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26/06/2007
THE CURSE OF THE MUMMY'S TOMB (1964, Michael Carreras)

Película apenas conocida y reseñada dentro del amplio bagaje de títulos producidas por Hammer Films –en España jamás ha sido exhibida y ahora se puede acceder a ella por medio de su edición en DVD-, THE CURSE OF THE MUMMY’S TOMB (1964, Michael Carreras) es una de las escasas películas en las que intervino como realizador uno de los productores del famoso estudio británico. Ello, por supuesto, no avala la calidad del producto, puesto que Carreras nunca se caracterizó –y las referencias apuntan a este extremo- por sus habilidades tras la cámara. Sin embargo, y con todo su cúmulo de debilidades e ingenuidades, creo que nos encontramos con un producto que personalmente destaco por su simpatía, y que se deja ver con ese agrado que lleva parejo una película carente de pretensiones. Es curioso señalar que es una de las únicas tres incursiones de la célebre firma caracterizada de cine de terror, que abordó la temática de la momia. La primera fue la brillante THE MUMMY (La momia, 1959. Terence Fisher), mientras que algunos años después, John Gilling retomó este pequeño mito con THE MUMMY’S SHROUD (1967), de la que poseo referencias ambivalentes, aunque la simpatía que me ofrece la labor de Gilling en aquellos años, me permita intuir un producto al menos interesante.
THE CURSE... cuenta la historia de una expedición a Egipto a principios del siglo XX, emprendida por un grupo de especialistas británicos –patrocinados por Alexander King (el habitual comediante norteamericano Fred Clark)-. El colectivo sufrirá la pérdida de uno de sus componentes al haber encontrado la tumba del príncipe Ra, iniciándose el influjo de la pretendida maldición que recaería sobre todos los que presenciaran el sacrilegio del conjunto funerario. King es un hombre del espectáculo que desea explotar los descubrimientos como una atracción, desoyendo para ello las ofertas que le proporciona el gobierno egipcio. En el traslado en barco del personal y los hallazgos de la expedición, la hija del egiptólogo asesinado –Anette- traba amistad con un acaudalado aristócrata –Adam Beauchamp (Terence Morgan)-, con quien llega a intimar hasta que este le propone casarse con él, lo que conllevaría la ruptura del compromiso de esta con el también egiptólogo John Bray (Ronald Howard). Una vez en Londres, y cuando los pormenores del espectáculo están en marcha, se comprueba la desaparición de la momia de Ra de su sarcófago. A partir de la misma, se sucederán los asesinatos cometidos por este ser, desvelándose el interés de Adam por el entorno de esta presencia sobrenatural, ya que se trata de la encarnación de su hermano, que hace tres mil años auspició su cruel asesinato. Por ello, debe ser eliminado por uno de los representantes de los que pronunciaron su maldición y, con ello, dejar de vagar por la tierra con una vida eterna de la que abomina.
Antes que nada, me gustaría incidir en los elementos que considero menos interesante en el concurso de esta serie B, y que dejan entrever el conjunto de sus debilidades. Estas se centran fundamentalmente en el concurso de su guión –obra del propio Carreras-, que destaca en su escasa progresión dramática –luego veremos algunos ejemplos puntuales-, y que se resiente de la ausencia en su credibilidad como relato -¿Cómo se puede entender que tras la muerte violenta de su padre, Anette aparezca al plano siguiente como si tal cosa? ¿Es creíble la forma rápida con la que Adam traba contacto con Anette? –de un plano a otro aparecen como si se conocieran de toda la vida-. A ello, cabría unir la horrorosa prestación de Jeannette Rolan –que encarna a la egiptóloga Anette Dubuis-, que con su presencia contribuye a arruinar cualquier fotograma en los que aparece en pantalla –y lamentablemente son muchos-. Finalmente, dos objeciones más. Una; la escasa duración del producto –apenas sobrepasa los setenta minutos- impide que algunos de los giros de su historia alcancen suficiente desarrollo, y finalmente la caracterización de la momia resulta bastante pobre, algo que se hace evidente en los minutos finales, que en donde su presencia en pantalla alcanza cierto protagonismo.
Pero con todos estos importantes inconvenientes, sería injusto por mi parte no destacar lo que THE CURSE... tiene de interesante labor de puesta en escena. Con unas notables dosis de clasicismo, Carreras sabe plasmar una planificación basada en el uso del plano largo, en el acierto de los reencuadres, en una utilización interesante del tecniscope, en la evidente carga cromática del relato, en la presencia de una escenografía muy interesante –sobre todo en la que se desarrolla en las escaleras de la mansión de Adam-, en la composición de los planos, que sabe destacar en la disposición de los elementos en primer término que se desean destacar, y en la utilización de una escenografía muy atractiva que ya se describe en los elegantes movimientos de cámara que durante los títulos de crédito nos muestran el tesoro egipcio que será quien protagonice y ejecute la maldición del relato.
El film de Carreras es una muestra más de ese tipo de cine de misterio que incide en una atmósfera victoriana, más que en sus elementos terroríficos. De hecho, la momia que en teoría que protagoniza el producto, no aparece en pantalla con vida propia hasta que han transcurrido cincuenta minutos. Cierto es que es preciso destacar que se trata de ese fragmento final cuando la película alcanza sus secuencias más inspiradas. Desde la previa que describe el robo del medallón con las inscripciones a que es sometido el veterano egiptólogo Sir Giles Dalrymple (Jack Gwillim), hasta la plasmación del asesinato de este, del empresario Alexander King –en mi opinión el momento más inspirado de la película-, el ataque de la momia a Anette y Adam –utilizando un juego de picados y contrapicados muy del estilo del estudio, que valora la presencia del decorado con las sempiternas escaleras-, o la secuencia final desarrollada en las alcantarillas de Londres. Al mismo tiempo, la película describe y en cierto modo desaprovecha la desesperación del personaje que encarna Terence Morgan. Es ahí donde se resiente más la escasa duración de la película, ya que ese deseo que finalizar con su inmortalidad era un apunte que, mejor desarrollado, hubiera conferido un especial aliento trágico a la historia, y que es despachado con excesivo apresuramiento.
De todos modos, no se puede pedir más a un producto esencialmente pobre, que estoy convencido aprovechaba decorados de otras películas previas de la Hammer, pero que al mismo tiempo sabe ofrecer una continuidad con diversos de los rasgos que hicieron grande uno de los estudios más significativos en la historia del cine fantástico.
Calificación: 2
FULL FRONTAL (2001, Steven Soderbergh) Full Frontal

Astuto pirotécnico dentro del conjunto de realizadores que se encuentran cotizados dentro del Hollywood de nuestros días, Steven Soderbegh parece que en su trayectoria quiera siempre jugar “a dos barajas”. Una dualidad que en apariencia demuestra su versatilidad al entrelazar títulos marcados por su inclinación a la comercialidad, con otros caracterizados por sus aires experimentales. Creo sin embargo, que una mirada sin prejuicios revelaría que en realidad no hay tanta diferencia entre los títulos enclavados en una u otra vertiente –es más, los caracterizados por sus rasgos mainstream en ocasiones desprenden un cargante aroma de “modernez”, mientras que sus aparentemente audaces experimentos visuales se caracterizan por su insustancialidad-. En uno u otro caso, considero a Soderbergh uno de los mayores falsos prestigios con que actualmente cuenta el cine norteamericano, empeñado en una pendiente de facilidades visuales, que no me cabe duda ha encandilado al star system de nuestros días, algunos de cuyos máximos representantes se vuelven literalmente locos por participar en algunas de sus propuestas, aunque ello sea bajo los condicionamientos y salarios más insignificantes.
Una buena prueba de ese enunciado, y al mismo tiempo de esa vertiente falsamente vanguardista que tiene acto de presencia periódica en la filmografía de oscarizado realizador, la tenemos en este aparentemente renovador FULL FRONTAL (2002), que fue filmada bajo unas condiciones de producción muy limitadas tras OCEAN’S ELEVEN (2001) y antes de SOLARIS (2002). Una película para la que reunió algunas de las más cotizadas megstars del cine norteamericano –representados fundamentalmente en Julia Roberts y Brad Pitt, este en un rol bastante más episódico-, y que se describe como una visión coral de un entorno caracterizado por la profesión cinematográfica. Será en la propia ciudad de Los Angeles donde se nos irán describiendo las acciones inicialmente inconexas de un grupo de personajes en los que se representan actores de cine y teatro, productores, publicistas, guionistas, e incluso masajistas. Un entorno humano en el que se describen crisis vitales y de pareja, conflictos o suicidios, todo ello bajo una cámara que aparentemente sigue las características del formato digital promovido por el movimiento Dogma.
Sin embargo, que quieren que les diga. Pese a que en un momento determinado el desarrollo de estas incidencias llegó a sorprenderme –el instante en que descubrimos que las imágenes más “pulidas” corresponden a la filmación de una película-, a que la alusión al limitado mundo teatral en dicha ciudad revela cierto ingenio y una relativa autenticidad, a que algunos de sus latiguillos poseen ocasionalmente interés –como es alusión a la figura de Harold Pinter y su condición inicial de actor- y a que en la película podemos destacar dos espléndidas interpretaciones a cargo de Catherine Keener y David Hyde Pierce –que interpretan además a un matrimonio que vive una crisis que el esposo nunca llegará a percibir-, FULL FRONTAL no me parece más que una auténtica tontería. Un divertimento en el que Soderbergh intenta mostrar un juego intelectual que puede quedar muy bien de cara al entorno que ha logrado convocar para esta propuesta insignificante, pero que no es finalmente ni carne ni pescado, y que personalmente me remite de nuevo a esa falsa modernidad que define la mayor parte de la filmografía de un director que estoy convencido debe de estar muy pagado de sí mismo.
Cuando en los últimos años, películas tan interesantes como SHORT CUTS (Vidas cruzadas, 1993. Robert Altman), MAGNOLIA (1999, Paul Thomas Anderson) o, en menor medida, HAPPY ENDINGS (2005, Don Roos), y LAUREL CANYON (La calle de las tentaciones, 2002. Lisa Cholodenko), han sabido reflejar esa visión colectiva de entornos acomodados en los que sus angustias vitales revelan las grietas de una sociedad de aparente confort, es cuando se revela la insustancialidad de este producto. Una propuesta que resulta incluso irritante al pretender ofrecer una mirada irónica a la propia pretenciosidad de la convivencia en el mundo del cine, pero al menos revela finalmente una cierta humanidad al cerrar esa mirada hasta cierto punto compasiva con una serie de personajes a los que hemos visto entrelazar en sus acciones y que, en definitiva, demuestran que en la vida nada de lo que hacemos responde a la casualidad. Lo dicho, una nueva pompa de jabón dentro de la andadura de hombre tan mimado como discutible en sus aportaciones al cine de los últimos años.
Calificación: 1
HOOK, LINE AND SINKER (1930, Edward F. Cline) Un hotel de cuidado

Aunque en su conjunto creo que puede definirse como una comedia que en sus mejores momentos revela un indudable grado de locura, en cierta modo el visionado de HOOK, LINE AND SINKER (Un hotel de cuidado, 1930. Edward F. Cline) se me ha revelado relativamente decepcionante, en la medida que estaba firmada por uno de los nombres más interesantes del cine cómico estadounidense, estrecho colaborador de Buster Keaton –firmó con él numerosos cortometrajes mudos-, y que ya en el sonoro al parecer fue el realizador de algunas de las mejores y mas alocadas comedias al servicio de estrellas cómicas como W. C. Fields. No es la primera vez que habría que referirse a ese inexistente estudio en lengua castellana, de cara a evaluar la verdadera importancia que el realizador –tal y como entenderíamos posteriormente dicho término-, tendría de cara a productos elaborados de cara a las más populares estrellas de dicho género en la segunda mitad de los años veinte y la primera de los treinta. ¿Hasta que punto la personalidad de nombres como el de William A. Seiter, Eddie Cline, Edward Sutherland, Edgar Sedwich, Leo McCarey o algunos otros, aportaban algo de personal, en unas películas que estaban plasmadas cara al lucimiento de exponentes como Laurel & Hardy, los Hermanos Marx, W. C. Fields, Harold Lloyd, Eddie Cantor, Mae West o Wheeler y Woolsey? Es esta, sin duda, una cuestión interesante, que estoy convencido que historiadores norteamericanos habrán tratado en alguna ocasión. Lo cierto es que en España esa inquietud nunca se ha desarrollado, quizá en parte por que muchas de estas obras no han llegado hasta nosotros y no hay posibilidad de resultar minimamente accesibles.
HOOK, LINE... es una de las primeras comedias protagonizadas por Bert Wheeler y Robert Woolsey, y en ella ya está presente la peculiar personalidad de la pareja cómica, centrada en el carácter de alhelado e inocente de Wheeler, y la aparente astucia e ironía desplegada por Woolsey a través de un aspecto que se define por sus gafas, su impertinencia y el impenitente manejo de un puro encendido. Cierto es que en muchos de sus momentos, la afinidad con Groucho Marx es manifiesta, e incluso en esta misma película, los coqueteos que mantiene en esta película con la veterana Jobyna Howland –que encarna a la adinerada Mrs. Mars-, nos recuerdan poderosamente los homónimos del más recordado de los Marx con la impagable Margaret Dummond –que se habían iniciado en la pantalla un año antes con THE COCONUTS (Los cuatro cocos, 1929. Robert Florey)-.
El marco de la película será un viejo y desvencijado hotel que estrena propiedad en manos de la joven Mary Marsh (Dorothy Lee), a la que accidentalmente se incorporarán la pareja de cómicos, que observarán con horror lo polvoriento de unas instalaciones casi ruinosas. De ellas las que sobresale la presencia casi fantasmal de un ausente recepcionista y un detective que lo único que hará en toda la película es señalar que “no pasa nada”, aunque en la historia incluso se desarrollo un auténtica lucha de bandas. El disparatado argumento muestra prácticamente de un plano a otro, la recuperación del hotel y la actualidad del mismo. Y allí se dirigirán representantes de dos clanes mafiosos. Uno de ellos para robar las posibles joyas y valores que allí se depositan, y otra para salvaguardar que en sus sótanos se encuentra la sede de uno de esos gangs. Como se puede comprobar, nos encontramos totalmente en el mundo del nonsense, donde los equipajes pueden albergar una metralleta que su dueño simula que es un objeto cualquiera, donde un gangster se ríe aparatosamente al mostrársele una foto suya en la que se le busca por asesinato, y en el que una auténtica batalla a ritmo de ametralladora nos rememora los mejores momentos de títulos del cine policíaco que estaban entonces de plena actualidad en las carteleras estadounidenses.
HOOK, LINE AND SINKER se revela tan ingeniosa y divertida, como por momentos estática y dependiente de un diálogo chispeante. Cierto es que a su plano inicial –la cámara está ubicada sobre un vehículo y filma la persecución de la moto de un agente de policía sobre la que se insertan los títulos de crédito-, le sucede una divertida situación con este mismo agente, al que la pareja protagonista llegan a convencerle para que suscriba una póliza de seguros, en vez de aceptar la multa que él les iba a poner. Y cierto es también que los primeros momentos en el destartalado y ruinoso interior del hotel que será el marco de acción del film, resultan casi surrealistas –con el descubrimiento del conserje y el detective-. Pero la verdad es que aunque el film de Cline alcanza cierta enjundia en base a diálogos y situaciones absurdas, y a la ya señalada secuencia de la lucha de clanes gangsteriles dentro del hotel, el film se resiente de cierto estatismo y acartonamiento, del que afortunadamente se libraron los mejores títulos de esta pareja cómica que he logrado ver hasta el momento. Puede que al ser esta una de sus primeras propuestas en la pantalla, el alcance de su humor no estuviera totalmente sedimentado, pero lo cierto es estando firmada por Eddie Cline, esperaba algo más de un producto con buenos momentos, algunas situaciones disparatadas, y un conjunto definido en una cierta ausencia de dinamismo cinematográfico.
Calificación: 2
29/06/2007
THE REAL BLONDE (1997, Tom DiCillio) Una rubia auténtica

Confieso que no he podido seguir hasta la fecha la por otra parte no muy extensa filmografía del realizador estadounidense Tom DiCillio, reciente y quizá un tanto forzado “Premio Donosita” en el Festival de San Sebastián 2006. Cuando hasta la fecha han sido únicamente seis los largometrajes que ha firmado en quince años como director, la verdad es que viendo THE REAL BLONDE (Una rubia auténtica, 1997), no se puede comprender que su figura suscitara tantos entusiasmos, aunque bien es cierto que nos encontramos con una aceptable comedia, que funciona a medias tintas en las inyectivas que quiere disparar, mientras que en líneas generales su aire intelectualizado perjudica el divertimento que proporcionan buena parte de sus imágenes y el desarrollo de sus personajes.
El argumento de THE REAL BLONDE se centra en la crisis que vive la pareja formada por Joe (Matthew Modine) y Mary (Catherine Keener). Él es un treintañero con vocación frustrada que tiene que sobrellevar sus anhelos ejerciendo como camarero, mientras que su esposa trabaja como maquilladora en un estudio fotográfico. Joe es amigo de Bob (Maxwell Cauldfield), un empedernido ligón que busca desahogar sus fantasías sexuales haciendo el amor con rubias auténticas, que posteriormente es contratado como actor de culebrones. La trayectoria de los dos amigos se disocia, triunfando el segundo en su carrera televisiva, mientras que Joe es seleccionado para intervenir en un video clip de Madonna. Mientras tanto, Mary sobrelleva su existencia teniendo que hacer frente al ahogo que le ofrece ser deseada por los hombres, lo que intentará reconducir acudiendo a un terapeuta y asistiendo a unas clases de defensa personal.
Quizá los mayores reproches que se le puedan hacer a esta, con todo, simpática comedia, provengan de su exceso de pretensiones, combinando el alcance satírico de la superficialidad del entorno de los modelos, los culebrones televisivos, las neurosis masculinas y femeninas y, en definitiva, todo un cúmulo de elementos y situaciones propias de una sociedad urbana de consumo, personificada en al entorno de la ciudad de New York. Todo ello es mostrado por la en ocasiones sofisticada planificación de DiCillio, bien servido por la colorista fotografía de Frank Prinzi que, sin embargo, no logra alcanzar esa buscada “magia”, quizá por que el fondo sonoro de Jim Farmer resulta redundante, molesto y excesivamente intelectualizado.
La presencia de ese invisible filtro, esa sensación final de que el realizador no se implica totalmente con las posibilidades que le brinda el entorno vodevilesco que le proporciona el guión ideado por el propio realizador, es lo que quizá impida que su conjunto pueda ser disfrutado de la manera gozosa que le proporcionan parte de sus secuencias. En definitiva, me da la impresión que DiCillio resulta bastante más interesante como guionista que en calidad de realizador. En cualquier caso, todos estos relativos reparos no impiden que THE REAL BLONDE sea una propuesta disfrutable y divertida, pasablemente sofisticada, y que resulta especialmente sangrante en la descripción de los ambientes antes señalados –la superficialidad del mundo de las modelos y la interpretación basada en la apariencia, o las conspiraciones que se pueden desarrollar en la realización de un culebrón televisivo-. En este sentido, quizá donde más claramente se pueden apreciar los aciertos de esta comedia, estriba en la descripción de determinados personajes secundarios, como son el jefe de camareros o la ya madura fotógrafa de moda que imagina que su labor adquiere un alcance casi mesiánico, y que encarnan de forma espléndida los veteranos Christopher Lloyd y Marlo Thomas. No puede decirse lo mismo de la desafortunada presencia y labor de una Kathleen Turner absolutamente inadecuada. Y en lo relativo a los personajes protagonistas, quizá Matthew Modine no tiene el carisma y la chispa necesaria, pero en su oposición Catherine Keener se muestra espléndida. Sin embargo, finalmente quien se lleva el gato al agua en la función es el televisivo Maxwell Caulfield, quien realiza una sangrante autoparodia de su conocido rol en las series “Dinastía” y “Los Colby”, demostrando unas singulares dotes para la comedia, poco aprovechadas en la pantalla grande.
Lo dicho, un divertimento en ocasiones logrado y en otras lastrado por un cierto exceso de intelectualismo.
Calificación: 2’5
NIGHT OF THE BIG HEAT (1967, Terence Fisher) [Radiaciones en la noche]

No cabe duda que NIGHT OF THE BIG HEAT (1967) es una de las películas menos atractivas de la brillante filmografía de Terence Fisher, sin duda la aportación más valiosa de un realizador generada al cine fantástico en la historia del cine. Realizada cuando ya solo le restaban cuatro títulos por filmar en una filmografía que finalizó en 1974 –seis años antes de su muerte-, el título que nos ocupa fue una de las dos películas que el director inglés firmó para una poco estimulante productora inglesa –la Planet Films-, y fuera del amparo de su entrañable Hammer Films. Esa incomodidad y la evidente ausencia de presupuesto que destilan todos y cada uno de sus fotogramas, y las notorias carencias del conjunto, no impide que dentro de su discreción, estemos ante una simpática muestra de ciencia-ficción tardía, que bien es cierto hubiera una más adecuada plasmación cinematográfica si se hubiera realizado a inicios de los sesenta y en el acostumbrado blanco y negro que el cine inglés destinada a este tipo de películas.
NIGHT OF THE BIG... nos relata las extrañas circunstancias que se producen en la isla de Fara –en Irlanda-, donde se vive un creciente e intenso calor mientras se encuentran en invierno y las tierras que lo rodean se caracterizan por las bajas temperaturas. Hasta allí llega Angela Roberts (Jane Merrow), una joven muy representativa de la mujer sixties, amante de Jeff Callum (Patrick Allen), escritor casado que se encuentra sorpresivamente con la presencia de su amante, aunque ella se presente como secretaria suya. Mientras tanto, en la casa que comparten se encuentra alojado un extraño personaje de tinte científico, que provoca el rechazo de los presentes. Se trata de Godfrey Hanson (Christopher Lee), que no ceja en su empeño de investigar las causas misteriosas que se van sucediendo en la isla, en las que intuye una invasión de carácter extraterrestre.
En líneas generales, creo que podríamos definir cinematográficamente NIGHT OF THE BIG HEAT, como una divertida combinación entre THE BIRDS (Los pájaros, 1964. Alfred Hitchcock), y una versión “en negativo” de THE WAR OF THE WORLDS (La guerra de los mundos, 1953. Byroin Haskin). De la primera retoma ese aire malsano y puritano de los escasos moradores que contemplamos en una pequeña población, mientras que del film de Haskin, hablaba de “en negativo”, al querer subrayar que en esta película de Fisher prácticamente hasta sus minutos finales no se muestra ningún invasor alienígena. Y es en ese sentido, donde a mi juicio reside el rasgo más relevante de una película que combina amenaza exterior con el conflicto interior de Jeff, cuando su esposa descubre que Angela es su amante. Ya hay que decir que Fisher resuelve bastante bien la situación, logrando integrar ambos referentes, y mostrando en sus imágenes exteriores un notable aire amenazador, a lo que tiene un gran peso especifico el uso del paisaje. NIGHT OF THE... deviene en conjunto, por la sencillez de su argumento y su condición de serie B, como una tardía apuesta dentro de un género cuyos caminos giraban muy de lejos sobre las líneas marcadas en esta película. Bien es cierto que en este mismo 1967, en Hammer Films lograron uno de sus títulos cumbre con QUATERMASS AND THE PIT (¿Qué sucedió entonces, 1967. Roy Ward Baker), con la que, por cierto, mantiene ciertas semejanzas y características. En cualquier caso, esa expiación que realizan las dos parejas supervivientes, se verán ayudadas por la presencia de una tormenta que destruirá los gigantescos hongos que se supone son los extraterrestres. Apresurada conclusión para este título tan discreto como lleno de nervio en su realización, al que le sobran los 4 / 5 zooms que Fisher reparte entre la función, y en donde Christopher Lee realizará de forma impecable, su rol de científico seco y adusto pero finalmente entregado a la causa que investiga y que no desea que llegue a su fin.
Calificación: 2
30/06/2007
De la red al papel impreso: PROYECCIONES DESDE EL OLVIDO a punto de salir a la calle

Resulta difícil intentar explicar la cercana publicación –el próximo mes de julio saldrá finalmente al mercado-, de un libro que siempre fue un anhelo, y que solo con el paso de los años va a poder llegar a ser realidad. Es así como gracias al auspicio del departamento de publicaciones del Instituto Juan Gil-Albert, dependiente de la Excma. Diputación Provincial de Alicante, se editará finalmente la publicación denominada “PROYECCIONES DESDE EL OLVIDO – 125 películas redescubiertas a la luz de la pantalla”. Un volumen que en algo más de quinientas páginas –complementadas con cerca de 200 ilustraciones-, pretende ser una auténtica declaración de amor al cine clásico, al tiempo que una mirada de atención a la necesaria atención del espectador, intentando orientar su mirada más allá de las películas que -por lo general-, han ocupado las reiteradas referencias de estudiosos y manuales de referencia.
Dividida en diez capítulos –que engloban buena parte de los géneros cinematográficos más populares, así como otras vertientes menos reconocidas-, PROYECCIONES DESDE EL OLVIDO engloba una compilación de 125 comentarios de película, todas ellas en habla inglesa, iniciadas en el propio cine mudo, y finalizadas en 1970. En sus páginas se trae la evocación de títulos de los cineastas norteamericanos y británicos más reconocidos… a través de algunos de los títulos menos populares, infravalorados o simplemente ignorados en el análisis de sus trayectorias, resultando sin embargo de verdadero interés analizados en su singularidad.
Las páginas de esta publicación, nacen y se nutren de una selección de textos publicados en este blog a lo largo de dos años y medio y, previamente, en la base de cine fantástico “Cinefania”. A partir de un amplio material de base se ha elaborado esta selección, que intenta al mismo tiempo conciliar mis preferencias personales, con el interés que puede provocar el tratamiento de ciertas películas hasta ahora prácticamente vedadas en cualquier publicación editada en nuestro país.
Muy pronto, en la medida que se acerque su fecha de presentación, os iré informando de diferentes pormenores de este libro, que espero encuentre su público dentro de ese conjunto no muy extenso pero si perdurable, de aficionados al cine clásico. Es decir… aquel para quienes el cinematógrafo tuvo una andadura previa a STARS WARS. Perdonad que no haya hecho mención antes en este blog de esta próxima edición –mi consustancial timidez me lo impedía-, pero prometo teneros al corriente de la cercana edición de este libro que tantas satisfacciones me está produciendo, que espero no sea el último sobre la materia que elabore… y que deseo que adquiráis, os interese y finalmente guardéis en vuestra biblioteca de publicaciones cinematográficas. Así sea
Un abrazo a todos



