard Quine. Es decir, que dicha corriente se ha de extender a la aportación de muchos otros cineastas, que se sumaron a la misma bien por convicción, bien por la mera circunstancia de haber sido partícipes de un encargo, dentro de un sistema de estudios que en aquel entonces se estaba desmoronando casi día a día. En buena medida, podemos señalar que WHO’S GOT THE ACTION? (Trampa a mi marido, 1962. Daniel Mann) se incluye en este último apartado. La presencia de Daniel Mann tras la cámara, puede asumirse como una elección de la Paramount, uno de los estudios más caracterizados en aquellos años con sus apuestas dentro del género, cuando este ya había digerido al mismo Dean Martin en la previa ADA (El tercer hombre era mujer, 1961), y se caracterizaba en aquellos años tan característicos de su andadura, por su destreza en la dirección de actores.

Lo cierto es que WHO’S GOT THE ACTION? no llega a igualar las limitadas pero efectivas virtudes de títulos precedentes –no citemos entre ellos el terrible drama FIVE FINGER EXERCICE (Ejercicio para cinco dedos, 1962)-. Hay una extraña sensación de dispersión, de no alcanzar ese grado de locura que pide casi a gritos una historia que poco a poco se introduce en el terreno de lo disparatado, y en el que las diversas subtramas que se aparecen en el guión del experto comediógrafo Jack Rose, más que enriquecer el conjunto, en ocasiones llegan a estorbarse. La película parte de entrada con elementos habituales de la alta comedia de su momento, en buena medida emanados por el diseño de producción que podía aportar el estudio. Desde la iluminación en color del gran Joseph Ruttemberg, ayudado por la aportación cromática de Richard Muëller, la banda musical del eternamente infravalorado George Duning, o la anuencia de un magnífico reparto de secundarios que, a la postre, se erigen como la base más sólida de la limitada pero apreciable efectividad de su conjunto.

Los Flood son un matrimonio de clase acomodada. El es Steve (Dean Martin), abogado con proyección, mientras que su esposa Melanie (Lana Turner) desea convertirse en escritora). Sin embargo, un problema amenaza el futuro de la pareja; la inveterada afición que Steve ha ido acrecentando en torno a las apuestas de caballos. Una irrefrenable tendencia, que se encuentra a punto de arruinar la estabilidad económica de una pareja solvente económicamente. Por ello, Melanie pide la ayuda de su amigo Clint Morgan (Eddie Albert) –secretamente enamorado de ella y socio del marido-, para idear un plan que sirva para recuperar esos ocho mil dólares registrados en pérdidas en los últimos meses. La puesta en práctica del mismo no dará el resultado esperado, ya que incrementará la tensa situación. Pero es que a ello, se sumarán los recelos del magnate de las apuestas de la zona, quien no dejará de investigar las circunstancias que han posibilitado la pérdida de cuatro importantes clientes. Elementos de base que servirán para avivar el ámbito del enredo de una comedia que en apariencia lo tiene todo.

Producto realizado a la mayor gloria de una Lana Turner dispuesta para probar bocado en la comedia, WHO’S GOT THE ACTION? a muy poco que contemplemos sus imágenes, percibimos que retoma el exitoso modelo previo –aún prolongado en títulos posteriores al año de producción de esta película-, protagonizado por el tandem Rock Hudson / Doris Day. No obstante, aquí se echa de menos la destreza en el género que habían mostrado directores de mediano alcance como Michael Gordon o Delbert Mann, dotados con un sentido del timing cómico, que se encuentra ausente en esta ocasión. Para ello, no hay más que detenerse en la secuencia de apertura –la visita de la pareja a un restaurante, donde Steve ha preparado de manera sorpresiva el aniversario de la pareja-, en la cual pese a la presencia de sólidos secundarios –los camareros y músicos del mismo-, aparece una extraña atonía que impide que percibamos la vertiente cómica de la función. No será hasta que de manera paulatina la misma se envuelva a los sones musicales de Duning, una vez más capaz de puntear los aspectos más atractivos del conjunto y, sobre todo, la progresiva presencia de roles secundarios, que Daniel Mann utiliza de manera correcta pero nunca con especial inspiración. Así pues, la presencia de esa alocada sirvienta latina del matrimonio, la vecina alocada y con mundo corrido, los camareros llenos de guiños a sus clientes… Sin embargo, si en algo brilla el film de un Daniel Mann más inspirado en otras ocasiones –aunque con posterioridad en caída libre-, es esa incapacidad de aglutinar esos elementos y posibilidades cómicas que ofrecen ese conjunto de roles secundarios, que en manos de otro realizador más experto en el género, sin duda hubiera propiciado un resultado más valioso.

En cualquier caso, si más no, podemos regocijarnos con esa galería de gangsters que parecen ofrecerse como una actualización del universo del escritor Damon Runyon, expuestos casi como un anacronismo frente al universo informático manejado por su jefe, TG (Walter Matthaw, a punto de consolidarse como uno de los grandes comediantes de su tiempo). Sin embargo, nada será más divertido que contemplar los devaneos encaminados en conservar su dignidad, que desplegarán los dos veteranos jueces que encarnan Paul Ford y el siempre impagable John McGuiver, procurando en todo momento esconder sus instintos corruptos, sobre todo en la secuencia desarrollada en el hipódromo, en la que McGuiver intentará, inútilmente, esconderse ante un público que lo descubre en todo momento, para su fastidio.

Calificación: 2